martes, 13 de julio de 2021

AMOR, CUIDADOS Y REMUNERACIÓN

 AMOR, CUIDADOS Y REMUNERACIÓN

Que la labor de los cuidados recae mayoritariamente en las mujeres no es ninguna novedad. Poco ha cambiado a lo largo de milenios.

Los cuidados y todo lo que ello conlleva están asignados a la mujer y son no remunerados por una razón: porque están vinculados a la emocionalidad, ámbito de lo femenino. La emoción, como todo el mundo sabe, es gratis. Por favor, sólo faltaba: se cuida a los hijos por amor, se pone la lavadora por amor, se ordenan los armarios por amor, se friega el váter por amor. Y así un largo etcétera de tareas que convierten la jornada laboral del amor en una jornada interminable, sin horario, sin vacaciones y no remunerada. Un negociazo, vaya. Por si ello fuera poco es además una labor invisible y por lo tanto carente de valor. Y no se vayan todavía que aún hay más: la que se queda en la casa, en ese mullido nidito de amor non-stop, es la mantenida. Como no “trabaja”, no tiene dinero y como no tiene dinero, tiene que pedírselo al proveedor oficial de pasta, o lo que es lo mismo, el amante esposo, compañero, novio, lo que la sitúa de forma permanente en el escalafón pedigüeño, esto es, en situación de inferioridad. 

Por supuesto, con el mayoritario acceso de las mujeres al mundo laboral, parte de este cuento ha cambiado, pero solo parte. Porque en los hogares donde trabajan el hombre y la mujer, la que  se suele ocupar  de que “no nos coma la mierda” sigue siendo la mujer, lo que añade unas veintidós horas de trabajo extra a la semana laboral. Veintidós horas no remuneradas. Es lo que tiene trabajar por amor.

A que las mujeres acepten (o se resignen a) este trato desigual contribuyen muchos factores: dificultad en el acceso a la educación, falta de referentes femeninos por el borrado de las mujeres a lo largo de la historia, necesidad de adecuarse a lo que la sociedad demanda de nosotras, etc. Los cuentos de hadas, las películas, las series de televisión, la publicidad nos enseñan que las niñas y luego mujeres debemos aspirar solo a triunfos vicarios (ser la churri del macho alfa) como por ejemplo en La Cenicienta, que consigue ascender en el escalafón social por vía marital, que es la que nos está permitida. ¿Qué hubiera pasado si La Cenicienta hubiera cobrado todas esas horas de trabajo gratuito, tan asimiladas a su identidad que acaban dándole el nombre que lleva? A lo mejor se hubiera comprado un piso y hubiera pasado de un tío que no es capaz de distinguirla de las demás si no es poniéndole un zapato ridículamente pequeño, un zapato que encarna todo lo que se espera que ella sea: pequeña, frágil, delicada, transparente. Pero nunca lo sabremos porque esa parte del cuento no está escrita.

La “doble jornada” tiene nombre de mujer y es resultado de la vieja división sexual del trabajo, que da por hecho que nosotras nos encargamos por amor de la casa y los cuidados familiares y personales (sin cobrar), mientras los hombres abordan la calle y las decisiones públicas (cobrando). 

El trabajo del hogar podría (y debería) ser un trabajo como otro cualquiera pero no lo es: es el único trabajo que ni tiene horario, ni tiene vacaciones, ni se puede posponer y sin embargo es el menos valorado, el invisible, el que carece de proyección social.

Según un estudio de Oxfam Intermón el trabajo no remunerado en España supone un 41% del PIB (*). Y ese trabajo no remunerado es básicamente femenino. Por lo visto las mujeres con nuestro voluntariado mantenemos casi la mitad de la economía nacional. Eso quiere decir que nos han contado el cuento justo al revés: no somos unas mantenidas sino unas mantenedoras. Ya es hora de saberlo para empezar a cambiarlo.


(*) https://tribunafeminista.elplural.com/2018/09/el-trabajo-domestico-no-remunerado-de-las-mujeres-alcanzaria-el-41-del-pib-en-espana-un-13-del-mundial/






sábado, 10 de julio de 2021

¿VIOLENCIA SIN GÉNERO?

 

¿VIOLENCIA SIN GÉNERO?

¿Existe la violencia de género? Es evidente que sí, pero hay quien lo niega. Desde la llegada de Vox al Congreso ha hecho de esta negación una bandera. Pero negar un problema no consigue que desaparezca; lo que sí consigue  es que sea imposible ponerle remedio. Quienes niegan  la violencia machista son cómplices necesarios de estos criminales a quienes llaman locos, casos aislados o violencia en general; violencia sin más, así, a granel, sin procesar, sin analizar.

Hay sujetos que exhiben carteles de Stop feminazis. Si creen que hay una única violencia, una violencia sin género, como ellos la llaman, ¿por qué no llevan un cartel que diga: “Stop nazis”? Dobles raseros por donde se les cuela la ideología rancia.

Negar la existencia de algo tan peligroso causa un daño que puede ser irreparable porque la realidad es tozuda como ella sola y no desaparece con ser negada. Reconocer un problema sirve para analizarlo, ponerle límites, combatirlo y finalmente erradicarlo. Lo contrario es dejar campo libre para que ese problema pueda manifestarse  en cualquiera de sus formas (insulto, violencia, secuestro, violación, asesinato)  de forma indefinida.

La violencia sin género es una opinión, opinión por cierto contraria a toda lógica y contraria también  a principios y consensos nacionales e internacionales, es manifestarse en contra de nuestra legalidad vigente, habida cuenta los convenios y declaraciones internacionales suscritos por España que condenan la violencia de género como un tipo de crimen diferenciado y merecedor de una protección especial. No hay que olvidar tampoco que esa negación está fundamentada sobre premisas manipuladoramente falaces como lo son las denuncias falsas.

¿Por qué ese empeño en negar algo que es evidente?  Está más que demostrado que hay un patrón que se repite: hombres que matan mujeres por el simple hecho de ser mujeres,  para no perder el control sobre ellas que el patriarcado les concede. Y como hemos visto recientemente, hay aún una forma más refinada de violencia contra las mujeres, una que consigue que su dolor sea interminable: dejarlas con vida pero matar a sus hijos. Insistimos, ¿por qué negarlo, entonces? Admitir la evidencia de que existe una violencia específica contra las mujeres equivale a admitir que existe una desigualdad que propicia esa violencia; admitir esto último exige poner en cuestión todo el sistema, que es lo que ha hecho el feminismo a lo largo de toda su existencia. Admitir que existe la violencia de género tiene como conclusión final convertirse en feminista. Y ellos no van a pasar por ahí, porque quieren seguir ostentando privilegios y que las mujeres permanezcan en el plano de desigualdad donde han estado siempre. Por eso precisan coartadas mentirosas, como las denuncias falsas, por eso tienen que negar este tipo de violencia. Quienes aceptan la estructura de poder en la que los hombres son superiores a las mujeres son incapaces de ver o incapaces de admitir que existe una violencia específica contra ellas.

Ese disparate de reciente creación denominado  violencia sin género nos haría volver atrás, a esa etapa en la que no se sabía cuántas mujeres morían a manos de sus parejas porque no se llevaba contabilidad de los feminicidios, a la época en que esos asesinatos eran catalogados románticamente con el calificativo de “crímenes pasionales”. Nos haría volver a tiempos en los que la maté porque era mía era un atenuante perfectamente válido.

No son monstruos, no son locos, no son casos aislados. Hay quien necesita pensar que son todo eso para alejarlos de sí (son monstruos, yo no lo soy, por tanto este problema no me atañe). Pero no es nada de eso, no infligen un daño aleatorio: es el machismo que mata con un patrón definido. Y pobres locos, por cierto, los enfermos mentales no merecen esa comparación.

Negar la violencia de género es rechazar todo lo que se ha hecho hasta ahora para proteger a las mujeres contra esa lacra, es dejar a las mujeres de nuevo desprotegidas frente a sus maltratadores, es darles la espalda como sociedad. Negar la violencia de género es violencia de género.

 

 

martes, 29 de junio de 2021

TRINCHERA DE LIBROS

 TRINCHERA DE LIBROS


Pienso en mi “libropuerta” y la imaginación me traslada de inmediato a imágenes de “La casita de chocolate”. Y de mí misma muy pequeña, claro, en la escuela, con ese libro. Fue probablemente lo primero que leí y que tuvo sentido completo. Debió ser una fascinación, un deslumbramiento, de lo contrario no seguirían acompañándome esas imágenes desde la lejanísima infancia. A partir de ahí los libros constituyeron una trinchera. Feliz de aquel que se enfrenta al mundo sin miedo. Yo sí lo tenía.  Estoy convencida de que, para aquellos que, como yo, tenían miedo al mundo, para los tímidos, los retraídos, los que nos sentíamos derrotados antes de que se iniciara la batalla, los que salíamos a la vida desarmados, para todos nosotros, digo, los libros han constituido siempre un refugio. Quizás os haya pasado como a mí. Leer nos daba la ocasión de viajar sin movernos del sitio, de protegernos detrás de los libros, vivir otras vidas más emocionantes que la nuestra, hacernos una trinchera de libros repleta de posibilidades. Pero en un giro de guión totalmente inesperado, leer nos dio además algo que no teníamos previsto: la capacidad de ordenar el mundo mediante la palabra, de pensarlo, de meditarlo, de explicarlo, de generar ideas complejas y de concebir otros mundos. Leer nos llevó a escribir. Leer nos llevó a crear. A desarrollar unas capacidades que nosotros pensábamos que eran limitadísimas y resultaron ser las armas de que la vida nos proveyó para salir al mundo y dejar en él nuestra impronta. Eso hicieron los libros con nosotros, eso hicieron los libros por nosotros: dotarnos de ideas, de pensamiento, de complejidad, de profundidad, e incluso a veces, a los más talentosos, de identidad. La lectura nos enseñó a comprender el mundo y a explicarlo, y aun en algunos casos felices, a crearlo.



#SALVADOSABORTO

 #SALVADOSABORTO

Hay una dificultad enorme en escribir cuando una está poseída por un sentimiento, en este caso dos: indignación y vergüenza. Es difícil ordenar racionalmente y poner en palabras la emoción. Hablo del programa Salvados del domingo 30 de mayo que ha versado sobre el derecho a la interrupción del embarazo tardío a raíz de la denuncia de varias mujeres murcianas  obligadas a desplazarse casi quinientos kilómetros para esta intervención, arriesgando con ello su salud física y psicológica.

Son mujeres cuyos bebés padecían patologías incompatibles con la vida debido a graves malformaciones.  O de embarazos que no se podían llevar a término sin poner en peligro la vida de la madre ¿Por qué no se puede dar ese servicio en Murcia, obligando a las mujeres a desplazarse, poniendo con ello en peligro su integridad física? Pues porque la abrumadora mayoría de los ginecólogos de la Región de Murcia son objetores de conciencia y no existe la infraestructura necesaria para garantizar ese derecho. 

Imaginemos este ejemplo: un feto cuyo cráneo no se ha formado y que carece de toda posibilidad de vivir; además, la integridad física de la madre peligra debido a este hecho. La objeción de conciencia impide a los ginecólogos practicar la interrupción del embarazo (sabiendo, insisto, que esa criatura no podrá llegar a vivir). Sin embargo esa misma conciencia a la que aluden no es obstáculo ninguno para abandonar a la madre a su suerte. ¿De qué conciencia hablamos, entonces?, ¿qué deontología médica, qué principios, qué compasión, qué humanidad?

Pero no se trata de una decisión individual sino colectiva; más grave aún, todo indica que se trata de una decisión colegiada. Sin embargo observamos que el estamento médico se escuda en el político y el político en el médico. ¿Quién queda fuera de la ecuación? Sí, exacto, las mujeres, que no les importan ni a los unos ni a los otros.

La interrupción del embarazo está protegida por ley y la objeción de conciencia también, pero cuando dos derechos colisionan deberá prevalecer el más urgente y este es el que tiene que ver con la vida y la salud de las personas. En cualquier caso no se trata de una cuestión individual, como queda dicho, o de muchas cuestiones individuales sumadas (cada uno de los casos de objeción de conciencia) sino de una cuestión colectiva, una cuestión de salud pública. La administración tiene la obligación de garantizar ese derecho a la salud obstétrica y por tanto debe tener entre su plantilla profesionales que no sean objetores para no poner en un riesgo vergonzoso, indignante e innecesario la salud física y psicológica de las mujeres de la Región de Murcia. 

Llevamos una semana en la que seis mujeres han sido asesinadas por la violencia machista. Mujeres asesinadas por ser mujeres, no lo olvidemos, porque ese es el hardcore de este tipo de violencia. El patriarcado es un sistema de opresión para el que las mujeres somos individuos de tercera división regional. Ese sistema y sus distintas ramificaciones es el que propicia y en último término justifica estas muertes. Ese mismo sistema se manifiesta en nuestra región y en otras, despreciando la salud obstétrica de las mujeres, obligándolas a desplazarse, sacándolas de la red sanitaria pública, conduciéndolas a centros privados con pocas garantías y menos medios, clínicas privadas con condiciones lamentables muchas veces, según ellas mismas denuncian. Eso ocurre cuando la vida y la salud de las mujeres no son una prioridad, eso ocurre cuando la vida y la salud de las mujeres no le importan a nadie.

Si vamos al fondo de la cuestión, esta carencia en nuestro sistema sanitario no se debe ni a un asunto individual de objeción de conciencia, ni a un tema de infraestructura, ni de medios, ni de recursos: es un problema político e ideológico. Una región profundamente conservadora con varias décadas de gobierno del PP, extremismo reforzado ahora con la entrada en escena de Vox, que niega a las mujeres un derecho constitucional, privándolas de la calidad asistencial imprescindible, arriesgando su integridad física y psicológica. 

Y luego hablan de respeto por la vida.





lunes, 31 de mayo de 2021

CUANDO NO HAY SITIO PARA LAS MUJERES

 

CUANDO NO HAY SITIO PARA LAS MUJERES

Película turca de domingo por la tarde en televisión. Argumento: un apuesto y reputado neurocirujano regresa a su casa después de un largo y exitoso viaje y se encuentra a su joven y bella asistenta durmiendo en el sofá.  Terminan enamorándose, claro, como es de rigor. Se trata de “La Cenicienta” puesta al día, sólo que el príncipe es ahora un médico; ella sigue siendo la criada porque para qué vamos a cambiar. Ignoramos por qué, pero hay últimamente en televisión una oleada de películas turcas de argumento fósil y profundamente machista, además de clasista y racista. En principio la película podría parecer inofensiva, pero nada es neutro y lo que en apariencia puede ser inocuo con frecuencia suele ser inicuo. En estos artículos hemos hablado en más de una ocasión de la importancia que tienen los transmisores culturales (películas, canciones, anuncios, videoclips,…) en la difusión de determinados valores.  Los valores que se transmiten en este caso abundan en la construcción de un marco de convivencia en el que los hombres son médicos y las mujeres friegan, en el que ellos son líderes y ellas están en un segundo plano, en el mejor de los casos;  o lo que es lo mismo, de la pertinencia de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Durante la cumbre de Turquía que ha tenido lugar este mes de abril, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea (primera presidenta de la Comisión Europea, hay que añadir) visita Turquía y se queda de pie durante la recepción del presidente turco, mientras que su colega, Charles Michel, presidente del Consejo de Europa y el propio Erdogan, presidente de Turquía, se acomodan en sendos  asientos. Para ella no había silla. O lo que es lo mismo: para ella no había sitio. Quedó relegada a un sillón lateral. Lo explica ella misma en este vídeo:

Si no hubiera precedente se podría atribuir a un error de protocolo. Pero resulta que sí hay precedente. Cuando Jean-Claude Juncker visitó Turquía en 2017 para él sí que hubo silla junto al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk,  y junto a Erdogan.

Debemos insistir en el hecho de que en años anteriores no faltó ninguna silla. Tampoco hubo ninguna mujer. Nada es casual. Por todo ello, no parece que haya sido un olvido, en todo caso un olvido intencionado, una provocación del gobierno turco hacia las mujeres en general y hacia la voluntad europea de ir hacia una igualdad efectiva en particular.

Parece evidente el empeño del gobierno turco por señalar el sitio que deben tener las mujeres, así se trate de la mismísima presidenta de la Comisión Europea. Y su sitio es de pie, en la sombra, en la insignificancia. La propia Ursula von der Leyen, en su denuncia del hecho, dice que esto le ha pasado a ella que es una privilegiada por su status y su posición, una privilegiada en primer lugar por poder denunciarlo. Pero qué será de los millones de mujeres silenciadas, ninguneadas, anuladas. Eso en el mejor de los escenarios ya que, como sabemos, la anulación es la punta del iceberg de todo tipo de violencias.

Para comprender este hecho en toda su magnitud cabe señalar también que Turquía ha abandonado la Convención de Estambul, un tratado que combate la violencia contra las mujeres. Esto en un país en el que el 38 por ciento de las mujeres que se han casado sufrieron violencia física o sexual durante su vida, según una investigación de 2014 citada por las Naciones Unidas. Un país que ocupa el puesto 133 entre 156 países en un informe del Foro Económico Mundial de 2021 sobre la Brecha Global de Género.

Ursula Von der Leyen cita a Kamala Harris: “la situación de la mujer representa la situación de la democracia”. Debemos permanecer muy vigilantes porque el fascismo avanza sobre Europa. El fascismo se llama  machismo cuando se trata de los derechos de las mujeres. Esta reciente ola de fascismo tiene mucho que ver con el tsunami feminista que hemos vivido en este último lustro, es el coletazo de la bestia. El fascismo no considera humanos a los que son de otra raza. Del mismo modo, el machismo no considera a las mujeres como enteramente humanas.

 

 

 

MADRID HA PEDIDO UN DESEO

 MADRID HA PEDIDO UN DESEO


Ser de derechas es muy fácil. Un político de derechas puede salir a decir (y así lo han hecho en numerosas ocasiones): yo he venido a la política a forrarme. Y sus correligionarios le aplaudirán. Muy bien, machote, yo también haría lo mismo. Fórrate mucho, que algo me tocará. Sin pensar que ese forramiento es a costa del bolsillo del propio correligionario, no sé de dónde se pensaran que sale la pasta... Si un político de izquierdas desliza siquiera algo remotamente parecido será lapidado en plaza pública. Y con razón, solo que, para que tengamos una vida política mínimamente sana, el de derechas merecería lapidamiento y no aplauso. Del discurso de izquierdas se desprende no solo un proyecto político sino también siempre una cierta moral, un ejemplo, un modelo. En el de derechas ya no y cada vez menos. Cada vez van más a cara descubierta, potenciando un neoliberalismo donde cabe todo, donde todos los deseos son susceptibles de ser satisfechos, caiga quien caiga. La satisfacción del deseo individual es la máxima prioridad. No la estabilidad, ni el futuro, ni la sostenibilidad del planeta, ni la salud de la ciudadanía, ni el bien común: el santo grial neoliberal es la satisfacción de los deseos individuales. Se ha abandonado en la derecha una moral encarnada en lo religioso, de la que ya solo queda una cáscara vacía sustanciada en Semana Santa, Navidad y bodas, para adoptar algo aún más perverso (por perverso que nos pareciera lo religioso): el todo vale, no hay freno, no hay moral. No existe el otro y no existe la sociedad (tal y como predicaba Thatcher, there isn’t such a thing as society), solo existe el votante y sus deseos, el comprador y sus deseos, el individuo y sus deseos. Una carrera hacia el abismo en un mundo finito.

¿Qué les ha dado Ayuso a sus votantes en Madrid, lo que precisaba el escenario en materia de salud?  Pues no, les ha dado justo lo que querían, lo que deseaban por encima de todo: bares abiertos para seguir trabajando (esto es clave) y para seguir consumiendo, para alimentar una fantasía de vuelta a la normalidad que con el agotamiento de un año largo de pandemia se ha convertido en el sueño de cada votante. ¿Era lo que convenía a la comunidad? Es evidente que no: índices de mortalidad por las nubes, tasas de contagio disparadas y  el ejemplo de otros presidentes autonómicos del PP haciendo en condiciones los deberes pandémicos. Pero ella no, ella ha hecho alarde de irresponsabilidad y le ha salido a cuenta. No ha habido evento, corrida de toros, concierto al que no se haya dado el visto bueno. Menos a las manis del 8 de marzo, porque como todo el mundo sabe, sólo el feminismo contagia. Ha sido capaz de reeditar Magaluf y Salou en Madrid. Los mismos franceses que no podían festejar en su país merced a la prudencia pandémica de sus autoridades sanitarias, se venían en manada a Madrid a ponerse hasta el cogote de visitar museos… del vino. Si yo les doy a mis hijos pizza todos días y les dejo el wifi abierto 24 horas, me votarán madre del año para siempre. Pero no es lo que les conviene. Es una medida cortoplacista e irresponsable, que unida al pulso sin precedentes que le ha echado al gobierno central la ha dejado a las puertas de la mayoría absoluta, bloqueando el crecimiento de Vox porque ella lo es todo, ultraderechista también. No le falta un perejil a la señora.  

Y yo no veo un votante idiota, veo un votante no politizado que vota como quien echa una moneda a un pozo y pide un deseo. Y el deseo es que se acabe la pandemia. Lo malo es que no existe evidencia científica de que los pozos devuelvan deseos y es bastante probable que su imprudencia y su irresponsabilidad, tanto del PP madrileño como de sus votantes, terminemos pagándola todos.


domingo, 2 de mayo de 2021

VOX Y LA RETROESPAÑA

 

VOX Y LA RETROESPAÑA

Han enviado cuatro balas de fusil a tres representantes gubernamentales. Cuatro balas de fusil en 2021. Amenazas de muerte en la campaña electoral de Madrid, en 2021. Lo tengo que repetir para poder creérmelo.  Por si esto no fuera suficiente,  la representante de Vox, al mejor estilo neo nazi, se niega en público a condenar esas amenazas. Se niega a condenar esas amenazas blanqueándolas y haciéndolas propias, como si no supiéramos de dónde vienen. Pero esperábamos que tuvieran la mínima decencia democrática de disimular. Pues no, no disimulan y eso es lo preocupante. Salen a cara descubierta como los avalistas de esas cuatro balas. Se marcha Pablo Iglesias del debate en la SER, con toda dignidad, de una mesa donde hay una persona que no condena las amenazas que él y su familia han recibido, y Rocío Monasterio le hostiga, márchese, márchese y cierre al salir, como una hooligan, como la hooligan que es. Cómo es posible que tengamos a alguien así optando a ser nuestra representante en las instituciones. Cómo hemos llegado hasta aquí, cómo hemos hecho nuestro este nivel de Retroespaña.

Imagino el retroceso que tendría el fusil encargado de disparar esas cuatro balas. Imagino a dónde nos enviaría ese retroceso. A las mujeres nos mandaría sin ninguna duda de vuelta a la cocina y con la pata quebrada, nuestro lugar natural en esa Retroespaña. A las personas homosexuales, en el mejor de los casos, de vuelta al armario, cuando no  a la cárcel. La laicidad sería un recuerdo, nos íbamos a enterar de lo que de verdad significa  adoctrinamiento en las aulas, el pin parental nos iba a parecer un chiste. La persecución y el hostigamiento contra los inmigrantes serían tarea gubernamental.

Vox ha entrado en la campaña electoral madrileña con una motosierra, proyectando su miseria moral en un cartel deleznable que dice que un mena cobra 4.700€ al mes mientras tu abuela 426€. Una se pregunta cómo es posible que alguien pueda llegar a creerse que un niño sin familia (es lo que significa MENA, menor no acompañado) cobre cuatro mil setecientos euros al mes;  pues sí, hay quien se lo cree. No es ninguna novedad, esta paradoja de la mente humana fue descrita por Platón: los seres humanos percibimos la realidad como imágenes proyectadas en el fondo de una caverna.  Pero la potencia de esas imágenes es ahora mayor que nunca porque, gracias a la multitud de medios, los mensajes se pueden replicar hasta el infinito. Cuanto más se replican, más corporeidad ganan, hasta el punto de superar en percepción de realidad a la propia realidad. La brevedad de los mensajes ayuda a que se repitan con más facilidad. Las campañas de la ultraderecha mundial, por inspiración de Steve Bannon, se hacen sobre todo en redes sociales: imágenes puño y mensajes cortos que contienen un discurso completo.

Los mensajes de Vox se benefician de la brevedad porque, como bien sabemos, son cualquier cosa menos elaborados. Si nos centramos en el ejemplo de la inmigración, auténtico buque insignia de la ultraderecha, es imposible que los votantes de Vox no sepan que los inmigrantes cobran una miseria, que son explotados y que hacen los trabajos que nadie quiere hacer. Sin embargo, que la realidad no te estropee una buena coartada para tu fobia contra el extranjero pobre, por lo tanto prefieren creerse que a los inmigrantes se les regalan pisos según se van bajando de la patera y que viven en España de las ayudas sociales durante seis meses para luego irse otros seis meses de vacaciones a su país.  No hay nada más complicado que convencer a la gente de que la realidad que perciben vía medios  y redes no es real, sobre todo si esa realidad está en concordancia con sus prejuicios y con sus miedos. Y no digamos nada si esa idea de realidad es avalada por los políticos de su confianza. El trampantojo completo.

Es verdad que los relatos no podrían estar más desconectados de la realidad pero trabajan en combinación con miedos y prejuicios y hay miedos y prejuicios que nos acompañan desde hace décadas, algunos desde hace incluso siglos. Los votantes de Vox realmente se creen  que Tarik y el Moro Muza han venido en patera y  que estamos de nuevo a las puertas de la batalla de las Navas de Tolosa. Las imágenes de Santiago Abascal a caballo por tierras andaluzas o con casco de los Tercios de Flandes, dan idea de esa reconquista. Pura escenografía, tan simplona y ridícula que ha dado risa hasta que ha empezado a dar miedo.

Vox quiere llevarnos a una Retroespaña de toros y rosario, de puro y pescozón, de misa y fusil, de desigualdad y miedo. Hay que combatir esa  Retroespaña con toda la democracia posible. Nos va el futuro en ello.