lunes, 1 de abril de 2019

MATERIAL DELEZNABLE


MATERIAL DELEZNABLE

El adjetivo “deleznable” aplicado a materiales significa: inconsistente, de poca duración o resistencia. Que se rompe, se disgrega o se deshace fácilmente.

El ser humano es puritito material deleznable.  Cualquiera que haya pasado por una experiencia de participación en un grupo político, a cualquier nivel (partido, club, peña, sociedad, asociación, colectivo, círculo, ateneo, cenáculo, junta, casino, federación, liga, alianza, cofradía, comunidad) es posible que piense, como pienso yo, que las personas en política suelen tener comportamientos deleznables. Es así. El que participando en política no haya vivido decepciones, que me escriba un privado, que colecciono unicornios.

No es algo exclusivo de la política, sucede en todos los grupos humanos: entre los amigos, en el trabajo, en la familia incluso. Nos decepcionamos unos a otros, nos traicionamos entre nosotros y a nuestras ideas, podemos ser lo mejor pero también, en muchas ocasiones, somos desleales, egocéntricos, despóticos, cobardes, egoístas, tiránicos, interesados. Somos deleznables, despreciables, inconsistentes. A la política, por supuesto, también llevamos este tipo de comportamientos. Cuando están en juego puestos de poder, estas conductas se intensifican. Esa es la razón por la cual el personal escupe por un colmillo de la política tan a menudo. No suele faltar motivo para esta decepción.

Como solemos tener, en general, un concepto bastante elevado de nosotros mismos como individuos, lo más fácil, una vez que conoces la política más o menos de cerca, es decir: no le voto a nadie, ningún partido me representa, me quedo en mi casa, no pienso ir a votar. A esta afirmación, dicha en voz alta, sigue una reflexión, nunca enunciada, del tipo: “ningún partido me representa porque nadie es tan trabajador, tan honesto, tan solidario y tan honrado como yo”.  Esta reflexión alcanza cotas de paroxismo entre los votantes de izquierda, mucho más politizados, en términos generales, que los votantes de derecha. Las envidias y las luchas internas entre familias o facciones nunca faltan, haciendo tristemente verdad aquello de: “cuerpo a tierra, que vienen los nuestros”. La indignación frente a los comportamientos de los correligionarios es infinitamente más profunda (por ser más dolorosa) que frente a los de los adversarios políticos. Esa indignación está justificada y es la que aleja al votante de izquierdas de las urnas. Pero esa misma indignación que (creemos que) nos eleva sobre los demás también puede ser una trampa de egocentrismo e inmadurez porque nos hace creernos mejores que el resto, nos hace enrocarnos en nuestro modo único de percibir la sociedad y nos impide ver el conjunto.

Los tigres no hacen política porque son animales que actúan en solitario. Pero los primates humanos somos seres gregarios, seres sociales que nos necesitamos los unos a los otros, por tanto, toda forma de relacionarnos entre nosotros es una expresión política. Es por ello que, a menos que tengamos decidido hacernos ermitaños o subirnos a una columna en el desierto como Simeón el Estilita, necesitamos la política para ordenarnos en sociedad.

El juego de la política no es opcional, de él no nos podemos salir, nos pongamos como nos pongamos. Podemos decidir estar más cerca o más lejos de la acción pero eso es todo, porque se van a seguir haciendo leyes que nos van a afectar, se van a seguir dictando reales decretos y firmando edictos, con o sin nuestra matización mediante el voto.

Como ya hemos comentado, las personas de izquierdas son las más dadas a quedarse en casa y castigar con su disidencia al partido que les ha decepcionado. Yo creo que ese es un comportamiento inmaduro pero sobre todo y por encima de todo, en este momento de avance salvaje de la derecha mundial, me parece un comportamiento irresponsable. Si al día siguiente de las elecciones vemos que Vox ha avanzado, que consigue escaños, que gobierna  en coalición con PP y C’s, quienes se hayan quedado en casa tan ufanos, mirándose el ombligo de la pureza ideológica, tendrán su parte de responsabilidad en el avance de los cavernícolas del trifachito.

Debemos parar a esa ultraderecha que ahora nos amenaza desde tres frentes porque, de lo contrario, lo que nos esperará al día siguiente de las elecciones será ultranacionalismo, autoritarismo, racismo, clasismo, negación del cambio climático,  afición desaforada a la bandera, devoción por las armas, liquidación de lo público, negación del cambio climático, defensa desacomplejada del machismo y mucho, mucho patrioterismo porque el patrioterismo es el refugio último de los canallas.

¿Tenemos unos partidos que dan pena? Puede ¿La política es decepcionante? Desde luego ¿Conocemos otra forma, no armada, de cambiar esto? Yo no, pero si se os ocurre alguna, os recuerdo que colecciono unicornios.




lunes, 18 de marzo de 2019

CASADO SIN BOZAL


CASADO SIN BOZAL
Leo por ahí que o Casado se ha olvidado la medicación o que se automedica. Ojalá, no es ninguna de las dos cosas. Lo que le ocurre a Casado (y ojalá fuera a él solo) es que carece de humanidad y lo que dice es lo que piensa, o como se llame ese proceso que tiene lugar en su cabeza. Luego lo sueltan sin bozal, le ponen un micrófono delante y pasa lo que pasa. En fin…
Repito, no es sólo Casado, lo que le ocurre a este individuo es que no tiene filtro y suelta en público lo que está en el hardcore de un partido neoliberal que considera que los inmigrantes no son completamente humanos. Un partido que propugna el extractivismo puro en todo ámbito: utilizar y desechar, ya sea recursos, esquilmando un planeta al límite de sus posibilidades, ya sea a seres humanos, extrayendo de ellos lo único que tienen de utilizable. Lo que propone Casado es puritito chantaje, chantaje inhumano a propuesta de instituciones estatales: si quieres vivir en el país unos meses más, danos a tu hijo, que es lo único que tienes para negociar, lo único que vale la pena. La experiencia del robo de bebés a lo largo del franquismo debe servir para algo, no permitamos que ser pierda un valioso know-how; y en este caso no sería un robo, sería un trato. Un trato despiadadamente desigual eso sí, pero oye, si no le ponemos adjetivos puede colar, que un trato es un trato.
No nos debería sorprender tanto porque, para aquellos que sólo creen en los privilegios, esto es simplemente una vuelta de tuerca más: la educación para quien pueda pagarla, la sanidad para quien pueda pagarla y ahora también, la maternidad para quien pueda permitírsela. Si eres inmigrante y mujer (vulnerable entre los vulnerables), no puedes pretender quedarte entre los privilegiados sin más, esto paga un peaje: entréganos a tu criatura para que te permitamos seguir fregando suelos en nuestro país durante otros cuantos meses.
Esta propuesta es algo más bestia que los vientres de alquiler, pero basada en el mismo principio: extraemos de mujeres pobres lo único que tienen para negociar y que nos interesa: su capacidad reproductora. El que, en el caso de los vientres de alquiler, intervenga el material genético del pagador no hace que el hecho en sí sea menos envilecedor para quien paga y menos deshumanizador para quien presta su útero.
Creemos que estamos siendo más modernos y más transgresores que nadie, cuando en realidad todo lo que se propone es tan antiguo como nuestra civilización occidental. En Mesopotamia cuando una mujer era estéril, el marido podía dejar embarazada a la esclava de ella, la cual daría a luz sobre las rodillas del ama, que inmediatamente se apropiaría del hijo nacido. Incluso aparece en la Biblia: Raquel y Jacob fueron padres gracias a la esclava de Raquel, Bilha, que dio a luz a los gemelos Dan y Neftalí. O sea, que lo moderno son las formas (hormonación, inseminación artificial, fecundación in vitro o entrega del hijo a cambio de unos meses de estancia en la tierra prometida) pero las intenciones y su resultado no han cambiado desde hace cinco mil años. Así de modernos somos.


domingo, 3 de marzo de 2019

ESCÁPATE, VA A ESTALLAR EL #HOBÚS


ESCÁPATE, VA A ESTALLAR EL #HOBÚS

Este era el estribillo de la canción más famosa del grupo Obús, cuyo cantante, Fortu, vemos ahora ganarse la vida en un reality ventilando intimidades junto al hijo de la Pantoja y otros intelectuales de la talla. 

Imagino que el creativo nombre de Hobús es el acrónimo de autobús homófobo.
Este obús nazi intenta volar por los aires unas leyes, las de violencia de género, tan imprescindibles como consensuadas y puede hacer un daño horroroso con su metralla infame de machismo mezclado con fake news. Solo que de este 
#Hobús no debemos escapar sino plantarle cara con todos los medios a nuestro alcance, de lo contrario dejará el escenario social hecho un solar. Eso es lo que pretenden, que la escena política sea una zona de guerra, un campo de minas y que los frentes abiertos se multipliquen. Mientras nos afanamos por denunciar las violencias machistas, que acaban con la vida de tantas mujeres, ellos las niegan. Mientras luchamos por una sociedad más justa e igualitaria, estos energúmenos ponen todo su capital y su energía en desacreditarla. Nos dan trabajito, sí, pero, también es verdad que cada vez somos más y todo lo que ellos vayan emborronando, lo iremos aclarando nosotras de nuevo. No hemos llegado aquí, después de tanta lucha para permitir que nos manden a fregar, otra vez.

Para mí, lo más molesto es que nos arrastran a un debate más que superado, negando una violencia que el feminismo ha conseguido hacer visible: la violencia de género existe y es tristemente cuantificable.

Para abundar en el lío, estos australopitecos, nostálgicos del nazismo, adornan su autobús con la imagen de un Hitler con los labios pintados. Genera un poquito de confusión porque ahora los ultras no tienen claro si deben estar a favor o en contra de las feminazis.

Hace poco Vox ha pedido al Parlamento andaluz los nombres de funcionarios que evalúan casos de violencia de género, ¿A qué me suena? Déjame que piense… Ah, sí, Hitler en el 33, recién llegado al poder, pidió hacer listas de funcionarios ideologizados, para depurar a los trabajadores estatales. Esto empieza a oler a República de Weimar. Están jugando, ellos sí, a cosas nazis (y qué curioso que acusen de nazis a las feministas, una esquizofrenia como para hacérselo mirar) y tanto C’s como PP les ríen las gracias sin tener en cuenta lo peligroso que es este juego.

Todo parece indicar que el franquismo sigue vivito y coleando y se pasea en autobús. Ahí lo tenemos, sacando pecho como un mandril enfurecido. No es de extrañar, es la reacción de la bestia machista ante el avance imparable del feminismo. Pues nada, nos tendremos que poner las pilas a tope este ocho de marzo porque somos muchas más y mucho más listas.


viernes, 28 de diciembre de 2018

AVISA CUANDO LLEGUES


AVISA CUANDO LLEGUES

No salgas sola a correr
A ver qué ropa llevas
Cuidado con la hora a la que sales
Ve sólo por lugares iluminados
No te alejes demasiado de casa
Llama si ves algo raro
Mete en la memoria del móvil el número de la policía
Y avisa cuando llegues.
Ten siempre miedo, no te despegues del miedo, el miedo te salvará la vida.

El cruel asesinato de Laura Luelmo nos ha metido otra vez el miedo en el cuerpo a todas. Laura ha sido secuestrada, violada y asesinada. Imagino que los jueces de La Manada estarán satisfechos en este caso con el nivel de resistencia de Laura frente a la violación, pero como la responsabilidad de la agresión siempre es nuestra, aún hay quien dice que a quién se le ocurre salir a correr sola por el bosque. A quién se le ocurre hacer uso de una libertad que no le corresponde, que no nos corresponde a ninguna de las mujeres. Lo de salir a hacer deporte solos, es cosa de hombres, como tantas otras cosas.

La violencia patriarcal tiene una función: limitar la libertad de todas las mujeres y produce periódicamente este tipo de muestras de violencia extrema para que no olvidemos que somos débiles, que somos vulnerables, que no somos independientes. Y sobre todo y por encima de todo, que no somos iguales.

El mensaje que recibimos las mujeres es el de que debemos tener cada vez más miedo aunque no debe ser cierto que el miedo nos salve la vida cuando no se corta el goteo de mujeres violadas o asesinadas o ambas cosas a la vez. Debemos empezar a sospechar que la cosa no depende de nuestro nivel de miedo, si no del nivel de acoso y violencia a que se nos somete. A lo mejor no es que nosotras no sepamos guardarnos lo suficiente, a lo mejor el foco hay que ponerlo en el acoso callejero, en la banalización de la violencia, en la cultura de la violación, en las prerrogativas masculinas que facultan a los hombres a considerarnos de su propiedad, en la erotización del acoso, en la normalidad de la intimidación, en el aumento de demanda de prostitución donde se desarrolla la masculinidad patriarcal basada en abuso, dominio e indiferencia emocional, en la falta de educación en igualdad. A lo mejor la clave está en el patriarcado que nos mata y no en que nosotras queramos ser libres y tener menos miedo. Cuando se nos pide que tengamos miedo se nos está diciendo también que somos nosotras las responsables de nuestra seguridad, o lo que es lo mismo: somos las responsables de nuestra inseguridad. De lo que hagamos o dejemos de hacer dependerá nuestra integridad o física.

Nunca se recomienda a un hombre que no salga solo a hacer deporte. No se nos puede pedir que renunciemos a nuestra libertad porque ése justamente es el objetivo de las agresiones. En lugar de educarnos a nosotras en el miedo, se debería educar a todos los hombres en la igualdad, en el respeto y en la empatía porque para que se produzca una violación solo hace falta que haya un violador y para que se produzca un asesinato, que haya un asesino. No olvidemos que cada vez que se nos responsabiliza a las mujeres por ser agredidas, se descarga de responsabilidad a violadores y asesinos.

No queremos tener más miedo porque en el momento que tenemos miedo, dejamos de ser autónomas y dependemos de otras personas, sobre todo de hombres. Para que la violencia machista acabe, nosotras debemos ser más iguales y más libres y el miedo nos hace renunciar a nuestra libertad. Quiero recordar aquí, para finalizar, uno de los twits de la propia Laura Luelmo: "Te enseñan a no ir sola por sitios oscuros en vez de enseñar a los monstruos a no serlo, ESE es el problema”.










miércoles, 12 de diciembre de 2018

VIENTRES DE ALQUILER: DERECHO Y DESEO


VIENTRES DE ALQUILER: DERECHO Y DESEO

La defensa de la “maternidad subrogada” se basa en varios argumentos que analizaremos a continuación: el derecho a la procreación, lo amados que serán esos niños tan deseados, el altruismo y la libertad de las mujeres.

El primer argumento es directamente una falsedad interesada: la procreación no es un derecho ni lo ha sido nunca. Y sin embargo, este anhelo que se quiere hacer pasar por derecho, conculca, en la mayoría de los casos, muchos otros derechos fundamentales: el derecho a filiación, el derecho a conocer el origen, el derecho de las mujeres al propio cuerpo y el derecho natural del bebé a estar con la madre “piel con piel”  nada más nacer (https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2018/11/29/heridas-vientres-alquiler/976356.html)  Se quiere hacer pasar por derecho todo aquello que el dinero puede pagar y comprobamos que se está tratando un tema tan trascendental como lo es la gestación de un ser humano, con una enorme frivolidad, a la que contribuye el hecho de que un número cada vez mayor de famosos y personas del mundo del espectáculo acudan a la subrogación. Esta práctica tiene numerosas  implicaciones éticas, médicas y jurídicas que, sencillamente, se están pasando por alto porque el foco mediático está puesto sobre los llamados “padres de intención”.

El segundo ni siquiera se puede considerar un argumento. Que los niños van a ser muy amados. Pues sólo faltaba que no lo fueran.  La ternura inmediata hacia los cachorros de la especie es un sentimiento inherente, no ya a  todos los humanos sino a todos los mamíferos. No es posible que se dé rango de argumento para cambiar el paradigma social a un instinto que compartimos con una gata.

Si tenemos que creer a las agencias y a los defensores de esta práctica, hay mujeres haciendo cola para gestar altruistamente los bebés de desconocidos. Es sencillamente una falacia utilizada como pantalla para ocultar el hecho de que lo que se pretende es abrir el camino hacia la pertinencia de un mercado de mujeres pobres gestando para personas con poder económico. Que alguien nos explique dónde está el altruismo de una feria mercantil, como la Surrofair, donde hay, como en toda feria, proveedores y compradores de servicios. Si todo es tan altruista, por qué está mediatizado por  agencias que se quedan con la parte del león en lo que se refiere al tema económico. Cómo se le puede  llamar altruismo cuando se firman contratos que blindan literalmente a los pagadores del servicio. Nos gustaría saber por qué, si es todo súper altruista, esa mujer tan generosa que ha aceptado gestar un hijo para otros, no puede arrepentirse en el último momento y decidir quedarse con el bebé.  La respuesta es fácil: porque, al tratarse de un negocio,  la parte económica, la que aporta los fondos, está por encima de la humana, la que aporta el material físico y psicológico. Por mucho que nos esforcemos, no conseguimos encontrar ese altruismo merced al cual se quiere legalizar lo que en realidad es una actividad económica que mueve miles de millones de euros al año en todo el mundo.
Se habla también de la libertad de la mujer para decidir, se invoca a la autonomía de las mujeres para inmediatamente suspenderla, al quedar las “gestantes” supeditadas a los deseos de la agencia y de los “comitentes”. Es tan paradójico como si alguien aceptara firmar un contrato para ser esclavo. Ellas (todo su cuerpo, no sólo su vientre) quedarán a merced de los “padres de intención” y de las agencias durante casi un año, desde que  se someten a los procesos de fecundación hasta que se produce el parto. Los “surropapis” tienen todo tipo de caprichos, recogidos en contratos kafkianos: hay quienes deciden que la “subrogada” se convierta en vegana o no tenga relaciones sexuales o no se tiña el pelo. Asimismo, son los pagadores quienes deciden si la mujer debe abortar, sin que ella tenga opción de opinar al respecto.  Hay un contrato del estado de California en EEUU en el que los “comitentes” se reservan el derecho de, si la madre fallece durante el parto, mantener las constantes vitales a criterio propio para que el alumbramiento prospere, sin que la familia de ella tenga nada que opinar. El dinero les da el poder de mandar sobre la vida y sobre la muerte. Se da también la circunstancia de que no es posible el desistimiento contractual de la “portadora gestacional”, esto es, ella no tendrá nunca la opción de echarse atrás y decidir quedarse con el bebé en el último momento. Sólo hay un contrato que esté a la altura de éste: el contrato en el que se le vende el alma al diablo, y visto lo visto, saldría más a cuenta.

Cuando se intenta cambiar un paradigma social, el primer arma que se utiliza es el lenguaje y éste es adaptado y retorcido para que normalice ese nuevo paradigma. Los entrecomillados de este artículo son ejemplos de esta especie de neolengua que trata de ocultar la verdad de los vientres de alquiler. Pagar por un ser humano está prohibido en todos los países, por lo tanto, en lo que se refiere a la aportación económica (en las webs de algunas agencias hay un link calculadora para que los clientes puedan saber cuánto les va a costar el proceso) no se puede hablar de remuneración.  Pero como es inevitable hablar del vil metal porque aquí lo que hay es dinero a cambio de un servicio, le quitamos la etiqueta de “remuneración”, le ponemos la de “compensación” y voilà, ya es legal. Magia.

Si se señala que las parejas que no pueden gestar siempre podrían optar por la adopción, en lugar de someter a las mujeres a un proceso deshumanizado, las razones que se dan para rechazar esta  opción son también un signo de nuestra sociedad de lo inmediato: es que las esperas son muy largas, los procesos muy lentos y engorrosos; tenemos dinero y tenemos prisa, queremos un bebé a la carta y con nuestros genes. Aunque se convierta nuestra sociedad en “El cuento de la criada”.



lunes, 12 de noviembre de 2018

EL ÚLTIMO MESSIAS


EL ÚLTIMO MESSIAS

Jair Messias Bolsonaro  ha llegado al poder. Seguramente es verdad que no hay mal que cien años dure, pero qué daño hará mientras tanto. De momento una de las diputadas del PSL, la catarinense Ana Caroline Campagnolo y el propio Bolsonaro piden a los alumnos universitarios  que graben a los profesores durante las clases para denunciar ideas subversivas. La libertad de cátedra en estado de sitio, la censura se apodera de las aulas de la mano del fascismo. El creacionismo entra en el currículum educativo al mismo nivel y compitiendo con la Teoría de la Evolución. Pasos de gigante hacia las cavernas.

La justicia no ha tardado nada en convertirse en un instrumento político, como cabe a cualquier partido fascista: el juez Sergio Moro, que inhabilitó a Lula da Silva (favorito de largo en todas las encuestas) para presentarse a las elecciones, ha sido designado ministro de justicia con Bolsonaro. Como en la mafia, los favores se pagan.

En el país más grande de América cincuenta millones de personas apoyan un proyecto fascista, uno de cuyos objetivos es acabar con la ya maltrecha selva amazónica, convirtiendo la tierra en mercancía  y condenando a las comunidades indígenas al destierro, la pobreza y la muerte. Sabemos que este tipo de decisiones pone al planeta en peligro y que  es un paso más hacia la debacle ecológica. Bolsonaro, para quien las reservas amazónicas están sobredimensionadas (como si las palabras reserva y sobredimensionada no fueran prácticamente un oxímoron) no es probablemente más que un peón, como mucho un alfil, de un sistema depredador cuyo principal empeño es comercializar la macro reserva ecológica del planeta, poniendo lo que es de todos en manos de agrodelicuentes. El enorme capital invertido en redes sociales en la más que sospechosa campaña en favor de Bolsonaro y el Partido Social Liberal tendrá que recuperarse y los inversores ya deben estar haciendo cola a la puerta del palacio presidencial.
Si la Amazonía cae, todo lo demás irá cayendo como un castillo de naipes, como piezas de dominó alineadas. Ojalá la democracia, ese sistema imperfecto y que sin embargo es el mejor de los sistemas que conocemos, esa democracia  que haciendo honor a su nombre y a su esencia permite gobernar incluso a aquel que pretende aniquilarla, ojalá la democracia, digo, resista y sea capaz de hacerse más fuerte.

Borges escribió un artículo para Clarín con motivo de la llegada de la democracia a Argentina, un artículo que ahora podemos tristemente leer en sentido contrario (https://www.clarin.com/sociedad/vuelta-democracia-texto-jorge-luis-borges-escribio-clarin-1983_0_cvt720K4S.html). En él, el escritor se congratulaba de que ya  "no estaremos a la merced de una bruma de generales", sin embargo en Brasil, Bolsonaro ha llegado a decir que el país está en guerra y que usará al ejército para patrullar las calles. En este texto, Borges escribía lo siguiente sobre aquella jornada histórica: "nos enfrentaba un caos que, aquel día, decidió ser un cosmos. Lo que fue una agonía puede ser una resurrección. La clara luz de la vigilia nos encandila un poco". Hoy en Brasil, el cosmos educativo vuelve a ser caos, la Amazonía agoniza un poco más y la luz de la razón se aleja.



lunes, 15 de octubre de 2018

EL MUNDO DE AYER


EL MUNDO DE AYER

Estoy leyendo “El mundo de ayer” de Stefan Zweig y compruebo con qué emoción el autor da cuenta de una Europa hermosa, humanizada gracias a la cultura y al arte y cómo sobre todo el relato, ya desde el título, sobrevuela la amenaza de lo que luego se cerniría sobre ese mundo bellísimo, floreciente, culto, diverso, humano en fin, en la conmovedora forma en que la civilización a veces nos humaniza, tanto como otras veces llega a deshumanizarnos. Imposible no pensar, imposible no establecer el paralelismo entre aquel fascismo imparable de entreguerras y el fascismo que hoy nos amenaza: en los dos mayores países del continente americano, EEUU y Brasil, respectivamente Trump y Bolsonaro. En Europa, Salvini, Le Pen, Orban, Abascal. En Turquía, Erdogan.
Cuesta creerlo, pero ¿es posible que sea verdad que el ser humano no ha aprendido nada en absoluto de su historia y que ante una crisis se lance sin dudar un segundo en pos del fascismo más destructivo?
No consigo reponerme a la inquietud que me produce la constatación de que, en nuestra sociedad híper comunicada, saturada de información, repitamos sin descanso, una y otra vez, los mismos errores, acudamos en masa a poner nuestro mundo, el mundo de hoy, el mundo de mañana, en las manos de dictadores enloquecidos.
Me pregunto cuál es el motivo que lleva a cuarenta y nueve millones de brasileños a votar por un militar para quien la tortura es tan cotidiana que le parece poca cosa, para quien la violación es lo mínimo que merece una mujer desafiante; que cree que la solución del país pasa por matar a treinta mil personas; alguien que propugna un blanqueamiento de la raza porque los negros no valen ni para procrear; un militar que dice que la policía debería matar más, que siente veneración por dictadores como Pinochet, que aboga por la libre tenencia de armas y para quien la democracia no merece más que un tiro en la nuca. Qué furia, qué rabia, qué ignorancia supina hace que se vote en masa por un sujeto que avergüenza al género humano. Qué culpa, qué complejo, qué vergüenza quiere expiar un pueblo que parece estar pidiendo un castigo ejemplar cuando elige a un dirigente así.
Este sujeto lamentable que es Jair Bolsonaro no parece preocupar a las élites económicas para las que el fascismo no es obstáculo, más bien al contrario, suele ser un buen compañero de viaje del poder económico hasta que, como sucedió con Hitler, se sale de madre y se hipertrofia como un cáncer con metástasis.
Como contrapunto, para Stefan Zweig, un cosmopolita que viajó desde joven por todo el mundo, el amor por la cultura y la compasión por el ser humano caminan juntos y son casi una misma cosa. Judío por educación, no por convicción, reacio a todo nacionalismo y antibelicista convencido, estuvo en el punto de mira del Tercer Reich. Dejo escrito: “Paris, Inglaterra, Italia, España, Bélgica, Holanda: esa vida errante de gitano y presidida por la curiosidad había sido agradable de por sí y, en muchos aspectos, provechosa. Pero, a la postre uno necesita un punto estable de donde partir y a donde volver; nunca lo he sabido tan bien como hoy, cuando ya no deambulo por el mundo por propia voluntad sino porque me persiguen”.
Cómo no recordar que Stefan Zweig puso fin a su vida, junto con su esposa,  a la edad de sesenta y un años, poco antes del final de la II Guerra Mundial, convencido ya definitivamente de la falta de esperanza en un mundo futuro, convencido de que la única certeza en su vida era el mundo de ayer, aniquilado por el nazismo. Imposible no recordar hoy que Stefan Zweig se suicidó en Brasil.