¿JUSTICIA PARA SALMA?
Como ya sabrán, Salma, de origen marroquí, fue presuntamente
secuestrada, torturada y violada por su captor durante dos años en San José de
la Vega, Murcia. La tortura psicológica, física y sexual fue sistemática: el
agresor llegó al extremo de descuartizar a su gato frente ella y a amenazarla
con que iba a correr la misma suerte que el animal. Entre otras secuelas, la
mujer perdió la visión de un ojo y varios dientes como resultado de las
palizas. Si recordamos todos estos detalles escabrosos es porque queremos
insistir en la gravedad del caso. Numerosas personas nos manifestamos en la
plaza del cardenal Belluga el 19 de febrero en contra de este secuestro despiadado
y en contra de las violencias machistas en general.
Su secuestrador y expareja, imputado por los delitos de detención ilegal,
agresión sexual, lesiones, amenazas y coacciones en el ámbito familiar, ha
estado en prisión durante dos meses y ha quedado en libertad provisional el
pasado miércoles 1 de abril. La jueza que instruye el caso ha visto “dudas” en
el relato inicial de la víctima. Pero recordemos que esta puesta en libertad se
ha efectuado sin que se haya realizado un reconocimiento forense de la agredida,
sin la incorporación de su historial sanitario y sin que se haya llevado a cabo
una prueba pericial de los móviles. No entendemos por qué no se han llevado a
cabo todas las diligencias necesarias en un asunto tan sumamente grave.
Quienes creemos en la justicia restaurativa, que prevé
reparación para la agredida y rehabilitación para el agresor, pensamos que aquí
no hay ni justicia, ni reparación ni rehabilitación sino una terrible y dolosa
dejación de funciones por parte de la autoridad competente. El agresor que
debería responsabilizarse de sus actos para ayudar a que la víctima comience a
reparar su daño, puede pensar en este caso sin temor a equivocarse que nada le
impide volver a someter por la fuerza a cualquier otra mujer teniendo en cuenta
lo barato que le ha salido este secuestro. La agredida ha quedado en total
desamparo.
Vemos en esta negligencia la combinación de sesgos
patriarcales y racistas. Nadie ha tenido en cuenta a Salma quien, después de
sufrir dos años de secuestro tuvo que soportar que se pusieran en duda su
cautiverio y su calvario, tratando el tema como uno de esos publicitadísimos
casos fake de denuncia falsa; como si sus heridas, secuelas, malnutrición
y estado mental no hablaran por sí solos. ¿El tratamiento hubiera sido distinto
si Salma no hubiera sido mujer, inmigrante y pobre? La pregunta es pertinente
porque no es la primera vez que pasa algo semejante en nuestra región.
La justicia no es tal cuando solo los vulnerables sufren su rigor
independientemente del lado que les toque, ya sea como infractores o como
víctimas. Recordemos aquí que la resolución del vergonzoso caso Baúl en el que
un grupo de empresarios formaban parte de una red de abuso de menores, todas
ellas de extracción humilde, ellos salieron libres por una conveniente dilación
indebida en el proceso judicial y las únicas personas que pisaron la prisión
fueron las madames y los taxistas, todos inmigrantes, por cierto. Los
facilitadores, pobres, fueron a la cárcel; los violadores, ricos, la
esquivaron. Las víctimas, igual que sucede con Salma, quedaron en total
desamparo.
Si la justicia es parcial, y en este caso todo parece indicar que lo está
siendo, ya no es justicia. No es justicia cuando Salma no ha podido reparar las
graves heridas que se le han infligido. Se ha convertido en víctima otra vez,
víctima de una justicia racista y patriarcal que ha ignorado su derecho a
reparación, que la ha ignorado como si no existiera, como si su dolor fuera el
dolor de nadie, como si a nadie le importara.
¿Justicia para Salma? https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2026/04/09/justicia-salma-128882339.html?utm_source=whatsapp&utm_medium=social&utm_campaign=btn-share