LOS PICAPIEDRA
¿Os acordáis? Trabajaban en una cantera. Dos amigos que se estimaban porque eran aliados naturales pero que no paraban de fastidiarse el uno al otro.
Me encantaban los Picapiedra, con sus coches impulsados con los pies descalzos y sus teles de pedernal y hueso.
Pues imaginad que estamos viendo un capítulo en el que Pedro y Pablo, que no tienen más remedio que entenderse, cada vez se alejan más uno del otro debido a egos, intereses y cortedad de miras, poniendo en peligro a sus respectivas familias, a la cantera donde trabajan y a todo el pueblo de Rocadura; tan en peligro que terminan dejando a sus conciudadanos a merced de tres temibles tigres dientes de sable, que amenazan con destruir todo vestigio de civilización. Que ese alejamiento se produce a pesar de todas las peticiones familiares y de todas las llamadas al sentido común y a la calma. La falta de entendimiento y la bronca termina por llegar a tal nivel que a sus propias familias les entran ganas de apedrearlos.
Los capítulos de los Picapiedra, después de todas las peripecias solían resolverse bien.
Como esto no salga bien, Pedro y Pablo podrían fundar su propia cantera. Piedras no les iban a faltar.
miércoles, 31 de julio de 2019
sábado, 27 de julio de 2019
DECEPCIÓN
DECEPCIÓN
Si las palabras se gastaran a fuerza de uso, en agosto ya no podríamos encontrar "decepción" en el diccionario.
Hace dos horas de la última investidura fallida de Pedro Sánchez y no hay mensaje en Facebook, WhatsApp, Telegramm, no hay artículo, comentario, noticia que no contenga la palabra "decepción". La arrogancia y el cálculo de Pedro Sánchez, colocados a kilómetros por encima del bien común al que invoca, son difíciles de digerir. Y qué decir de Unidas Podemos, cuya cortedad de miras le pasará una factura para la que dudo mucho que tenga fondos. El coste, que vendrá en forma de desafección (cuya conversión en moneda política es, como sabemos, abstención) será inasumible para este partido.
Como habrá sido la cosa para que haya sido Gabriel Rufián, que tan acostumbrados nos tiene a intervenciones poco convencionales, el encargado de poner cordura en todo el asunto. El político catalán se preguntaba en su turno de palabra (absolutamente brillante) durante cuántos años se tendrá que lamentar la izquierda de este día. Serán muchos y los daríamos por buenos si supiéramos que la lección quedaba aprendida, pero la memoria y la historia nos enseñan que no es así, que el político de izquierdas es capaz de convertir en arena una piedra a fuerza de tropezar con ella.
Según el PSOE, a la CEOE le inquieta
que el Ministerio de Trabajo pueda quedar en manos de Unidas Podemos. Yo creo
que lo que de verdad inquieta es constatar que una institución como la CEOE, a
la que no se ha votado, tenga un peso político decisivo. Y que luego se nos
llene la boca de democracia.
Hemos
tenido en este último intento de investidura una demostración inaudita de
irresponsabilidad combinada con tontuna y las risas del trifachito se pueden
oír desde el Hispasat. Ellos están tranquilos, ahora sólo tienen una tarea:
comprarse un saco de palomitas bien grande y sentarse a esperar. Es sólo
cuestión de dejar que la breva madure y para eso queda medio verano.
Frente
al giro a la derecha de las tres derechas, a la izquierda sólo se le ocurre
ponerse a discutir si son galgos conservadores o podencos neoliberales los que
nos muerden los talones, dejando a la ciudadanía sin cobijo bajo un aguacero de homofobia, racismo, machismo, negacionismo
del cambio climático, conservadurismo rancio…
Ahora los de
Pedro acusan a Pablo y los de Pablo acusan a Pedro del estrepitoso fracaso en
la investidura. Y lo peor es que todos tienen razón.
A pesar de haber tenido tres meses para presentar propuestas, para estudiarlas y para trabajar sobre ellas, a las fuerzas de izquierda la formación de gobierno les ha quedado para septiembre, como a los malos estudiantes.
A pesar de haber tenido tres meses para presentar propuestas, para estudiarlas y para trabajar sobre ellas, a las fuerzas de izquierda la formación de gobierno les ha quedado para septiembre, como a los malos estudiantes.
Muy bien, Pedro y Pablo, ahora que ya habéis demostrado
los dos que sois más machotes que nadie ¿Cuál es el plan, colegas? Vamos a
septiembre, pero ¿en septiembre, qué? ¿Qué garantías tenemos los votantes de
izquierda de que vais a hacer en verano lo que no habéis hecho en primavera,
máxime teniendo en cuenta el mal
ambiente y las suspicacias que se han generado?
El 28 de abril salió de las urnas un mensaje claro y
ahora, tanto PSOE como UP, están traicionando el mandato de sus votantes. Esto,
más que de decepción, tiene visos de estafa. Espero que el sol de agosto lleve
luz a esas cabezas y que en septiembre tengamos por fin aquello por lo que
hemos votado: un gobierno de izquierdas.
viernes, 26 de julio de 2019
DELITO DE SOLIDARIDAD
DELITO DE
SOLIDARIDAD
¿Qué es lo que
convierte en peligrosos a aquellos que pretenden llegar a Europa sin nada, nada
más que las propias vidas (en muchos casos maltrechas)?: carecen de bienes, carecen
de hogar y carecen de país porque han sido expulsados de él por la guerra y sus
consecuencias. Si no tienen nada ¿por qué son una amenaza? Precisamente
por eso: porque no tienen nada. La diferencia entre un moro que viene en
patera y un árabe que veranea en Puerto Banús no es la procedencia, la cultura
o la religión. La diferencia es que uno de los dos no tiene nada y ese es
el que es identificado con una amenaza. El que no tiene nada es
susceptible de querer robarnos lo que tenemos, aunque la experiencia nos
demuestre ampliamente lo contrario (casos Noos, Gürtel, Brugal, Lezo, Pokémon,
Bárcenas, Rato...). Sin embargo, el inmigrante es un culpable preventivo, es
juzgado y condenado a morir ahogado en el mar por los delitos que se supone
que puede cometer. No sólo él: también son juzgados y condenados aquellos
que pretenden ayudarles. Hemos visto a lo largo de los últimos años la
persecución a ongs o a personas particulares por intentar rescatar a
inmigrantes: Open Arms, Sea Watch, Helena Maleno, Cédric Hérrou, Pia Klemp,
Carola Rackete.
Se trata en la mayoría de los casos de personas occidentales, amparadas por las garantías jurídicas de sus respectivos países y cuya condena pretende ser disuasoria. Pero ellos han preferido sufrir una injusticia a ser indiferentes ante otra aún mayor. Recientemente nos ha conmovido la muerte de un adolescente cuyo cadáver llevaba cosidas a la ropa sus buenas notas (se nos pone un nudo en la garganta al asomarnos al abismo que hay entre su ingenuidad y su tragedia); tampoco hemos podido olvidar la muerte del niño Aylan, cuya imagen permanece fija en nuestra retina. Solo los asesinos (o los aspirantes a serlo) pueden considerar que salvar vidas es delito. El mandato legal que recibimos, sin embargo, es que a nadie se le ocurra ayudar a nadie, recuerden que este es un mundo individualista e insolidario, continúen con sus compras, circulen, que aquí no ha pasado nada.
Matar y dejar
morir no es lo mismo, pero su resultado sí. Al final, se deja morir a
estas personas no por lo que han hecho si no por lo que son. Y lo que son
es pobres. No nos podemos dejar engañar por los racistas. Su
problema además de la xenofobia es la aporofobia: para ellos sobran los pobres,
todos los pobres, los compatriotas también. No se solidarizan con ningún
pobre, ni de dentro ni de fuera de su país, a pesar de su grito-coartada
"los de aquí primero".
Pero cuando los demás nos sean indiferentes, ¿qué quedará de nosotros? Por eso hay quien más allá de conmoverse, entra en acción. Para ellos, la justicia reserva un castigo ejemplar. En Francia existe lo que se conoce como “delito de solidaridad” que prevé multas de 30.000 euros y cinco años de cárcel a quienes apoyen y ayuden a personas en situación irregular
LAS IBÉRICAS, F.C.
LAS IBÉRICAS, F.C.
Las Ibéricas, F.C. es
el título de una película de la década de los setenta en la que se ridiculizaba
la posibilidad de que las mujeres pudiesen jugar al fútbol. Se trata de una
comedia ligera dirigida por Pedro Masó, de pésimo gusto y basada en tópicos
antediluvianos. Tuvo un gran éxito en la época a pesar de tratarse de una cinta
de ínfima calidad, aunque no por ser deplorable deja de estar cargada de
contenido, ya que el mensaje está muy lejos de ser neutro: reproduce el relato
con el que hemos crecido de que el
deporte en general y el fútbol en particular son cosa de hombres. Si las
mujeres nos exhibimos en pantalón cortito sólo puede ser para enseñar pierna y
cazar marido, ya que ese es nuestro objetivo en la vida y está bien que así sea.
Las mujeres tenemos que asumir que somos débiles y que no estamos hechas para
el ejercicio físico. Esto es básicamente lo que cuenta esta película en la que
se mezclan, para disfrute del público masculino, fútbol y mujeres en ropa
ajustada.
Han pasado casi cincuenta años, hemos evolucionado mucho, se
ha avanzado en numerosas cuestiones, el feminismo es ya un tsunami imparable, pero
la realidad a la que nos seguimos enfrentando es que el deporte femenino sigue
siendo una actividad marginada por los medios de comunicación e invisible para
la opinión pública, en la inmensa mayoría de las ocasiones; en el remoto caso de que este tipo de
espectáculo llegue al gran público, hay muchas posibilidades de que se
considere un latazo insoportable por los sectores más machistas de la sociedad.
La portada de Charlie Hebdo del mes pasado, dedicada al Mundial
de fútbol femenino, que comenzó en Francia el 7 de junio y en el que EEUU se ha
alzado con la victoria, mostraba una entrepierna femenina con un balón de
fútbol como clítoris y el texto “nos lo vamos a comer durante un mes”. Si lo comparamos con la película Las Ibéricas,
F.C., está claro que no hemos avanzado nada ni en el fondo ni en la forma: se
sigue ridiculizando la presencia de las mujeres en el ámbito deportivo y se
sigue haciendo con pésimo gusto. Está implícito el mensaje de que los
consumidores de fútbol son hombres, que van a tener que cargar con el “coñazo”
del fútbol femenino y aguantar un espectáculo carente de interés. Por supuesto,
también se da por hecho que el deporte canónico, el que tiene verdadero valor,
es el que juegan los hombres. En el editorial de ese número de Charlie Hebdo se
argumenta contra el embrutecimiento que conlleva el fútbol como deporte de
masas, pero resulta más que evidente que se trata de una excusa que intenta
poner un velo a la misoginia de su portada puesto que para criticar un deporte
de masas, nada mejor que centrarse en el fútbol masculino; el femenino está muy
lejos de ser masivo. En el propio editorial se alerta contra los peligros de lo
que ellos llaman “la religión de la igualdad”. Poco que añadir a esta
afirmación, que se glosa a sí misma.
El objetivo del discurso del patriarcado siempre es disuadir
a las mujeres de dedicarse a actividades
que considera que no les corresponden, ya sea en arte, literatura,
ciencia, investigación, viajes, o, como en este caso, deportes. Los modos de
hacerlo son múltiples y recorren el amplio abanico que va desde la persuasión a
la prohibición, pasando, cómo no, por la ridiculización.
La presencia de las mujeres en el mundo deportivo ha estado,
por lo general, limitada hasta hace
pocos años a la entrega de premios (en la Fórmula 1, en el ciclismo…),
reforzando el doble imaginario de la mujer como elemento decorativo y como
descanso del guerrero, hardcore de la película que da título a este artículo.
Han sido necesarios muchos años de esfuerzo, trabajo y tesón por parte de las
deportistas para que los medios de comunicación generaran un mínimo de interés por
los deportes protagonizados por mujeres.
Aún así, la resistencia a tomarse en serio esta actividad ha
sido una constante. Estamos, más que acostumbradas, yo diría que hartas de que,
ante un triunfo deportivo, a las mujeres se les pregunte por cómo compaginan la
actividad deportiva y la vida familiar, que en lugar de destacar sus logros se
centren en su aspecto físico o que la pregunta recurrente sea si tiene novio y
qué piensa él de su actividad; por lo visto, el machismo y la falta de
imaginación forman un buen tándem.
Es hora de que se normalice la presencia de las mujeres de
forma igualitaria en todos los ámbitos; el deporte no puede quedar fuera de esa
normalización. Como vemos, la resistencia a la naturalización de la igualdad no
tiene por qué venir solamente de medios conservadores ya que el machismo es lo
más transversal que existe y en este caso vemos esa resistencia bien ilustrada por la portada de Charlie Hebdo.
martes, 25 de junio de 2019
CIUDADANOS EN LAS TERMÓPILAS
CIUDADANOS EN LAS TERMÓPILAS
Ciudadanos
tiene un problema con la realidad y su representación: ellos gritan muy alto
DEMOCRACIA mientras pactan (o negocian o hablan o como ellos le quieran llamar)
sin empacho con fascistas que es tanto como mostrarnos la foto de unas
naranjas y querer convencernos que nos vamos a poder hacer un zumo con
ellas. Como todo el mundo sabe, la democracia tiene un botón de
autodestrucción; ese botón en España se llama Vox.Ciudadanos es un partido neoliberal. Ok, todo correcto, no es mi opción favorita, desde luego, pero no hay problema. Neoliberal como tantos otros partidos europeos. La diferencia es que sus socios europeos han tenido la prudencia (y la buena memoria histórica) de crear un cordón sanitario frente a los distintos partidos fascistas que han emergido en estos últimos años, porque saben lo peligrosos que son. ¿Cuál ha sido, sin embargo, la estrategia de Rivera? Decir que los fascistas no son fascistas aunque los propios fascistas digan que son fascistas. De nuevo la realidad y su representación: Rivera nos muestra la foto de un Rottweiler y nos quiere convencer de que le podemos acariciar la barriga como si fuera un gatito.
Es tan grave el problema de Ciudadanos que ya ni ellos mismos distinguen realidad de ficción. Probablemente por ello ha tenido Rivera el cuajo de decir que Macron les ha felicitado por sus logros y sus pactos. Quizás lo haya soñado, no seré yo quien diga que Alberto Carlos miente, aunque no necesito decirlo yo: ya lo ha hecho Macron.
Europa fue devastada por el fascismo, por partidos que defendían los mismos principios que Vox, socio de PP y Ciudadanos en tantos ayuntamientos y comunidades. El fascismo europeo fue vencido, por tanto el relato posterior no fue generado ni influido por ese fascismo. El fascismo español, o sea el franquismo, devastó España, pero no fue vencido, sino vencedor. A la muerte del dictador, transicionó, se camufló, se adaptó y su forma larvada ha seguido viviendo entre nosotros, hasta eclosionar convertido en Vox. La diferencia con respecto al resto de Europa es que el franquismo generó a lo largo de cuarenta años un discurso que ha llegado hasta nuestros días y por ello nunca ha dejado de estar naturalizado por la parte más conservadora de nuestra sociedad. Esa normalización es la que hace que para Ciudadanos, Vox no sea un elemento repudiable, mientras que sí lo es, por ejemplo, el Frente Nacional de Le Pen para los votantes de Macron.
Rivera debe pensar que la coherencia está sobrevalorada y mientras baila un agarrao con Vox pide a Sánchez que establezca un cordón sanitario frente al nacionalismo catalán; mientras se postula como adalid contra la corrupción, apuntala a un PP corrupto más allá de toda duda; mientras clama por la regeneración política, pacta con los populares en Castilla y León, donde gobiernan desde hace 32 años o en Murcia donde gobierna desde hace 24.
Ciudadanos se inició como un partido con aspiraciones a ser de centro, equidistante, ni de izquierdas ni de derechas, por tanto su giro a la derecha, un espacio político con overbooking, le está costando más bajas que a Jerjes en las Termópilas: Valls ha sido repudiado, Toni Roldán ha dimitido, Javier Nart ha abandonado la dirección del partido igual que Juan Vázquez (líder en Asturias), los neoliberales europeos le han afeado la política de pactos iniciada. Así está la cosa a estas horas, no sé si habrá habido alguna otra baja en el tiempo que escribo este artículo. Si sigue por esa vía, confundiendo la realidad con su representación, Rivera terminará haciendo como Jerjes, que culpó al mar de la derrota y mandó azotar sus aguas.
lunes, 24 de junio de 2019
QUINCE AÑOS
QUINCE AÑOS
El viernes 21 salió la sentencia definitiva del Tribunal
Supremo sobre el caso de La Manada. Con las informaciones que tenemos sobre el
caso, podemos hacer el ejercicio de imaginar qué puede haber pensado alguno de
sus miembros:
"Hay
que ver cómo se ponen, si nosotros no hemos hecho nada. Quince años por un rato de metesaca. Qué disparate. Nos han destrozado la vida. No sé de qué se queja esa tía, si ni siquiera le pegamos, ella se metió solita en el portal. Las gracias nos tendría que dar, ¿quién se iba a trajinar, si no, a una tipa como ella?
Fui yo el primero que la vio, sola y borracha, por la calle. Le di un codazo al Prenda: mira, tío, está como una cuba; esta noche follamos, fijo.
Cualquier otro tío hubiera hecho lo mismo. Vamos, ¿qué hombre que se encuentra a una, borracha y sola, no aprovecha para echar un polvo? Habría que ser maricón para no hacerlo. Además, una cosa te digo: si no quieres coles no vayas al huerto. Si una tía va por ahí, a cualquier hora de la noche, bebida, sin compañía, con una camiseta bien apretada, ¿qué es lo que va pidiendo? Pues que le echen el polvo de su vida, claro, y si es entre varios, mejor. Si yo a mi hermana o a mi hija la veo salir de noche así de la casa y me dice que se va sola de fiesta, le meto dos hostias que se le quitan las ganas. Pero esas guarras no tienen quién las controle y van como van y pasa lo que pasa; luego la culpa nos la echan a nosotros.
Lo de quedarnos con el móvil no fue por robárselo, ¿para qué íbamos a querer nosotros ese móvil de mierda, si cualquiera de los nuestros es mil veces mejor? Lo que hicimos fue quitarle la tarjeta y tirarlo a una papelera porque es que algunas histéricas, después del polvo quieren ponerse enseguida a llamar a alguien, que ya nos ha pasado antes. Por eso yo les decía a todos estos que lo mejor es llevar unos cuantos reynoles siempre encima, que con eso las atontas un poco y ya luego no se acuerdan ni de la mitad. Sí que es verdad que lo que mola es hacerlo en vivo: nena, ponte así, ahora asá, ahora para ese lado, que le toca al compañero, que todos tenemos derecho a probar el material. ¿Se le oyó a ella decir "no"? Como dijo nuestro abogado, no hubo un "no" y eso es consentimiento.
Lo grabamos, claro, porque tenemos colegas que no pudieron venir de viaje y nos gusta compartir ciertas cosas, ¿a qué tío no le gusta? Hasta mi cuñado está en un grupo de WhatsApp sólo para hombres, con cosas aún más fuertes.
Fíjate, ahora al Antonio Manuel, al pobre chaval, hasta lo han echado de la Guardia Civil, por un polvo entre varios, ya ves tú, que lo hemos hecho montones de veces en el puticlub. Luego le damos diez o quince euros cada uno a la puta y ya está. Si lo que le pasó a la desgraciada esa fue que le jodió que nos lleváramos el móvil y que no quedáramos luego con ella, que seguro que quería rollo. Lo que pasa es que no nos gustó a ninguno porque era una puta que no tenía más que un polvo.
Y ahora quince años de cárcel, ¿es que nosotros somos gentuza? Todo el mundo lo ha visto: somos chicos normales, con nuestro trabajo, nuestra familia, nuestras novias. ¿Que nos gusta divertirnos de vez en cuando? Pues sí, claro, como a todos, pero eso no es para mandarnos a la cárcel.
La culpa la han tenido todas esas jodidas feminazis, en la calle todo el día, dando por culo a todas horas. Si no hubiera sido por eso no se hubiera revisado la sentencia. Y ahora ya ves, quince años, y nosotros no hemos hecho nada que no hubiera hecho cualquier otro. Quince años por un rato de metesaca..."
Evidentemente lo anterior es ficción pero asusta constatar que hay gente que realmente piensa así. Os invito a que echéis un vistazo a las declaraciones al respecto de Francisco Serrano, líder de Vox en Andalucía. Este discurso es el que sostiene la cultura de la violación, que la banaliza minimizando sus efectos y responsabilizando a la víctima. Hoy podemos felicitarnos porque esta sentencia del Tribunal Supremo finalmente crea un precedente contra la naturalización de la violencia sexual hacia las mujeres.
EL PRESO NÚMERO NUEVE
EL PRESO NÚMERO NUEVE
Los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas son una
noticia tan cotidiana que, a menos que se salgan del patrón habitual, apenas
conmueven a la opinión pública. El imaginario popular está repleto de ejemplos
en los que la violencia machista es normalizada, en los que esa violencia es
tan normal que se vuelve invisible. Los transmisores culturales alimentan estas
ideas que son convertidas en un mantra repetido sin que seamos capaces de
reparar en los mensajes que contienen.
Traigo aquí una canción de Joan Báez que yo escuchaba y
cantaba con verdadera pasión cuando era adolescente, “El preso número nueve”:
Al preso número nueve
Ya lo van a confesar
Está rezando en la celda
Con el cura del penal
Porque antes de amanecer
La vida le han de quitar
Porque mató a su mujer
Y a un amigo desleal
Dice así al confesor:
Los maté, sí señor
Y si vuelvo a nacer
Yo los vuelvo a matar
La cantábamos a voz en cuello. Sentíamos una empatía
irresistible hacia el preso número nueve que había matado a su mujer y a un
amigo desleal y al que aún le parecía poco ya que pensaba seguirlos al Más Allá.
Sentíamos empatía hacia un hombre que era perfectamente insensible a todo
sentimiento que no fuera el suyo propio, cuya indiferencia emocional hacia la
mujer y el amigo deberían habernos helado la sangre y que sin embargo, de un
modo irreflexivo, nos resultaba justificada. El honor ofendido, el sentimiento
de macho despojado que venga la afrenta nos resultaba normal. Esa normalidad
estaba conectada con lo que vivíamos a diario.
Estaba conectada con las noticias de aquellos años en que
los feminicidios ni siquiera estaban
contabilizados ya que la estadística de mujeres muertas por violencia machista
sólo se lleva desde el año 97. Además, no hace tanto tiempo que a la violencia
machista se le llamaba “crimen pasional”, era un atenuante y no pasaba de ser simplemente
un problema privado; conectada con las
opiniones de nuestros mayores para quienes el honor ofendido se lavaba con sangre;
conectada con las muertes de mujeres que ocurrían a nuestro alrededor, percibidas
con una normalidad que ahora nos espanta.
Incluso para nuestro entonces admirado Joaquín Sabina que
cantaba “nunca entiendo el móvil del crimen a menos que sea pasional”, matar
era lo que había que hacer cuando te arrastraban las pasiones, porque las
pasiones (masculinas) se situaban por encima de cualquier apelación a la razón.
Así se ha construido durante siglos la imagen del hombre, del macho, de la
masculinidad patriarcal basada en el dominio, en un concepto primitivo de
virilidad. Y así eran luego los hombres que las mujeres buscaban, ese era el
ideal masculino, el que pone sus instintos por encima de cualquier otra cuestión,
el que mata de forma irreflexiva porque eso es lo que hacen los hombres-hombres
y que luego “no se arrepiente, ni le da miedo la Eternidad”. Ese era uno de los
modelos, válido para muchas mujeres, un
hombre que ya había matado y que no se había arrepentido porque sabía que allá
en el Cielo el Ser Supremo le había de juzgar (y está claro que perdonar, porque
el Ser Supremo también es hombre) y a quien la justicia humana le traía sin cuidado. Y si
ya había matado sin arrepentirse, ¿qué le impediría volver a hacerlo frente a
cualquier otro arrebato pasional? Otelo siempre ha resultado arrebatador en su
violencia irreflexiva, nadie piensa en el destino de Desdémona.
Hay un machismo por coacción, en el que las mujeres no
podían, por ejemplo, abrir una cuenta o viajar sin el consentimiento del
marido, y un machismo por consentimiento, del que está canción y los sentimientos
que suscita serían un ejemplo, en el que
un hombre violento e insensible resulta atractivo, algo que nos enseñaban el
entorno y la educación y que era refrendado por los transmisores culturales.
Hemos necesitado varias décadas de feminismo para poder leer
correctamente estos mensajes, para constatar de cuántas formas variadas,
groseras o sutiles, el machismo está instalado en la médula de nuestra
sociedad y de nuestro pensamiento, no
sólo en los hombres, también en nosotras.
Y sigue siendo imprescindible continuar con este tipo de
reflexiones porque, por mucho que
hayamos evolucionado, se siguen generando mensajes machistas a través de
canciones, videos, anuncios, películas, redes sociales y qué difícil resulta a
veces percibirlos porque el bosque del patriarcado en el que vivimos no nos
permite ver los árboles del machismo a través de los que se expresa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)