domingo, 2 de abril de 2023

LAS HERIDAS DE LOS VIENTRES DE ALQUILER

LAS HERIDAS DE LOS VIENTRES DE ALQUILER 


Cuando se habla de maternidad subrogada, se suele poner el foco en el deseo de las parejas de tener descendencia, los padres y madres “comitentes” (uno de los eufemismos utilizados), con toda su carga emocional, son el centro de atención. Las mujeres que prestan su cuerpo para gestar los hijos de otras personas suelen quedar en un segundo plano, muy alejado de la ternura, el deseo y el anhelo de los pagadores de este servicio. El sufrimiento físico y psicológico de las que prestan su cuerpo no es relevante, ellas no ponen dinero, sólo su aparato reproductor, y ésta es una categoría inferior. Pero el elemento que queda definitivamente fuera del plano es el producto de esa transacción económico-sentimental: el bebé. Cuando un recién nacido es separado de forma traumática de su madre se produce lo que se conoce como herida primal, una pérdida equivalente a que la madre muera durante el parto. Que una madre, por los motivos que sea, no quiera o no pueda hacerse cargo de su hijo es algo que le puede pasar a una criatura; los eventuales padres adoptantes serían los encargados de reparar ese daño con su amor. Pero en el caso de los vientres de alquiler, esta violencia está prevista, consensuada y contratada, para mayor comodidad de los padres “de intención”, al objeto de evitar que la madre genere un vínculo sentimental hacia el recién nacido. El que un bebé sea separado de la madre nada más nacer es para la criatura una herida y la huella de ese dolor permanece. Hace pocas fechas se ha llevado con éxito al parlamento regional murciano una propuesta de modificación de ley que garantice que los neonatos puedan permanecer junto a sus madres “piel con piel” nada más nacer. Según esta propuesta, el contacto madre-hijo favorece la estabilización de las constantes vitales del bebé, de su temperatura corporal y de su ritmo respiratorio. Por el contrario, la separación del bebé recién nacido del cuerpo de su madre, da lugar a gritos de angustia, búsqueda de la posición fetal y otras conductas propias de la percepción de peligro del bebé: patrón de "protesta-desesperación". (1) Según el pediatra Ricardo García de León, “que madres e hijos no se separen tras el nacimiento es una norma clara biológica. Todos los mamíferos la cumplen. Las primeras horas son clave para que un recién nacido se pueda adaptar a su nuevo medio de vida” (2). Este derecho natural se está hurtando a los nacidos mediante maternidad subrogada. Una violencia, en el caso de los vientres de alquiler, que es ejercida por aquellos que han pagado por ser padres, inaugurando con ella el vínculo paterno-filial.


Todas las personas tenemos derecho a conocer nuestro origen. Es un derecho reconocido por la mayoría de las legislaciones y garantizado por la Convención sobre los Derechos del Niño. Los niños y niñas adoptados pueden, si así lo desean al ser mayores, conocer quiénes son sus padres biológicos, rastrear su origen. A veces es difícil, sobre todo en las adopciones internacionales, pero no imposible. En la mayoría de los casos de los vientres de alquiler, este derecho es conculcado. La madre es conminada a desvincularse por contrato de la criatura y ésta ya no puede tener opción a saber cuál es su origen, nunca podrá saber quién ha sido su madre. La máxima latina “mater Semper certa est” ya no es válida. Cuando un derecho no es universal, sino que es aplicado de forma arbitraria, entonces se convierte en un privilegio y un privilegio es una gracia que obtienen quienes pueden pagarla. En el caso de los niños y niñas nacidos merced a la gestación subrogada, sus derechos están siendo sistemáticamente cercenados. 


Hay otro derecho que la práctica de la maternidad subrogada se lleva por delante: el derecho a filiación. Este derecho se da de forma natural de madre a hijo y de hijo a madre, es inalienable e intransferible, al menos lo ha sido hasta ahora. Pondré un ejemplo: el derecho a voto es un derecho personal e intransferible, ninguna persona puede cederlo a otra ni siquiera en el caso de que no vaya a hacer uso de él. Imaginemos una sociedad donde los mejor situados económicamente pueden decidir comprar el derecho a voto de personas más pobres. Nos parece inconcebible, ¿verdad? Y sin embargo algo aún más grave se está dando en el caso de los vientres de alquiler, en un tema tan sensible como la gestación de un ser humano. ¿En qué momento hemos decidido que este hecho pueda ser posible?, ¿De qué manera tan sutil e imperceptible la lógica del mercado ha tomado esta decisión por nosotros y nosotras? ¿Cómo es posible que haya gente que se haya dejado convencer con tal facilidad? 


La publicidad de una clínica ucraniana de gestación por sustitución dice lo siguiente: “Nuestras donantes saludables, jóvenes y muy atractivas son un gran orgullo de nuestra clínica. Las madres de alquiler están bajo el control y tutela de los coordinadores durante 24 horas al día, por eso la clínica es responsable no sólo del estilo de la vida, sino también de la alimentación y exámenes médico necesarios para su tranquilidad y de la madre subrogada”. Asusta ponerse en la piel de una de estas mujeres que han de ser “saludables, jóvenes y muy atractivas” para ser luego controladas y tuteladas por la clínica, estas mujeres híper hormonadas que van a gestar una criatura para inmediatamente entregarla a otras personas. Se da además la circunstancia de que, en muchos casos, el parto es programado o incluso se realiza una cesárea, al objeto de que los pagadores del servicio puedan estar durante el alumbramiento, porque ellos son los más importantes: son los inversores. No se tiene en cuenta que inducir el parto, cuando no es imprescindible, conduce a un mayor sufrimiento fetal así como a riesgo de hemorragia posparto. Lo más difícil de imaginar es cómo será un postparto sin bebé en el que las hormonas indican a la madre que el hijo está muerto. Tras entregar al bebé, las mujeres pueden sufrir remordimientos, trastornos emocionales y depresión. Será problema de ellas ya que la transacción acaba con la entrega de la criatura, por tanto la posterior atención médica que ella pueda necesitar no es asunto de los “comitentes”.


Podemos decir que el cuerpo de las mujeres es el terreno donde pueden confluir todas las violencias. La última de esas violencias, los vientres de alquiler, está intentando pasar el filtro social poniendo el foco en las parejas que no pueden gestar y ocultando de forma torticera los sufrimientos de las madres de alquiler y de los bebés fruto de esa transacción. De nosotros depende que esa nueva violencia no se normalice porque si aceptamos la conculcación derechos humanos como el derecho a conocer el origen, el derecho a filiación y el derecho natural del bebé a estar en contacto con el cuerpo de su madre nada más nacer, si aceptamos la mercantilización de los cuerpos de las mujeres como un elemento más del mercado, habremos perdido una batalla fundamental de los derechos de las mujeres en particular y de los derechos humanos en general.



(1) Clara Sáez de Tejada, componente del colectivo que ha lleva esta propuesta a la Asamblea regional, ha proporcionado la información.

(2) https://elpais.com/sociedad/2018/11/19/actualidad/1542615691_043105.html


 



sábado, 4 de marzo de 2023

SOLASTALGIA

SOLASTALGIA

Tengo un sentimiento que solo podía expresar mediante una paráfrasis porque aún no había encontrado la palabra exacta: no solo desesperanza, algo más; la sensación de que les dejo a mis hijos un mundo acabado, un paisaje en ruinas, el mensaje punk de no future convertido en desoladora realidad. Me pregunto si viajamos en el vientre de un caballo de Troya que ignora que está siendo devorado por la carcoma, una carcoma que se llama pandemia, guerra, colapso ecológico, calentamiento global, crisis hídrica, extinción de especies, agotamiento de recursos, superpoblación. Quizás avanzamos por inercia, seguimos adelante, elaboramos proyectos como si fuéramos eternos, como si fuéramos a salir intactos de esto. Vemos en el telediario el cálculo de lo que tarda un misil desde Kaliningrado a Murcia (8 minutos y 13 segundos) y creemos que no va con nosotros. Creemos que nos va a dar tiempo… Queremos entrar con ese caballo en el futuro, como los aqueos entraron en Troya, pero ese caballo se va desmoronando como un iceberg a cuarenta grados, uno de esos icebergs cuyo tamaño disminuye sin cesar. Y no queremos hablar, nos atenaza algo cuyo nombre aprendemos también sobre la marcha: horresco referens, el miedo a la referencia, la angustia que nos atenaza cuando aquello de lo que vamos a hablar es de un espanto tal que excede la capacidad de ser puesto en palabras. 


Descansamos sobre lechos en llamas y aun así nos negamos a despertar. Arde el planeta, pero no queremos creer que lo que está sucediendo está sucediendo de verdad ni que tenga que ver con nosotros. El ser humano comete aquí un doble pecado: el pecado de la desmesura y el pecado de la soberbia. La soberbia le hace creer que el planeta está en función de los seres humanos y no al revés, que todos los recursos están a disposición de hombres y mujeres, que el planeta todo ha sido creado para disfrute única y exclusivamente del primate superior, sobre todo si es blanco, hombre, occidental y heterosexual. La desmesura le hace aspirar a tener más, a consumir más, a viajar más, como aquejado por una enfermedad acumulativa, un síndrome de Diógenes que le lleva a consumir y desechar bienes, experiencias y relaciones en un bucle interminable.


Crecimos impulsados por bellas utopías: la del cristianismo primitivo, tan parecido al comunismo antes de que el poder lo corrompiera, la del comunismo teórico tan parecido al cristianismo antes de que el poder y la real polítik lo corrompieran, la del flower power hasta que sus protagonistas se hicieron definitivamente adultos y se comieron las flores en caros platos de autor, la de la agricultura extensiva que iba a acabar con el hambre en el planeta hasta que descubrimos que no iba acabar con el hambre pero sí con el planeta.


Hemos construido un mundo que da miedo y todo es pura distopía. La cultura se hace eco de la realidad, y en cine, en series, en literatura proliferan los mundos distópicos. Nos preparamos para lo peor de forma inconsciente. Vivimos esperando la próxima catástrofe, la próxima guerra, la próxima pandemia, el apocalipsis. Vemos más cercano el fin del planeta que el fin del sistema económico depredador que lo devora. No sabíamos colocar Ucrania en un mapa y ha hecho falta una guerra para que sepamos que no podemos vivir sin Ucrania. Sin embargo, sus habitantes tenían que ganarse la vida fuera del país. La riqueza, como sucede tan a menudo, no pertenece al país que la produce sino a la capacidad extractora de grandes fortunas, casi siempre extranjeras, fortunas cuya única patria es su banco. Ellos gobiernan el mundo. Ellos acabarán con el mundo.


La palabra que buscaba es solastalgia, un sentimiento que los occidentales aún no habíamos experimentado, pero que sí hemos hecho experimentar a otros pueblos. La solastalgia es el dolor que sufre una comunidad tras cambios destructivos en su territorio, es el sentimiento de estar perdiendo el hábitat y con él, la cultura, las relaciones con los demás y todo lo que ello conlleva. En mi caso, que soy una picapedrera del optimismo, me pregunto cómo podremos vivir sin esperanza. Me niego a vivir sin esperanza mientras me abrazo a la tabla de salvación del ecofeminismo.







NOCHE DE LECHUZAS Y TOPOS

NOCHE DE LECHUZAS Y TOPOS

Este pasado 21 de febrero y tras el parón de la pandemia, el Colectivo +mujeres retomó las entregas de los premios Topo y Lechuza. Esta ha sido la 3ª edición y ha tenido lugar en la cafetería Ítaca de Murcia, igual que en ocasiones anteriores, con una nutrida asistencia de público. La entrega de premios tuvo un carácter cordial y distendido, como viene siendo habitual. 

El Premio Lechuza se concede a las personas físicas o instituciones que, desde el punto de vista de +mujeres, más hayan contribuido a la consecución de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. El premio topo se concede a quienes menos hayan contribuido o que hayan obstaculizado con sus actuaciones la consecución de la igualdad. Este premio quiere ser una llamada de atención sobre determinados comportamientos para hacerlos visibles y con ello poder corregirlos.

Premio Lechuza: en esta ocasión ha sido concedido a Teresa Vicente por su enorme esfuerzo por crear cultura ecofeminista. Ella es la protagonista de un liderazgo democrático por el Mar Menor y de un descubrimiento colectivo de los derechos de la naturaleza: la ILP. 

El éxito de esta Iniciativa Legislativa Popular, referente y modelo para otros ecosistemas en peligro se apoya en cinco puntos:

1. Como profesora de Filosofía del derecho en la UMU y directora de la Cátedra de DDHH y Derechos de la Naturaleza desarrolla esta iniciativa en el marco de la teoría de Justicia Ecológica Feminista. El cambio de rumbo desde el modelo antropocéntrico ecocida hacia un modelo ecocéntrico. Un hilo central que vertebra y orienta como eje de vanguardia el derecho ambiental del s. XXI.

2. Como abogada en ejercicio durante muchos años tiene experiencia en los mecanismos de aplicación de las normas jurídicas. Su defensa valiente en los tribunales y foros públicos nacionales e internacionales ha fortalecido sus convicciones y contrastado la claridad de sus ideas. 

3. Como activista política en el Foro Ciudadano de la Región de Murcia ha desarrollado una mirada crítica empática y un trabajo en equipo al hacer diagnósticos certeros y propuestas de futuro para un territorio castigado por la corrupción, el atraso y la inoperancia. 

4. Como demócrata radical, ha liderado el grupo promotor y a todo el movimiento ciudadano de la ILP, con participación y transparencia máxima. Ha respetado la pluralidad inherente a ciudadanía y ha mantenido la independencia en las relaciones necesarias con los medios de comunicación, con los partidos y con las instituciones.

5. Como embajadora de esta potente herramienta jurídica hecha ya Ley 19/2020, ha devuelto el orgullo académico y cívico a las Universidades públicas y a toda la Región de Murcia.  Este primer ejemplo en Europa de un cambio global imprescindible para defender los Derechos de la Naturaleza viaja con ella por todo el mundo, desde Egipto hasta la ONU, con el programa Armonía con la Naturaleza. Y, en la última COP 15 de Biodiversidad, en Canadá, nos trae como regalo el anuncio de la primera Asamblea de la Tierra en 2024. 

En enero, la UMU, le ha entregado el premio “Rector José Lostau” por los valores que representa este logro de innovación jurídica y política 

Teresa Vicente pronunció unas clarificadoras palabras y recogió el premio entre el cariño y la emoción del público.

Premio Topo, otorgado a Isabel Franco, periodista y tránsfuga de Ciudadanos. Desde su cargo como Vicepresidenta del Consejo de Gobierno de la Región de Murcia y Consejera de Política Social, Mujer, Igualdad, LGBTI y Familias, ha dinamitado los pocos órganos legitimados para tratar temas de igualdad y de prevención contra la violencia de género en las instituciones públicas. Uno de sus méritos, que quedará inscrito en la memoria de la política pública de Igualdad de esta región, es haber desactivado el Consejo Asesor de Mujer y el Consejo Asesor contra la Violencia sobre la Mujer, que no se ha vuelto a convocar desde octubre de 2020.

Ha tenido a su cargo partidas millonarias que han venido del Estado para la Violencia de Género y para mejorar la conciliación familiar y laboral, que tanto lastra la vida de las mujeres, que no han sido empleados al 100% y de cuyo destino no ha dado ninguna explicación a pesar de haber sido interpelada desde foros institucionales. Sin embargo, las víctimas de violencia de género están en lista de espera para ser atendidas de forma integral en los centros de asistencia dependientes de su Consejería. Los incumplimientos del Pacto regional contra la Violencia de Género han sido flagrantes. 

Ha tenido grandes retos para trabajar en políticas de igualdad, LGTBI y en política social, pero no ha sabido o no ha querido aprovecharlos.

Isabel Franco no recogió el premio Topo, algo que es habitual en este galardón.


Desde el Colectivo +mujeres queremos agradecer de nuevo su presencia a todas las personas que nos acompañaron en este acto y esperamos encontrarnos de nuevo el año próximo para seguir conjuntamente avanzando en igualdad.

 




domingo, 5 de febrero de 2023

CASO ALVES: ELLA SOLO QUIERE QUE LA CREAS

CASO ALVES: ELLA SOLO QUIERE QUE LA CREAS

La entrada en prisión del futbolista Dani Alves acusado de violación ha provocado un enorme impacto mediático. Es normal, tiene todos los ingredientes para ser una pieza informativa de consumo masivo, puro fast food periodístico: famoso, sexo, violencia, cárcel. Con esos cuatro elementos se construyen un altísimo porcentaje de productos televisivos desde que la realidad (convertida en tele-realidad, ese oxímoron) empezó a ser considerada una fuente de entretenimiento. 

Por eso es muy fácil perderse en la broza mediática, atenta a cualquier tontería (uno de los titulares nos informa de que Dani Alves ha perdido el apetito) y descentrar el foco de este caso. Un hombre ha violado a una joven y surgen todas las preguntas clásicas en torno a este tema desde que existe el patriarcado o, lo que es lo mismo, desde que el mundo es mundo:

Qué necesidad tenía de hacer algo así este hombre joven, guapo y famoso que podría haber seducido a cualquier mujer. La violación no se produce porque los hombres tengan pene, se produce porque los hombres tienen el poder y algunos hacen un uso abusivo. No existe necesidad de sexo sino necesidad de ejercer un poder que consideran que les pertenece: el de someter a una mujer donde y cuando quieran, una prerrogativa que se les ha concedido por ser varones y a la que algunos no están dispuestos a renunciar. No en vano, un grupo autodenominado “El retorno de los reyes”, que reivindica más derechos para los hombres y menos para las mujeres, pedía la despenalización de la violación. La violencia de género y en particular la agresión sexual sigue siendo hoy lo que ha sido siempre: un mecanismo para someter a las mujeres a través del miedo, para que no salgamos solas, para que vigilemos a qué horas salimos, por dónde andamos, en qué estado y con qué ropa. El objetivo es que todas seamos menos libres,  

Por qué violar a una mujer cuando puede satisfacer esa necesidad yendo a un burdel. El puticlub no es donde los hombres desfogan, es donde los agresores entrenan. La prostitución es una escuela de violencia contra las mujeres, el lugar donde se celebra una masculinidad basada en la superioridad de los hombres y en el desprecio hacia las mujeres disfrazado de aséptico y libre intercambio económico. Pero no olvidemos que la actividad de la prostitución es tan libre como libertad le dejen a una mujer la desestructuración familiar, la exclusión social, la vulnerabilidad económica, las guerras, el tráfico de personas, la migración y el aislamiento. No todo lo que se acepta es aceptable. Nada que atente contra la dignidad humana debería ser aceptado.

A lo mejor ella iba provocando y la relación fue consentida. Efectivamente, esta es la primera coartada de todo violador. Y, cómo no (para qué renunciar a un clásico que funciona), también lo ha sido en el caso de Dani Alves; aunque tan consentida no habrá sido cuando el futbolista ha tenido que cambiar su versión de los hechos hasta en tres ocasiones.  Las mujeres siempre son susceptibles de estar inventándose la agresión por interés económico o cualquier otro interés. Los agresores son victimizados y las víctimas culpabilizadas, algo que no ocurre en otro tipo de delitos.

Ella lo que quiere es arruinarle la vida. No, ella lo que quiere es recuperar la suya. Para evitar esa culpabilización de que hablamos en el párrafo anterior, las mujeres suelen renunciar a reclamar una indemnización que les corresponde por ley (toda persona tiene derecho a ser resarcida por el daño sufrido). También ha ocurrido en este caso. Ni dinero, ni fama: ella solo quiere que la crean. Como ocurre en la serie “Creedme” (“Unbelievable”) en la que una joven inestable mentalmente, víctima de un violador en serie, es convencida por unos investigadores negligentes para que declare que no ha sufrido agresión y solo busca notoriedad. Como resultado toda su comunidad le da la espalda a la muchacha.

Repetimos: La mujer que ha sido agredida por este futbolista solo quiere que la creamos. Por ello ha renunciado a la indemnización económica que pudiera resultar de una condena. La única reparación que pide es el derecho a ser creída. Renunciar a la indemnización para no perder credibilidad es algo que no sucede si te roban el bolso o te queman el coche. Solo si te violan. Porque si te violan y no te creen sobre ti caen dos condenas: una por mentirosa y otra por golfa. Hay un prejuicio social que dice que las mujeres se lo buscan, que acusan en falso, que el hombre es la víctima.

Una violación puede llegar a ser incapacitante por las secuelas psicológicas que se arrastran: estrés postraumático, depresión, fobias.  Sin embargo, el miedo a no ser creída es tan paralizante, que se renuncia a toda compensación desde el principio. Ella solo quiere que la creas, que te creas su dolor, su rabia, su asco, que te creas que ha sido golpeada y violada y teme ser acusada de ir provocando, de habérselo buscado.

Ellas renuncian a un derecho para no ser juzgadas siendo víctimas.


sábado, 28 de enero de 2023

VIOLENCIA DE GÉNERO: EL PEOR DICIEMBRE

Violencia de género: el peor diciembre

13 mujeres asesinadas en 28 días y un caso más que se encuentra bajo investigación policial. Y aún se niega la violencia machista.  La violencia de género existe, aunque sea negada una y otra vez por los partidos de derechas que capitalizan el descontento del patriarcado al ver peligrar su cuota de poder ante el avance del feminismo. Según preocupantes datos suministrados por la FAD, aumenta el número de jóvenes varones que niegan la existencia de una violencia específica contra las mujere.  Como si este tipo de violencia fuera una entelequia o un unicornio o las predicciones de Nostradamus. 

Porque si la violencia de género no existe, ¿cómo explicamos entonces la muerte a manos de sus maridos o novios de esa barbaridad de mujeres durante este pasado mes de diciembre? Iba a rematar la frase anterior con “un mes para olvidar”, pero menudo favor les estaríamos haciendo a las mujeres víctimas de tanto ensañamiento, de tanta brutalidad, de tanto dolor. La negación y el olvido también son culpables de esas muertes.  Y muy especialmente la negación como parte del discurso político de la derecha y la ultraderecha, que cierra CAVIS y deja sin recursos los planes de igualdad y la lucha contra la violencia de género.

Porque han muerto trece mujeres en un mes, una detrás de otra, con nombres y apellidos, con hijos e hijas, con familiares. Y como la violencia no se presenta de repente, podemos imaginar que han muerto después de un largo calvario de golpes, insultos y vejaciones. Este es el mapa del horror: 

En Mazarrón una mujer ha sido asesinada de un golpe en la cabeza; en Granada una joven ha sido tiroteada en presencia de sus hijos menores de edad; en Madrid un hombre ha dejado agonizar a su esposa, enferma de esclerosis múltiple, durante cinco días; en Albacete el cadáver de una mujer ha sido hallado en el interior de una casa calcinada; en Madrid un hombre ha apuñalado a la hija de su expareja; en Lleida  se ha encontrado el cadáver de una mujer en un trastero; en Zaragoza un hombre ha asesinado a golpes a su mujer; en Soria se alertó de un incendio y dentro de la casa se halló una mujer cuya autopsia reveló que había muerto de forma violenta; en Asturias una mujer de 32 años ha sido asesinada por su marido; en Sevilla una mujer ha sido apuñalada por su expareja; en Barcelona otra mujer, en este caso de 81 años, ha sido asesinada por su esposo; en Bilbao un hombre ha apuñalado a su pareja sentimental; en Madrid un hombre ha asesinado a su mujer embarazada de nueve meses, provocando también la muerte del bebé; en Benidorm una joven ha sido lanzada al vacío por su pareja. 

No hay fronteras geográficas ni sociales, el machismo es lo más transversal que existe, afecta por igual a todas las regiones y a todas las capas sociales. Hay sin embargo un cierto patrón temporal y es que, durante los periodos festivos y vacacionales, cuando la rutina se altera, la violencia se dispara. Son momentos de mayor interacción social, de reuniones con familiares y amigos que tienden a quebrar el régimen de aislamiento en que los agresores suelen mantener a sus víctimas, provocando su frustración y sus instintos violentos. Hemos vivido esta Navidad post pandemia quizás con una mayor ansiedad y alegría por reencontrarnos con los demás, fuera de nuestra burbuja familiar, lo que ha podido ser un factor para este pico de violencia.

Cómo seguir negando la evidencia cuando esta deja un rastro de sangre, dolor, pérdida y vacío. Es innegable que existe una violencia específica en contra de las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Una violencia que hay que combatir con medidas específicas, con presupuestos, con educación y con conciencia. Para que no volvamos a repetir otro diciembre (o enero o febrero…) sangriento. Para que acabe de una buena vez esta persecución insoportable.


miércoles, 4 de enero de 2023

LA MANOSFERA

LA MANOSFERA

El avance imparable del feminismo que se puso de relieve en las masivas manifestaciones de 2018 y en la viralización del fenómeno del #metoo, ha tenido una reacción por parte del machismo, una reacción dolida y rencorosa. Como si de niños malcriados se tratara, los machistas piensan que el avance de las mujeres es inmerecido, exagerado, innecesario, que mina sus intereses y que acabará por destruir la sociedad tal y como la conocemos. Porque para ellos la mujer debe volver a ocupar su histórico papel de servidora de los hombres, que para eso fue creada. Y en ese brote de rabia y frustración juega la violencia un papel incuestionable.

En 2016 un grupo autodenominado “El retorno de los reyes”, The return of the kings, originado en EEUU y extendido por varios países, incluido España, organizó un encuentro en Barcelona, que posteriormente fue cancelado. Y no es de extrañar: este grupo reclamaba más derechos para los hombres y menos derechos para las mujeres, pedía que se retirara el derecho a voto a las mujeres y que se legalizara la violación. Se trata de un ejemplo elocuente de la violenta reacción que el avance del feminismo está teniendo en el mundo. 

Parte de esa reacción, cuyas claves son negación y frustración, se ha refugiado en las redes constituyendo lo que se ha venido a llamar la manosfera (de man, hombre en inglés), generando un contenido abiertamente machista e incluso, en determinados grupos, violento, banalizando la agresión sexual (comparten memes y bromas del tipo: no lo llames violación, llámale sexo sorpresa, no es violación si ella está dormida, etc) y presentando a los hombres como víctimas de unas mujeres malvadas y manipuladoras cuya única obsesión es emascularlos. Del mismo modo que el machismo es una violencia que se ejerce contra las mujeres por el mero hecho de serlo, el racismo es un tipo de violencia que se da contra una persona por el mero hecho de ser de otra raza. Los grupos de las manosfera vendrían a ser al machismo lo que el supremacismo blanco al racismo. No podemos olvidar que machismo y racismo son frutos del mismo árbol. Existe una politización del antifeminismo encabezada por los partidos ultras de todo el planeta que, con fines electoralistas, recogen el voto de ese sector de la población masculina que ve peligrar su hegemonía y su poder. Sobre este tema conversó +mujeres en Radio Compañía recientemente: https://radiomolina.com/podcast/la-reaccion-misogina-ante-el-feminismo-ningun-avance-sin-resistencia/ 

Recordemos aquí, aunque sea una obviedad, que en 300 años de feminismo los derechos de las mujeres han evolucionado más que en toda la historia de la civilización humana. Y todo ello de forma incruenta. Que una revolución tan radical se haya producido sin conflicto armado también es una novedad en nuestra civilización. Una novedad que debería hacernos reflexionar.

Un estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD ha hecho un seguimiento del conjunto de subculturas que se mueven en Internet propagando un discurso misógino y ha advertido de su penetración entre los más jóvenes.

Los grupos que componen la manosfera suelen copiar corrientes americanas. Son de lo más variado y van desde los gurús de la seducción que desean lo que desprecian y comparten disparatados trucos para ligar (síguela por la calle y cuando esté a solas le robas un beso, si no te detiene antes la policía por acoso, cabría añadir), hasta los incels (involuntarily celibate) que han construido una ideología política violenta en torno a la injusticia de las mujeres que se niegan a tener sexo con ellos, pasando por los Activistas por los derechos de los hombres (MRA, men’s rights activsits) que comparten la convicción de que existe “una conspiración feminista que tiene como objetivo subyugar a los hombres” o los  Men who go their own way (hombres que siguen su propio camino) y que creen que el feminismo “supondrá el fin de la sociedad”

La reacción machista se pone al día, moderniza el modo de emisión de su mensaje, ocupa un espacio en redes. El patriarcado cambia de disfraces pero no de intenciones.



LAS LUCES DE VIGO Y EL ÚLTIMO CIGARRILLO

LAS LUCES DE VIGO Y EL ÚLTIMO CIGARRILLO

Hace pocas semanas ha tenido lugar la cumbre del clima en Egipto, la COP27, que ha terminado nuevamente con una declaración de buenas intenciones y poco más. Un resultado tan escaso como el tiempo que nos queda. Nada raro teniendo en cuenta que reunía por metro cuadrado a más lobbistas en favor de los combustibles fósiles de los que el sentido común y el futuro del planeta aconsejan. El objetivo de la cumbre era encontrar ideas para desengancharse precisamente de los combustibles fósiles, responsables del efecto invernadero y del calentamiento global cuya influencia en incendios, inundaciones y sequías solo pueden negar ya los más descerebrados. O los más interesados. Aquellos a quienes no les importa que arda el tren en el que viajan siempre que ellos recojan pingües beneficios y que niegan la realidad como único recurso para protegerse del desastre que se avecina. Por tanto, la presencia de los lobbistas pro petróleo, gas y carbón en la cumbre ha sido como meter promotores de ron Bacardí en una reunión de Alcohólicos Anónimos.

El tiempo se acaba y no nos tomamos esto en serio. Uno de los mayores expertos del mundo en cambio climático, el científico sueco Johan Rockström, opina que la COP27 ha llegado en un momento "realmente sombrío para todos" pues el mundo se encuentra "muy, muy cerca de sufrir cambios irreversibles y el tiempo se está acabando muy, muy rápido". Para evitarlo "todas las naciones deben unir sus esfuerzos, ahora más que nunca desde la Segunda Guerra Mundial, a fin de evitar puntos de inflexión climáticos que provocarían graves daños a la humanidad". Sin embargo, actuamos como si no hubiera un mañana, sin pensar que, de seguir así, realmente no habrá un mañana.

A nivel local, el encendido de las luces navideñas no está teniendo en cuenta ni la crisis energética, ni la crisis climática, ni la crisis económica. Vigo se ha situado en el número uno del ránking mundial de las ciudades más derrochadoras en tiempos de emergencia con un encendido navideño que puede verse desde la estación espacial. El mundo arderá en pavesas, pero Vigo brilla como una gema al sol y eso es lo que cuenta. Y quien dice luces de colores dice también consumo descontrolado. En la era de la hegemonía capitalista que amenaza al planeta no hay nada políticamente más comprometido que el consumo. Este año en que dejamos atrás la tristeza del encierro pandémico parece que ni siquiera la inflación va a poner la zancadilla a nuestro ímpetu consumista porque, por lo visto, si no hay compras no hay diversión. En los comercios saludan a los clientes con un entusiasta ¡felices compras! Pocos mensajes encontraremos más sinceros.

¿Exagero? ¿no son para tanto las luces navideñas? ¿tenemos derecho a la alegría después de la larga pandemia? Puede, pero a mí me acompaña ya de forma casi permanente un sentimiento de desasosiego para el que el idioma alemán, tan preciso, tiene una palabra específica: der Weltschmerz, el dolor de mundo.

El que quiere dejar el tabaco desea al mismo tiempo fumar y no fumar. Esto es algo que no ignora nadie que haya fumado alguna vez en su vida o que aún siga fumando y que, con cada cigarrillo consumido con ansiedad, se diga a sí mismo: este es el último. La COP27 ha concluido con una lista de buenos propósitos. O sea, como el que se fuma un cigarrillo en una boda mientras piensa: mañana lo dejo. Como colectivo estamos todos queriendo dejar de fumar, pero pensamos que este cigarrillo del iluminado navideño delirante y del consumo voraz no será el que nos mate. Y seguimos hasta la próxima cita de nuestra conciencia con el borde del abismo planetario.