EL MISTERIO DE VOX
Como ya sabrán ustedes, Abascal anda quitándose de encima a
todo aquel que pueda hacerle sombra dentro del partido. Los dos últimos en ser liquidados,
Ortega Smith y Antelo, han hecho resistencia y han dado bastante guerra y mucho
vodevil, especialmente el murciano al que abrieron expediente disciplinario y
que denunció al partido por la falsificación de su firma para ser sustituido
como portavoz en el Parlamento regional. Ahora comparte mesa-camilla con
Podemos e Izquierda Unida en el grupo Mixto. Una fiesta debe ser eso.
A Abascal no le ha temblado el pulso a la hora de empujar
por el barranco político a Ortega Smith que fue, por cierto, uno de los
fundadores. No solo eso, Abascal y Ortega Smith son padrinos el uno del otro:
el uno de boda, el otro de bautizo. Más allá de las connotaciones a la cosa
nostra, aquí no hay amistad, antigüedad o lealtad que valgan. Ortega Smith,
Macarena Olona, Rocío Monasterio, Iván Espinosa de los Monteros, Jose Ángel
Antelo, la lista es larga. Abascal se ha quedado solo como jefe de la cosa ultra
en España, solo… con varios millones de votantes. Y ni un solo líder que le pise
el poncho.
Los defenestrados se quejan de falta de democracia interna y
claro, a los demás se nos sale la hernia de la risa. Atención a las
declaraciones de Antelo en el periódico El Mundo: “En Vox no existe la
democracia, la libertad. Es el imperio del miedo”. Vamos a ver, criatura, si en
tu proyecto político llevas el desprecio total hacia el régimen democrático y
el ensalzamiento de la dictadura, ¿cómo te vas a quejar de autoritarismo? Es
como si Bob Esponja se quejara de la humedad. Y por el mismo motivo, ¿por qué
le iban a pasar factura al partido las muestras de despotismo? Qué va, al revés,
les espesan el caldo. Por eso, vemos cómo a Vox las crisis o le engordan, como
en las elecciones de Extremadura, o le salen gratis, como hemos visto en las de
en Castilla-La Mancha.
En machismo tampoco se quedan cortos, uno de sus
representantes llegó a decir “en nuestro partido hay mujeres y de gran valía, casi
tanto como la de los hombres”. Por eso producía entre perplejidad y risa
escuchar a Rocío Monasterio decir que Vox era un partido machista. Pues claro,
muchacha, dónde creías que te habías metido. Un partido machista gana votos
cuando sus líderes hacen machistadas.
El rasgo de carácter más representativo del pensamiento de
ultraderecha es la crueldad, con toda su retórica de agresión. Cuando Mussolini
fundó el partido fascista italiano no tenía claro si había creado un partido
político o un ejército. Esa crueldad que destila la violencia verbal usada en
redes en contra de toda disidencia a la norma: raza, género, origen, religión,
violencia que toma carne en los linchamientos contra inmigrantes de los que
hemos sido testigos; en la admiración por un líder como Trump incluso cuando
sus decisiones perjudican a España (patriotismo fake, ahí, a tope) y admiración
por los procedimientos desalmados del ICE en EEUU; en el apoyo descarado y
entusiasta a los bombardeos contra Gaza e Irán, cuyo ataque a Abascal le generaba,
en sus propias palabras “gran esperanza”, clamando contra este gobierno que
veta el uso de Rota y Morón para hacer la guerra; crueldad, en fin en la
fascinación por Netanyahu, cruel entre los crueles.
El verde de Vox no es una casualidad, no lo han adoptado
porque no quedarán otro en el arcoíris de los partidos y mucho menos por
veleidades ecologistas: el verde de Vox es el color de la milicia, con la que
se sienten tan profundamente identificados y de la que hacen profusión en el atrezzo
de sus apariciones públicas.
Insisto: crueldad, dureza, indiferencia emocional es lo que
les define. El lenguaje vulgar y directo, lo más alejado del discurso habitual
en un político, es también un requisito necesario. Por tanto, quienes se
preguntan por el misterio de que a un partido que se está fragmentando en
guerras internas, esas crisis no le pasen factura, tienen aquí la respuesta: la
crueldad, el autoritarismo, el machismo les hacen crecer porque están en el ADN
de su programa electoral. Crueldad como hemos visto incluso contra los
compañeros fundadores. Los votantes se sienten representados en el hecho de que
haya solo un jefe fuerte, implacable en su crueldad: “eso, bien hecho, si
alguno te mueve la silla, una patada en el culo y a la calle. Así hacen las
cosas los tíos. Ole tus huevos”.
El misterio de Vox https://share.google/FFFExc8efxdSBAEJQ
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