miércoles, 13 de diciembre de 2017

UNOS BUENOS CHICOS

UNOS BUENOS CHICOS

La falacia de que el deseo de los hombres es irrefrenable se usa siempre como atenuante en los casos de agresión sexual. Así son los hombres, nos dice la sociedad. Así son los hombres, unos animales que andan en manada y carecen de control sobre sus impulsos. El patriarcado que machaca a las mujeres y hace de los hombres los reyes del universo también reserva un regalo envenenado para ellos, como vemos. El abogado defensor de tres de los componentes de La Manada ha dicho que ellos no son violadores, son chicos normales, jóvenes y guapos, unos buenos chicos. Como si sólo violaran los feos, los deformes, los viejos, los aislados, los locos, los lumpen. Qué van a hacer los pobres si tienen que, imperativamente, satisfacer sus necesidades. Entonces, estos chicos jóvenes, guapos, atléticos, pertenecientes a una extracción social funcional y adaptada, ¿Qué problema tienen? Ninguno. Como hemos visto, a la hora de violar se han mostrado previsores, organizados y cooperativos. Son representantes bien entrenados de una cultura que designa a las mujeres como seres inferiores, como objetos, como sexo débil. Porque la violación no es la satisfacción de un deseo, es la expresión brutal de la superioridad de los hombres sobre las mujeres. Si lo que querían era echar un polvo, cualquiera de ellos hubiera podido ligar sin dificultad, pero no era eso lo que perseguían, su objetivo era vejar y humillar a una mujer de la forma más extrema, como expresión máxima de lo que ellos entienden por hombría. El hecho de hacerlo en grupo no hace más que reforzar este impulso, elevándolo a categoría social normalizada, como demuestra el populoso grupo de WhatsApp donde compartían sus experiencias. Tenían montado una especie de mini industria privada de la violación. Hará bien la fiscalía en investigar ese grupo porque hay cinco individuos entre rejas pero otros quince que participaron en ese WhatsApp (y quizás en otras violaciones), andan sueltos.

Sabían lo que hacían y sabían que dañaban (cito uno de los mensajes: «Hay que buscar el cloroformo, los reinoles, las cuerdas... que después queremos violar todos») pero no les importó porque la cultura de la violación les premia y/o les perdona. La culpa es de ella por estar allí, por andar sola, por ser libre. La culpa es de ella por ser mujer. Esta violación tiene muchos culpables, pero desde luego ninguno es la violada. La responsabilidad es toda de La Manada y de la cultura de la violación que nos rodea y que ha sido capaz de sostener el discurso de que la violación había sido buscada por ella. Afortunadamente se han alzado voces  en contra, con el hashtag #yositecreo. Pues claro que te creo, cómo no te voy a creer. Te creo porque la culpa de tu violación la tiene cualquiera menos tú. La responsabilidad es de esa cultura que te expone, que te cuestiona, que ha puesto un detective a vigilarte (¡a ti, que eres la víctima!), que ha llegado al extremo de posibilitar que un juez admita en un primer momento ese nuevo acoso como prueba válida. Esa cultura reflejada en la canción de Sabina “El pirata cojo” en la que dice “voy a ser violador en tus sueños”; reflejada en el anuncio de Dolce y Gabanna donde vemos a una mujer semidesnuda tirada en el suelo mientras es  rodeada por cinco hombres; reflejada en los chistes groseros de monjas haciendo cola para ser violadas; reflejada en el imaginario del porno actual consumido a edades cada vez más tempranas. Las mujeres estamos deseando ser violadas, dice ese relato. Los violadores, por tanto, quedan exonerados de toda culpa.

A pesar de la abrumadora evidencia de que las denuncias falsas suponen menos de un 0,01% del total, cuando una mujer denuncia una agresión siempre es susceptible de estar mintiendo, siempre será considerada culpable mientras no se demuestre lo contrario. Esa sospecha recae sobre las mujeres por atreverse a hacer uso de su libertad mientras son consideradas fundamentalmente un objeto (y no un sujeto) de deseo para los hombres. La cultura de la violación dice también que cuando una mujer ha sido violada sin obtener placer de ello, debe hundirse y renunciar a la vida pública, debe permanecer en su casa dedicada al llanto  y la depresión, en cuyo caso el cometido de la agresión se ve satisfecho: generar miedo para despojar a las mujeres de su libertad. Si ella hace vida normal es que la cosa no ha sido para tanto, dice ese relato. A cualquier víctima, ya sea de robo, de violencia, de accidente se le pide que siga con su vida, que no se deje intimidar. A la víctima de violación se le exige lo contrario para ser creída: que sucumba a la depresión y renuncie a su libertad. Ojalá  cualquier víctima de agresión sexual quiera seguir saliendo a la calle, divirtiéndose, estudiando, emborrachándose, trabajando, ligando, paseando, trasnochando, haciendo cualquier cosa que hiciera antes en su vida. Ojalá ninguna mujer renuncie nunca a su libertad.


sábado, 25 de noviembre de 2017

MANDANGA NEONAZI

MANDANGA NEONAZI

Hace tres semanas escribí un artículo titulado “Fascismo cotidiano” (http://lacronicadelpajarito.com/blog/ramonalopez/2017/10/fascismo-cotidiano). Me llovieron los comentarios como nunca hasta ahora. Muchos de apoyo; la mayoría, es verdad. Pero un buen puñado también menos agradables. Alguien, no encontrando qué decirme, me dijo simplemente "fascista tú", por ahorrar tiempo. Iría con prisa, supongo. Pero hubo un comentario que me sorprendió y que no había comprendido hasta ahora: me aconsejaba no ponerme quisquillosa porque un poquito de fascismo no hace daño, siempre que no moleste. Sí, yo también puse esa cara que estás poniendo tú ahora. Como decía,  no lo he comprendido hasta esta semana, cuando he visto la respuesta que han dado todos los sindicatos policiales excepto CCOO frente a los insultos a Carmena y las expresiones de admiración a Hitler en un grupo de Whatsapp de la policía de Madrid.  Deben pensar, como esa persona que me glosó, que un poquito de fascismo, psss, no es para tanto, ¿a quién hace daño? A nadie que importe, ¿a qué persona bien le importan los inmigrantes, buenos sólo para alimentar peces en el Estrecho? Así que, si los chavales camelan pegarle a la mandanga neonazi, pues déjalos, aunque esos chavales que amenazan de muerte a políticos, periodistas e inmigrantes (el trío favorito de esta peña) sean los encargados al mismo tiempo de su protección y la nuestra.

La ley Mordaza con esto no se mete, no les debe parecer tan serio como los chistes sobre franquistas muertos, igual que tampoco le parecieron  graves las manifestaciones de ultras exhibiendo la bandera pre-constitucional y saludando brazo en alto mientras pedían para Artur Mas la cámara de gas y para Puigdemont el paredón, porque, al parecer, si rima no es delito de odio; es, ya sabéis, una alegre serenata como la que ofrecieron a Mónica Oltrà sin que la cosa haya tenido mayores consecuencias. Esta semana ha sido detenido un tuitero por tuits celebrando la muerte de Maza. No seré yo quien defienda tales comentarios, desde luego, pero no debemos olvidar que los tuiteros no portan armas ni son los encargados de detener a los malos.

La asimetría es tan flagrante que aturde sobre todo teniendo en cuenta que estos profesionales deben estar al servicio de todas las personas, independientemente de las filias políticas de cada cual. Perdida la imparcialidad, ¿qué harían estos policías si los llamaran porque en el desfile del orgullo gay, por ejemplo, un grupo de ultras está repartiendo estopa? Supongo que los invitarían a copas, al fin y al cabo son colegas. Y no quiero ni imaginar el supuesto de que un senegalés fuera a la comisaría a denunciar un robo o una agresión y le atendiera uno de estos. Se le queda a una el cuerpo un poquito así, regulero, de pensar que estos sujetos que proponen “salir de cacería” son los mismos que tienen que velar por nuestra integridad.

Los  sindicatos policiales, que hubieran debido pedir ellos mismos que se expedientara a estos individuos sin dilación,  consideran más grave el hecho de que esos mensajes hayan salido a la luz que el propio contenido de los mensajes. Para colmo, la persona que tuvo la valentía de denunciar estos whatsapps tiene que estar de baja y con escolta porque las amenazas que está recibiendo son de quitarle a uno el sueño de por vida. Me preocupa la presencia de descerebrados entre los miembros de la policía, cómo no, pero me preocupa aún más el inexplicable e inadmisible apoyo corporativo que están teniendo porque si estos profesionales son los encargados de protegernos, ¿Quién nos protegerá de ellos?




viernes, 17 de noviembre de 2017

SITCOM

SITCOM

No había visto yo la película "Ocho apellidos catalanes". La vi el domingo. Para quien no la haya visto puedo decir que es una sitcom flojucha donde lo único notable para mí es la actuación de Karra Elejalde, por quien siento debilidad. Ni siquiera es original: es un mal plagio de “Good bye Lenin!”, con un nieto que monta un tinglado para que la yaya viva la llegada de una República catalana. La cosa es que la vi y no daba crédito a lo que veía. Lo más inquietante fue comprobar cómo las escenas de una película de hace dos años se han visto reproducidas a lo largo del Procès. Todo parece indicar que desde hace semanas estamos viviendo en una comedia mediocre.

Hemos tenido de todo: unas urnas de quita y pon, un referéndum chiripitifláutico que ignora la opinión y el deseo de, como mínimo, la mitad de la ciudadanía; un ataque vergonzoso a gente que quiere votar por parte del ejecutivo español con guardia civil alojada en el barco de Piolín (algo como esto no se les ha ocurrido ni a los guionistas de “Ocho apellidos catalanes”, les debía parecer un exceso); una proclamación de República fugaz, que sí, pero no, pero sí, pero yo qué sé; Puigdemont asilado en Bélgica (no en vano los belgas son los leperos de Europa, para que sigamos con las risas) mientras Don Tancredo entrulla a un buen puñado de consellers y sacando pecho dice:” he cesado a los miembros del Govern, eso no se hacía desde la Segunda Guerra Mundial” (sic). Claro, no se hacía porque es una salvajada. Sin olvidar que la actuación de la justicia exprés para empapelar a los actores del Procès ha sido fascinante.

Que si DUI fake, que si 155 blando (para entenderlo hay que saber que la rima está dando pistas), todo simbólico, todo un poquito de mentira, ya sabéis, como cuando los matones amagan sin dar. Aunque los palos sí que han sido de verdad, eso sí. La emoción de la gente indepe pensando que habían llegado a Oz, como Dorita, también verdadera. Por lo demás estamos ahí, valorando la incógnita que se abre ante las elecciones del 21D, intentando por ejemplo que  nos quepa en la imaginación a una Soraya SS como presidenta de la Generalitat y que gobierne en Cataluña un partido como el PP que hasta ahora no alcanzaba allí ni el nueve por ciento de los votos. O que, tras las elecciones Kinder sorpresa barra el independentismo y entonces declare una DUI de las de verdad, no como esta. Esto último no parece probable porque ellos mismos han admitido que no están preparados para esta tarea, pese a haber montado la que han montado. Pero qué sabemos, después de lo que llevamos visto, todo es posible. ¿Qué nos dice todo esto? Pues que estamos en una sitcom, en una mera puesta en escena. Cabe preguntarse si no será todo una farsa, el pañuelo de colorines con que el mago nos distrae mientras  realiza su truco de magia. La cuestión es, como en los juicios, cui prodest?, a quién beneficia esta situación. Pues sacad cuentas:

1- Merced a todo este revuelo los políticos nacionalistas catalanes van camino del martirologio indepe y los nacionalistas españoles, camino de la victoria electoral vía exaltación patriótica. Ya lo tenían previsto, claro. Y otro aspecto que tienen previsto es que el conflicto se quede entre nosotros per molt anys. Aplicar a un problema el remedio equivocado puede tener consecuencias nefastas. Sí tienes tos y te dan un laxante, pues ya sabes... En el conflicto catalán se está aplicando un remedio no solo equivocado sino contraproducente como es considerar por la vía penal un conflicto político. Los dirigentes independentistas son los representantes políticos de más de dos millones largos de personas y encarcelando a siete o a veinte o a cien, si sabemos algo de matemáticas, no hacemos absolutamente nada. Y no tenemos cárcel para dos millones. La falta de altura de miras, el oportunismo político, la chapucería industrial de estos descerebrados nos llevará, ojalá me equivoque, a algo peor.

2-  No hablamos de otra cosa desde hace dos meses. Entretanto hemos visto a un inspector jefe de la UDEF afirmando  que existen indicios de que  el presidente del gobierno ha cobrado sobresueldos en negro. En cualquier país civilizado ese presidente no hubiera durando ni 24 horas. Pero nada, prietas las filas porque aquí lo importante es que España se rompe ¿Y por dónde se rompe España? Pues por lo visto se rompe por el marco, porque lo verdaderamente relevante es evitar la ruptura de lo simbólico, es tener un marco de referencia inamovible, a saber: que España es tal y como la describe Cine de Barrio. Que prevariquen, que mientan, que roben, que se enriquezcan a nuestra costa quienes nos gobiernan es, por lo visto, una cuestión menor. Cualquiera diría que es más importante mantener el juego al que jugamos que el hecho de que nos estén desplumando.


3- Sorprendentemente, la gente se vincula con más facilidad a  conceptos abstractos como lo son el de nación y el de patria que a circunstancias complejas pero concretas que exigen toma de conciencia y posicionamiento (los casos de corrupción o el desmantelamiento del estado del bienestar) y los atentados contra la democracia (la Ley Mordaza o la aplicación del 155). Desde que empezó toda esta movida  las banderas  se han multiplicado como si no hubiera un mañana porque son un símbolo inmediato y sencillo de adhesión. Se requiere poca reflexión y es fácil colocar una en la ventana con el plus de que alimenta la fantasía de haber hecho algo, de ser actor del momento histórico. El florecimiento de la fiebre banderil indica que lo petarán en las elecciones aquellos que se arropan en rojo y gualda, con o sin estrella blanquiazul. Los demás, aquellos a quienes los símbolos textiles seducen tan poco como los gestos testiculares (muy abundantes también en todo este proceso) quedaremos a merced del aguacero durante algún que otro lustro. Así está la cosa: atrapados en una comedia patética y sin poder cambiar de canal.

jueves, 19 de octubre de 2017

FASCISMO COTIDIANO

FASCISMO COTIDIANO

Es posible que el problema sea mío, no digo que no. Es probable que yo sea una inocentona que ha vivido todos estos años en los mundos de Yupi y que ahora despierta de golpe a la realidad. Llevo días cayéndome del guindo sin parar.

¿Por qué digo esto? Porque sólo ahora constato en toda su extensión que estamos a un par de telediarios de ver a nuestro país convertido en una monarquía fascista.

Me explico con ejemplos:

Veo a un vecino que en un mismo hilo de facebook acusa al Govern catalán de adoctrinar en las escuelas y a continuación (y quiero decir el siguiente post) comparte un vídeo de un niño monísimo de tres o cuatro años desfilando vestido de legionario y cantando “soy el novio de la muerte”. 

Hablo con una persona razonable, con estudios, que se expresa bien, que argumenta y me dice que, antes que dialogar con el ejecutivo catalán, es mejor entrar  en Cataluña con  los tanques, a sangre y fuego. Porque con los independentistas no se puede hablar (sic).

Me encuentro con gente (e insisto, personas muy cercanas a mí) que aplauden la represión en Cataluña, esas imágenes de gente golpeada por querer votar que avergüenzan al mundo. Nadie fuera de nuestras fronteras se puede explicar tal comportamiento de unas FSE en un país democrático.

En un grupo de Whatsapp me llega una bromita a cuenta del lema “Votarem”, devenido por chanza en “voltarén”, o sea,  el voltarén que les hará falta a los catalanes por los palos recibidos. Y esto es para reírse. Me meo.

Cuando a mí se me ocurre argumentar con un colega de profesión que el catalán es un problema político, no un problema legal y mucho menos militar, que dos millones de personas no pueden ser ignoradas, que a cuántos pueden meter en la cárcel, me contesta que a todos. A-TO-DOS. Y que los políticos que los dirigen, al paredón.

Tengo un conocido, bellísima persona, creedme, que ostenta como perfil de Whatsapp la bandera preconstitucional con el águila en primer plano. Fascismo que supera los escrúpulos, fascismo orgulloso de hacerse visible. Renace de nuevo un fascismo sin complejos.

Me duelo de que la gente  (vecinos, familiares, colegas de  trabajo, amigos) abrace el fascismo con esta alegría insensata. Yo que creía que ese fascismo militante se encontraba solo en los descerebrados neonazis que renacen por toda Europa como una mala semilla y sin embargo resulta que había un fascista completamente equipado, hibernando en el cerebro reptiliano de millones de españoles, esperando que le dieran una razón para despertar, como en Harry el Sucio, esperando un motivo para disparar, para alegrarle el día.

Me da miedo este fascismo cotidiano porque sé bien que es capaz de invalidar la capacidad de raciocinio y la bondad de las personas. Me inquieta la rapidez con que se renuncia a los métodos democráticos. Me aterra la facilidad con la que las cañas se vuelven lanzas


miércoles, 4 de octubre de 2017

¡DIALOGAD, DIALOGAD MALDITOS!

¡DIALOGAD, DIALOGAD MALDITOS!

El rey. La primera peonada. Seis minutos de trabajo en tres años y va y la lía. Le hubiera bastado con adaptar un poquito el discurso de Navidad o, no sé, leer la letra de Imagine, paz, amor, chicos no os zurréis, ya sabéis, algo que te comprometa lo justo sin que tampoco te ponga en el camino del exilio dorado. Y sin embargo en su discurso, como si a este conflicto le hiciera falta más combustible, se dedicó a canear a las instituciones catalanas, a apelar a la misma legalidad de guerra a la que apela el PP, a felicitar a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Y ni una palabra sobre los casi 900 heridos en las cargas policiales, ninguna alusión a las portadas de toda la prensa internacional señalando la salvajada perpetrada por un ejecutivo español con el norte perdido, ni siquiera se le ocurrió pronunciar una sencilla frase, una palabra en catalán. Con los puños apretados y cara de mala leche se dedicó a pedir firmeza. Le habrá parecido poca firmeza la que ya se ha administrado. Ni una mención al diálogo en el alucinógeno discurso del monarca. Ver al rey legitimar con las palabras que dice y las que calla la manta de palos que le ha caído a los catalanes por querer ir a votar, sólo dan ganas de largarse bien lejos. O mejor, de que se largue él.

Sólo tenías que hacer una cosa Felipe, una sola: hacer como si te importáramos todos por igual. Y me hace preguntarme: ¿tan preparao, tan preparao para salir diciendo esto? ¿para eso te hemos pagado colegios caros? Eso lo hace igual el tonto del pueblo con la información que le da TVE, pero nos sale notablemente más barato.

Porque yo, replublicana, que reniego de su representatividad también le pago el sueldo a través de mis impuestos, mal que me pese. Así son las leyes. Pero si lo que quiere es representar solamente a los votantes conservadores, que le paguen ellos el sueldo y que nos liberen a los demás de esa carga, que quedaremos tan contentos. Lo que no es de recibo es que lo paguemos a escote y que hable solo para sus coleguis. Y si no, que pongan una casilla en la declaración de la renta como la de la iglesia, siquiera por higiene democrática, estos que tan legalistas se ponen cuando quieren. Mucho menos escrupulosos los hemos notado con el desmantelamiento del estado del bienestar.                                                                                                                   

El fanatismo jamás se ve tan legitimado como en la defensa de la nación, la que sea,  y si hay algo que lo alimenta es la violencia. Lo único que hace morir de inanición al fanatismo es el diálogo. Pero nuestros políticos han actuado como si la Historia no nos hubiera enseñado nada. El catalán no es un  problema penal que exija la actuación de las FSE (por cierto, qué pena que no se os ocurriera acudir a las mismas para luchar contra el ejército de corruptos que nos ha venido asolando estos años) es un problema político como lo demuestran los miles de personas que salieron a votar y que siguen manteniendo a Cataluña en colapso y lo que está demandando esta situación es negociación y diálogo. Qué lástima que estemos gobernados por pigmeos políticos: el rey, Puigdemont, Rajoy, ni uno está a  la altura del reto al que se enfrentan.

Si es cierto que no se puede convivir sin respetar las leyes también es cierto que no se puede utilizar esas mismas leyes contra una parte nada despreciable de la ciudadanía, ¿qué nos queda, pues, por hacer?  Dialogar o darnos palos. Yo voto por dialogar.



viernes, 22 de septiembre de 2017

SALSA CATALANA

SALSA CATALANA

Me he resistido a escribir sobre Cataluña porque me parece una noticia artificialmente aumentada, gigantizada, y he evitado, hasta ahora, contribuir a la elefantiasis de la cuestión con mi voz. Pero es que escucho opiniones estos días cercanas al supuesto de que el uno de octubre el universo implosiona y se pliega sobre sí mismo; o algo peor. Al parecer el mundo se acaba.

Por una parte tenemos desde hace unos meses al nacionalismo español más cerril y ultramontano que anda revuelto y saca a pasear su bandera apolillada:
- España no hay más que una, si no quieren ser españoles que se vayan a Francia: claro que sí, hombre, porque  la escritura del suelo que pisan los catalanes pertenece a Madrid.
- En Cataluña imponen el catalán, ¡que hablen español!: a ver, el catalán lo hablan algo más de siete millones de personas mientras el español es, después del chino, la lengua más hablada del planeta con casi quinientos millones de hablantes. ¿Cómo es posible que un idioma tan extendido se sienta amenazado por una lengua minúscula? Pues porque este argumento es falaz e interesado que responde al argumentario empobrecedor de la nación única y la lengua única.
- Esto se arregla sacando los tanques: bien pensado. No os habéis puesto estupendos ni con el desmantelamiento de la sanidad ni de la educación, no os habéis alterado con la constatación más allá de toda duda de que nos gobierna un ejecutivo corrupto, no se os ha movido un pelo al saber que tenemos una judicatura presa de veleidades políticas. Pero, oye, dicen los catalanes de hacerse una pregunta en referéndum y se os abre la navaja en el bolsillo.  Eso es tener criterio, compatriotas.
- ¿Qué referéndum ni qué narices? De referéndum nada: ante este posicionamiento cabe cuestionarse si preguntar ofende, porque yo creo que no hay nada más legítimo ni más democrático que el que la ciudadanía se interpele sobre cómo quiere ordenarse en sociedad. Cuestión aparte es a qué intereses sirve esa pregunta y cómo se articula, que eso ya es harina de otro costal.

Para mí, la pertenencia a una determinada nación no es ni ha sido nunca un valor per se, pero me hace mucha gracia el hecho de que el nacionalismo español señale al nacionalismo catalán como una anomalía. Lo que es ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Y es que el nacionalismo español se percibe a sí mismo como el estado natural de las cosas, o sea, lo que en un mundo cuñado hay que ser para ser normal, a saber: abonado a la sacrosanta transición, monárquico, defensor de las procesiones aunque no vayas a misa, valedor de la bandera y de la fiesta nacional, hablante de español y más ná, ni machista ni feminista, en fin, esas cosas.

De otro lado tenemos a un catalanismo clasista y conservador, auto  victimizado, un catalanismo simplista que, olvidando interesadamente los casos propios de corrupción (la vergonzante famiglia Pujol, el infame tres por ciento, el caso Palau de la Música, las autopistas pagadas setenta veces siete) saca la imagen de una de barra de pan y dice: "este trozo tan gordo nos lo quita España" cuando la triste realidad es que ese enorme trozo de pan se lo están quitando los que tienen más a los que tienen menos en España, en Cataluña y en Pernambuco. ¿Queréis ejemplos? Hay a casco porro, pero por no irnos muy lejos estos días hemos sabido que nosotros (los que tenemos menos) les hemos regalado graciosamente a los bancos (los que tienen más), unos cuarenta y cinco mil millones de euros porque sí, porque somos así de rumbosos. Y sobre este tema no hay, ni en TVE ni en TV3, informativos especiales. Tampoco se ve más movimiento al respecto que el encogerse de hombros de la inmensa mayoría.

Con el tema del nacionalismo no puedo evitar acordarme de un pequeño cuento de Galeano que decía que un cocinero preguntaba a las gallinas con qué salsa querían ser cocinadas. Pues, siguiendo el mismo principio, un sistema profundamente corrupto pregunta a la ciudadanía que con qué salsa quiere ser cocinada y unos responden con entusiasmo: “¡Salsa española para todos!” y otros replican: “¡Nosotros queremos salsa catalana!”. Al menos las gallinas de Galeano tuvieron el criterio suficiente para decir que ellas no querían ser cocinadas. Mirad, lo diré en corto porque este tema ya me fatiga: al personal le echan mano a la cartera y apenas se rebulle pero le sacuden un trapo frente a la cara y se va todo el mundo detrás.

Todo este mosaico de  opiniones, de noticias y pseudo noticias, urnas para arriba y para abajo, la guardia civil buscando imprentas en cada esquina, imputando alcaldes, deteniendo a políticos sumariamente, todo este ruido, este manojo de llaves sacudido frente a nuestras narices mientras nos meten la cucharada de aceite de ricino en la boca, ¿para qué sirve? Pues la historia nos enseña que en épocas de crisis los malos gobernantes acuden a la guerra o al conflicto para extremar posicionamientos y para concitar adhesiones: venga, detrás de mí todos los que estén de acuerdo en dar una somanta de palos a esos del soberanismo independentista, ¿por qué? Por catalanes. Esto del conflicto y/o guerra es un clásico: lo hizo Thatcher con las Malvinas, lo hizo Aznar, a un nivel ya más casero, en plan Cantinflas, con lo de Perejil y lo estamos viendo ahora con Trump y Kim-Jong-Un, dos monos con lanzallamas. Es así, los matones emplean su matonismo para hacer pandilla, recordad si no el trío de las Azores.

Desde luego con los últimos disparates perpetrados por el ejecutivo español de detener dirigentes políticos en Cataluña, hacer registros y entrar en sedes, el  que quería votar, votará, el que tuviera dudas, votará e incluso el que no hubiera tenido intención ninguna de votar, que hubiera sido mi caso, votará también por pura dignidad ciudadana, porque tamaño atropello no puede dejar impasible a nadie. No se puede consentir que la unidad sea aplicada con una maza. Rajoy, ese político que nunca actúa, así se esté hundiendo un buque petrolero que haga peligrar toda la costa gallega, ha actuado y ha conseguido lo que parecía casi imposible: convertir una reivindicación por la independencia circunscrita a Cataluña y que daba síntomas de no ir a ningún lado en una lucha por los derechos civiles con eco en todo el estado y con pocos visos de solucionarse. Es lo que tiene el matonismo, que concita adhesiones a un lado y a otro y te obliga a elegir bando, aunque tú no estés de acuerdo con ninguno.


domingo, 10 de septiembre de 2017

PATIO DE COLEGIO

PATIO DE COLEGIO

Cuando estaba en la universidad tenía unos amigos que vivían en Murcia, en un piso en la calle Úrsula, un cuarto sin ascensor cuyas ventanas daban sobre el patio de un colegio. Desde la altura de esas ventanas se podía ver con una increíble nitidez el reparto del espacio: los niños lo ocupaban prácticamente todo jugando al fútbol, corriendo al pillao, dándose balonazos al balón prisionero. Las niñas quedaban arrinconadas en un espacio mínimo y jugaban a cosas mínimas o al menos tan pequeñas que desde un cuarto piso no se podían apreciar. La visión era poderosa (valdría como ejemplo del cine-puño de Eisestein) tanto que me ha acompañado durante casi treinta años.  Yo no lo supe entonces pero lo que estaba viendo en aquel momento era una panorámica del patriarcado. Fue así el primer día y el siguiente y todos. Los niños ocupaban todo el espacio todo el tiempo.
Esos niños y niñas de entonces son ahora hombres y mujeres y sin embargo, aunque desde luego sin sorpresa, el reparto de los espacios en sociedad sigue siendo muy similar al del patio del colegio. A pesar de que hay tantas universitarias como universitarios  observamos cómo los puestos de poder los siguen ocupando hombres en un abrumador porcentaje. En la apertura del año judicial hace unos días no había ni una sola mujer, a pesar de que las mujeres son a día de hoy el 52% de la judicatura. La revista Forbes publicaba en febrero de este año una lista con los mejores CEOs de 2016, una lista de 50 directivos entre los que solo se encontraba una mujer. Eso es un mísero 2%. En el Festival de  Venecia, de 21 películas presentadas, sólo una es de una directora. En este contexto vemos cómo la precariedad laboral se ensaña especialmente con las mujeres. Del mismo modo sabemos que la brecha salarial hace que las mujeres cobren aproximadamente un 25% menos que los hombres por el mismo trabajo. Todo esto nos entristece pero no nos extraña porque seguimos viendo películas en el cine y en la televisión que son una continúa épica masculina donde la mujer que aparece se podría sustituir tranquilamente por una lámpara bonita sin que el argumento se viera alterado de forma sustancial. Escuchamos canciones recién creadas que sostienen y alimentan el antiquísimo relato de la mujer objeto. Bailamos con unos videos musicales en los que el chico de la canción es el sujeto dominante y se presenta revestido de todos los atributos de dignidad y autoridad mientras las chicas aparecen reducidas a culo y tetas. Nos machaca una publicidad que en ocasiones (y estoy pensando ahora en anuncios de moda o de perfumes) parece haber perdido el norte por completo. Así se repartían los espacios en el patio del colegio y así se reparten en el mundo adulto, que no es sino un reflejo y una continuación de la educación que hemos recibido y de la información que seguimos recibiendo a través de los medios.

Con ese panorama no resulta raro que, siguiendo un observatorio realizado en nuestra región por el Colectivo +mujeres, del que formo parte, el porcentaje máximo de presencia de las mujeres en el ámbito de la cultura no supere el 18% en ningún caso y que los porcentajes sean, en general, extraordinariamente desalentadores. La escasa presencia femenina en puestos de toma de decisiones no se corresponde sin embargo con los resultados académicos ya que las chicas suelen obtener mejores notas que los chicos. Lo digo antes de que salga algún fan de Pérez Reverte o Javier Marías a decirme que eso será porque no han hecho méritos o no tienen talento. El problema es que a nosotras se nos educa en la aceptación de ámbitos reducidos y a los hombres, por el contrario, se les educa en la conquista de todos los espacios: el físico, el social, el político y  el cultural. Por eso son tan necesarios los agentes de igualdad en los colegios e institutos. Desgraciadamente la falta de voluntad política y de asignación de recursos dejó a la ley que lo preveía (Ley Orgánica 3/2007), considerada pionera e integral en esta materia, en papel mojado. Aún así no debemos cejar, es imprescindible educar para que el patio del colegio, que luego será el mundo, esté repartido de forma equitativa. De eso va el feminismo.