IMPUNIDAD, RAZA Y CLASE
Las agresiones sexuales atentan contra la integridad física
y mental y contra la dignidad de las mujeres y deberían repugnar por igual
independientemente del origen, la extracción social y el nivel económico del
agresor y de la agredida, pero no es así ni de lejos.
Hay una diferencia descomunal entre la percepción de un
crimen sexual cometido por un inmigrante y el mismo cometido por un natural del
país y más ahora, en estos tiempos de desafío constante de la ultraderecha con
un discurso ultramontano en el que todo lo que provenga de allende nuestra
frontera sur global ha de ser tomado como una amenaza. Imaginen simplemente si
el caso de secuestro durante dos años, con torturas y violaciones continuadas,
tan terribles que ha llegado a perder la visión de un ojo, cometido contra una
mujer marroquí por un vecino de San José de la Vega hubiera sido justo al
contrario: que la agredida hubiera sido murciana y el agresor magrebí. Por
mucho menos se encendió la mecha del pogromo vergonzoso que tuvo lugar en Torre
Pacheco. Sin motivo ninguno nos llegan todos los días bulos en los que se nos
advierte de que los inmigrantes vienen al país a robar y a violar. Son
culpables antes de empezar a hablar. Son pre culpables.
La mujer agredida lo tenía todo en contra, como es habitual
en estos casos. Nadie la buscaba ya, se habrá ido a su país, pensaban los pocos
contactos que tenía en Murcia. En su país nadie la buscaba tampoco, no es
extraño que una persona desaparezca al cambiar de continente. Una red de apoyo
inexistente ha facilitado dos años de torturas y violaciones. Quién va a venir
a rescatarte decía su torturador. Y era verdad. Eso le convertía a él en
alguien todopoderoso y como tal ha actuado. Esa falta de apoyo social
favorecerá que este asunto termine pasando sin pena ni gloria y acabe en el
olvido igual de rápido que se ha olvidado el caso Baúl, en el que empresarios
poderosos estuvieron abusando de menores durante años, pero no llegaron a pisar
la cárcel a pesar de que ellos mismos reconocieron los hechos: admitieron que
habían abusado de niñas. Como dato aclaratorio: ellos eran adultos y ricos,
ellas menores y pobres.
A otra escala es lo mismo que ha sucedido con el caso de
Julio Iglesias. Se convierten en sátrapas con un harén a su disposición, y eso
lo facilita el poder omnímodo del que disfrutan por su clase, su raza y su
estatus económico. Las denunciantes de Julio Iglesias han sido muy valientes al
sacar a la luz abusos sexuales y laborales que presuntamente venían ocurriendo
durante décadas, que todo el mundo conocía y contra los que nadie se atrevió a
actuar. Y está claro por qué. Esto está ocurriendo cada día y la condición de
inmigrante agrava la situación hasta hacerla insoportable. Si no tienen papeles
no pueden denunciar, o no se atreven. Y si denuncian miren lo que les pasa. Un
potente aviso a navegantes, a ver qué mujer se va a atrever a llevar ante un
juez a su agresor para que al final quede él en la calle y ella cuestionada. Y
es que en ese imaginario tan machista como clasista los hombres ricos no
violan, solo los inmigrantes.
La diferencia social juega a favor del agresor de muchas
maneras distintas. Si la agredida es, como sucede a menudo, de una clase social
inferior inmediatamente se pone en duda su denuncia: algo querrá sacarle al
respetable señor. Esa diferencia se amplía si ella es extranjera, pobre,
inmigrante o una mezcla de estas tres condiciones. ¿A quién van a creer los
jueces, a quién va a creer la opinión pública? En cuanto aparece la noticia se
pone en marcha el escudo de protección del señoro: las ayuso o los peñafiel de
turno saldrán a recordar lo gran profesional que es, cómo se atreven estas
desarrapadas, estas desagradecidas, algo querrán. A este argumento se añade el
de que la relación a lo mejor fue consentida y si denuncian es por despecho.
Ahí está también, a otro nivel, el de la diferencia
jerárquica, el caso del alcalde de Móstoles, tan parecido al de Nevenka, quien
tuvo que abandonar el país a pesar del fallo a su favor: es que ella quería
ascender y por eso se está vengando con esta acusación de acoso sexual.
Siempre, siempre, siempre encuentran el modo de exculpar al agresor. Si es
hombre, poderoso y blanco es pre inocente.
Y hasta sin el pre: es inocente; y si no lo es, el resultado
es el mismo, porque no le va a ocurrir nada: es perfectamente impune. Ha pasado
más tiempo en prisión el niño de cinco años Liam Ramos detenido por el ICE en
Minneapolis que cualquiera de las decenas de hombres implicados en el caso de
trata de mujeres y abusos sexuales continuados de la isla de Epstein, con dos
presidentes estadounidenses y un príncipe inglés implicados.
Y luego que para qué tanto feminismo si ya somos súper
iguales.
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