viernes, 26 de julio de 2019

LAS IBÉRICAS, F.C.


LAS IBÉRICAS, F.C.

Las Ibéricas, F.C.  es el título de una película de la década de los setenta en la que se ridiculizaba la posibilidad de que las mujeres pudiesen jugar al fútbol. Se trata de una comedia ligera dirigida por Pedro Masó, de pésimo gusto y basada en tópicos antediluvianos. Tuvo un gran éxito en la época a pesar de tratarse de una cinta de ínfima calidad, aunque no por ser deplorable deja de estar cargada de contenido, ya que el mensaje está muy lejos de ser neutro: reproduce el relato con el que  hemos crecido de que el deporte en general y el fútbol en particular son cosa de hombres. Si las mujeres nos exhibimos en pantalón cortito sólo puede ser para enseñar pierna y cazar marido, ya que ese es nuestro objetivo en la vida y está bien que así sea. Las mujeres tenemos que asumir que somos débiles y que no estamos hechas para el ejercicio físico. Esto es básicamente lo que cuenta esta película en la que se mezclan, para disfrute del público masculino, fútbol y mujeres en ropa ajustada.
Han pasado casi cincuenta años, hemos evolucionado mucho, se ha avanzado en numerosas cuestiones, el feminismo es ya un tsunami imparable, pero la realidad a la que nos seguimos enfrentando es que el deporte femenino sigue siendo una actividad marginada por los medios de comunicación e invisible para la opinión pública, en la inmensa mayoría de las ocasiones;  en el remoto caso de que este tipo de espectáculo llegue al gran público, hay muchas posibilidades de que se considere un latazo insoportable por los sectores más machistas de la sociedad.
La portada de Charlie Hebdo del mes pasado, dedicada al Mundial de fútbol femenino, que comenzó en Francia el 7 de junio y en el que EEUU se ha alzado con la victoria, mostraba una entrepierna femenina con un balón de fútbol como clítoris y el texto “nos lo vamos a comer durante un mes”.  Si lo comparamos con la película Las Ibéricas, F.C., está claro que no hemos avanzado nada ni en el fondo ni en la forma: se sigue ridiculizando la presencia de las mujeres en el ámbito deportivo y se sigue haciendo con pésimo gusto. Está implícito el mensaje de que los consumidores de fútbol son hombres, que van a tener que cargar con el “coñazo” del fútbol femenino y aguantar un espectáculo carente de interés. Por supuesto, también se da por hecho que el deporte canónico, el que tiene verdadero valor, es el que juegan los hombres. En el editorial de ese número de Charlie Hebdo se argumenta contra el embrutecimiento que conlleva el fútbol como deporte de masas, pero resulta más que evidente que se trata de una excusa que intenta poner un velo a la misoginia de su portada puesto que para criticar un deporte de masas, nada mejor que centrarse en el fútbol masculino; el femenino está muy lejos de ser masivo. En el propio editorial se alerta contra los peligros de lo que ellos llaman “la religión de la igualdad”. Poco que añadir a esta afirmación, que se glosa a sí misma.
El objetivo del discurso del patriarcado siempre es disuadir a las mujeres de dedicarse a actividades  que considera que no les corresponden, ya sea en arte, literatura, ciencia, investigación, viajes, o, como en este caso, deportes. Los modos de hacerlo son múltiples y recorren el amplio abanico que va desde la persuasión a la prohibición, pasando, cómo no, por la ridiculización.

La presencia de las mujeres en el mundo deportivo ha estado, por lo general,  limitada hasta hace pocos años a la entrega de premios (en la Fórmula 1, en el ciclismo…), reforzando el doble imaginario de la mujer como elemento decorativo y como descanso del guerrero, hardcore de la película que da título a este artículo. Han sido necesarios muchos años de esfuerzo, trabajo y tesón por parte de las deportistas para que los medios de comunicación generaran un mínimo de interés por los deportes protagonizados por mujeres.
Aún así, la resistencia a tomarse en serio esta actividad ha sido una constante. Estamos, más que acostumbradas, yo diría que hartas de que, ante un triunfo deportivo, a las mujeres se les pregunte por cómo compaginan la actividad deportiva y la vida familiar, que en lugar de destacar sus logros se centren en su aspecto físico o que la pregunta recurrente sea si tiene novio y qué piensa él de su actividad; por lo visto, el machismo y la falta de imaginación forman un buen tándem.
Es hora de que se normalice la presencia de las mujeres de forma igualitaria en todos los ámbitos;  el deporte no puede quedar fuera de esa normalización. Como vemos, la resistencia a la naturalización de la igualdad no tiene por qué venir solamente de medios conservadores ya que el machismo es lo más transversal que existe y en este caso vemos esa resistencia bien  ilustrada por la portada de Charlie Hebdo.




martes, 25 de junio de 2019

CIUDADANOS EN LAS TERMÓPILAS


CIUDADANOS EN LAS TERMÓPILAS
Ciudadanos tiene un problema con la realidad y su representación: ellos gritan muy alto DEMOCRACIA mientras pactan (o negocian o hablan o como ellos le quieran llamar) sin empacho con fascistas que es tanto como mostrarnos la foto  de unas naranjas y querer convencernos que  nos vamos a poder hacer un zumo con ellas. Como todo el mundo sabe, la democracia tiene un botón de autodestrucción; ese botón en España se llama Vox.
Ciudadanos es un partido  neoliberal. Ok, todo correcto, no es mi opción favorita, desde luego, pero no hay  problema.  Neoliberal como tantos otros partidos europeos.  La diferencia es que  sus socios europeos han tenido la prudencia (y la buena memoria histórica) de crear un cordón sanitario frente a los distintos partidos fascistas que han emergido en estos últimos años,  porque saben lo peligrosos que son. ¿Cuál ha sido, sin embargo, la estrategia de Rivera? Decir que  los fascistas no son fascistas aunque los propios fascistas digan que son fascistas. De nuevo la realidad y su representación: Rivera nos muestra la foto de un Rottweiler y nos quiere convencer de que le podemos acariciar la barriga como si fuera un gatito.

Es tan grave el problema de Ciudadanos que ya ni ellos mismos distinguen realidad de ficción. Probablemente por ello ha tenido Rivera el cuajo de decir que Macron les ha felicitado por sus logros y sus pactos.  Quizás lo haya soñado, no seré yo quien diga que Alberto Carlos miente, aunque no necesito decirlo yo: ya lo ha hecho Macron.
Europa fue devastada por el fascismo, por partidos que defendían los mismos principios que  Vox, socio de PP y Ciudadanos en tantos ayuntamientos y comunidades. El fascismo europeo fue vencido, por tanto el relato posterior no fue generado ni influido por ese fascismo.  El fascismo español, o sea el franquismo, devastó España, pero no fue vencido, sino vencedor. A la muerte del dictador, transicionó, se camufló, se adaptó y su forma larvada ha seguido viviendo entre nosotros, hasta eclosionar convertido en Vox. La diferencia con respecto al resto de Europa es que el franquismo generó a lo largo de cuarenta años un discurso que ha llegado hasta nuestros días y por ello nunca ha dejado de estar naturalizado por la parte más conservadora de nuestra sociedad. Esa normalización es la que  hace que para Ciudadanos, Vox no sea un elemento repudiable, mientras que sí lo es, por ejemplo, el Frente Nacional de Le Pen para los votantes de Macron.
Rivera debe pensar que la coherencia está sobrevalorada y mientras baila un agarrao con Vox pide a Sánchez que establezca un cordón sanitario frente al nacionalismo catalán; mientras se postula como adalid contra la corrupción, apuntala a un PP corrupto más allá de toda duda; mientras clama por la regeneración política, pacta con los populares en Castilla y León, donde gobiernan desde hace 32 años o en Murcia donde gobierna desde hace 24.
Ciudadanos se inició como un partido con aspiraciones a ser de centro, equidistante, ni de izquierdas ni de derechas, por tanto su giro a la derecha, un espacio político con overbooking, le está costando más bajas que a Jerjes en las Termópilas: Valls ha sido repudiado, Toni Roldán ha dimitido, Javier Nart ha abandonado la dirección del partido igual que Juan Vázquez (líder en Asturias), los neoliberales europeos le han afeado la  política de pactos iniciada. Así está la cosa a estas horas, no sé si habrá habido alguna otra baja en el tiempo que escribo este artículo. Si sigue por esa vía, confundiendo la realidad con su representación, Rivera terminará haciendo como Jerjes, que  culpó al mar de la derrota y mandó azotar sus aguas.








lunes, 24 de junio de 2019

QUINCE AÑOS


QUINCE AÑOS

El viernes 21 salió la sentencia definitiva del Tribunal Supremo sobre el caso de La Manada. Con las informaciones que tenemos sobre el caso, podemos hacer el ejercicio de imaginar qué puede haber pensado alguno de sus miembros:
"Hay que ver cómo se ponen, si nosotros no hemos hecho nada.
Quince años por un rato de metesaca. Qué disparate. Nos han destrozado la vida. No sé de qué se queja esa tía, si ni siquiera le pegamos, ella se metió solita en el portal. Las gracias nos tendría que dar, ¿quién se iba a trajinar, si no, a una tipa como ella?

Fui yo el primero que la vio, sola y borracha, por la calle.  Le di un codazo al Prenda: mira, tío, está como una cuba; esta noche follamos, fijo.
Cualquier otro tío hubiera hecho lo mismo. Vamos, ¿qué hombre que se encuentra a una, borracha y sola, no aprovecha para echar un polvo? Habría que ser maricón para no hacerlo.  Además, una cosa te digo: si no quieres coles no vayas al huerto. Si una tía va por ahí, a cualquier hora de la noche, bebida, sin compañía, con una camiseta bien apretada, ¿qué es lo que va pidiendo? Pues que  le echen el polvo de su vida, claro, y si es entre varios, mejor. Si yo a mi hermana o a mi hija la veo salir de noche así de la casa y me dice que se va sola de fiesta, le meto dos hostias que se le quitan las ganas.  Pero esas guarras no tienen quién las controle y van como van y pasa lo que pasa; luego la culpa nos la echan a nosotros.

Lo de quedarnos con el móvil no fue por robárselo, ¿para qué íbamos a querer nosotros ese móvil de mierda, si cualquiera de los nuestros es mil veces mejor? Lo que hicimos fue quitarle la tarjeta y tirarlo a una papelera porque es que  algunas histéricas, después del polvo quieren ponerse enseguida a llamar a alguien, que ya nos ha pasado antes. Por eso yo les decía a todos estos que lo mejor es llevar unos cuantos reynoles siempre encima, que con eso las atontas un poco y ya luego no se acuerdan ni de la mitad.  Sí que es verdad que lo que mola es hacerlo en vivo: nena, ponte así, ahora asá, ahora para ese lado, que le toca al compañero, que todos tenemos derecho a probar el material. ¿Se le oyó a ella decir "no"? Como dijo nuestro abogado, no hubo un "no" y eso es consentimiento. 
Lo grabamos, claro, porque tenemos colegas que no pudieron venir de viaje y nos gusta compartir ciertas cosas, ¿a qué  tío no le gusta? Hasta mi cuñado está en un grupo de WhatsApp sólo para hombres, con cosas aún más fuertes.
Fíjate, ahora al Antonio Manuel, al pobre chaval, hasta lo han echado de la Guardia Civil, por un polvo entre varios, ya ves tú, que lo hemos hecho montones de veces en el puticlub. Luego le damos diez o quince euros cada uno a la puta y ya está. Si lo que le pasó a la desgraciada esa fue que le jodió que nos lleváramos el móvil y que no quedáramos luego con ella, que seguro que quería rollo. Lo que pasa es que no nos gustó a ninguno porque era una puta que no tenía más que un polvo.
Y ahora quince años de cárcel, ¿es que nosotros somos gentuza? Todo el mundo lo ha visto: somos chicos normales, con nuestro trabajo, nuestra familia, nuestras novias. ¿Que nos gusta divertirnos de vez en cuando? Pues sí, claro, como a todos, pero eso no es para mandarnos a la cárcel. 
La culpa la han tenido todas esas jodidas feminazis,  en la calle todo el día, dando por culo a todas horas.  Si no hubiera sido por eso no se hubiera revisado la sentencia.  Y ahora ya ves, quince años, y nosotros no hemos hecho nada que no hubiera hecho cualquier otro. Quince años por un rato de metesaca..."
Evidentemente lo anterior es ficción pero asusta constatar que hay gente que realmente piensa así. Os invito a que echéis un vistazo a las declaraciones al respecto de Francisco Serrano, líder de Vox en Andalucía. Este discurso es el que sostiene la cultura de la violación, que la banaliza minimizando sus efectos y responsabilizando a la víctima.  Hoy podemos felicitarnos porque esta sentencia del Tribunal Supremo finalmente crea un precedente contra la naturalización de la violencia sexual hacia las mujeres.





EL PRESO NÚMERO NUEVE


EL PRESO NÚMERO NUEVE
Los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas son una noticia tan cotidiana que, a menos que se salgan del patrón habitual, apenas conmueven a la opinión pública. El imaginario popular está repleto de ejemplos en los que la violencia machista es normalizada, en los que esa violencia es tan normal que se vuelve invisible. Los transmisores culturales alimentan estas ideas que son convertidas en un mantra repetido sin que seamos capaces de reparar en los mensajes que contienen.
Traigo aquí una canción de Joan Báez que yo escuchaba y cantaba con verdadera pasión cuando era adolescente, “El preso número nueve”:
Al preso número nueve
Ya lo van a confesar
Está rezando en la celda
Con el cura del penal
Porque antes de amanecer
La vida le han de quitar
Porque mató a su mujer
Y a un amigo desleal
Dice así al confesor:
Los maté, sí señor
Y si vuelvo a nacer
Yo los vuelvo a matar
La cantábamos a voz en cuello. Sentíamos una empatía irresistible hacia el preso número nueve que había matado a su mujer y a un amigo desleal y al que aún le parecía poco ya que pensaba seguirlos al Más Allá. Sentíamos empatía hacia un hombre que era perfectamente insensible a todo sentimiento que no fuera el suyo propio, cuya indiferencia emocional hacia la mujer y el amigo deberían habernos helado la sangre y que sin embargo, de un modo irreflexivo, nos resultaba justificada. El honor ofendido, el sentimiento de macho despojado que venga la afrenta nos resultaba normal. Esa normalidad estaba conectada con lo que vivíamos a diario.
Estaba conectada con las noticias de aquellos años en que los feminicidios ni siquiera  estaban contabilizados ya que la estadística de mujeres muertas por violencia machista sólo se lleva desde el año 97. Además, no hace tanto tiempo que a la violencia machista se le llamaba “crimen pasional”, era un atenuante y no pasaba de ser simplemente un problema privado; conectada con  las opiniones de nuestros mayores para quienes el honor ofendido se lavaba con sangre; conectada con las muertes de mujeres que ocurrían a nuestro alrededor, percibidas con una normalidad que ahora nos espanta.
Incluso para nuestro entonces admirado Joaquín Sabina que cantaba “nunca entiendo el móvil del crimen a menos que sea pasional”, matar era lo que había que hacer cuando te arrastraban las pasiones, porque las pasiones (masculinas) se situaban por encima de cualquier apelación a la razón. Así se ha construido durante siglos la imagen del hombre, del macho, de la masculinidad patriarcal basada en el dominio, en un concepto primitivo de virilidad. Y así eran luego los hombres que las mujeres buscaban, ese era el ideal masculino, el que pone sus instintos por encima de cualquier otra cuestión, el que mata de forma irreflexiva porque eso es lo que hacen los hombres-hombres y que luego “no se arrepiente, ni le da miedo la Eternidad”. Ese era uno de los modelos, válido para  muchas mujeres, un hombre que ya había matado y que no se había arrepentido porque sabía que allá en el Cielo el Ser Supremo le había de juzgar (y está claro que perdonar, porque el Ser Supremo también es hombre) y a quien  la justicia humana le traía sin cuidado. Y si ya había matado sin arrepentirse, ¿qué le impediría volver a hacerlo frente a cualquier otro arrebato pasional? Otelo siempre ha resultado arrebatador en su violencia irreflexiva, nadie piensa en el destino de Desdémona.
Hay un machismo por coacción, en el que las mujeres no podían, por ejemplo, abrir una cuenta o viajar sin el consentimiento del marido, y un machismo por consentimiento, del que está canción y los sentimientos que  suscita serían un ejemplo, en el que un hombre violento e insensible resulta atractivo, algo que nos enseñaban el entorno y la educación y que era refrendado por los transmisores culturales.
Hemos necesitado varias décadas de feminismo para poder leer correctamente estos mensajes, para constatar de cuántas formas variadas, groseras o sutiles, el machismo está instalado en la médula de nuestra sociedad  y de nuestro pensamiento, no sólo en los hombres, también en nosotras.  Y sigue siendo imprescindible continuar con este tipo de reflexiones  porque, por mucho que hayamos evolucionado, se siguen generando mensajes machistas a través de canciones, videos, anuncios, películas, redes sociales y qué difícil resulta a veces percibirlos porque el bosque del patriarcado en el que vivimos no nos permite ver los árboles del machismo a través de los que se expresa.



sábado, 18 de mayo de 2019

EN EL PAÍS DE LOS CONEJOS MUERTOS


EN EL PAÍS DE LOS CONEJOS MUERTOS

Los romanos dieron a Hispania, nombre de origen fenicio, el significado de “tierra abundante en conejos” aunque dudo mucho que conociera este dato el simpatizante de Vox que, durante la campaña andaluza, formaba el nombre de su partido en el suelo con conejos muertos. Durante esta campaña, alguien ha colgado 16 conejos muertos  sobre el panel de propaganda electoral de Unidas Podemos, en señal de amenaza (se presentan 16 personas en la lista de este partido) en la Puebla de Almoradiel, pueblo de Castilla-La Mancha. El recurso a los animales muertos como amenaza está en el  hardcore del fascismo. La falta de empatía con los animales es prácticamente seña de identidad. Morante de la Puebla se burlaba hace poco del toro al que estaba toreando, secándole las lágrimas con un pañuelo. Se tensiona el ambiente pre-electoral haciendo uso de la barbarie contra los animales.

Es cierto que la ultraderecha siempre estuvo ahí, oculta tras otras siglas, pero los ultras, dentro del Pp, estaban contenidos, domesticados. No es lo mismo decir "yo no soy racista pero" que afirmar con rotundidad "soy racista". No es lo mismo "tolerar" la homosexualidad (con toda la carga  de condescendencia que contiene el verbo) que oponerse frontalmente a ella. No es lo mismo que te molesten los inmigrantes que pedir el cierre de fronteras. No es lo mismo opinar que las feministas  ya se están pasando,  que reclamar la hegemonía del hombre. No es lo mismo, y ahora han dado un paso más, de algún modo han pasado del pensamiento a la acción. Por eso la presencia de animales muertos en la campaña no es sólo simbólica: es el ejemplo del mundo que quieren.

Aún hay más: lo que nos parecía imposible ha sucedido. El franquismo, ese que nos espantaba y nos parecía risible a un tiempo, ese que parecía relegado a misas en La Almudena y celebraciones anacrónicas el 20-N, el de ultras asustando inmigrantes y gays, el que creímos que se extinguiría por el mero avance generacional, ha entrado en el Congreso. Y lo que es peor, lo más alarmante: hemos empezado a normalizarlo.

Tras el 28 de abril todos respiramos con alivio al ver que el avance no era tan grande como se esperaba, pero es un avance del fascismo, o lo que es lo mismo, un retroceso político y social. La presencia de Vox en la escena política ha hecho girar todo el tablero hacia la derecha. El centro, que siempre ha estado a la derecha, ha cometido el error de elegir ser aún más derecha, abandonando un espacio central que ha ocupado el PSOE. Bien que les pesa a CS y a Pp pues al día siguiente de las elecciones ya estaban reclamando ese nicho central que habían despreciado, dejándose arrastrar por el vendaval de las elecciones andaluzas. Este giro conservador se observa también en el hecho de que muchos votantes de Podemos  han votado al PSOE para frenar el avance  ultra.

Nos hemos sentido aliviados, es verdad, muy aliviados, pero no podemos relajarnos, las elecciones municipales están a la vuelta de la esquina. Y esa correlación de fuerzas, si cedemos en nuestra tensión, puede volver a girar porque, aunque viendo el mapa de las elecciones generales pueda parecer lo contrario, la izquierda ahora, en términos futbolísticos, juega a la defensa y no al ataque. Por poner un ejemplo, ahora nos parece más lejana la renta universal y nos conformamos con que no baje el SMI. Estamos rezando: Virgencica, que me quede como estoy.

Mientras nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestras energías deberían estar concentradas en imaginar y crear un mundo más avanzado, ahora lo están conteniendo el ataque de un mundo más retrógrado. Por resumir: Estamos empujando las puertas del castillo para impedir la entrada de los caminantes verdes. Los que cuelgan conejos muertos como seña de identidad seguro que votan, vota tú también: votemos de nuevo masivamente para no regalarles espacio político.

jueves, 9 de mayo de 2019

MARIPOSAS EN EL JARDÍN


MARIPOSAS EN EL JARDÍN
Una reflexión sobre el perdón

Después de leer por segunda vez el libro de Gloria García Carreras “Mariposas en el jardín” (Ed. Raspabook), encuentro que hay en él una cuestión central que  está presente ya desde el primer párrafo, en el que la protagonista, Julia, dice: no conozco a esta mujer, no siento compasión por ella. Esa cuestión es la dificultad de la protagonista para perdonar, una dificultad que se vuelve contra ella, que es una persona herida, fracturada. Pero como dice el escritor francés de aforismos Yvan Audouard,  “bienaventurados los fracturados porque ellos dejan pasar la luz”. En efecto, sin esas fracturas la protagonista no sería la persona compleja y poliédrica que es.
Esta novela habla del perdón y de la visión retrospectiva sobre nuestra propia vida. Reflexiona sobre el hecho de que, si no se cierran ciertas puertas, no se puede seguir caminando o al menos no se puede seguir caminando sin dolor. La historia contiene un secreto. Hay una frase al final del primer capítulo que tira de la historia, la resume y nos hace seguir la trama sin aliento. Eve, uno de los personajes, le pregunta a Julia: ¿tan grave fue lo que te hizo que no puedes perdonar a una mujer que se está muriendo? Vemos, a lo largo del libro, que el perdón es un ejercicio complicado pero sobre todo es un ejercicio involuntario. Aunque podamos hacer que de él participe nuestro intelecto, nuestra voluntad no puede participar porque perdonar, como amar, no recibe órdenes. Odiar obliga a vivir con un peso que no hemos decidido cargar; perdonar equivaldría a soltar ese peso, pero del mismo modo que no hemos decidido cargar con él, tampoco es posible decidir liberarnos de él. Este es el tema central del libro.
“Mariposas en el jardín” contiene también mucho de ese silencio culpable de la víctima de cualquier tipo de violencia, seguramente el más solitario y doloroso que existe y que es al propio tiempo una forma más de violencia, quizás la más perversa. Uno de los mecanismos de cierto tipo de agresión es hacerse invisible mediante el silencio de la víctima. El silencio es entonces una imposición, una vuelta de tuerca, una violencia de larga duración del agresor hacia su víctima: ahora te quedas encerrada en tu silencio con tu herida, ni se te ocurra hablar, nadie te creerá.
En esta novela, la ofensa tiene lugar, como en tantas ocasiones, en una situación de desigualdad. El poder de la madre sobre la hija la lleva a cometer iniquidades, y ese poder va en aumento porque la madre se hace dueña del miedo de la hija, acrecentando con ello su superioridad. Y como suele suceder, la agresora atribuye a la víctima la responsabilidad del ultraje.
Pero no se puede callar y perdonar. Y puesto que la protagonista está obligada a callar porque pesa un secreto enorme sobre su vida, el perdón es imposible. Guardar silencio sobre la herida abierta y al mismo tiempo perdonar convertiría a Julia en doble víctima, equivaldría a restar importancia al sufrimiento vivido y resultaría de una banalidad insoportable. Perdonar es asumir de algún modo que el alcance del daño es tolerable. Pero al propio tiempo, no conceder el perdón consume las energías de la protagonista, la paraliza y le impide avanzar. Sin el arrepentimiento de la madre, el perdón es imposible. La hija, esa mujer fracturada, tiene que sobreponerse sin esa ayuda fundamental, para poder hacer que su vida continúe. Hay una parte terrible en el perdón y es que se espera de la víctima que sea ella la que redima de sus culpas al ofensor, haciendo recaer sobre los hombros de la persona fracturada un peso enorme, un peso injusto.
En esta novela, la segunda de la autora, hay mariposas que sobrevuelan el relato, hay mariposas metafóricas, la primera dice así: “soy como un gusano de seda escondido en su capullo sólo que nunca llegaré a ser mariposa”.  Pero para finalizar debo decir que, a pesar de esa afirmación de la protagonista, éste es el relato de una transformación. Nosotros mismos, lectores y lectoras, cuando entramos en un libro, ese viaje inmenso, queremos salir transformados, de lo contrario, algo falla, algo le falta al libro: puede ser altura literaria, profundidad, ambición, honestidad. Queremos salir, de algún modo, heridos, fracturados, para que la luz nos pueda atravesar porque no esperamos encontrar respuestas en cada libro pero sí que la literatura nos ayude a plantearnos algunas preguntas.



miércoles, 1 de mayo de 2019

EL TRIFACHITO BAILA UN CHOTIS SOBRE UN LADRILLO


EL TRIFACHITO BAILA UN CHOTIS SOBRE UN LADRILLO


EL trifachito baila un chotis sobre un ladrillo, ¿por qué? Porque resulta que no había sitio para tanto facha.  Como será la cosa que Pablo Casado ha salido ya a decir que Vox es ultraderecha. Se ha dado cuenta ahora, después de la caída desde el octavo piso de ese Partido Popular que ya tiene más gente en la cárcel que en el Congreso. La parte en la que más me he reído es esa en la que el PP se queja de la Ley d’Hont, con lo que les gustaba cuando el partido damnificado era IU. En fin, Pablo, no te preocupes por tu futuro: con tu postgrado en Harvard (¿o era en Harbacete?) ofertas no te van a faltar.

Qué contento estaba el trifachito. Tan felices de las prometían que ya se habían repartido los ministerios, los toreros  se veían entrando en el Congreso con traje de luces. Tan contentos ahí mano a mano, manifestándose junticos en Colón, disputándose el espacio de la extrema derecha. Rivera ha recogido sólo 25 de los 71 escaños que ha perdido el PP al abandonar ese espacio de centro con el que tanto se identificaba. Él, que lo mismo  es del Barça que del Madrid según quién le pregunté y a qué hora, se ha pasado al bando ultra en el que Abascal, por supuesto, le adelanta por la derecha porque va a caballo. 

Sánchez Drago vaticinó que la derecha trifálica, como a él le gusta llamarla, iba a sacar 90 diputados (¡90!), así que podemos decir que como escritor no es gran cosa, como político desde luego  tampoco, ahora, lo que es como profeta le pueden dar trabajo en cualquier TV autonómica a altas horas de la madrugada.

Ha habido tanto disparate en esta campaña que daría para un artículo de seis tomos encuadernado en piel y a todo color. Las propuestas han sido de otro planeta o como mínimo de otro siglo. Un ejemplo: derogación de la ley contra la violencia de género y armas para todos. Con un par. La ecuación es sencilla: en una mano violencia contra las mujeres, en la otra barra libre de armas; ahora juntas las dos manos.  La campaña alcanzaba cotas de ridículo vergonzante con Suárez Illana hablando de aborto de niños nacidos.

Nuestro país ha manifestado ser bastante más razonable de lo que lo son algunos de sus líderes. El personal ha demostrado estas elecciones estar hasta la peineta de tanta tensión, de tanto discurso de se rompe España, de tanto relato de inmigrantes viviendo como banqueros, de tanta amenaza de hordas feminazis hostigando a honrados machotes. Hartos de cenutrios a caballo, pidiendo armas como si estuviéramos en el Oeste, hartos de gorilas con dos dedos de frente metiendo miedo.  Muy hartitos. Y lo hemos demostrado donde se demuestran las cosas: en las urnas.

Para ser completamente honestos, algo hay que agradecerles: la extrema derecha es la que ha movilizado a la izquierda para ir a votar en masa y hemos podido respirar  con alivio al ver que ha fracasado la propuesta de la tensión, el odio y las fake news.

Sé que no debemos bajar la guardia, que el PSOE nos puede decepcionar en cualquier momento, que la hidra facha puede pegar un coletazo, que ahora somos otro de los países con presencia ultra en el Congreso, que Murcia casi duplica el porcentaje de fachas del resto del país, lo sé, lo sé, pero dejadme que disfrute de estos días en que respiramos aliviados al ver la negra nube de la involución alejarse sobre el mar.