lunes, 12 de noviembre de 2018

EL ÚLTIMO MESSIAS


EL ÚLTIMO MESSIAS

Jair Messias Bolsonaro  ha llegado al poder. Seguramente es verdad que no hay mal que cien años dure, pero qué daño hará mientras tanto. De momento una de las diputadas del PSL, la catarinense Ana Caroline Campagnolo y el propio Bolsonaro piden a los alumnos universitarios  que graben a los profesores durante las clases para denunciar ideas subversivas. La libertad de cátedra en estado de sitio, la censura se apodera de las aulas de la mano del fascismo. El creacionismo entra en el currículum educativo al mismo nivel y compitiendo con la Teoría de la Evolución. Pasos de gigante hacia las cavernas.

La justicia no ha tardado nada en convertirse en un instrumento político, como cabe a cualquier partido fascista: el juez Sergio Moro, que inhabilitó a Lula da Silva (favorito de largo en todas las encuestas) para presentarse a las elecciones, ha sido designado ministro de justicia con Bolsonaro. Como en la mafia, los favores se pagan.

En el país más grande de América cincuenta millones de personas apoyan un proyecto fascista, uno de cuyos objetivos es acabar con la ya maltrecha selva amazónica, convirtiendo la tierra en mercancía  y condenando a las comunidades indígenas al destierro, la pobreza y la muerte. Sabemos que este tipo de decisiones pone al planeta en peligro y que  es un paso más hacia la debacle ecológica. Bolsonaro, para quien las reservas amazónicas están sobredimensionadas (como si las palabras reserva y sobredimensionada no fueran prácticamente un oxímoron) no es probablemente más que un peón, como mucho un alfil, de un sistema depredador cuyo principal empeño es comercializar la macro reserva ecológica del planeta, poniendo lo que es de todos en manos de agrodelicuentes. El enorme capital invertido en redes sociales en la más que sospechosa campaña en favor de Bolsonaro y el Partido Social Liberal tendrá que recuperarse y los inversores ya deben estar haciendo cola a la puerta del palacio presidencial.
Si la Amazonía cae, todo lo demás irá cayendo como un castillo de naipes, como piezas de dominó alineadas. Ojalá la democracia, ese sistema imperfecto y que sin embargo es el mejor de los sistemas que conocemos, esa democracia  que haciendo honor a su nombre y a su esencia permite gobernar incluso a aquel que pretende aniquilarla, ojalá la democracia, digo, resista y sea capaz de hacerse más fuerte.

Borges escribió un artículo para Clarín con motivo de la llegada de la democracia a Argentina, un artículo que ahora podemos tristemente leer en sentido contrario (https://www.clarin.com/sociedad/vuelta-democracia-texto-jorge-luis-borges-escribio-clarin-1983_0_cvt720K4S.html). En él, el escritor se congratulaba de que ya  "no estaremos a la merced de una bruma de generales", sin embargo en Brasil, Bolsonaro ha llegado a decir que el país está en guerra y que usará al ejército para patrullar las calles. En este texto, Borges escribía lo siguiente sobre aquella jornada histórica: "nos enfrentaba un caos que, aquel día, decidió ser un cosmos. Lo que fue una agonía puede ser una resurrección. La clara luz de la vigilia nos encandila un poco". Hoy en Brasil, el cosmos educativo vuelve a ser caos, la Amazonía agoniza un poco más y la luz de la razón se aleja.



lunes, 15 de octubre de 2018

EL MUNDO DE AYER


EL MUNDO DE AYER

Estoy leyendo “El mundo de ayer” de Stefan Zweig y compruebo con qué emoción el autor da cuenta de una Europa hermosa, humanizada gracias a la cultura y al arte y cómo sobre todo el relato, ya desde el título, sobrevuela la amenaza de lo que luego se cerniría sobre ese mundo bellísimo, floreciente, culto, diverso, humano en fin, en la conmovedora forma en que la civilización a veces nos humaniza, tanto como otras veces llega a deshumanizarnos. Imposible no pensar, imposible no establecer el paralelismo entre aquel fascismo imparable de entreguerras y el fascismo que hoy nos amenaza: en los dos mayores países del continente americano, EEUU y Brasil, respectivamente Trump y Bolsonaro. En Europa, Salvini, Le Pen, Orban, Abascal. En Turquía, Erdogan.
Cuesta creerlo, pero ¿es posible que sea verdad que el ser humano no ha aprendido nada en absoluto de su historia y que ante una crisis se lance sin dudar un segundo en pos del fascismo más destructivo?
No consigo reponerme a la inquietud que me produce la constatación de que, en nuestra sociedad híper comunicada, saturada de información, repitamos sin descanso, una y otra vez, los mismos errores, acudamos en masa a poner nuestro mundo, el mundo de hoy, el mundo de mañana, en las manos de dictadores enloquecidos.
Me pregunto cuál es el motivo que lleva a cuarenta y nueve millones de brasileños a votar por un militar para quien la tortura es tan cotidiana que le parece poca cosa, para quien la violación es lo mínimo que merece una mujer desafiante; que cree que la solución del país pasa por matar a treinta mil personas; alguien que propugna un blanqueamiento de la raza porque los negros no valen ni para procrear; un militar que dice que la policía debería matar más, que siente veneración por dictadores como Pinochet, que aboga por la libre tenencia de armas y para quien la democracia no merece más que un tiro en la nuca. Qué furia, qué rabia, qué ignorancia supina hace que se vote en masa por un sujeto que avergüenza al género humano. Qué culpa, qué complejo, qué vergüenza quiere expiar un pueblo que parece estar pidiendo un castigo ejemplar cuando elige a un dirigente así.
Este sujeto lamentable que es Jair Bolsonaro no parece preocupar a las élites económicas para las que el fascismo no es obstáculo, más bien al contrario, suele ser un buen compañero de viaje del poder económico hasta que, como sucedió con Hitler, se sale de madre y se hipertrofia como un cáncer con metástasis.
Como contrapunto, para Stefan Zweig, un cosmopolita que viajó desde joven por todo el mundo, el amor por la cultura y la compasión por el ser humano caminan juntos y son casi una misma cosa. Judío por educación, no por convicción, reacio a todo nacionalismo y antibelicista convencido, estuvo en el punto de mira del Tercer Reich. Dejo escrito: “Paris, Inglaterra, Italia, España, Bélgica, Holanda: esa vida errante de gitano y presidida por la curiosidad había sido agradable de por sí y, en muchos aspectos, provechosa. Pero, a la postre uno necesita un punto estable de donde partir y a donde volver; nunca lo he sabido tan bien como hoy, cuando ya no deambulo por el mundo por propia voluntad sino porque me persiguen”.
Cómo no recordar que Stefan Zweig puso fin a su vida, junto con su esposa,  a la edad de sesenta y un años, poco antes del final de la II Guerra Mundial, convencido ya definitivamente de la falta de esperanza en un mundo futuro, convencido de que la única certeza en su vida era el mundo de ayer, aniquilado por el nazismo. Imposible no recordar hoy que Stefan Zweig se suicidó en Brasil.
                                                                 

jueves, 23 de agosto de 2018

FRATERNIDAD Y BUENISMO


FRATERNIDAD Y BUENISMO

Quienes escupen por un colmillo de términos como fraternidad y solidaridad, suelen comenzar su relato con un “yo no soy racista, pero”, frase que en realidad quiere decir “soy más racista que Trump, pero quiero que tú pienses que no lo soy”, como si tú te hubieras caído de un guindo y no supieras reconocer a un racista cuando lo tienes delante. Siguiendo al filósofo Slavoj Žižek , esta autodefinición del yo interior como de “no racista (pero)” carece por completo de interés porque lo importante es lo que haces, lo que haces te define, y tú eres un racista pues te comportas como tal; lo que digas para justificarte no le interesa a nadie. Quienes se autodefinen como racistas con este oxímoron, nos quieren dar lecciones a los que jamás comenzaríamos una frase con un “yo no soy racista, pero”, lecciones que consisten en hacernos saber que somos muy tontos en nuestra pretensión de luchar por un mundo más justo y solidario, somos muy tontos al querer que desaparezca la xenofobia, somos muy tontos pero pretenden que no nos enteremos de que nos están llamando tontos y nos acusan de buenismo. De hecho, el buenismo se llama buenismo por no llamarse tontismo.

Tratan con ello de generar una mistificación entre fraternidad y buenismo.  Mientras la fraternidad, uno de los tres principios emanados de la Revolución Francesa, alude a un sentimiento elevado y maduro, el buenismo nos habla de un comportamiento blando e infantiloide frente a la maldad intrínseca del mundo. Por resumir rápidamente, las personas solidarias, según este relato, somos el tonto del pueblo invitando a comer a sinvergüenzas venidos de fuera.

Pretenden además darnos lecciones de lo que ellos llaman “realidad”. Sin embargo lo cierto es que esa realidad a la que aluden los racistas está sólidamente fundamentada en mentiras podridas:
-       La acogida de inmigrantes hace que se produzca un efecto llamada: los refugiados no responden a un anuncio para hacer turismo por Europa, salen huyendo de un país en guerra, de una situación de hambre, de la persecución política. Efecto llamada es lo de los ingleses en Salou o en Magaluf, con su balconing y su todo. Poner tu vida en riesgo para alejarte de un peligro mayor es huir, no responder a una llamada.
-       Vienen a quitarnos los trabajos: no nos quitan ningún trabajo, vender gorras o bolsos sobre una manta no es trabajo, es supervivencia; arrancar lechugas a céntimo la pieza no es trabajo, es explotación. No nos quitan el trabajo, es mentira. El capitalismo elige los colectivos a los que explotar, por eso las marroquíes que cogen fresa en Huelva y que recientemente han denunciado condiciones miserables y abusos sexuales, no les quitan el trabajo a las onubenses. Ninguna onubense recogería fresa a ese precio. El problema aquí no es el explotado, es el explotador. Citando a Malcolm X: "Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido".
-       Cobran ayudas sociales que se debían estar dedicando a nuestros ancianos/parados/excluidos: esto es sencillamente falso y no se me ocurre qué argumentar para decir que es falso salvo que es palmariamente falso. La propia Cruz Roja ha emitido un decálogo (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10213628158351814&set=a.1251597403598&type=3) con las mentiras más frecuentes sobre refugiados e inmigrantes negando cada uno de los bulos que corren por ahí y que ahora son también alimentados por políticos como Casado o Rivera, que están luchando por llevarse la palma del racismo a su campo y que de momento están en empate técnico.

Quienes apoyan este argumentario suelen olvidar que los extranjeros no documentados suelen terminar en CIEs, auténticas cárceles encubiertas, donde se paga el delito de ser extranjero pobre. También olvidan las devoluciones en caliente, las vallas de concertina, las muertes en el Mediterráneo, triste tumba de África, los menores no acompañados y tantas y tantas situaciones extremas de quienes huyen del hambre y de la muerte.

En esta ola de racismo que recorre Europa, se está recibiendo a los refugiados como residuos sociales, ni siquiera como ganado, porque el ganado tiene un valor, los refugiados no. Acompañando a este comportamiento, encontramos que los principios regidores de una sociedad civilizada son atacados frontalmente. A quienes luchamos contra el racismo se nos acusa de “buenistas”, intentando devaluar un concepto imprescindible para la vida en sociedad como lo es el de fraternidad. En ese mismo sentido, en Francia existe lo que se llama “delito de solidaridad”. El delito de solidaridad, que ofende toda sensibilidad humana, convierte al migrante en enemigo y a la ciudadanía receptora, en fuerza de choque frente a ese supuesto ataque. Ese delito de solidaridad prevé multas de 30.000 euros y cinco años de cárcel a quienes apoyen y ayuden a personas en situación irregular. Gracias a la lucha del agricultor Cédric Herrou (que había sido condenado por la Cour d’Aix en Provence) y otras personas que han dado apoyo a numerosos migrantes en la frontera francoitaliana, se ha logrado abolir esa ley infame. Y se ha abolido basándose en un principio superior: el principio revolucionario de fraternidad. Es esperanzador ver cómo, en el contexto de unos estados, que nos conminan a ser inhumanos e insolidarios, se ha recuperado el viejo principio republicano. La fraternidad, imprescindible para vivir en sociedad, nos hace más humanos. Decidme, si no, en qué nos convertiría observar impasibles el dolor y la muerte de otros seres humanos.  La fraternidad nos salva de la barbarie.


sábado, 11 de agosto de 2018

LOS HIJOS DE JUANA RIVAS

LOS HIJOS DE JUANA RIVAS

La sentencia condenatoria contra Juana Rivas, que no ha tenido en cuenta los antecedentes de violencia doméstica, tiene todo el aspecto de ser una condena más que ejemplar, ejemplarizante. Esto es, quiere ser un aviso a navegantes, o más bien a navegantas. Es una advertencia para todas de que si se desobedece la ley, aunque sea en defensa propia, hay ciertos jueces a quienes no les va a temblar la mano a la hora de impartir su particular visión de la justicia. Va, en cierto modo, en el mismo sentido que la decisión judicial de excarcelar a La Manada. A los jueces no les ha parecido tan grave que cinco hombres violen a una chica de dieciocho años (están en la calle y en este corto lapso uno de ellos intentó sacarse un pasaporte, otro ha sido detenido por robo y violencia) como que una mujer maltratada huya de su maltratador, llevándose a sus hijos. El patriarcado nos está haciendo una demostración, vía judicial, de quién lleva aquí los pantalones.  Es un tour de force, un pulso, un puñetazo sobre la mesa. La sacudida que supuso la masiva manifestación del ocho de marzo de este año es respondida de este y otros modos por el machismo imperante. No en vano la judicatura es un órgano eminentemente masculino que se emplea a fondo en seguir siéndolo. Echad un vistazo a la foto de la apertura de cualquier año judicial: ni una mujer.
Las leyes no están esculpidas en piedra ni los jueces son Moisés descendiendo del monte Sinaí. La ley tiene un margen de interpretación que permite a los jueces expresar su carácter, su opinión y, por supuesto, su posicionamiento político. No nos debe caber ninguna duda a este respecto. En los casos de estas sentencias, la judicatura deja claro cuál es su postura en relación a la igualdad entre sexos en general y a la violencia de género en particular. Para ello, no tienen reparo en pasar por encima del bienestar de dos niños. Hay una forma de maltrato hacia la mujer que consiste en dañar a sus hijos. Hemos visto en muchas, demasiadas ocasiones, cómo el padre mata a los niños en venganza contra la madre. Los casos son muy numerosos, de entre ellos el caso Bretón fue, quizás por su crueldad, el más mediático. Los hijos de Juana Rivas no han sido tenidos en cuenta a la hora de emitir está sentencia más que para hacer la condena aún más dolorosa a la madre. Estas son palabras de la Asociación de Mujeres Juezas: "Partiendo del absoluto respeto a todas las decisiones judiciales, la gravedad y trascendencia de las penas impuestas resulta evidente, pues con ellas no se condena solo a la acusada, sino a dos hijos a perder el vínculo con su madre, a pesar de que todos los informes de especialistas, incluido aquél en el que se apoya la sentencia, confirman  una relación  positiva y vinculante entre los menores y su progenitora"(*).
La justicia procede del pueblo, no emana de un dios del Antiguo Testamento ni es administrada por un patriarca bíblico (aunque muchas veces así lo parezca), por eso la gente opina ante determinadas sentencias que ofenden todo sentido de justicia y equidad. Una parte de la judicatura se queja de que se emitan juicios de valor sobre sus decisiones. Este titular salió en prensa hace unas semanas: "750 jueces firmaron un manifiesto hace pocas fechas en las que manifestaban sentirse presionados porque la sociedad y los políticos opinaban sobre las sentencias”. Pues claro que opinamos, cómo no vamos a opinar sobre una justicia con una balanza que, lejos de ser imparcial, tiene un juego de pesas trucado. Una cosa es respetar las decisiones judiciales, que de hecho se respetan, de lo contrario la gente se estaría amotinando, y otra muy distinta comulgar con ellas. Con estas expresiones de malestar no se pretende cambiar las decisiones judiciales, lo que se persigue es cambiar las leyes, pues sabemos que las leyes no se cambian sin presión social. Hay sentencias frente a las que no se puede una quedar callada. Esta es una de ellas.


(*) Os invito a leer el artículo completo: http://www.mujeresjuezas.es/2018/07/27/sobre-la-condena-penal-a-juana-rivas-esta-es-nuestra-opinion/

domingo, 22 de julio de 2018

RENOVATIO


RENOVATIO

Pablo Casado ha ganado las primarias de Partido Popular frente a Soraya Sáez de Santamaría, convirtiéndose en su nuevo presidente y candidato a la presidencia del gobierno español. El PP se renueva haciéndose un poco más de derechas, si es que esto era posible. ¿Cómo cuánto más?, pues, a ver: propone regresar a la ley del aborto de 1.985, ilegalizar partidos independentistas, defender políticas aún más conservadores en lo referente a vida y familia, migración, educación, relaciones con la iglesia… Vamos, que para el PP los viajes en el tiempo existen sin necesidad del Delorean, siempre que sean hacia el pasado.

El video anónimo “Cuéntame cómo vais a renovarnos” ha sido un torpedo a la línea de flotación de  Sáez de Santamaría a base de poner a caer de un burro  a viejas glorias del PP (Arenas, Villalobos y Montoro) en quienes Soraya se había apoyado. Este video, que al parecer ha salido de las filas de compromisarios de Casado, muestra a un Partido Popular caduco en contraposición a este PP que ha ganado, joven, triunfador, neoliberal a tope y con raya del pelo (más) a la derecha. El video da cuenta también de que las puñaladas traperas entre compañeros de partido (¡cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!) no ocurren sólo en la izquierda. La guerra por el poder dentro del PP ha sido sangrienta y sucia como son todas las guerras, ha sido una pelea en la trinchera embarrada y cuerpo a cuerpo. Sirva como ejemplo la animadversión manifiesta del ex ministro Soria, el de los papeles de Panamá, hacia Soraya SS o las acusaciones de excarcelar etarras del equipo de Casado hacia la vicepresidenta. Todo muy fraternal y muy bonito. Finalmente ha ganado el macho alfa, joven y soberbio, frente a la leona que defendía el territorio del viejo macho.

Hacia la interna ha quedado claro que funciona bien: un candidato hombre (no olvidemos que para un partido conservador el feminismo es, como mucho, un mero adorno), joven, apuesto (fashion trend últimamente entre los políticos europeos) y enfrentado al aparato de un partido que cae en picado según las últimas encuestas. La política cada vez se parece más a Gran Hermano y en este tipo de reality shows gana invariablemente aquel que se enfrenta al grupo hegemónico. Realmente Pablo Casado tenía todos los elementos para triunfar.

Sin embargo, Casado es el candidato “nominalmente” más corrupto, de hecho está al borde de la imputación. Tiene un currículo como para enmarcar y poner encima de la tele si no fuera porque, por lo visto, es  todo mentira. ¿Qué nos demuestra esto?, algo que ya sabíamos: que a los votantes del Partido Popular la corrupción les chupa un pie, les importa tanto como los índices de precipitación en Suecia. Si les incomodara de verdad no habría llegado este partido a los niveles de enfangamiento a los que ha llegado. Sólo les interesa que el que esté ahí encarne el ideario que se espera de un dirigente de derechas y esto suele incluir ser corrupto, o sea que, en realidad, ese adorno no le sobra.

La regeneración del PP consiste en hacerse más viejunos, o cómo nos pensábamos que se iba a modernizar este dinosaurio monolítico. Por lo que vemos, la puesta al día va a significar que Casado se convierta en un nuevo Aznar o en un mini-Trump. Así que, resumiendo, un presidente del PP más de derechas y por si fuera poco, bajo la sombra de la corrupción. Todo OK. Brindemos por la renovación.


viernes, 13 de julio de 2018

PATRIMOÑO


PATRIMOÑO

La reina emérita cuando habla de la fortuna real alude, con su peculiar acento, al patrimoño. Y en verdad es un hermoso patrimoño el que ha reunido el rey emérito a base ser como él es, súper campechano e irresponsable.  Porque, queridos y queridas, según nuestra Constitución, el monarca es IRRESPONSABLE. Para flipar, sí, pero esta es la cosa: artículo 56 párrafo 3, la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. 

Hemos podido escuchar estos días unos audios de Corinna, la amiga entrañable (hace falta ser cursis para llamar así a la querida del rey) en los que, refiriéndose a unas comisiones del AVE a la Meca, la aristócrata nos cuenta que el monarca no distinguía entre lo legal y lo ilegal. Ojo que esto lo dice su novia, no Julio Anguita.  Pues claro que no distinguía lo lícito de lo ilícito, imposible distinguir, le hemos hecho irresponsable por ley. Para él era todo un vasto campo sin puertas donde enriquecerse como si no hubiera un mañana. Y por si no era suficiente con la concesión de esta barra libre de tó y por tó, su egregia majestad ha sido además el niño mimado de la prensa durante décadas, no se le podía rozar ni con el borde de una pluma. Y ahora, oh sorpresa, resulta que nos enteramos de que ha estado cobrando comisiones de forma espuria, amontonando cuentas en paraísos fiscales, colocando testaferros, blanqueando a manos llenas, sin distinguir lo legal de lo ilegal ni lo privado de lo público. Jo, quién se iba a imaginar que un tío constitucionalmente irresponsable y rodeado de una espesa cortina de adulación mediática fuera a hacer otra cosa distinta de leer a los clásicos, escuchar a Mahler y llevar pasteles a los niños pobres. Insisto, sorprendidísimos estamos todos, no salimos de nuestro asombro, oiga.

Y lo diré una vez más, todo esto no ha salido en la Gaceta Republicana, ha sido la mujer que ha compartido la vida con el rey durante siete años quien ha suministrado la información sobre cuentas opacas, tramas societarias, prácticas mafiosas y amenazas de muerte. Por mucho menos hay raperos en la cárcel porque en esta gran puesta en escena que es la monarquía lo grave no es cometer un delito, lo grave, lo que ha llevado de hecho a gente a prisión, es señalarlo.

Pero que no se nos olvide que en este país se ha decidido que así sea. Ese PSOE definiéndose como un partido republicano que se encuentra muy cómodo con esta monarquía (ay Rubalcaba, qué bonita y peligrosa es la retórica) tiene una enorme responsabilidad en este fregao. Los monárquicos son monárquicos, yo sólo les pediría que se financiaran ellos estas aficiones tan caras, pero bueno, al menos son coherentes. Pero un partido republicano y laico defendiendo la monarquía y el concordato, colegas, un repasito al diccionario y buscad coherencia, a ver qué os dice.

Cuando veo a un niño tiránico, lo compadezco (sin perder las ganas de domesticarlo a capones, la verdad) pero sé que los responsables últimos de su actitud son sus padres por consentirle todo lo que se le pasa a la criatura por las narices. Con este niño malcriado que es el rey, consentido por todos, la responsabilidad además de estar en él, está también en la falta de fiscalización sobre la figura del monarca de este sistema que ha permitido y sigue permitiendo irregularidades vergonzosas, algo que no se debería consentir ni de lejos en una democracia avanzada.

Y para terminar sólo quiero recordaros que este sábado es catorce de julio, fecha de la toma de la Bastilla, comienzo de la Revolución Francesa y final de la monarquía en Francia. Ahí lo dejo, por si alguien anda buscando inspiración.


viernes, 15 de junio de 2018

AQUARIUS


AQUARIUS

Seiscientos veintinueve  es una cifra mezquina, ridícula. Sin embargo muchos de mis compatriotas, al oír que se va a acoger un barco con algo más de seiscientos refugiados giran la cabeza, miran a un lado y a otro, cuentan con los dedos y deciden solemnemente que aquí ya no cabe nadie más. Que los tiren al mar. De pronto se han convertido todos en expertos en recursos del país. Los mismos que se encogen de hombros ante el gasto indecente de la monarquía, de la iglesia, del rescate a la banca, del gobierno corrupto, deciden que seiscientos refugiados en un país de cuarenta y seis millones son muchos refugiados. Y que los tiren al mar. No sólo están convencidos de ello, nos quieren convencer también a los demás. Nos quieren convencer de que renunciemos a nuestra humanidad,  como han renunciado ellos.

Los pobres del mundo rico contra los pobres del mundo pobre, culpando a los pobres del mundo pobre de las desgracias del mundo rico. Qué rápido se renuncia en el primer mundo a valores inalienables como solidaridad, compasión, piedad.

Dicen que no somos un país rico como para acoger a gente pobre. Bien, entonces vamos a esperarnos a ser ricos para conducirnos con humanidad. Lo malo es que para entonces habrán muerto millones de personas por hambre, violencia, miseria y desesperación. Pero qué más da. Serán los muertos de otros, no nuestros muertos. No nos debe importar.

Dicen que aquellos que defendemos a los inmigrantes deberíamos meterlos en nuestra casa. Se agradece la sugerencia, pero ya lo había pensado y no tengo dudas: antes meto en mi casa diez inmigrantes que un racista.

Dicen que nos debe alarmar el efecto llamada que se producirá si acogemos a los refugiados. Debo insistir en el mismo argumento y tampoco tengo dudas: prefiero el efecto llamada antes que vivir en un país y entre unos conciudadanos que le vuelven la espalda al dolor ajeno. Prefiero vivir en un país atestado de refugiados, humano y solidario, antes que en uno limpio de inmigrantes, aséptico y racista.

Uno de los países donde el nazismo actuó con mayor ferocidad, apoyado por los grupos fascistas nacionales, fue en Rumanía. Cuenta Hannah Arendt en “Eichmann en Jerusalem” que en una ocasión cargaron un tren de hombres, mujeres y niños y lo hicieron circular sin agua ni comida con destino a ninguna parte, hasta que todos murieron. Imposible no establecer el paralelismo entre ese tren y el destino que le estaba reservado al barco “Aquarius”. Aquello ocurrió ante la indiferencia y la hostilidad del resto del país. Lo que está ocurriendo con los refugiados, en pleno siglo XXI, en nuestra avanzada Europa, como si la historia no nos hubiera enseñado nada en absoluto, también ocurre ante la indiferencia y la hostilidad de una parte de la ciudadanía y ante la dejación, cuando no la beligerancia, de muchos gobernantes europeos.

El mundo del futuro lo construimos entre todos. Si nos esforzamos por dividirnos (lo nuestro primero, ese no, que es de fuera, que es pobre, que es de  otra nacionalidad, otro color, otra raza, otra religión) pondremos la primera piedra para nuestra destrucción como humanidad. Por encima de toda esta cuestión levita un fascismo latente que es lo que más nos debería preocupar. Todos los argumentos expuestos por quienes se oponen a la llegada de refugiados y piden que se cierren puertos y se construyan muros, no son nuevos, es el catecismo fascista clásico, asumido de manera natural por una parte nada desdeñable de la población. No veo diferencia alguna en la posición hostil frente al refugiado y al inmigrante de tantos convecinos y la posición de quienes, en la Alemania nazi veían pasar trenes cargados de judíos y, en el mejor de los casos, se encogían de hombros.

Por mi parte, sólo puedo decir: Bienvenido, Aquarius.