lunes, 1 de noviembre de 2021

EL PEOR PAÍS PARA NACER MUJER

 EL PEOR PAÍS PARA NACER MUJER

Las mujeres afganas no tienen presente. Para sus padres, hermanos, maridos, para los hombres con los que conviven, para sus conciudadanos, para sus gobernantes, ellas no son enteramente humanas, son solo parte del patrimonio como los muebles, como el fusil, como el ganado. Quizás menos que el ganado. La libertad de acción de las mujeres será la misma que la del rebaño de ovejas, solo que las mujeres siempre serán susceptibles de ser culpables de algo. Siempre merecerán la bofetada, la paliza, la mutilación, la lapidación. Cómo es posible tanto odio, nos preguntamos. Pero no por parte del enemigo sino por parte de los más cercanos, por parte de los hombres de su familia. ¿Cómo se establecerán los afectos? ¿Cómo amará la hija al padre, la hermana al hermano,  la esposa al esposo? ¿Qué clase de afecto, si se da, será ese? ¿Cómo será la vida de un ser humano cuyo único destino es la prisión doméstica y la obediencia? Al menos el ganado podrá ver los paisajes libremente y no a través de una espesa malla de vainica.

Las mujeres afganas no tienen futuro. Las que hayan aprendido a vivir sometidas tendrán una vida miserable. Las que no estén acostumbradas al sometimiento total o hayan conocido otra vida (periodistas, profesoras, profesionales de todo tipo) tendrán una vida miserable e infernal, si es posible llamar vida a esa existencia.

No es que no tengan futuro, es que el futuro que les espera es un martirio. Se quedarán embarazadas, parirán y sabrán que si nace una niña ella también tendrá una vida como la suya, sabrán que han traído al mundo a una criatura destinada solo al encierro y a la obediencia ciega, en el mejor de los casos. Y si tienen un hijo sabrán que han parido un carcelero, en el mejor de los casos también.

Gracias a las neuronas espejo somos capaces de sentir lo que siente otra persona y ahora nos ahogamos todas bajo un burka imaginario. Nos espantamos de este cuento de la criada en versión horror movie que tiene lugar a las puertas de occidente. Imaginamos que ya a estas alturas todo el mundo será capaz de reconocer el patrón: este modelo salvaje de comportamiento contra las mujeres es la versión más extrema del patriarcado. 

Las mujeres afganas ha sido moneda de cambio en las distintas guerras que se han desarrollado en ese territorio desde hace décadas, en las que EEUU las ha utilizado como coartada y el gobierno afgano como rehenes. El gobierno americano, necesitado de una fuente segura de combustible utilizó a las mujeres como excusa para llevar a cabo una intervención militar en la zona para, seguidamente, transaccionar con el wahabismo (una de las versiones más integrista del Islam) como si estas no existieran. Se trata de la alianza patriarcado y capital en toda su extensión.

Porque lo cierto es que a nadie le importan las mujeres: ni a los talibanes para quienes la brutal discriminación de ellas se convirtió en un elemento de resistencia a los gobiernos occidentales, ni a la administración estadounidense como demuestra esta retirada a uña de caballo tras dejar un país devastado, ni a occidente que hasta ahora no había permitido la entrada de refugiadas afganas.

A miles de kilómetros de distancia, en la lejana Texas se ha prohibido el aborto en todos los supuestos, una ley tan retrógrada que ni siquiera contempla excepciones en casos de violación o incesto, con una persecución de las mujeres que nos asombra y, de nuevo, nos espanta. Nos preguntamos qué tienen en común lugares tan lejanos entre sí y de culturas tan distintas. Lo que tienen en común es un sistema milenario que privilegia a los hombres y discrimina a las mujeres y que se llama patriarcado. Afganistán es la trágica evidencia de que mientras este sistema no caiga estaremos siempre a un paso de volver al pasado. 



¿QUÉ TIENE LA BRMU CONTRA LAS MUJERES?

 ¿QUÉ TIENE LA BRMU CONTRA LAS MUJERES?

Arranca la nueva campaña de actividades de la Biblioteca Regional de Murcia (BRMU), bajo el nombre ‘Región de Murcia, Región de Letras’. Región de Letras masculinas deberían añadir, en aras de la precisión y de la verdad. También dice que ofrecerá un programa de alta calidad cultural por el que pasarán grandes autores. Y eso es muy cierto, serán grandes autores y solo autores porque solo hay tres autoras que son relegadas a un segundo plano y que ni siquiera aparecen en la nota que emite la biblioteca en su página web.

Veamos una a una las actividades que se proponen:

Thank you for watching

Ciclo sobre guionistas de cine en el que participará Rodrigo Cortés y Juanma Bajo Ulloa. Por lo visto no hay mujeres guionistas.

Ciclo de Historia y Patrimonio de la Región de Murcia. La Biblioteca Regional ha puesto aquí el acento en Cartagena, donde se celebrarán dos ponencias: una por parte del arquitecto y experto en patrimonio José Antonio Rodríguez Martín, y otra a cargo de Luis Miguel Pérez Adán, uno de los cronistas de la ciudad. Sorpresa: tampoco hay mujeres historiadoras.


Ciclo «La sangre, un género periodístico», en el que participarán los principales cronistas de sucesos de la Región, como Ricardo Fernández, Alejo Lucas, Alfonso Egea o el cronista gráfico Israel Sánchez. Y adivinen qué: tampoco hay mujeres expertas en criminalística.


Ciclo «El canon de la BRMU» donde diferentes autores elaborarán un canon de la literatura universal que contará con figuras del panorama literario actual como Manuel Vilas, Fernando Savater, Manuel Jabois, Luis Alberto de Cuenca y Andrés Neuman y también autores murcianos como Manuel Moyano y Miguel Ángel Hernández. Un canon universal, pero sin mujeres.

Pleno. Cuatro ciclos, quince hombres, cero mujeres. Es imposible no preguntarse si lo hacen a propósito.


A la vista de este programa de la BRMU no nos cabe ninguna duda de que el canon que saldrá de ahí será eminentemente masculino. Y si estamos equivocadas, por favor que nos corrijan con hechos. Nada nos gustaría más.


Desde el Colectivo +Mujeres hemos venido llamando la atención sobre este desequilibrio con distintas iniciativas a lo largo de los años. Por poner solo un par de ejemplos mencionaremos la campaña «Sé Legal en Igualdad» de 2017, en la que se pedía a las Administraciones públicas que incrementaran sus esfuerzos para alcanzar los objetivos constitucionales relativos a igualdad, y la campaña «por la paridad en la cultura» de 2019 en la que invitábamos a hombres implicados en este ámbito a comprometerse a no participar en actos culturales no paritarios. Pero está claro que toda reivindicación es poca y que a la hora de afrontar la programación cultural siguen sin tenerse en cuenta criterios de paridad. Grandes escritoras y expertas en temas culturales hay muchas, tanto a nivel nacional como a nivel regional, así que esta ausencia es injustificada y clamorosa y habla de una enorme falta de sensibilidad y de una gran ignorancia también. Todo indica que no hay voluntad política de avanzar en la igualdad, lo cual no es de extrañar con una consejera de Cultura de Vox, partido que niega la pertinencia del feminismo.


Debemos decir que parte de la responsabilidad de esta situación recae también sobre los hombres que acceden a asistir a mesas no paritarias. Ellos más que nadie deberían ser conscientes de que con esta desigualdad flagrante pierde la cultura y pierde la sociedad.

Nos parece muy grave que se trabaje para elaborar un canon literario universal (no se les puede acusar de falta de ambición…) sin contar con las mujeres. Deberíamos esperar que fuera precisamente el mundo de la cultura el que mostrara el camino a otros ámbitos a la hora de educar en igualdad. Pero tristemente no es así y nos parece alarmante que se haga toda una programación cultural no paritaria y sin darles visibilidad a la hora de la difusión. Y luego nos llamarán exageradas.




sábado, 7 de agosto de 2021

CUÑADISMO NEW WAVE

 CUÑADISMO NEW WAVE

Me encuentro mucho últimamente con mensajes como este y parecidos que la chavalada comparte en redes alegremente: 

“A un niño:

No se le enseña a respetar a un gay, se le enseña a respetar a todos.

No se le enseña a no pegar a un negro, se le enseña a no pegar a nadie.

No se le enseña a no maltratar a una mujer, se le enseña a no maltratar.

El problema es de aquel que prefiere diferenciar los respetos”.

En una lectura superficial puede parecer un mensaje razonable, envuelto en las ricas vestiduras  de lo equidistante y cool. Guay a tope. Pero le acercas la lupa un poco y parece que lo hubiera escrito el mismo de yo no soy ni feminista ni machista o de para cuándo el día del orgullo hetero. O sea, cuñadismo en estado puro, cuñadismo new wave.

Por supuesto que a un niño (y a un niña también, que se nos olvida) se le enseña a respetar a todos, a no pegar a nadie y a no maltratar. Pero se puede dar un paso más, puesto que somos una sociedad avanzada. Por eso tengo la esperanza de que podamos enseñar a niños y niñas que hay violencias específicas en contra de determinadas personas y determinados colectivos y que deben aprender a identificarlas. Y lo aprenderán, seguro, las criaturas son listísimas.

Espero que como sociedad seamos capaces de enseñarles que por desgracias existe una violencia específica contra gays y lesbianas porque hay una cosa llamada homofobia  y que esa violencia suele empezar con risitas, aislamiento e insultos y que si se encuentran con este tipo de actitudes deben apoyar a la persona que está siendo hostigada porque eso forma parte del imprescindible entrenamiento en el respeto. 

Espero que como  sociedad seamos capaces de enseñarles que desafortunadamente existe el racismo (racismo como el que atufa en la frase “no se le enseña a no pegar a un negro”) y deben saber que si tienen amigos o amigas de otros países, razas o religiones pueden ser objeto de un tipo de discriminación vinculado a su origen. Sólo conociéndolo serán capaces de combatirlo.

Espero que como sociedad seamos capaces de enseñarles que el machismo es una triste realidad más extendida de lo que somos capaces de ver y que en consecuencia cada año mueren en torno a cien mujeres a manos de sus parejas. Deben ser capaces de identificar las actitudes machistas porque la violencia no se presenta de golpe sino que viene precedida de desprecio, acoso y manipulación. Afirmar “no se le enseña a no maltratar a una mujer, se le enseña a no maltratar” es tanto como afirmar que no existe violencia de género, que existe solo la violencia. Y sabemos que no es verdad. Y sabemos quién está empeñado en extender la falacia de la violencia sin género.

Y con esta frase: “El problema es de aquel que prefiere diferenciar los respetos”, tengo un problema personal porque soy de las que piensan que hay que diferenciar los respetos, que no pasa nada, que el respeto no se desvirtúa por ello, bien al contrario, se hace más profundo porque se complejiza.  Como soy de las que piensan que se necesitan observatorios estatales específicos para violencias específicas porque se precisan datos para una lucha radical y efectiva contra violencias concretas. Hablar solo de violencia, así, en general, es no hablar de nada.

El asesinato de Samuel en A Coruña fue un asesinato homófobo, el asesinato de Younes Bilal en Murcia fue un asesinato racista, el asesinato de Mariángeles Guerrero en Málaga fue un asesinato machista.  Como le quitemos los adjetivos, tal y como pretende este interesado mensaje, no sabremos ni de lo que estamos hablando y así mal podremos combatir las distintas violencias.

Amigos y amigas, los think tanks ultras están afinando tanto que a poco que nos descuidemos nos la cuelan. Mucho cuidadito.


miércoles, 4 de agosto de 2021

UNA MONARQUÍA CUESTIONADA

 UNA MONARQUÍA CUESTIONADA


Se nos ha ofrecido como verdad única un relato contaminado de la Transición, un relato del que se han borrado o distorsionado los elementos discordantes con la idea –fuerza que se quiere difundir, la idea de que el rey trajo la democracia a nuestro país. Tras la muerte de Franco era imprescindible una transformación política, una transición de la dictadura a la democracia, en consonancia con los países del entorno, transición para la que presionaban distintas fuerzas internacionales. Pero esa transformación inevitable estuvo tutelada en España por quienes habían detentado el poder durante cuarenta años. Para ello fue necesario dejar en las cunetas a más de doscientos mil muertos, negar parte de nuestra historia, transigir con nombres de calles dedicados a asesinos y torturadores, mantener al dictador en un mausoleo al que se le ha seguido rindiendo culto hasta el año pasado, rebajar el carácter de la dictadura a dictablanda, tolerar un rey auspiciado por el dictador, promocionar un olvido generalizado y presentar la Guerra Civil como una pelea de dos hermanos en la que ambos merecían por igual una dura reprimenda, olvidando que la guerra fue promovida por intereses políticos y económicos en contra de un gobierno legítimo.


Nos han querido convencer de que somos especialistas en fratricidio y que la Guerra Civil no es más que la consecuencia de ese carácter perverso y no el resultado de la presión de poderosos intereses opuestos a un gobierno progresista. La idea de esa equidistancia imposible únicamente puede interesar a quienes están de acuerdo con que los militares tumbaran un gobierno emanado de las urnas. 


El huevo de la serpiente puesto por la dictadura y que eclosionó en democracia fue una monarquía con impunidad absoluta, irresponsable por mandato constitucional, mandato que el emérito se tomó al pie de la letra, como ha quedado en evidencia con las recientes noticias que hemos ido teniendo. Resultado de esa impunidad es una fortuna personal calculada según Forbes en dos mil quinientos millones de dólares, el uso de instituciones públicas para trapicheos privados, el mantenimiento de amantes a racimos mientras se ofrecía la imagen de familia ejemplar y un largo etcétera de manejos oscuros que ahora nos sonrojan y que una prensa cortesana nunca se atrevió a sacar a la luz. Daba igual lo que el rey hiciera, él había sido el salvador de la patria y no había irregularidad o delito que no pudiera ser pasado por alto. Cuenta Anasagasti que Suárez le comentaba que al rey solo le interesaban las mujeres, las cacerías y el dinero. Hemos tenido un jefe del estado más propio de la Edad Media que de nuestro siglo. 


El problema para la monarquía ha venido cuando esas irregularidades han trascendido nuestras fronteras y han topado con instituciones menos benévolas con cierto tipo de actuaciones y nos encontramos con que el rey emérito está siendo investigado por la justicia suiza por actos derivados de su actividad como comisionista, que es a lo que se ha dedicado a lo largo de todo su reinado, no embajador de nuestro país, como se nos ha querido hacer creer: comisionista puro y duro, utilizando instituciones públicas para usos privados. Cuando la fuerza de los hechos no puede ser ya detenida, el tour de force por el que la monarquía y los monárquicos han optado es emitir el mensaje de que el rey viejo no tiene nada que ver con el joven. Se le aparta de la institución, se procede a hacer una limpieza en profundidad de la imagen (y digo bien de la imagen, que no de la institución) y se inicia una nueva etapa. Este rey está muy preparado, es joven, dinámico, no tiene gran cosa que ofrecer, es verdad, pero dejadle que está a punto de hacer algo.  Y no os preocupéis que este nuevo rey no es corrupto.


Que el monarca residente pueda ser corrupto, con ser grave, no es lo peor. Lo peor es que preside una institución que, según todos los indicios, sí lo es: la monarquía carece de fiscalización, carece de rendición de cuentas y carece de transparencia, los tres pilares que garantizan la limpieza democrática de cualquier institución. Que Felipe VI sea o no corrupto no es tan relevante, lo grave es que podría serlo si quisiera porque se dan todas las facilidades para ello. El tratamiento que se ha dado a la huida del padre así lo corrobora y manda el mensaje de que tienen patente de corso tanto el padre como el hijo, para actuar como quieran. Si pasamos por alto todas las irregularidades del emérito y decidimos que sus actos no tengan consecuencias, aceptamos al mismo tiempo que el actual monarca reciba el mismo trato. Nuestra dignidad como ciudadanía depende de aceptar este hecho o de no aceptarlo.






sábado, 31 de julio de 2021

MUJERES GIGANTES

 MUJERES GIGANTES

Hay una generación de mujeres a las que este país debe, como mínimo, un homenaje. Nacieron en tiempo de guerra o poco antes y se hicieron jóvenes y adultas a lo largo de una durísima posguerra.  Mujeres del medio rural que no pudieron ir al colegio y cuya escasa formación, si es que tuvieron alguna, corrió a cargo de maestros ambulantes que hacían verdad aquello de pasar más hambre que un maestro escuela. Tuvieron infancias cortas, sin tiempo para jugar, encargadas desde los siete, ocho, nueve años de hermanos menores, de las tareas del hogar, de la huerta, del pastoreo, de pequeños grandes trabajos dentro o fuera de la casa. Son nuestras madres, nuestras tías, nuestras abuelas, una generación de mujeres que han comido toda la vida sentadas en el borde de la silla, que se levantan como con  un resorte en cuanto alguien necesita algo, que comen las últimas, que comen de pie. Recibieron y cumplen a rajatabla el mandato de estar al servicio de los demás, de ponerse a sí mismas en segundo lugar que, en familias grandes, es tanto como decir en último lugar. Bien sabéis de qué hablo porque hay al menos una de estas mujeres en cada casa. Han traído al mundo cuatro, cinco, seis hijos, han perdido alguno por el camino, han cargado con ese dolor en sus corazones. Han trabajado en el campo, junto con los hombres, segando, transportando sacos de grano; en las fábricas, en interminables horas de pie, pegadas a la cinta transportadora; han sido emigrantes en Francia, en la vendimia, lejos de sus familias, año tras año, con la preocupación de los hijos que dejaban atrás; han fregado suelos de rodillas en casas ajenas para dar de comer a los hijos. Ellos también han tenido vidas duras pero después de la extenuante jornada de trabajo, han descansado en casas limpias gracias a ellas, se han sentado a la mesa a comer mientras ellas les servían y se han acostado en sábanas que ellas habían lavado. Estaban obligadas a ser servidoras, nunca servidas y han interiorizado ese papel, lo han hecho propio. Hay un dicho repetido en zonas rurales: la mujer solo puede pasar dos veces por delante del hombre, una para acostarse y otra para levantarse. Bien dice Carmen Sarmiento que las mujeres son el sur de todos los nortes, el sur del sur, el sur de los hombres.

Debería haber en cada pueblo, en cada ciudad, avenidas y plazas dedicadas a estas mujeres que han sostenido con su trabajo, con su lucha, con su jornada doble, con su renuncia a sí mismas, la vida de nuestro país. Son los puntales de la intrahistoria, el espinazo de la vida cotidiana. Hay que escuchar sus historias para comprender de verdad de dónde venimos, porque son ellas las que, con su trabajo y su sacrificio, con la comida en la mesa y la ropa lavada después de la jornada laboral, nos han traído hasta aquí y nos han hecho quienes somos. 

A veces las vemos. Se cogen de las manos cuando se ven, se reconocen, se dicen que se quieren, se dicen cuánto se quieren. Son como niñas viejas, son niñas viejas de infancias duras. Se entregan protección y afecto como han hecho siempre. Con el paso de los años, ese afecto se desnuda de formalidad y se carga de urgencia; el tiempo apremia, lo que tengan que decir, deben decirlo ya. Son mujeres admirables, mujeres gigantes.


lunes, 19 de julio de 2021

ULTRADERECHA Y VIOLENCIA

 ULTRADERECHA Y VIOLENCIA

La llegada de la ultraderecha a las instituciones y el aumento de la violencia en forma de asesinatos (asesinato racista en Murcia, asesinato homófobo en A Coruña) no son hechos aislados e independientes, bien al contrario, existe una clara correlación entre ambos.

Iván Espinosa de los Monteros  dijo que: “En España hemos pasado de dar palizas a homosexuales a que ahora impongan su ley”. De esta frase se deduce que dar palizas es mejor, infinitamente mejor. Y eso han hecho en A Coruña: matar a un chico de una paliza al grito de “maricón”.


En Murcia, un ex militar ha matado de varios disparos a quemarropa a un joven marroquí, Younes Bilal, porque sí, porque era un moro. Sin ninguna otra justificación más que la que se desprende del discurso que Vox se ha dedicado a difundir y en el que culpa a los inmigrantes de todos los males de nuestra sociedad. Hace pocos días, en Cabezo de Torres han aparecido pintadas contra el Islam acompañadas de una cabeza de cerdo atravesada por un cuchillo en la mezquita. 


¿Reflexionan? No, ellos no.  Hace poco Vox ha pedido  a sus seguidores que hostiguen al editor de El Jueves, la revista satírica, a su salida de la redacción. Están pidiendo a sus correligionarios que amenacen a quienes les critican. La violencia no surge por generación espontánea, está al final de todo ese discurso de odio. El asesinato es la culminación necesaria de ese nudo de maldad, miedo, perversión, incultura, crueldad, negación, insolidaridad, ignorancia,  de todo lo peor que existe en el alma humana. Como no les asiste la razón se tienen que hacer servir por la violencia.


Pero nada ocurre de la noche a la mañana. El blanqueamiento de la ultraderecha es muy alarmante. Según Isabel Diaz Ayuso si te llaman fascista es porque estás del lado bueno de la historia. Y casi da risa, pero  hay algo muy serio y muy preocupante en el fondo de todo esto que parece una boutade, una de esas tonterías que se le ocurren periódicamente a la cabeza de Ayuso, que funciona en automático todo el tiempo y que emite mensajes sin avisar a la parte racional, si es que existiera, que lo dudamos. Y no es la única: Pablo  Casado define la Guerra Civil como un "enfrentamiento entre quienes querían la democracia sin ley y quienes querían la ley sin democracia", haciendo uso de una equidistancia imposible y ofensiva, negando la realidad histórica de un gobierno legítimo tumbado por un golpe de estado fascista de manual.  Y lo preocupante es de qué manera se cuela el mensaje de que el fascismo es algo con lo que transaccionar como si nada. ¿Por qué? ¿Cómo nos hacen admitir, siquiera sea de forma tácita, que una ideología que ha devastado Europa hace poco más de setenta años, puede entrar en el discurso? Un discurso al que las personas que creemos en la democracia nos oponemos, evidentemente,  pero que muchos otros defienden haciéndolo pasar por un relato “como cualquier otro”. Y eso es lo grave. Que no es “como cualquier otro”, es un relato que debería estar fuera del curso normal de lo discutible,  que debería estar proscrito como la defensa de la esclavitud o del canibalismo. Y debería estar proscrito por inconstitucional.

Hay algo en lo que estaremos todos de acuerdo. En nuestra constitución están recogidos los siguientes principios: todos somos iguales en derechos y obligaciones  y no se puede discriminar a nadie en razón de su raza, religión, sexo, procedencia, etc. El discurso fascista conculca todos estos principios. La homofobia, el racismo o el machismo no son opiniones, son la negación de los derechos de personas homosexuales, de personas extranjeras o de las mujeres. Y todo ello es inconstitucional.

Se auto invisten de patriotas a base de envolverse en la bandera. Ignoran que patriotismo es luchar por la unidad social (esa que amenazan a diario con su violencia) y no por la unidad étnica, de orientación sexual o de procedencia, pura falacia en un mundo globalizado como el nuestro, falacia que nos envía de vuelta a la Edad Media. 

No estoy exagerando. En este estudio (*) se recoge de qué modo la ultraderecha en España está más organizada y es más violenta que en otros países del entorno y muestra que en pocos países de Europa Occidental se da una situación tan grave como en el nuestro.  No podemos ni debemos ignorar las ya más que amenazas de la extrema derecha porque esto solo puede ir a más.

Las palabras de odio cargan las pistolas y los puños. La ultraderecha no puede ganar esta batalla cultural porque nos jugamos mucho, nos jugamos la convivencia en paz, nos jugamos la vida.


(*)https://www.sv.uio.no/c-rex/english/groups/rtv-dataset/rtv_trend_report_2020.pdf









martes, 13 de julio de 2021

UNA VIOLENCIA INNOMBRABLE

 EL CONSENTIMIENTO, UNA VIOLENCIA INNOMBRABLE

El jueves 20 de mayo se ha aprobado en España la ley de protección de la Infancia, una ley tan necesaria que escandaliza el hecho de que hayamos llegado a 2021 con una laxitud tal en los delitos contra menores.

Nos sirve como reflexión sobre este tipo de delitos el libro de Vanessa Springora “El consentimiento”, escrito en primera persona, en el que relata su temprana relación con el escritor Gabriel Matzneff. La autora describe su experiencia en un tono mesurado, sin concesiones a lo escabroso, sin dilatarse en descripciones superfluas.  Emplea un estilo sin alardes porque la historia personal debe sobresalir, el fondo no puede quedar velado por la forma. 

La autora fue seducida a la edad de catorce años por el escritor Gabriel Matzneff, quien además hizo de esta relación material literario. Ella se llama V. en el libro “La niña de mis ojos”, transformada en un personaje literario que encarna la justificación del abuso de menores. Tras años de terapia y perseguida por la posibilidad de haber sido convertida en coartada para este tipo abusos, ella decide responder de igual manera atrapándole a él en un libro. Él, en justa correspondencia, se llama G. en el libro de ella.

En el mensaje directo emitido en la época, él, el gran escritor, se ha enamorado de la niña y el amor todo lo justifica, todo lo puede, todo lo vence. Pero en el subtexto descubrimos que ella, la sublime, la divina, la niña de los ojos del literato no es el sujeto de esta relación asimétrica y abusiva, no es ni siquiera predicado, si acaso apenas un adjetivo utilizado en la misma frase una y otra vez. No es un sujeto sino un objeto intercambiable que su partenaire hará valer durante un tiempo mientras la alterna con otras niñas y niños de su edad tanto en París como en viajes a Manila, para disfrutar de (utilizando las propias palabras del escritor) “culos frescos” de diez y once años.

Hay seducción y no violencia en esta relación. La violencia siempre es sólida. La seducción es un fluido que impregna toda la relación y que no deja huella aparente. La seducción desarma a la víctima de toda resistencia, da una coartada al abusador que se permite poetizar sobre el abuso, convence a la sociedad de que ese tipo de relaciones no son nocivas, al contrario, todo niño y adolescente debería ser iniciado en la sexualidad por un adulto. En el consentimiento no hay agresión, sino lo que la autora llama “una violencia innombrable” porque no encuentra elemento físico al que anclarse. La devastación es igualmente inevitable.

Consentir es aceptar hacer algo que otro ha decidido, es dejar de ser sujeto para ser el objeto de otros deseos o necesidades. Observamos que lo que conduce al consentimiento es un vacío tácito o explícito. En el caso de la autora, la necesidad de una figura paterna, de reconocimiento y de autoestima. En el caso de los niños de Manila, una necesidad económica. Cada uno consiente por un motivo distinto, satisfaciendo con ello el deseo del pederasta, experto, como buen depredador, en encontrar las grietas de carácter que le permiten obnubilar a su presa.

Esta relación y las muchas que tuvo el escritor con otras niñas y niños, eran conocidas por todo el mundo. Comprendemos leyendo el texto que ella no tenía ni la más mínima opción de escapar, pero, ¿cuál es la clave que explica esta tolerancia social? Se trata de una sociedad que abraza y difunde el mito de la niña que seduce arteramente al inocente hombre adulto, como en la interpretación torticera que se hace del libro “Lolita” de Nabokov y que tan magistralmente desvela Lola López Mondéjar en su novela “Cada noche, cada noche”, en la que incluso denuncia a Matzneff: “ese escritor ruso-francés, ¿lo ha leído? Hace apenas dos años publicó un libro defendiendo abiertamente la pederastia”. Es especialmente sorprendente el trato que recibe Matzneff por parte de Protección de Menores, quienes advertidos de forma anónima de la relación abusiva que mantiene, le llaman a declarar solo para tratarle en la entrevista con una suavidad servil y cómplice, “no se inquiete señor G., esto no es más que una formalidad”. Aunque en caso de haber sido detenido por abuso de menores aún llevaba un comodín en la cartera: una carta del propio presidente de la República y amigo personal.

Numerosos intelectuales de la época firmaron un manifiesto a favor de la relación de adultos con menores que, ahora se sabe, fue redactado por el propio Gabriel Mathnef, también firmante, aunque mantuvo su identidad bajo las siglas G.M. Es el zeitgeist que a Springora le tocó vivir, el espíritu de la época que hace que la propia madre de la niña abusada sea tolerante con el abusador. Impregnada del espíritu de mayo del 68 que mantenía que el sexo era revolucionario y liberador, independientemente de la edad o filiación de sus protagonistas, no es capaz de ver el trauma al que su hija está siendo sometida. El consentimiento no es más que el nombre que se le da al abuso cuando todo un sistema social se ha puesto de acuerdo en que tal hecho es tolerable. Consentir es, como decíamos más arriba, aceptar ser objeto del deseo de otro. Pero dejar de ser sujeto para convertirse en objeto es algo que no sucede sin consecuencias. Otra cosa es que como sociedad ese hecho nos importe más o nos importe menos. En España, ahora, con esta ley, parece que nos importa más.

Existe todo un paradigma social que acepta cierto tipo de comportamientos. Solo cambiando ese paradigma se harán visibles los abusos, las fallas del sistema, pero esto no es fácil y lleva tiempo. Hubo otra niña, Francesca Gee, abusada por Matzneff que de adulta también escribió un libro relatando su experiencia y que fue rechazado por todas las editoriales a las que lo presentó (entre ellas la que publica el libro de Springora). El problema es que se adelantó a su tiempo. La comprensión social hacia este tipo de abuso ha llegado hasta nuestros días. Nada es tan difícil de cambiar como un comportamiento socialmente aceptado. El consentimiento, convertido en fenómeno editorial en Francia, ha puesto un espejo frente a la sociedad francesa obligándola a poner en cuestión ese paradigma. Ya era hora.