domingo, 29 de abril de 2018

NO ES MANADA, ES JAURÍA


NO ES MANADA, ES JAURÍA

En diciembre pasado escribí este artículo para este mismo medio: http://lacronicadelpajarito.com/blog/ramonalopez/2017/12/unos-buenos-chicos sobre la violación en San Fermines. Y efectivamente, los jueces  han decidido que esta panda de criminales son unos buenos chicos con mala suerte a la hora de ligar. Releyendo el artículo, me parece increíble haber tenido que explicar la obviedad de que la responsabilidad de la agresión no es de la agredida, pero visto lo visto, está claro que toda explicación ha resultado insuficiente. 
El Colectivo +mujeres, del que formo parte, entrega cada año un premio y un anti premio a la persona o institución que más o que menos se haya destacado en la defensa de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Este año, qué cosas, el anti premio, un topo cegato necesitado de gafas violeta, fue para la cúpula Judicial española (el Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial) por el caso Pascual de Riquelme, en el que se discriminó claramente a la magistrada Pilar Alonso Saura, que aspiraba a la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Murcia, con méritos flagrantemente superiores a los de su compañero Pascual de Riquelme, que fue finalmente el receptor de este nombramiento. Y esta es la justicia que tenemos: se empieza por obstaculizar el acceso de las mujeres a la judicatura de forma torticera y se acaba dictando sentencias injustas que duelen en el corazón a millones de personas (impresionantes las manifestaciones de estos días). Si dudáis de lo que digo, no tenéis más que echar un vistazo a la foto de apertura del año judicial: es la fiesta de la testosterona.
Ha sido ésta una sentencia machista, tremendamente machista en la que los jueces, en vez de ponerse en el lugar de la agredida, se han puesto en el lugar de los agresores. Deben haber pensado: "hombre, si yo me encuentro a una tía borracha, también aprovecho la ocasión. A ver si es que me voy a tener que pasar veinte años en la cárcel por eso, si es lo que haría cualquiera. La culpa es de ellas, que van como van y pasa lo que pasa". Han emitido una sentencia atravesados de pleno por la cultura de la violación que nos rodea, presente en el porno, en la  publicidad, en la música, en las  conversaciones, esa cultura que dice que una mujer siempre está deseando ser violada. Una cultura que ve mayor responsabilidad en una mujer que anda sola y borracha por la calle que en los cinco hombres que la violan. Los jueces no son ajenos a esa cultura, como podemos observar por esta sentencia. 
A la vista de esta resolución judicial, yo tengo una pregunta, señores jueces: ¿En serio no hay agresión en que cinco hombres, cinco, que te saca cada uno diez años y veinte kilos, te penetren, vejen, humillen y roben, cuando estás sola, bebida y desorientada?  ¿No hay agresión, sólo abuso? Entre los agresores hay un guardia civil y un militar: ¿os imagináis al guardia civil frente a un caso de violencia de género?, ¿os imagináis al militar de misión humanitaria en Tahití, en Siria, rodeado de mujeres, niños y niñas en completo desamparo? 
Para dar otra vuelta de tuerca, uno de los jueces opina que ella estaba divirtiéndose.  Qué decir sobre esto salvo que no es una sentencia judicial, es una sentencia política, profundamente política que ahonda en la brecha patriarcal, que sigue considerando que la víctima de agresión, si es mujer,  tiene responsabilidad y que esa responsabilidad es un eximente para el agresor. 
No es manada, es jauría, jauría a la que con esta sentencia se han sumado también los jueces.

domingo, 22 de abril de 2018

NOS ATACAN LOS POBRES


NOS ATACAN LOS POBRES

He recibido por Whatsapp uno de esos mensajes que se hacen virales sin que nadie sepa bien de dónde han salido y que contiene este texto, que reproduzco tal cual: “Ante los preacuerdos de PP y PSOE para eliminar las Pagas Extraordinarias de los Jubilados, y hacernos, como siempre, los paganos de su incompetencia política PEDIMOS LA ELIMINACION DE LAS AYUDAS A INMIGRANTES SIN TRABAJO Y SIN PAPELES, que tanto dañan a nuestra economía”. No paro de ver mensajes en redes sociales sobre inmigrantes que cobran miles de euros por el simple hecho de bajarse de una patera y acercarse a un ayuntamiento y que luego pasan seis meses en su tierra y seis meses en España, como si fueran cantantes con residencia en Miami. En esa misma tónica, hace unos meses, el  delegado del Gobierno en Murcia, Francisco Bernabé, dijo a propósito de la llegada de pateras a Cartagena que era "un ataque coordinado contra nuestras fronteras y, por tanto, contra las fronteras de la Unión Europea". Por decirlo llanamente, nos advertía el delegado del gobierno de que estábamos siendo atacados por los pobres. Así es como se construye un paradigma en el cual el más desamparado de los seres humanos, el extranjero pobre, es despojado de su humanidad y convertido en una amenaza.

Sabemos que quienes vacían las arcas del estado no son los  inmigrantes. La masiva emigración a Francia y Alemania en los sesenta y setenta no solo no supuso la ruina de estos países sino que, muy al contrario, contribuyó a su progreso. Lo que de verdad arruina un país es la mala gestión y la corrupción de sus gobernantes, esos gobernantes a quienes tanto conviene este discurso xenófobo y que tanto lo alientan porque saben que desvía el foco de atención sobre los verdaderos responsables del expolio de la hucha de las pensiones y de todas las otras huchas.

Deberíamos saber que los inmigrantes retrasan el envejecimiento de la ya vieja Europa. Que son los inmigrantes los que se encargan de hacer los trabajos peor pagados: ellos son los que arrancan lechugas a un céntimo la pieza o destripan cerdos durante diez horas por 900 euros al mes. Si están dados de alta (no todos tienen esa suerte) contribuyen con su tributación a mantener la Seguridad Social, cosa que no hace ningún patriota español residente en Florida. El que piense que los inmigrantes aumentan las tasas delictivas debería saber que los índices de criminalidad de la población inmigrante están muy por debajo porcentualmente de los de la población española.

Antes de que comenzara el flujo de migración hacia España, nosotros pensábamos que los españoles no éramos racistas, porque los gitanos siempre han sido y siguen siendo invisibles. Tal era nuestra auto indulgencia que nos decíamos no racistas porque los negros en la tele no nos molestaban, nos gustaba Raíces, qué malos los esclavistas, cuánta injusticia en el Mississippi y qué guapo Sidney Poitier. Pero la verdad es mucho más compleja de lo que teníamos previsto y al compartir nuestro día a día con personas de otros países, vemos cómo nuestros convecinos, nuestros familiares, nuestros compañeros de trabajo, buenas personas en general, albergan una mezquindad y una falta de humanidad en el fondo de sus corazones que nos debería alertar y hacernos reflexionar. Es el miedo, el miedo al pobre, el miedo al extranjero, el miedo alentado por los males gobernantes, el que arma los fusiles de la xenofobia.

Hace un par de semanas salió en portada de El País, bien poco sospechoso de progresista ya, que son necesarios 5,5 millones de inmigrantes para mantener las pensiones en nuestro país. Entonces, ¿cómo es que se sigue alimentando políticamente esta xenofobia sangrante?
¿Cómo se puede soportar serenamente que el buque Open Arms, dedicado a socorrer a personas en circunstancias cercanas a la muerte, haya sido detenido y sus tripulantes procesados?

Señala Noah Chomsky que está sociedad se enfrenta a una de las mayores crisis de la Historia, una crisis moral de deshumanización. Las palabras de Bernabé y los mensajes en redes sociales como los que traigo aquí, son buenos ejemplos de ello.
Dejo aquí este poema de Gloria Fuertes, que no necesita ser glosado:
La gente dice:
«Pobres tiene que haber siempre»
y se quedan tan anchos
tan estrechos de miras,
tan vacíos de espíritu,
tan llenos de comodidad.


lunes, 26 de marzo de 2018

DEMASIADA DEMOCRACIA


DEMASIADA DEMOCRACIA

Cuando la corrupción se desvela como un sistema paralelo de poder que inutiliza el sistema nominal, la democracia está en peligro; cuando la corrupción, que amenaza con disolver el conjunto de valores que sostienen y dan sentido a nuestra convivencia en común, es explicada como casos individuales que impiden la lucha contra este tipo de criminalidad, la democracia está en peligro. Se evidencia una concepción patrimonial de las instituciones por parte de las élites de modo que la corrupción a todos los niveles está servida y esto no es democracia.

No es democracia cuando se pone en marcha la estafa a nuestros ancianos, quienes, después de trabajar y cotizar toda una vida, ven sus pensiones comprometidas. El gobierno procede a llevar a cabo este expolio saltándose todo un clamor popular. No es democracia cuando las decisiones gubernamentales están destinadas, no al sostenimiento del sistema, sino al lucro de una élite sociopolítica. No es democracia cuando se abandona a una parte de la población a su suerte; es otra cosa, aún innominada, pero no democracia.

Tampoco es democracia cuando el cincuenta por ciento de la población es discriminado por un sistema patriarcal que sigue permitiendo la brecha salarial, que sigue impidiendo el acceso de las mujeres al poder y que sigue dejando a nuestro cargo la tarea, mayoritariamente no retribuida, de los cuidados universales dejándonos así, y como siempre, relegadas al hogar.  Un enorme grito de basta ya se oyó el ocho de marzo. Para la derecha, por supuesto, no había nada que reivindicar. Nosotras nos preguntamos cómo va a existir la democracia sin igualdad real.

Para los partidos conservadores, la democracia no es un sistema, es una ideología que hay que ir desmontando porque no concuerda con el neoliberalismo, es más, está en las antípodas. El mensaje que emite la derecha española (C’s y Pp, por si aún hay algún despistado/a) es el de: nos sobra democracia, nos faltan leyes restrictivas, cárceles, muros que dividan ciudades, fronteras que dejen fuera a los pobres. Nos sobra democracia, como si ésta fuera el enemigo a combatir. Convencer de tamaño disparate a una ciudadanía hiper(des-)informada no resulta difícil. Veamos varios ejemplos recientes:

Los medios de comunicación emitiendo durante veinticuatro horas, siete días a la semana, el horror de un niño desaparecido y asesinado predisponen a la gente a pedir que se  endurezcan las penas de cárcel en un país que ya tiene la legislación más severa y el menor índice de criminalidad de Europa. Sin embargo, hipnotizados por la emisión sin descanso de la tragedia, el personal pide que se eliminen garantías y que se ponga en vigor la cadena perpetua (conocida también por su eufemismo “prisión permanente revisable”) porque lo que nos hace falta es mano dura.

En la misma línea (des-)informativa, recibo por Whatsapp, a través de grupos distintos, las fotos de una cárcel de reciente construcción, con todas las instalaciones que cabría esperar de un establecimiento penitenciario moderno y occidental. Estas fotos son acompañadas del mensaje de que a los asesinos los tratamos mejor que a nuestros viejos. Entonces, ¿qué clase de cárceles queremos?, ¿una ergástula romana, una mazmorra medieval, una prisión tailandesa? Por lo visto, el tipo de confinamiento deseable para vengarnos de las personas presas debe ser un agujero inmundo donde además se pudran hasta su muerte, o al menos eso es lo que se defiende con la petición de prisión permanente revisable. Eso es, amigos y amigas, que nos sobran derechos. Y de paso, también nos sobra humanidad.

El espectáculo lamentable que estamos viendo estos días de persecución y encarcelamiento de líderes políticos en Cataluña me abochorna, me preocupa y me deprime. Todas las leyes que no se han hecho valer para liberarnos de la corrupción que nos asola, se han puesto sin embargo a andar ipso facto para detener el Procès. Podré no estar de acuerdo con el independentismo, pero el Procès no es, ni de lejos, un golpe de estado como quieren hacernos creer de forma torticera. Vemos cómo la aplicación de la ley no es imparcial y sirve con todo descaro a intereses partidistas. La judicialización de un proceso político da lugar a todo tipo de arbitrariedades y a un recorte generalizado de libertades y sin embargo, una gran parte de la ciudadanía aplaude la intervención de un gobierno duro, un estado que, como Júpiter tonante, no negocia ni dialoga sino que castiga sin mesura porque, al parecer, nos sobran garantías.

Lo que está sucediendo no nos saldrá gratis. Convencerán a la ciudadanía de que disfrutamos de demasiadas  libertades, se ofrecerán a recortarlas y la gente dirá que sí. Y esto se hace porque ya está bien de tanta demanda, que andamos muy sueltecicos, tenemos demasiados derechos, demasiadas garantías, demasiada justicia; nos faltan cadenas, nos falta mano dura, nos sobra democracia.




lunes, 19 de marzo de 2018

TSUNAMI FEMINISTA


TSUNAMI FEMINISTA

El ocho de marzo de 2018 será recordado durante muchos años porque hemos tenido la suerte de vivir en nuestro país un día histórico, manifestaciones grandiosas en extensión, variedad y número de participantes, una jornada sin precedentes que ha dejado boquiabierto al mundo entero, un auténtico tsunami feminista. Habrá un antes y un después. El cambio ya ha comenzado.

Muchas cosas han pasado en pocos días y hemos podido constatar lo cortos que son ahora los tiempos políticos. Entre la negativa de Mariano Rajoy a hablar de la brecha salarial por considerarlo un tema menor carente de todo interés, despachado con un despectivo “no nos metamos en eso”, y el propio presidente luciendo lazo violeta y contradiciendo a Tejerina  y Cifuentes  en su “huelga  feminista” a la japonesa han pasado apenas seis semanas. Entre Albert Rivera negando la pertinencia de las reivindicaciones feministas porque ya hemos logrado la igualdad y él mismo queriendo liderar el feminismo han mediado apenas días. Días en los que hemos visto el adjetivo feminista pasar de ser sinónimo de feminazi a ser un tema central incluso en la agenda de los partidos conservadores. Habrá que ver luego cómo desarrollan esa agenda porque si el cinismo fuera helio estarían ya Rajoy y Rivera fuera de nuestra atmósfera; al parecer el ocho de marzo se bañaron en el Jordán feminista que supuso ese río de mujeres en las calles y amanecieron los dos feministas perdidos porque ambos, como Groucho Marx, tienen unos principios pero en viendo las calles tomadas por multitudes, los cambian rápidamente por otros. Lo que sí que es innegable es que el feminismo ha dejado de ser invisible y/o inconveniente para esos partidos y por tanto, para millones de personas y de eso debemos congratularnos. Y eso se ha conseguido por la presión de la calle mientras tertulianos convertidos de pronto en expertos en feminismos nos explicaban que no era necesario, que dónde íbamos, que estábamos locas.

Es de esperar que la respuesta en las calles de tantos y tantos miles de mujeres y hombres, jóvenes y mayores vaya dejando atrás esa absurda letanía del “yo no soy ni feminista ni machista” porque al personal empieza a quedarle claro que lo contrario al feminismo es la ignorancia. Es necesario recordar a aquellos y aquellas que deslegitimaron la huelga acusándola de ser una huelga “política” que por supuesto, claro que sí, porque el feminismo es político, cómo no lo va a ser, nosotras lo sabemos y lo decimos. El "ni feminismo ni machismo" también es política, sólo que quienes hablan así no lo reconocen, como si su postura fuera la equidistancia sensata y necesaria en sociedad. Como si diciendo, por ejemplo "yo no estoy ni a favor ni en contra de la esclavitud" no estuvieras ya adoptando una posición política muy definida. Lo que también es el feminismo es absolutamente transversal, algo que ya sabíamos pero que ha sido demostrado empíricamente merced a  la rápida conversión de Rajoy y Rivera.

Después de un tsunami hay mucho escombro, mucha broza, mucho desperdicio amontonado en las orillas de las carreteras y en las rejillas de los desagües. Todo eso que hemos leído últimamente desde Vargas Llosa hasta el último australopiteco ilustrado (un tipo que firma un artículo infame en el periódico La Opinión titulado “Querida niñata”) son los restos del tsunami feminista del pasado ocho de marzo. Es hora de acostumbrarnos. Time's Up. Ahora el feminismo marca la agenda.




jueves, 8 de marzo de 2018

LA MUJER INVISIBLE


LA MUJER INVISIBLE

El domingo vi en la tele la película “ Los 4 Fantásticos”. Tres hombres y una mujer. ¿Sabéis que súper poder tiene la mujer? Sí, exacto: es invisible. Además de la invisibilidad tiene otro súper poder: generar un campo de fuerza que proporciona protección y refugio. Es lo que tiene el subconsciente, que funciona en automático. Y lo que existe en el subconsciente colectivo con respecto a las mujeres lo han resumido bien aquí los guionistas de la película: somos proveedoras de cuidados y para todo lo demás, invisibles.

Digo esto medio en serio, medio en broma, pero que en un grupo con súper poderes el poder de la mujer  sea el de la invisibilidad parece resumir de forma involuntaria la historia de las artes, de la ciencia, de la cultura, de la conquista, donde la mujeres han sido o bien invisibles o bien invisibilizadas. Ha habido mujeres escritoras que no podían o no se atrevían a firmar con sus nombres y utilizaban pseudónimos masculinos para poder ser tomadas en serio. Fernán Caballero resultó ser Cecilia Böhl de Faber; las hermanas Brontë comenzaron presentando sus obras con pseudónimos masculinos; Georg Sand escondía detrás a una mujer cuyo nombre, Amantine Lucile Aurore Dupin, es desconocido para la gran mayoría. Mary Ann Evans, la gran autora de Midlemarch y el Molino de Floss, firmaba como Georg Eliot. Ha habido mujeres cuya autoría ha sido robada por sus compañeros, como le ocurrió a María Lejárraga, víctima de un expolio literario, cuyas obras teatrales eran firmadas por su marido. Ha habido mujeres que han sido fagocitadas por sus compañeros como hizo Auguste Rodin con la escultora Camille Claudel. Ha habido mujeres excluidas del poder sólo por ser mujeres, como ocurrió con Emilia Pardo Bazán, a quien, a pesar de su enorme aportación a la historia de la Literatura, jamás se le permitió formar parte de la RAE.

A lo largo de la historia se nos ha querido convencer de que el universo femenino era el mundo del hogar, de lo pequeño, de lo particular, de lo insignificante, de lo invisible. El mundo de los hombres sin embargo había de ser el de lo público, lo universal y lo trascendente. ¿Qué pasa cuando queremos dejar de ser invisibles? Que molestamos. Molestamos a la Academia de la Lengua, molestamos a la industria del cine, molestamos a los estamentos políticos. Nos volvemos ruidosas y descaradas y eso, se nos dice, es impropio de mujeres.

Se nos dice que hemos conseguido grandes logros, que ya somos iguales por ley, al menos en el mundo occidental, que ya no hay nada más que reinvindicar. Se nos dice que a qué viene tanto alboroto. Se nos dice que ya es suficiente.  Sí, es cierto, se han conseguido grandes logros y ha sido gracias al feminismo, los cambios no se produce en sociedad por generación espontánea. Ha habido muchas mujeres que han luchado para que nosotras podamos votar, estudiar, trabajar, viajar, ser libres e independientes. Pero no es suficiente. Si hay mujeres que mueren por el simple hecho de ser mujeres, no es suficiente. Si hay mujeres que, realizando el mismo trabajo, cobran menos que los hombres, no es suficiente. Si las mujeres no pueden promocionar en sus trabajos y chocan contra un techo de cristal porque el testigo de poder se pasa de un hombre a otro, no es suficiente. Si los cuidados y el trabajo doméstico siguen siendo tareas casi exclusivas de mujeres, no es suficiente. Si no estamos representadas en las artes, en las ciencias, en la empresa, en la política de modo igualitario es porque lo que se ha conseguido es mucho pero no suficiente.

Reclamamos nuestro espacio que no es ni el 3% ni el 7%  ni el 20%, es justamente el 50%, la mitad del espacio, nuestro lugar junto a nuestros compañeros. No queremos más. No queremos menos.




domingo, 25 de febrero de 2018

MACHISTAS Y MACHISTOS



MACHISTAS Y MACHISTOS

Nuestro idioma no es un cuadro renacentista conservado en  un  museo sobre  el que repintar sería un sacrilegio ni es  una escultura griega que no se puede retocar sin destruir parte de su significado.  El lenguaje no es un ente fósil, como nos quieren hacer creer ciertos académicos de la RAE, fósiles ellos mismos y que más que custodios del castellano se creen sus dueños. El idioma es lábil y cambiante y está al servicio de los hablantes y no al revés. El idioma se construye y se corrompe a diario porque es un elemento vivo. Las reglas del latín ya no cambian, el latín no es transformado ni retorcido por sus hablantes sencillamente porque está muerto.
Entonces, ¿Cuál es el problema, pues, cuando se cambian palabras como portavoz en portavoza? Si observamos las reacciones y a los reaccionarios, veremos como todo indica que el problema no es lingüístico. Aquellos que se creen dueños del idioma no han tenido nada que objetar a que modista (señora que cose "para fuera", como se decía antes) haya generado modisto (señor que diseña modelos para grandes firmas). Modisto es indefendible desde el punto de vista morfológico puesto que el sufijo –ista siempre es invariable; debería ser el modista, como el taxista, el pianista. O el machista. Pero, oye, nada que objetar y modisto está aceptado por la RAE desde 1.984. Tan ricamente. Tampoco generó ninguna polémica el uso del sustantivo asistenta, que solo se usa para designar a la mujer que realiza trabajos domésticos. De lo contrario decimos asistente (la asistente social o las asistentes al festejo, por ejemplo). También utilizamos dependienta sin que nadie se dé por ofendido. Son las palabras que designan puestos de poder las que suscitan polémica, por eso, la que se lió en su día con la utilización de la palabra presidenta fue épica. Parecía que nos cargábamos el idioma e íbamos a terminar hablando por señas. Del mismo modo, con jefa, médica o jueza,  el universo idioma iba a implosionar y a plegarse sobre sí mismo, o algo peor.
El problema, por tanto, no es semántico ni morfológico, el problema es político porque lo que realmente molesta es que se impugne el “masculino universal y femenino particular” para comenzar a introducir cambios que conduzcan a un uso del idioma un poquito más equilibrado porque sabemos que el lenguaje construye la realidad hasta el punto de que lo que no se nombra no existe. Y ahí es donde llegan los nervios, el rasgarse las vestiduras y cubrirse la cabeza de ceniza tanto por parte de los que se creen amos de la palabra como por otros que son capaces de decir “pienso de que necesito un champú a nivel de cabello seco” pero para los que portavoza es una afrenta al castellano.
Hay unos cuantos académicos, de cuyos nombres no me quiero acordar pero que están en nuestras cabezas por lo cansinos, que se han atrincherado tras sacos terreros repletos de machismo con sendas escopetas cargadas de invectivas para las mujeres que se salen de la norma, para las mujeres que no son "como las de antes", para las mujeres que no son como ellos dicen que deben ser las mujeres y muy en particular para las feministas que no son como ellos dicen que deben ser las feministas. Alguno de ellos ha dejado caer que hay feministas  buenas y feministas malas. ¿Y cuáles son las buenas? Pues las que no molestan, claro está. Estos individuos, con cada neologismo feminista, salen a la calle echando espumarajos por la boca, escopeta al hombro y bien pertrechados de rancia munición patriarcal a la caza de la mala feminista que se atreve a tocar con sus sucias manos feminazis el sacrosanto idioma, patrimonio de ellos. Así que, cuando veo a estos australopitecos ilustrados enrojecer de ira, me digo: sí, este es el camino, vamos bien. 


martes, 13 de febrero de 2018

SER UN PRINGADO Y VOTAR A LA DERECHA

SER UN PRINGADO Y VOTAR A LA DERECHA

Ser un pringado y votar a la derecha, todo un clásico. Cabe preguntarse por qué motivo se produce y reproduce una y otra vez este fenómeno. Creo que hay varias claves sobre las que debemos reflexionar. Una de esas claves radica en saber cómo se percibe a sí mismo el precariado, esa parte de la ciudadanía que ve recortados sus derechos laborales, sus derechos civiles y su futuro y que suele encontrarse más cerca del riesgo de exclusión que del ascenso en la escala social. Ese precariado no se percibe a sí mismo como un grupo oprimido por una plutocracia que medra en connivencia con los poderes políticos, si así fuera, darle la vuelta a esta situación sería más fácil. El pringado que vota a la derecha se percibe, en general, como perteneciente a una clase superior amenazada por colectivos más pobres que además, suelen proceder de otros países, con lo que la hostilidad hacia estos colectivos contribuye a reforzar su sentimiento identitario. Prueba de ello es que los partidos conservadores arrasan porque son los que falsamente garantizan esos derechos de los que se creen despojados. Este sería unos de los motivos de la llegada de Trump al poder, por ejemplo.

            Los partidos progresistas proponen a ese precariado, soluciones a problemas que ellos creen que no tienen porque no se identifican con el pobre, con el desposeído. No, qué va, nosotros pertenecemos a otra clase, no saltamos vallas, tenemos I-Pad y tele de plasma y hasta pagamos a una ecuatoriana que cuide del abuelo. Por eso, si desde posiciones de izquierda no leemos bien los síntomas, estaremos recetando laxante a gente que viene con tos. En unas elecciones no votamos tanto por partidos que defienden nuestros intereses sino por partidos que representan lo que queremos ser y/o lo que creemos ser, lo cual en una masa amplia de población suele ser cambiante. Aquel partido que consiga empatizar con los deseos, con el imaginario y con el ideal mayoritario, será el que triunfe. Y aquí viene la madre del cordero: esa auto imagen de la ciudadanía se construye a través de los mensajes que mandan la publicidad (sirva de ejemplo el slogan de La Primitiva: “no tenemos sueños baratos”) y los medios de comunicación. Unos y otros están haciendo campaña por partidos conservadores durante los 365 días del año, 366 si el año es bisiesto. El ideal de lo que queremos ser no se plantea en el vacío, está enraizado en lo que somos como colectivo, que es también una construcción y que es también cambiante. Cine de barrio está haciendo campaña por la derecha todo el tiempo: la España única, de fútbol y toros, de mujeres y vino, anclada en valores decimonónicos, una España profundamente cuñada, ese es el imaginario defendido por los partidos conservadores y con ese imaginario enlaza el ideal, porque lo que somos y lo que queremos ser está indisolublemente unido y ahí también las derechas barren. En ese ideal se evoluciona algo o más bien se cambia la forma pero no el fondo. Un partido meapilas como el Pp va perdiendo adeptos a favor de un partido como Cs cuyos votantes están más bien distraídos en temas de iglesia y religión pero que no consienten que se toquen sus expresiones (Semana Santa, cabalgata de Reyes Magos, misa en la 2…). Ese es el punto de inflexión donde el “lo que somos” enlaza con el “lo que queremos ser”. Resumiendo, queremos ser avanzados pero no tanto, modernos pero menos.

La prensa escrita en este momento se decanta sin empacho ninguno por partidos conservadores o al menos por todos aquellos que no cuestionan ni por un segundo el régimen del 78, con El País a la cabeza del pelotón pelota. Programas como Sálvame diario, En tu casa o en la mía, O.T., que pertenecen a los mismos grupos editoriales y de comunicación, también trabajan a cuenta de inventario sólo que su influencia política es menos evidente aunque no menos importante y sobre todo no menos decisiva ya que están dando a la audiencia una guía de cómo somos y cómo queremos ser.

            Los pobres, al contrario que los ricos, no votan al partido que defiende sus intereses sino al partido que creen que les representa como individuos y como colectivo. Rita Barberá y Camps dando vueltas por Valencia en un Fórmula 1 es algo que podría causar sonrojo por lo superfluo y manirroto, pero sin embargo les consiguió votos a espuertas, porque esa imagen alimentaba el imaginario de poder, de riqueza, incluso de arrogancia que mucha gente desea, aunque sea sólo como aspiración. También importa poco si roban o mienten puesto que una gran parte de la población sostiene que lo hacen todos, pero sí que importa que con sus ideas no se carguen el marco simbólico que habitamos. Y ese marco simbólico tiene mucho que ver con Cine de Barrio.

            Por tanto, a la hora de votar no cuentan tanto las condiciones materiales objetivas del votante como que el partido represente su ideal y que el marco de referencia no se altere, que nada cambie sustancialmente. El miedo al cambio es un troyano presente en todas las elecciones. No se vota con la razón, sino con la emoción y en ese nudo de emociones humanas, el voto de la izquierda suele ser el de la ilusión y el voto de la derecha el del miedo.  El problema es que mientras la ilusión es efímera, el miedo es duradero.