sábado, 16 de julio de 2022

LO DEL BESO


LO DEL BESO

Ya os habréis enterado del fucking lío que se ha montado a cuenta de un beso entre dos chicas en la última peli de dibujos animados de Pixar.

Vamos a ver.

O sea.

Que un desconocido bese a una chica narcotizada (Blancanieves) está bien; que otro desconocido bese a una joven desmayada (La Bella Durmiente), mola; que una bestia bese a una muchacha (La Bella y La Bestia), todo normal; pero que una chica bese a otra chica , a quién se le ocurre, dónde vamos a ir a parar,  depravados, que forma de adoctrinar a las criaturas, hay que  quemar los cines.

Estos que piensan que por ver un beso en la pantalla se van a volver mariquitas que prueben a ver si viendo una peli sobre Einstein les dan el premio Nobel. A los lumbreras.

Por cierto, Happy Pride!

LA MANADA DE HOMBRES PERRO

LA MANADA DE HOMBRES PERRO


Para el patriarcado los hombres son los dueños genéricos del rebaño planetario de mujeres. Por eso pueden compartir las características del material en grupos de Whatsapp o foros  de internet, por eso pueden comentar en voz alta las calidades y gritarles por la calle que están muy buenas o que son muy feas, por eso pueden perseguirlas y acosarlas ya sea en el trabajo, en la discoteca o en un callejón, por eso pueden hacer uso de unas prerrogativas que les permiten acceder a sus cuerpos en cualquier momento con o sin consentimiento, prerrogativas que fueron denunciadas por la campaña #metoo y que se volvieron mundialmente virales. Los hombres pueden hacer uso de las mujeres y ellas deben guardar silencio. Lo que no entienden es que ese silencio se haya roto. 


Dentro del grupo existen los hombres perro, encargados de devolver al rebaño a la que se le ocurre desmandarse,  a la que decide andar por su cuenta sin permiso y a deshoras, para que sirva de ejemplo a las demás. Por eso, quienes interiorizan ese patriarcado, ya sean hombres o mujeres, cuando ocurre alguna violación no piensan que el que agredió no tenía derecho a hacerlo, porque para el patriarcado sí que lo tiene (el hombre tiene el derecho, cualquier derecho incluido el de agredir para el que siempre existirá la coartada de haber sido provocado). Lo que se preguntan es qué hacía ella sola y en ese sitio y con esa ropa. Porque ella es la que no tiene derecho. No tiene derecho a hacer uso de una libertad que no le corresponde. Somos fruto de nuestra historia y durante muchos siglos la violación no era considerada una agresión contra las mujeres sino una afrenta al padre o al marido que ostentaba la potestad sobre unos cuerpos que quedaban marcados por esa violencia como material estropeado. Además, la sospecha caía inmediatamente sobre ellas. Quizás se lo merecían por ir provocando. Con espeluznante frecuencia, una mujer podía terminar muerta y habérselo buscado. La función de los hombres perro ha sido fundamental para el patriarcado durante siglos y lo sigue siendo: deben enseñar a las mujeres que no son libres, que no pueden ir por donde quieran, que no pueden vestir como quieran, que no pueden ir por según qué lugares y a según qué horas si no es acompañadas por hombres que las protejan porque ellas no son independientes.


Ese sustrato se mantiene, pero en una sociedad compleja como la nuestra, las agresiones también se complejizan. Las violaciones grupales incluso a niñas nos golpean desde los telediarios. En algunos de los casos, los violadores también eran menores de edad. Es lo que ocurre en una sociedad que deja la formación afectivo sexual en manos del porno. Los chicos ven porno desde los nueve años, las chicas un poco más tarde de modo que ese tipo de material se convierte en la escuela de educación sexual para nuestros adolescentes, una escuela de violencia, una escuela de hombres perro. El contenido del porno se basa en un crescendo que comienza por indiferencia emocional, sigue con desprecio y culmina en agresión. Esto es lo que ven nuestros chicos y chicas y esto es lo que reproducen.


Lejos de extinguirse, la manada de hombres perro cuenta ahora con la colaboración activa de la industria del porno, de la industria prostitucional y de un ideario difundido a veces a través de los transmisores culturales (letras musicales, especialmente en reguetón, videos, programas televisivos, anuncios publicitarios) en el que se erotiza la violencia hasta el punto de que podría parecer que a las mujeres les gusta ser violadas, que lo van buscando, que se lo merecen. El porno y la prostitución son territorio salvaje, erizado de oscuros intereses, territorio donde abrevan los hombres perro. 



NO ES EL QUÉ, ES EL CÓMO

NO ES EL QUÉ, ES EL CÓMO

Dice Isabel Rábago, ex secretaria de comunicación del PP en Madrid y tertuliana del negocio rosa, que le tenemos manía a Luis Medina porque es rico…

Mujer, si se ha hecho rico gracias al tráfico de influencias metiendo comisiones del 70% a material médico defectuoso y vendiéndolo en lo peor de la pandemia a la comunidad más castigada, comprenderás que no sea nuestro aristócrata favorito.  Si además y con todo descaro se ha pulido lo ganado de forma inicua en coches de lujo indecente y Rólex a puñados, su imagen pública no mejora. Y si ya, cuando van a echar mano a la cuenta del interfecto, un tío que es grande de España y ha sido criado con pechuguitas de caviar, resulta que le quedan 247,50€ porque le ha faltado tiempo para vaciar la saca, estamos  hablando ya de un tipo que chapotea en el fango de la abyección absoluta.

Pero ahora resulta que la culpa es de los fiscales que son todos unos rojos de mierda y le tienen manía porque es rico y noble y aristócrata y modelo y guapo de revista.

Ay, Isabel,  hija, hazte así que te chorrea el servilismo: no es el qué, es el cómo.

QUÉ EXIGEN LOS CABALLEROS

QUÉ EXIGEN LOS CABALLEROS

En enero de este año el Colectivo +mujeres escribió el siguiente artículo para este mismo medio:

https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2022/01/06/caballeros-exigentes-61302602.html

En él se denunciaba la publicidad de un burdel y se reflexionaba sobre el controvertido tema de la prostitución.

Hace unos días, un grupo de activistas ha vandalizado esa misma valla publicitaria por “promocionar la prostitución”. En ella se puede leer “Cortijo VIP: para caballeros exigentes“. El vandalismo ha consistido en escribir sobre esa valla un tajante y clarificador “explotadores”.  Las vándalas se han explicado en un breve comunicado señalando que no se puede seguir ”tolerando la normalización sistémica de la violencia hacia las mujeres, con la complicidad de los gobiernos en pleno siglo XXI que permite este trato vejatorio“. 

Pero preguntémonos también qué exigen los caballeros de ese Cortijo Vip y de tantos otros cortijos repartidos por todo el país:

Exigen sexo sometido, no consentido, aunque el intercambio de dinero simule consentimiento. El que paga manda y ellos son los que pagan un dinero que les permite ejercer el poder, que es de lo que se trata.

Exigen juventud, cuanto más jóvenes mejor, si son menores de edad la tarifa sube porque la juventud se paga.

Exigen variedad de razas y procedencias porque los caballeros se aburren de consumir siempre el mismo menú. Hay que ir variando para que la diversión no pare. Por suerte para ellos la inmensa mayoría de mujeres en situación de prostitución son inmigrantes de distintos orígenes: subsaharianas, sudamericanas, orientales, eslavas.                                                   Exigen disponibilidad, por eso la institución prostitucional ofrece mujeres a cualquier hora del día o de la noche, a precios adaptados a todos los bolsillos masculinos.                                                                                                                                 Exigen resistencia a las imaginativas demandas de los caballeros que pueden ejercer sobre ellas formas de violencia sexual que solo se consiguen pagando.

Exigen limpieza: en los macro burdeles alemanes donde se ofrecen un combo de cerveza, salchicha y polvo a precio de oferta, las mujeres deben pasar por controles médicos antes de ser ofrecidas a los caballeros. ¿Importa la salud de ellas? No. Importa presentar a los clientes un material limpito.

Exigen emociones fuertes, exigen prácticas humillantes, exigen silencio porque son los amos. Los caballeros exigen, las mujeres sirven. Así funciona el machismo. Así refuerza la prostitución el sistema patriarcal.

La performance vandálica de la que habla esta noticia coincide con el registro en el Congreso de una proposición de ley para modificar el Código Penal y endurecer las penas por proxenetismo. Además, la norma incluye modificaciones para multar a los clientes de la prostitución según recoge el texto “las personas que recurren a las mujeres en situación de prostitución participan directamente del entramado que sostiene esta grave vulneración de los derechos humanos. Estas personas representan la condición de posibilidad para que se produzca la prostitución”.


A nivel municipal, la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Murcia, con Teresa Franco a la cabeza (la misma que está siendo hostigada por Vox hasta la extenuación), anunció el pasado mes de febrero que tenían ya un borrador para una ordenanza que regulará los anuncios de prostitución y la publicidad sexista, borrador que será aprobado próximamente.

Cuando en Francia se aprobó una ley parecida en 2013, un grupo de intelectuales, empresarios y políticos autodenominados 343 Salauds (343 cerdos, el nombre lo pusieron ellos, nada que objetar) emitió un manifiesto titulado Touche pas à ma pute (No toques a mi puta, elocuente título) que no era más que un berrinche porque la ley obstaculizaba el libre acceso a su juguete favorito. En ese manifiesto ellos dicen que cualquiera debe ser libre de vender sus encantos (sic) porque ser putero no está reñido con ser un cursi. Agitan muy alto la bandera de la libertad a la que dicen amar junto a la literatura y la intimidad. Pero el respetable padre de familia que va a un puticlub a desahogarse no sabe si esa mujer a la que está sometiendo a abuso sexual está ahí porque quiere o porque es objeto de trata y ha sido esclavizada. Pero no le importa. Así es el patriarcado. Lo que piensen o sientan las mujeres es irrelevante. La libertad solo es importante si se trata de la libertad de ellos.

Visto lo visto, lo realmente vandálico es ir de putas y no hacer un grafiti sobre una valla sexista. 





sábado, 11 de junio de 2022

¡A POR ELLAS, OÉ!

¡A POR ELLAS, OÉ!


Ya no deberían quedarnos dudas de que Vox va a por nosotras, oé.  Recientemente, mientras nos manifestábamos en denuncia por las dos últimas mujeres asesinadas en nuestro país, asesinadas debemos recordar por el simple hecho de ser mujeres, y mientras leíamos el manifiesto, un sujeto intentó silenciarnos al grito de "el patriarcado no existe ". No lo consiguió. Y el patriarcado sí existe, ese energúmeno era prueba andante y vociferante de lo mismo que pretendía negar.

Si no existe el patriarcado, ¿por qué se sienten tan manifiestamente interpelados, a qué viene esa agresividad en negar algo que, si no existe, no les debería preocupar? Porque saben que sí existe y que les proporciona unos privilegios a los que no están dispuestos a renunciar. Sólo que le llaman de otra manera: le llaman familia tradicional, homosexualidad en el armario o en el psiquiatra, aborto criminal, mujer madre y esposa, hombre dueño y señor.

El patriarcado existe y es el responsable de la muerte de una media de ochenta mujeres al año.  Es responsable de la desigualdad estructural que nos convierte en ciudadanas de segunda,  que posibilita la brecha salarial, el techo de cristal,  la conciliación a cargo de las mujeres, el puticlub a disposición del señor.

Vox en Castilla León se rearma de machismo,  pero no les llames machistas que se ofenden, que  ellos no son  machistas, son hombres como Dios manda, de escopeta al hombro y mujer en el hogar, hombres que creen que dar mayor libertad a la mujer es ampliarle la cocina.

No hay más que echar un vistazo a los tuits de Juan García-Gallardo Frings, el abogado de Vox (trabaja en el despacho de su papá, abogado defensor en numerosos casos de corrupción en el PP) que será vicepresidente en esa Comunidad Autónoma gracias al fallido viaje al centro del Partido Popular.  Veamos algunos ejemplos:

"Ser feminista es una ridiculez, más aún si no eres mujer ": el feminismo es una tontada y si encima el feminista es el hombre es que ha perdido la cabeza.

"Qué ridículo suena que las mujeres exijan igualdad de trato, cuando lo que quieren es seguir siendo tratadas igual de bien que hasta ahora": con lo bien que les va a las mujeres y aún piden más. Es que no tienen freno.

Y qué decir de la homosexualidad:

"Hay que heterosexualizar ese deporte repleto de maricones"

"Para mí no es lo mismo un matrimonio que el mal llamado matrimonio homosexual ":

Maroto silbando mientras mira al infinito.

Eso sí,  Gallardo  Frings  es tan valiente que ya está borrando tuits a destajo, no vaya a ser que supongan un inconveniente para medrar en política.

Para Vox el feminismo debe desaparecer porque con ese patriarcado que no existe ya nos va bastante bien a las mujeres y nuestras demandas son meros caprichos de malcriadas. En este tema Vox lleva la voz cantante y el PP le hace los coros. Feijóo, futuro presidente del PP, parecía que quería sacar a su partido de las veleidades ultras y llevarlo al centro. Y sí, al centro lo está llevando, pero al centro de la caverna. El gallego declaró hace unos días que la violencia vicaria tampoco existe (casualmente los conceptos que no existen son justo los que conceptualizan la desigualdad) y que se trata de eso que ellos llaman violencia intrafamiliar, un tótum revolútum donde si el hombre pega a una mujer un día, a lo mejor al día siguiente es la mujer la que golpea al hombre. Un empate en agresividad con el que se niega la violencia estructural contra las mujeres. Feijóo ha rectificado con la boca pequeña y después de una lluvia de críticas, pero ya sabemos por dónde va a ir la cosa en materia de feminismo.

Viendo el avance de Vox y la facilidad con que el PP se pliega a sus propuestas ultramontanas (o simplemente ultras) la que se nos viene encima es de órdago. Dentro del feminismo deberíamos posponer los debates que nos separan y estar más unidas que nunca. Lo vamos a necesitar.


MÁS FEMINISMO QUE NUNCA

MÁS FEMINISMO QUE NUNCA


Ahora que en nuestros telediarios se ha colado una película de la Segunda Guerra Mundial, solo que podría ser la tercera,  necesitamos más feminismo que nunca. La invasión de Ucrania por parte de Rusia pone en riesgo al resto de Europa en primer lugar y al mundo entero después debido a la amenaza nuclear.

En materia de igualdad esta guerra nos retrotrae cien años atrás como mínimo. Las mujeres salen del país junto con niños y ancianos.  Los hombres en edad de luchar deben permanecer en el país para combatir al invasor. El marco simbólico que es ofrecido y aceptado es el del hombre guerrero/protector frente a una mujer básicamente cuidadora, justo el marco simbólico que combatimos desde el feminismo y que se hará más fuerte durante y después de esta guerra. 


Como en esos asesinatos en los que el padre mata a la madre y a los hijos,  Putin prefiere la destrucción total antes que la pérdida de control. Trump es obsceno en su modo de expresarse, pero dice lo que piensa sin filtros: Putin es nuestro amigo,  es admirable en su desvarío asesino,  es como nosotros si nosotros nos atreviéramos. Trump está pensando: ojalá yo me atreviera como te atreves tú, Vladimir,  ojalá todos estos maricas me siguieran. Hay homoerotismo en la mirada de Trump sobre Putin. Existe esa misma mirada por parte de todos los señores de la guerra, tanto si lo expresan como si no. Existe en todos ellos ese deseo de golpear hasta matar o morir y esa admiración por aquel que finalmente se atreve a hacerlo. Hay un empeño destructor en estos ancianos seniles. Destruyen un mundo que no es como les gustaría,  rompen el juguete que les ha decepcionado antes de marcharse para siempre. Hay  una máxima archiconocida de Erich Hartman que vuelve a estar tristemente de actualidad: “La guerra es un lugar donde Jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian pero no se matan". Sin embargo parece que entre esos viejos no siempre hay odio, hay más bien un reconocimiento entre iguales. 


Todas las guerras se parecen y el espíritu que las inspira está basado en valores patriarcales: competencia, hegemonía, jerarquía, brutalidad, abuso, dominio, indiferencia emocional. La guerra es la expresión máxima del machismo. Para combatirla necesitamos más que nunca el corpus ideológico del feminismo: igualdad, empatía, solidaridad, compasión, generosidad, humanidad. Necesitamos apelar, hoy más que nunca, a todos aquellos ideales que nos alejen de la barbarie.


El conflicto, todo conflicto, tiende a exacerbar las desigualdades. Los papeles se dividen de forma más rígida: mientras los hombres tienen el deber de luchar, las mujeres tienen el deber de sostener la vida en medio de la guerra. La violencia sexual contra mujeres y niñas se generaliza en el conflicto y se utiliza también como táctica de guerra. En estas situaciones las mujeres sufren, además de la desigualdad y discriminación por ser mujeres, una carga añadida de violencia derivada de la situación de conflicto, menor acceso a la salud y a los recursos sanitarios, a los alimentos y a los recursos para procurar su supervivencia. La guerra es la aspiración del patriarcado porque se trata de un sistema opresor que incluye la competencia brutal entre rivales, tan brutal que al asesinato de la mujer le llaman crimen pasional. 


La dos guerras mundiales hicieron saltar por los aires y para siempre el ideal ilustrado de que la civilización y la cultura nos salvarían de la barbarie, demostrando amargamente que un mundo educado, civilizado, democrático, también podía generar un monstruo de destrucción como lo fue Hitler y el nazismo y demostrando al mismo tiempo que ni toda Europa, con su democracia y su cultura,  fue capaz ni tuvo la fuerza para oponerse a semejante destrucción. La invasión de Ucrania por parte de Rusia nos devuelve a la misma pesadilla. El feminismo es más necesario que nunca en estos tiempos de barbarie ya que el feminismo significa la impugnación de unos valores basados en la violencia machista. 












LOS OTROS REFUGIADOS

LOS OTROS REFUGIADOS

Al hilo de la terrible guerra en Ucrania, España está dando una lección histórica de cómo se debe acoger a personas que huyen de un conflicto armado. Los refugiados son bienvenidos, hay gente que va en coches a por ellos hasta la misma frontera, los niños y niñas son inmediatamente ubicados con familias que les acogen cariñosamente, se presta ayuda a todos los niveles y desde todas las instituciones. El gobierno va a conceder de forma inmediata permiso de residencia y trabajo, sanidad, educación, alojamiento y apoyo financiero a los ucranianos que se encuentren en situación irregular en España. Debemos enorgullecernos de ello. Creo que este comportamiento debería protocolizarse para ser aplicado en todos y cada uno de los casos a los que nos enfrentemos en el futuro.

Aún más. Un pueblo de Andalucía cambia durante la Semana Santa su nombre por el de Ucrania y el nombre de algunas de sus calles por el de ciudades ucranianas.  En otros casos, los refugiados bajan del autobús y son recibidos con una banda de música que toca su himno entre los aplausos de la población. Son abrazados y besados por la gente. Se les hace sentir que están a salvo. Emociona tanta solidaridad. Emociona mucho.

Pero a una no le queda más remedio que preguntarse por qué en cambio han sido tan mal tratados los refugiados procedentes de Siria, de Afganistán o del  África subsahariana.  No hacía falta recibirlos con una banda de música,  bastaba con no dejar que se ahogaran en el Mediterráneo. Bastaba con no dispararles pelota de goma cuando trataban de alcanzar la orilla.  Bastaba con no hostigar el barco en que viajaban hombres y mujeres, niños y niñas, negándole la entrada en cada puerto hasta que se quedaba sin provisiones ni agua potable.

El discurso conservador nos dice que los inmigrantes y los refugiados de otros países nos atacan, nos asaltan, nos invaden. De Ucrania han salido ya tres millones de personas y no estorban en Europa. Sin embargo, la ultraderecha insiste en identificar inmigración y delincuencia,  diciendo que los refugiados no europeos vienen a robar, a violar, a colapsar nuestros sistemas educativo y sanitario y a vivir de las ayudas sociales. No respetan ni la infancia: los menores ucranianos no acompañados son niños, los africanos son menas, que significa lo mismo pero a lo que se ha añadido una terrible connotación delictiva. Este conflicto ha dejado tristemente claro que el maná de la solidaridad no es para todos. Europa tiene reservado el derecho de admisión.

Valga este ejemplo. Un presentador de 13TV, para explicar a sus televidentes el tipo de refugiado que está llegando ahora, comparado en elipsis con el que ha estado llegando durante años en frágiles pateras u oculto en camiones, dice lo siguiente: "Es gente como tú y como yo. He visto bolsos de Dolce y Gabbana, ropa de Louis Vuitton. Gente que podría estar en Madrid perfectamente, como nosotros. Y vive en condiciones deplorables. Hacinados en centros comerciales que se convierten en campos de refugiados" (sic). Como nosotros, dice. Esa es la clave. Como nosotros. Porque hay que aclarar que la expresión “gente como tú y como yo” deja planetariamente fuera a los que no son como tú y yo. Esos aquí no caben. Las personas que huyen de guerras deben asegurarse primero que tienen el caché suficiente para entrar en un país europeo como el nuestro, donde te cuelgas del brazo el Louis Vuitton para ir a por pan. Racismo y aporofobia, qué combinación más creativa. Estamos acostumbrados a oír mensajes deplorables que dicen cosas como que los inmigrantes africanos que llevan móvil son unos privilegiados (“tan pobres no serán…”). Los refugiados de Ucrania pueden venir con lo que les dé la gana. Que para eso son como nosotros.

El derroche de solidaridad desplegado con Ucrania no puede borrar la vergüenza de la falta de humanidad mostrada con refugiados procedentes de guerras fuera del territorio UE.  Al contrario,  la ilumina por contraste. 

Bienvenida la solidaridad con el pueblo ucraniano, bendita solidaridad, pero el cuerpo sin vida del pequeño Aylan nos interpela ahora desde la playa donde le arrastró el mar de la indiferencia europea.