martes, 8 de septiembre de 2026

EL PODER DE LA FRATRÍA

 

EL PODER DE LA FRATRÍA

Ha aparecido recientemente en prensa el caso de Tamara Fernández Varela, una mujer gallega de 43 años que fue drogada y violada por su marido durante ocho años, quien grabó las agresiones y las difundió en redes. Es un caso similar al ya famoso de Gisèle Pélicot, cuyo esposo la ofrecía por internet para ser violada por otros hombres mientras él grababa para luego compartir este material en internet. Según Tamara, él era cariñoso y detallista; igual que el señor Pélicot conceptualizado por su mujer como un buen marido, un hombre corriente.

En agosto de 2025 y tras numerosas denuncias Meta cerró en Italia la página de Facebook llamada Mía moglie en el que más de treinta mil hombres compartían sin consentimiento fotos de carácter sexual de sus novias, esposas, exparejas o ligues de una noche. La mayoría de las mujeres estaban inconscientes, dormidas o tumbadas en la playa. Acompañando a estas fotos, en muchas ocasiones había comentarios de los propios hombres preguntando cosas como: “¿qué os parece? “.

Otro foro italiano que se dedicaba también a difundir fotos y vídeo sexuales sin consentimiento llamado Phica.eu (phica significa coño) fue cerrado tras el escándalo de Mía Moglie. Este era público y contaba con más de setecientos mil hombres registrados. Eran más de setecientos mil. No sorprende que les pareciera perfectamente normal lo que estaban haciendo.

Se trata de hombres convencionales ¿Están todos enfermos? No, a menos que consideremos el machismo como una enfermedad. Como dice el lema feminista: no son tarados, son hijos sanos del patriarcado.

No se llega de un día para otro a compartir fotos violando a la propia mujer. Hay un perfil bajo que ejercita y refuerza la fratría. Siempre hay un entrenamiento previo que consiste en ir juntos al puticlub, invitarse mutuamente a ver fotos y hacer comentarios valorando la calidad de lo compartido, etc. Si tal es el desprecio por el género femenino por qué no ir más allá generando uno mismo el material audiovisual y así subir de rango entre los colegas. La diversión no está solo en el acto sexual sino sobre todo en poder ponerlo en común con los iguales para prolongar el disfrute del grupo, sentir sus palmaditas en la espalda, escuchar sus felicitaciones, oír sus risas, disfrutar con la perspectiva de su excitación. La mujer, la compañera es reducida a mero objeto de diversión para uno mismo y para el grupo. Ella carece de valor y de carácter humano, está al mismo nivel de una muñeca de plástico. No ven a las mujeres, solo se ven entre ellos. Si estos hombres encuentran excitante penetrar a una mujer inconsciente es porque en esa situación ella no tiene voluntad, no tiene voz, no es sujeto, no se opone.

Este comportamiento aberrante se genera en el abismo de desigualdad que supone el patriarcado. Cuanto más cómodos se sienten los hombres en ese sistema de opresión, más libres para convertir a las mujeres en mero juguete sexual intercambiable.


Qué nivel de impunidad hay que sentir para no considerar el sufrimiento y la humillación que con ello se provoca a la propia compañera. Qué nivel de desprecio por la esposa y por todas las mujeres. Una forma de violencia que, en palabras de las propias víctimas, las ha destruido.

Se trata de un fenómeno que ha estallado a partir de la generalización de las redes y de la pérdida de intimidad que ha supuesto, malvendida a cambio de un puñado de likes y que en el plano de la machosfera se convierte en este dislate.
Ahora con la IA de Grok también se pueden generar videos porno fake a partir de fotos en redes. Otra forma de controlar a las mujeres avergonzándolas.


Constatamos con estupor que no hay remordimiento ni culpa, que se difunden las fotos como lo haría un cazador que expone su trofeo, para que los demás aplaudan y comenten, para ascender en la escala de aceptación del grupo. Los comentarios, como no puede ser de otro modo alcanzan niveles máximos de procacidad, degradación y humillación.


Eran y son hombres corrientes que actúan animados por el valor que otorga la fratría y la impunidad que concede el patriarcado. Se sienten legitimados para disponer del cuerpo femenino como les venga en gana. El abrumador número de compinches les avala.

 

https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2026/06/11/fratria-131253343.html

 

 

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