PATRIARCADO DIGITAL + TECNOCAPITAL = GROK
Vivimos en la era del capitalismo de la atención, donde la
plusvalía emana de la capacidad de atraer seguidores, de hacerse ver por los
demás. Este nuevo capitalismo distorsiona las relaciones de un modo inopinado. Ahora
hay formas distintas y novedosas de exposición y de explotación que no
sustituyen a las ya existentes, sino que se acumulan.
En esta era ha nacido Grok, esa nueva herramienta de la IA desarrollada
por X, la red social que pertenece a Elon Musk. Grok puede acceder a los
contenidos públicos de X en tiempo real y generar fotos o vídeos de carácter
sexual a partir de fotos reales tomadas de redes. Lo más relevante es que cuenta
con menos filtros que otros sistemas de IA, lo que facilita la creación de
contenido potencialmente dañino, tan dañino que está siendo investigado por la
Comisión Europea. Esta herramienta que puede servir para desnudar y producir deepfakes
se ha convertido en una forma de violencia de género digital, porque, ¿a quién
vamos a desnudar digitalmente? Pues a mujeres y niñas, a exnovias, a compañeras
de trabajo, a la vecina, a esa chica que te pone pero que no se acercaría a ti
ni con una pértiga, a la que sí que te hace caso, pero con cuya foto puedes
hacer un vídeo porno fake sin que ella lo sepa y mostrárselo a los colegas. El
caso Pélicot nos ha enseñado que al patriarcado le gusta hacer uso de las
mujeres como si estas fueran objetos inanimados y también que la fratría puede
llegar a ser un vínculo muy poderoso.
La indefensión que suponen las redes para las mujeres y
niñas es ahora aún mayor. El terror digital es una nueva forma de control del
patriarcado que lejos de quedarse obsoleto está a la vanguardia tecnológica y
se atrinchera en redes. Aunque tú no compartas videos sexuales o envíes fotos
sin ropa, la IA lo puede hacer sin tu permiso. Podrás negarlo, pero aun así serás
objeto de señalamiento y tu vida se verá gravemente afectada.
Grok, insistimos, deshumaniza los cuerpos de las mujeres y provoca
terror a la exposición no consentida. Ese terror es, cómo no, alimentado por su
impulsor, Elon Musk, que aspira a un mundo digital desregulado, algo a lo que
llama libertad de expresión, un mundo en que las mujeres y niñas están ahí como
un elemento más del entretenimiento masculino. Tampoco es tan moderno, ya
cantaba Manolo Escobar aquello de “viva el vino y las mujeres”. Porque esta
herramienta de xIA es como su creador: machista, depredadora, totalitaria y sin
filtros. Grok es la expresión del pensamiento de Musk, un hombre que ha dicho
públicamente que “las mujeres y los hombres con poca testosterona no son
capaces de pensar libremente porque no pueden defenderse físicamente”. Poco que
añadir. X es una red profundamente politizada y no solo en lo que a la postura
frente a las mujeres se refiere (incluidas denuncias por acoso sexual) ya que la
ideología ultraderechista y el supremacismo blanco de su creador también tienen
alojamiento ahí. Lo más peligroso es que quienes se acercan a ella para
informarse no lo hacen de modo crítico: toman sus respuestas sesgadas como
verdades universales y acaban eligiendo presidente a un sujeto como Trump.
Grok es otra forma de expulsión, de restricción, cosificación y control hacia
las mujeres. Con un matiz que lo hace más aterrador: no hay donde refugiarse de
este acoso, da igual que te cambies de barrio, de ciudad o de país, este acoso
te perseguirá allá donde vayas gracias a la ubicuidad de las redes. El
claustrofóbico relato de Orwell 1984 se hace verdad.
Grok es la constatación de lo mucho que avanzan la ciencia y
la tecnología y lo poco que cambian las intenciones, de hasta qué punto el
género humano es capaz de precipitarse hacia el retroceso cuando no existe
regulación. Las nuevas amenazas y delitos digitales van más rápido que nuestra
capacidad para emitir leyes con las que defendernos. La tecnología no es
inocente, no es neutral, está al servicio de determinados intereses y por eso
debe ser regulada. De lo contrario, en la jungla de la ley del más fuerte
siempre le tocará perder a las mismas.
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