jueves, 29 de enero de 2026

SE CREEN IMPUNES

 

SE CREEN IMPUNES

Como ya sabrán ustedes si viven en este planeta, Julio Iglesias ha sido acusado por dos de sus exempleadas de abuso sexual y laboral en condiciones de aislamiento y coacción, en unos términos que llevan el asunto hasta la consideración de trata de mujeres.

Esta denuncia contra el cantante se parece mucho a casos como el de Jeffrey Epstein, el de Harvey Weinstein o el de Dominique Strauss-Kahn. Todos ellos son ejemplos extremos del ejercicio del poder a través del sexo, todos ellos se generan en el cruce entre patriarcado y capital, esa alianza criminal.

Ellos se creen impunes y es normal que así sea porque el patriarcado ofrece a los hombres un sistema universal y transversal de desigualdad que les otorga privilegios tales como acceder a los cuerpos de las mujeres cuando se les antoje, además de protegerles de las posibles críticas. Esa protección se basa siempre en culpabilizar a las víctimas con un argumentario que se repite hasta la náusea: la acusación es falsa, la relación es consentida o ella se lo ha buscado. A menudo se emplea una mix de los tres argumentos, aunque sean contradictorios, porque el disparate no exige coherencia.

Según las informaciones de la investigación realizada durante tres años sobre estos abusos, Julio Iglesias ha sido impune de las supuestas y terribles agresiones hasta el día de hoy, con 82 años, un poco más y se va de rositas. Y siendo así, ¿por qué iba a cuestionarse sus actos ni por un momento? Operaba con auténtica patente de corso. Incluso ahora que todo ha salido a la luz tiene numerosos defensores.  

A Isabel Díaz Ayuso, esa trumpista cañí y enfant terrible del PP, le ha faltado tiempo para salir a defender ¿a las mujeres agredidas?, no, de eso nada. Ha salido a defender al gran artista agraviado. No ha sido la única: Ana Obregón, Ramón Arcusa, Jaime Peñafiel, José Manuel Soto…  Y es que para que este tipo de atropellos se lleven a cabo y la impunidad sea total, siempre son necesarios los y las colaboracionistas, mamporreros del poder y del abuso.

Porque, según todos los indicios, más que un truhan y un señor Julio Iglesias es un truhan y un agresor. Por lo visto esa figura del gran tombeur de femmes (como calificaba Vilallonga al rey emérito), del conquistador, del donjuán es una categoría que queda justo al lado de la de depredador sexual y a veces, muchas veces, se solapan. Lo hemos visto en entrevistas y actuaciones babear encima de mujeres en actitudes que en este momento serían punibles y hemos pensado que era solo un baboso, pero hay un abismo entre baboso y depredador y según las investigaciones todo apunta a que Julio Iglesias es lo segundo.

Sus defensores y defensoras o lo niegan o hablan de consentimiento. Pero este no existe si no hay libertad de elección. Ya se aseguraba él de que fueran jóvenes (no solo por la turgencia, también por la vulnerabilidad), pobres y racializadas, además de someterlas a un aislamiento en el que existía la prohibición de trabar amistad y se las iba cambiando de una mansión a otra. Es la misma práctica, qué casualidad, llevada a cabo en los prostíbulos nutridos por mujeres en situación de trata. El caso tiene mucho en común con el poder que ejercen los proxenetas: aislamiento, violencia, coacción, amenazas. Al igual que en la prostitución no hablamos de placer sino de poder, el que puede ejercer un hombre sobre una mujer y que siempre depende de la desigualdad económica y social.

Quienes le defienden argumentan que él, epítome del seductor (rancio, añadimos nosotras), no tendría necesidad de caer tan bajo porque podría fácilmente conquistar a cualquier mujer. Pero el impulso es ejercer el poder de forma total, cosa que no podría hacer con mujeres en el juego de la seducción, donde se da una relación más igualitaria. El consentimiento viciado completa el círculo de la cobertura moral: ellas son libres de aceptar. Pero sabemos que no es cierto, ellas no son libres, están coaccionadas por el hombre poderoso e influyente, por una desigualdad sideral, por la pobreza y por la falta de oportunidades.

Ellos lo hacen porque pueden hacerlo. Imposible no recordar la violación de Neruda a una empleada tamil, relatada con toda tranquilidad en su autobiografía “Confieso que he vivido”. De nuevo la terna mujer, racializada y pobre; ella era la encargada de vaciar las letrinas mientras que él era cónsul en Sri Lanka. Aquella confesión romantizada de una violación se pasó por alto hasta que una revisión feminista vino a colocarla en el lugar ignominioso que le corresponde.


Ellos impunes, ellas siempre cuestionadas. Cuando las mujeres rompen su silencio empieza un nuevo calvario: el cuestionamiento, la lentitud de la justicia, la actitud machista de algunos jueces. La impunidad se rompe así, con estas denuncias. Pero no es fácil porque el poder sigue estando del mismo lado.

https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2026/01/22/creen-impunes-125944632.html

 

jueves, 15 de enero de 2026

BELÉN VIVIENTE

 BELÉN VIVIENTE

Es esta una tradición, la de los belenes vivientes, que se exhibe cada Navidad con el objetivo de encarnar el misterio del nacimiento de Cristo en un medio tan sumamente hostil que, una joven embarazada, a punto de dar a luz, y su pareja, muertos de cansancio, son rechazados una y otra vez: nadie quiere dar posada a una familia extranjera y pobre. La joven termina alumbrando en un pesebre entre animales, con la compañía cercana de una mula y un buey. Es una imagen elocuente del rechazo social que comporta ser pobre y extranjero, de la carga adicional de sospecha que supone ser perseguido por cualquier motivo.

El cristianismo es una doctrina que defiende que todos los seres humanos somos hijos de Dios, independientemente de nuestro origen o extracción social, y como hijos de Dios merecemos la solidaridad de nuestros semejantes. El cristianismo predica el amor fraterno como base de la convivencia. Los que no somos creyentes pensamos que toda persona merece nuestra solidaridad por el simple hecho de tratarse de un ser humano.

El desalojo del instituto B9 en Badalona, tan cercano a las fechas navideñas, ha sido tremendamente alegórico. Seguro que Albiol, tan ferviente católico, tan defensor de nuestras tradiciones, tiene un belén en su casa. No debe tener ninguna pega con alojar a un niño palestino en el portal, porque es de escayola.

El avance de ideas neofascistas inocula miedo y odio en el corazón de las personas. Los que se dicen cristianos son incapaces de ver el pecado que cometen contra su dios y sus mandamientos. Y los que no son cristianos, la traición que cometen contra los valores humanistas en los que nos hemos educado y de los que cada vez se aleja más nuestra sociedad.

Más allá de cuestiones morales, lo que el alcalde de Badalona ha perpetrado es una enorme irresponsabilidad. Dejar a la intemperie a 400 personas que ya estaban malviviendo en un edificio abandonado no soluciona nada, sino que genera el problema adicional de la dispersión. Sabe perfectamente que los inmigrantes no desaparecen mágicamente al ser desalojados. Y ahora qué, nos preguntamos todos. Pero él no se lo pregunta, ha conseguido su objetivo ampliamente: ser el más desalmado contra los inmigrantes, porque esa crueldad le da puntos frente a su electorado.

 No en vano el ascenso de Albiol comenzó con una campaña cuyo lema era “limpiando Badalona”, de inmigrantes, claro. El término “limpiar” ya supone violencia simbólica porque identifica a las personas con basura, con desechos. Cuando ya se les ha deshumanizado, lo que les ocurra no importa. Si pasan frío y hambre, si pasan calamidades, qué más nos da, no son como nosotros.
De la violencia simbólica a la violencia real hay apenas un paso. La noticia, auténtica o no, de una agresión por parte de un inmigrante, bastará para desencadenar el pogromo. Recordemos los acontecimientos de Torre Pacheco. No son como nosotros, no merecen ser puestos ante la justicia, como cualquier otro agresor, merecen la muerte.

El intento de realojo de los inmigrantes por parte de Cáritas y otras entidades ha tenido que ser descartado ante las amenazas de grupos de vecinos contrarios a que se les diera cobijo. Las entidades sociales han conseguido reubicarlos de forma anónima para evitar incidentes violentos con los vecinos. Cito una noticia de Eldiario.es: “En la noche del domingo, alrededor de 150 vecinos impidieron el acceso a la parroquia a los trabajadores de Cruz Roja —que transportaban material de primera necesidad como colchones, mantas, comida y productos de higiene— e incluso llegaron a increpar e insultar a dos de las personas que iban a pasar la noche en el recinto, según han confirmado fuentes de Cáritas”. 

Y este es el problema más grave de todos. Qué clase de degradación moral te lleva a hostigar a los pobres, a los extranjeros, a los indefensos. Con que materiales tan explosivos e inestables juega esta ultraderecha moderna, qué tipo de sentimientos deleznables son los que activa, los que anima, esos que calcula que le darán el triunfo en las urnas. La maldad, la carencia de empatía, la inhumanidad, son un buen reclamo electoral ahora que ser racista se ha convertido en una excelente carta de presentación social. Si acaso se te ocurre discrepar te dirán: ¿por qué no te los llevas a tu casa? Como si mi pueblo no fuera mi casa, una en la que dar acogida al vulnerable.

Qué terrible es que en este mundo se esté convirtiendo en tendencia ser un miserable.

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