LA LLAMADA DE VOX A LA VIOLENCIA
El miércoles 15 de abril el diputado regional de Vox Antonio
Martínez Nieto llamó a combatir incluso con la violencia la, según sus
palabras, “aberración moral del aborto y la eutanasia”. Todo ello al hilo de
la moción del PP que exigía al Gobierno de España una ley de cuidados
paliativos, que según Martínez Nieto se iba a convertir en “un refuerzo de la
eutanasia”. Arguyen que el gobierno quiere meter en la Constitución la cultura
de la muerte. Y lo dice el diputado de un partido que está entusiastamente a
favor de la guerra en Oriente Medio, una guerra que, a su líder, Santiago Abascal,
le genera “gran esperanza”.
La guerra les parece una opción esperanzadora, pero que una
mujer decida sobre su propio cuerpo o que una persona elija la eutanasia para dejar
de sufrir les resulta intolerable. Es una expresión más de la crueldad que
caracteriza al pensamiento de ultraderecha.
Observamos cómo la retórica de estos particos se vuelve cada
vez más agresiva. En esa gradación, el paso previo al uso de la violencia es la
llamada a la violencia. En esta ocasión Vox ha dado un salto cualitativo y esa
llamada la ha hecho desde la tribuna de la Asamblea Regional. Ya no es una
convocatoria en redes para linchar a moros en Torre Pacheco, ya no es un chiste
de cuarto cubata sobre feminazis en la barra de un bar, ya no es una soflama racista
en un mitin ante los suyos, ya no es el exabrupto contra el gobierno de un
tertuliano en horario de máxima audiencia: ahora, desde la sede de la soberanía
popular Vox está pidiendo utilizar la violencia para cargar contra leyes
aprobadas por el gobierno, leyes que han sido demandadas por la ciudanía,
votadas y aceptadas. A ver qué nombre le ponemos a eso.
No es casual, en política nada lo es. Desde la irrupción del
trumpismo en la escena planetaria los tiempos de la agenda ultra se han
acelerado. Este hecho ha tenido lugar la misma semana en que hemos sido
testigos del vergonzoso ejemplo del diputado de Vox José María Sánchez subiéndose
al estrado de la Cámara Baja para amagar con agredir a su vicepresidente Alfonso
Rodríguez Gómez de Celis, algo que nos retrotrae al 23F. La chulesca actitud
del diputado de Vox le hacía parecer un cruce entre Tejero y Torrente además de
suponer un salto de 45 años atrás en el tiempo. No podemos pasarlo por alto ni
normalizarlo. Deben preocuparnos mucho estas faltas de respeto a la democracia,
estas actitudes auténticamente antisistema porque a lo que aspiran es a que la
democracia caiga para ser sustituida por un gobierno autocrático al estilo de
lo que está haciendo Trump en EE. UU. y de lo que ha hecho Orbán durante los 16
años de liderazgo en Hungría, que afortunadamente han quedado atrás en las
últimas elecciones.
Precisamente estos exabruptos tienen conexión por una parte
con la rabia por la caída estrepitosa de Orbán, un dirigente que ha sido faro y
guía, además de financiación para los partidos ultras europeos, en particular
para Vox; y por otra con los indecorosos ejemplos de histrionismo de figuras
como Milei o Trump, especialmente de este último cuya performance pública
despierta a propios y extraños serias dudas sobre su salud mental. Nos
gobiernan individuos que están para que los encierren (y no es una metáfora) y
que tienen a su alcance el botón nuclear. Como para no preocuparnos.
Volviendo al tema que nos ocupa, la violencia primero se
verbaliza y después se actúa. Es muy grave lo que ha sucedido en Murcia, donde
se han traspasado todos los límites hasta llevar esa violencia a la sede gobierno
regional. Por ese motivo debemos decir alto y claro que no podemos tolerar este
tipo de actitudes y amenazas en nuestras instituciones, no podemos tolerar
ataques a la expresión de la soberanía popular y a la independencia de las
leyes.
En respuesta, desde la Asamblea Feminista se ha emitido el
siguiente comunicado de repulsa al que se pueden adherir tanto colectivos como
personas de forma individual:
https://forms.gle/Ks1C92LR73ktqgwZ7
https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/llamada-vox-violencia_132_13158215.html
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