viernes, 17 de noviembre de 2017

SITCOM

SITCOM

No había visto yo la película "Ocho apellidos catalanes". La vi el domingo. Para quien no la haya visto puedo decir que es una sitcom flojucha donde lo único notable para mí es la actuación de Karra Elejalde, por quien siento debilidad. Ni siquiera es original: es un mal plagio de “Good bye Lenin!”, con un nieto que monta un tinglado para que la yaya viva la llegada de una República catalana. La cosa es que la vi y no daba crédito a lo que veía. Lo más inquietante fue comprobar cómo las escenas de una película de hace dos años se han visto reproducidas a lo largo del Procès. Todo parece indicar que desde hace semanas estamos viviendo en una comedia mediocre.

Hemos tenido de todo: unas urnas de quita y pon, un referéndum chiripitifláutico que ignora la opinión y el deseo de, como mínimo, la mitad de la ciudadanía; un ataque vergonzoso a gente que quiere votar por parte del ejecutivo español con guardia civil alojada en el barco de Piolín (algo como esto no se les ha ocurrido ni a los guionistas de “Ocho apellidos catalanes”, les debía parecer un exceso); una proclamación de República fugaz, que sí, pero no, pero sí, pero yo qué sé; Puigdemont asilado en Bélgica (no en vano los belgas son los leperos de Europa, para que sigamos con las risas) mientras Don Tancredo entrulla a un buen puñado de consellers y sacando pecho dice:” he cesado a los miembros del Govern, eso no se hacía desde la Segunda Guerra Mundial” (sic). Claro, no se hacía porque es una salvajada. Sin olvidar que la actuación de la justicia exprés para empapelar a los actores del Procès ha sido fascinante.

Que si DUI fake, que si 155 blando (para entenderlo hay que saber que la rima está dando pistas), todo simbólico, todo un poquito de mentira, ya sabéis, como cuando los matones amagan sin dar. Aunque los palos sí que han sido de verdad, eso sí. La emoción de la gente indepe pensando que habían llegado a Oz, como Dorita, también verdadera. Por lo demás estamos ahí, valorando la incógnita que se abre ante las elecciones del 21D, intentando por ejemplo que  nos quepa en la imaginación a una Soraya SS como presidenta de la Generalitat y que gobierne en Cataluña un partido como el PP que hasta ahora no alcanzaba allí ni el nueve por ciento de los votos. O que, tras las elecciones Kinder sorpresa barra el independentismo y entonces declare una DUI de las de verdad, no como esta. Esto último no parece probable porque ellos mismos han admitido que no están preparados para esta tarea, pese a haber montado la que han montado. Pero qué sabemos, después de lo que llevamos visto, todo es posible. ¿Qué nos dice todo esto? Pues que estamos en una sitcom, en una mera puesta en escena. Cabe preguntarse si no será todo una farsa, el pañuelo de colorines con que el mago nos distrae mientras  realiza su truco de magia. La cuestión es, como en los juicios, cui prodest?, a quién beneficia esta situación. Pues sacad cuentas:

1- Merced a todo este revuelo los políticos nacionalistas catalanes van camino del martirologio indepe y los nacionalistas españoles, camino de la victoria electoral vía exaltación patriótica. Ya lo tenían previsto, claro. Y otro aspecto que tienen previsto es que el conflicto se quede entre nosotros per molt anys. Aplicar a un problema el remedio equivocado puede tener consecuencias nefastas. Sí tienes tos y te dan un laxante, pues ya sabes... En el conflicto catalán se está aplicando un remedio no solo equivocado sino contraproducente como es considerar por la vía penal un conflicto político. Los dirigentes independentistas son los representantes políticos de más de dos millones largos de personas y encarcelando a siete o a veinte o a cien, si sabemos algo de matemáticas, no hacemos absolutamente nada. Y no tenemos cárcel para dos millones. La falta de altura de miras, el oportunismo político, la chapucería industrial de estos descerebrados nos llevará, ojalá me equivoque, a algo peor.

2-  No hablamos de otra cosa desde hace dos meses. Entretanto hemos visto a un inspector jefe de la UDEF afirmando  que existen indicios de que  el presidente del gobierno ha cobrado sobresueldos en negro. En cualquier país civilizado ese presidente no hubiera durando ni 24 horas. Pero nada, prietas las filas porque aquí lo importante es que España se rompe ¿Y por dónde se rompe España? Pues por lo visto se rompe por el marco, porque lo verdaderamente relevante es evitar la ruptura de lo simbólico, es tener un marco de referencia inamovible, a saber: que España es tal y como la describe Cine de Barrio. Que prevariquen, que mientan, que roben, que se enriquezcan a nuestra costa quienes nos gobiernan es, por lo visto, una cuestión menor. Cualquiera diría que es más importante mantener el juego al que jugamos que el hecho de que nos estén desplumando.


3- Sorprendentemente, la gente se vincula con más facilidad a  conceptos abstractos como lo son el de nación y el de patria que a circunstancias complejas pero concretas que exigen toma de conciencia y posicionamiento (los casos de corrupción o el desmantelamiento del estado del bienestar) y los atentados contra la democracia (la Ley Mordaza o la aplicación del 155). Desde que empezó toda esta movida  las banderas  se han multiplicado como si no hubiera un mañana porque son un símbolo inmediato y sencillo de adhesión. Se requiere poca reflexión y es fácil colocar una en la ventana con el plus de que alimenta la fantasía de haber hecho algo, de ser actor del momento histórico. El florecimiento de la fiebre banderil indica que lo petarán en las elecciones aquellos que se arropan en rojo y gualda, con o sin estrella blanquiazul. Los demás, aquellos a quienes los símbolos textiles seducen tan poco como los gestos testiculares (muy abundantes también en todo este proceso) quedaremos a merced del aguacero durante algún que otro lustro. Así está la cosa: atrapados en una comedia patética y sin poder cambiar de canal.

jueves, 19 de octubre de 2017

FASCISMO COTIDIANO

FASCISMO COTIDIANO

Es posible que el problema sea mío, no digo que no. Es probable que yo sea una inocentona que ha vivido todos estos años en los mundos de Yupi y que ahora despierta de golpe a la realidad. Llevo días cayéndome del guindo sin parar.

¿Por qué digo esto? Porque sólo ahora constato en toda su extensión que estamos a un par de telediarios de ver a nuestro país convertido en una monarquía fascista.

Me explico con ejemplos:

Veo a un vecino que en un mismo hilo de facebook acusa al Govern catalán de adoctrinar en las escuelas y a continuación (y quiero decir el siguiente post) comparte un vídeo de un niño monísimo de tres o cuatro años desfilando vestido de legionario y cantando “soy el novio de la muerte”. 

Hablo con una persona razonable, con estudios, que se expresa bien, que argumenta y me dice que, antes que dialogar con el ejecutivo catalán, es mejor entrar  en Cataluña con  los tanques, a sangre y fuego. Porque con los independentistas no se puede hablar (sic).

Me encuentro con gente (e insisto, personas muy cercanas a mí) que aplauden la represión en Cataluña, esas imágenes de gente golpeada por querer votar que avergüenzan al mundo. Nadie fuera de nuestras fronteras se puede explicar tal comportamiento de unas FSE en un país democrático.

En un grupo de Whatsapp me llega una bromita a cuenta del lema “Votarem”, devenido por chanza en “voltarén”, o sea,  el voltarén que les hará falta a los catalanes por los palos recibidos. Y esto es para reírse. Me meo.

Cuando a mí se me ocurre argumentar con un colega de profesión que el catalán es un problema político, no un problema legal y mucho menos militar, que dos millones de personas no pueden ser ignoradas, que a cuántos pueden meter en la cárcel, me contesta que a todos. A-TO-DOS. Y que los políticos que los dirigen, al paredón.

Tengo un conocido, bellísima persona, creedme, que ostenta como perfil de Whatsapp la bandera preconstitucional con el águila en primer plano. Fascismo que supera los escrúpulos, fascismo orgulloso de hacerse visible. Renace de nuevo un fascismo sin complejos.

Me duelo de que la gente  (vecinos, familiares, colegas de  trabajo, amigos) abrace el fascismo con esta alegría insensata. Yo que creía que ese fascismo militante se encontraba solo en los descerebrados neonazis que renacen por toda Europa como una mala semilla y sin embargo resulta que había un fascista completamente equipado, hibernando en el cerebro reptiliano de millones de españoles, esperando que le dieran una razón para despertar, como en Harry el Sucio, esperando un motivo para disparar, para alegrarle el día.

Me da miedo este fascismo cotidiano porque sé bien que es capaz de invalidar la capacidad de raciocinio y la bondad de las personas. Me inquieta la rapidez con que se renuncia a los métodos democráticos. Me aterra la facilidad con la que las cañas se vuelven lanzas


miércoles, 4 de octubre de 2017

¡DIALOGAD, DIALOGAD MALDITOS!

¡DIALOGAD, DIALOGAD MALDITOS!

El rey. La primera peonada. Seis minutos de trabajo en tres años y va y la lía. Le hubiera bastado con adaptar un poquito el discurso de Navidad o, no sé, leer la letra de Imagine, paz, amor, chicos no os zurréis, ya sabéis, algo que te comprometa lo justo sin que tampoco te ponga en el camino del exilio dorado. Y sin embargo en su discurso, como si a este conflicto le hiciera falta más combustible, se dedicó a canear a las instituciones catalanas, a apelar a la misma legalidad de guerra a la que apela el PP, a felicitar a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Y ni una palabra sobre los casi 900 heridos en las cargas policiales, ninguna alusión a las portadas de toda la prensa internacional señalando la salvajada perpetrada por un ejecutivo español con el norte perdido, ni siquiera se le ocurrió pronunciar una sencilla frase, una palabra en catalán. Con los puños apretados y cara de mala leche se dedicó a pedir firmeza. Le habrá parecido poca firmeza la que ya se ha administrado. Ni una mención al diálogo en el alucinógeno discurso del monarca. Ver al rey legitimar con las palabras que dice y las que calla la manta de palos que le ha caído a los catalanes por querer ir a votar, sólo dan ganas de largarse bien lejos. O mejor, de que se largue él.

Sólo tenías que hacer una cosa Felipe, una sola: hacer como si te importáramos todos por igual. Y me hace preguntarme: ¿tan preparao, tan preparao para salir diciendo esto? ¿para eso te hemos pagado colegios caros? Eso lo hace igual el tonto del pueblo con la información que le da TVE, pero nos sale notablemente más barato.

Porque yo, replublicana, que reniego de su representatividad también le pago el sueldo a través de mis impuestos, mal que me pese. Así son las leyes. Pero si lo que quiere es representar solamente a los votantes conservadores, que le paguen ellos el sueldo y que nos liberen a los demás de esa carga, que quedaremos tan contentos. Lo que no es de recibo es que lo paguemos a escote y que hable solo para sus coleguis. Y si no, que pongan una casilla en la declaración de la renta como la de la iglesia, siquiera por higiene democrática, estos que tan legalistas se ponen cuando quieren. Mucho menos escrupulosos los hemos notado con el desmantelamiento del estado del bienestar.                                                                                                                   

El fanatismo jamás se ve tan legitimado como en la defensa de la nación, la que sea,  y si hay algo que lo alimenta es la violencia. Lo único que hace morir de inanición al fanatismo es el diálogo. Pero nuestros políticos han actuado como si la Historia no nos hubiera enseñado nada. El catalán no es un  problema penal que exija la actuación de las FSE (por cierto, qué pena que no se os ocurriera acudir a las mismas para luchar contra el ejército de corruptos que nos ha venido asolando estos años) es un problema político como lo demuestran los miles de personas que salieron a votar y que siguen manteniendo a Cataluña en colapso y lo que está demandando esta situación es negociación y diálogo. Qué lástima que estemos gobernados por pigmeos políticos: el rey, Puigdemont, Rajoy, ni uno está a  la altura del reto al que se enfrentan.

Si es cierto que no se puede convivir sin respetar las leyes también es cierto que no se puede utilizar esas mismas leyes contra una parte nada despreciable de la ciudadanía, ¿qué nos queda, pues, por hacer?  Dialogar o darnos palos. Yo voto por dialogar.



viernes, 22 de septiembre de 2017

SALSA CATALANA

SALSA CATALANA

Me he resistido a escribir sobre Cataluña porque me parece una noticia artificialmente aumentada, gigantizada, y he evitado, hasta ahora, contribuir a la elefantiasis de la cuestión con mi voz. Pero es que escucho opiniones estos días cercanas al supuesto de que el uno de octubre el universo implosiona y se pliega sobre sí mismo; o algo peor. Al parecer el mundo se acaba.

Por una parte tenemos desde hace unos meses al nacionalismo español más cerril y ultramontano que anda revuelto y saca a pasear su bandera apolillada:
- España no hay más que una, si no quieren ser españoles que se vayan a Francia: claro que sí, hombre, porque  la escritura del suelo que pisan los catalanes pertenece a Madrid.
- En Cataluña imponen el catalán, ¡que hablen español!: a ver, el catalán lo hablan algo más de siete millones de personas mientras el español es, después del chino, la lengua más hablada del planeta con casi quinientos millones de hablantes. ¿Cómo es posible que un idioma tan extendido se sienta amenazado por una lengua minúscula? Pues porque este argumento es falaz e interesado que responde al argumentario empobrecedor de la nación única y la lengua única.
- Esto se arregla sacando los tanques: bien pensado. No os habéis puesto estupendos ni con el desmantelamiento de la sanidad ni de la educación, no os habéis alterado con la constatación más allá de toda duda de que nos gobierna un ejecutivo corrupto, no se os ha movido un pelo al saber que tenemos una judicatura presa de veleidades políticas. Pero, oye, dicen los catalanes de hacerse una pregunta en referéndum y se os abre la navaja en el bolsillo.  Eso es tener criterio, compatriotas.
- ¿Qué referéndum ni qué narices? De referéndum nada: ante este posicionamiento cabe cuestionarse si preguntar ofende, porque yo creo que no hay nada más legítimo ni más democrático que el que la ciudadanía se interpele sobre cómo quiere ordenarse en sociedad. Cuestión aparte es a qué intereses sirve esa pregunta y cómo se articula, que eso ya es harina de otro costal.

Para mí, la pertenencia a una determinada nación no es ni ha sido nunca un valor per se, pero me hace mucha gracia el hecho de que el nacionalismo español señale al nacionalismo catalán como una anomalía. Lo que es ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Y es que el nacionalismo español se percibe a sí mismo como el estado natural de las cosas, o sea, lo que en un mundo cuñado hay que ser para ser normal, a saber: abonado a la sacrosanta transición, monárquico, defensor de las procesiones aunque no vayas a misa, valedor de la bandera y de la fiesta nacional, hablante de español y más ná, ni machista ni feminista, en fin, esas cosas.

De otro lado tenemos a un catalanismo clasista y conservador, auto  victimizado, un catalanismo simplista que, olvidando interesadamente los casos propios de corrupción (la vergonzante famiglia Pujol, el infame tres por ciento, el caso Palau de la Música, las autopistas pagadas setenta veces siete) saca la imagen de una de barra de pan y dice: "este trozo tan gordo nos lo quita España" cuando la triste realidad es que ese enorme trozo de pan se lo están quitando los que tienen más a los que tienen menos en España, en Cataluña y en Pernambuco. ¿Queréis ejemplos? Hay a casco porro, pero por no irnos muy lejos estos días hemos sabido que nosotros (los que tenemos menos) les hemos regalado graciosamente a los bancos (los que tienen más), unos cuarenta y cinco mil millones de euros porque sí, porque somos así de rumbosos. Y sobre este tema no hay, ni en TVE ni en TV3, informativos especiales. Tampoco se ve más movimiento al respecto que el encogerse de hombros de la inmensa mayoría.

Con el tema del nacionalismo no puedo evitar acordarme de un pequeño cuento de Galeano que decía que un cocinero preguntaba a las gallinas con qué salsa querían ser cocinadas. Pues, siguiendo el mismo principio, un sistema profundamente corrupto pregunta a la ciudadanía que con qué salsa quiere ser cocinada y unos responden con entusiasmo: “¡Salsa española para todos!” y otros replican: “¡Nosotros queremos salsa catalana!”. Al menos las gallinas de Galeano tuvieron el criterio suficiente para decir que ellas no querían ser cocinadas. Mirad, lo diré en corto porque este tema ya me fatiga: al personal le echan mano a la cartera y apenas se rebulle pero le sacuden un trapo frente a la cara y se va todo el mundo detrás.

Todo este mosaico de  opiniones, de noticias y pseudo noticias, urnas para arriba y para abajo, la guardia civil buscando imprentas en cada esquina, imputando alcaldes, deteniendo a políticos sumariamente, todo este ruido, este manojo de llaves sacudido frente a nuestras narices mientras nos meten la cucharada de aceite de ricino en la boca, ¿para qué sirve? Pues la historia nos enseña que en épocas de crisis los malos gobernantes acuden a la guerra o al conflicto para extremar posicionamientos y para concitar adhesiones: venga, detrás de mí todos los que estén de acuerdo en dar una somanta de palos a esos del soberanismo independentista, ¿por qué? Por catalanes. Esto del conflicto y/o guerra es un clásico: lo hizo Thatcher con las Malvinas, lo hizo Aznar, a un nivel ya más casero, en plan Cantinflas, con lo de Perejil y lo estamos viendo ahora con Trump y Kim-Jong-Un, dos monos con lanzallamas. Es así, los matones emplean su matonismo para hacer pandilla, recordad si no el trío de las Azores.

Desde luego con los últimos disparates perpetrados por el ejecutivo español de detener dirigentes políticos en Cataluña, hacer registros y entrar en sedes, el  que quería votar, votará, el que tuviera dudas, votará e incluso el que no hubiera tenido intención ninguna de votar, que hubiera sido mi caso, votará también por pura dignidad ciudadana, porque tamaño atropello no puede dejar impasible a nadie. No se puede consentir que la unidad sea aplicada con una maza. Rajoy, ese político que nunca actúa, así se esté hundiendo un buque petrolero que haga peligrar toda la costa gallega, ha actuado y ha conseguido lo que parecía casi imposible: convertir una reivindicación por la independencia circunscrita a Cataluña y que daba síntomas de no ir a ningún lado en una lucha por los derechos civiles con eco en todo el estado y con pocos visos de solucionarse. Es lo que tiene el matonismo, que concita adhesiones a un lado y a otro y te obliga a elegir bando, aunque tú no estés de acuerdo con ninguno.


domingo, 10 de septiembre de 2017

PATIO DE COLEGIO

PATIO DE COLEGIO

Cuando estaba en la universidad tenía unos amigos que vivían en Murcia, en un piso en la calle Úrsula, un cuarto sin ascensor cuyas ventanas daban sobre el patio de un colegio. Desde la altura de esas ventanas se podía ver con una increíble nitidez el reparto del espacio: los niños lo ocupaban prácticamente todo jugando al fútbol, corriendo al pillao, dándose balonazos al balón prisionero. Las niñas quedaban arrinconadas en un espacio mínimo y jugaban a cosas mínimas o al menos tan pequeñas que desde un cuarto piso no se podían apreciar. La visión era poderosa (valdría como ejemplo del cine-puño de Eisestein) tanto que me ha acompañado durante casi treinta años.  Yo no lo supe entonces pero lo que estaba viendo en aquel momento era una panorámica del patriarcado. Fue así el primer día y el siguiente y todos. Los niños ocupaban todo el espacio todo el tiempo.
Esos niños y niñas de entonces son ahora hombres y mujeres y sin embargo, aunque desde luego sin sorpresa, el reparto de los espacios en sociedad sigue siendo muy similar al del patio del colegio. A pesar de que hay tantas universitarias como universitarios  observamos cómo los puestos de poder los siguen ocupando hombres en un abrumador porcentaje. En la apertura del año judicial hace unos días no había ni una sola mujer, a pesar de que las mujeres son a día de hoy el 52% de la judicatura. La revista Forbes publicaba en febrero de este año una lista con los mejores CEOs de 2016, una lista de 50 directivos entre los que solo se encontraba una mujer. Eso es un mísero 2%. En el Festival de  Venecia, de 21 películas presentadas, sólo una es de una directora. En este contexto vemos cómo la precariedad laboral se ensaña especialmente con las mujeres. Del mismo modo sabemos que la brecha salarial hace que las mujeres cobren aproximadamente un 25% menos que los hombres por el mismo trabajo. Todo esto nos entristece pero no nos extraña porque seguimos viendo películas en el cine y en la televisión que son una continúa épica masculina donde la mujer que aparece se podría sustituir tranquilamente por una lámpara bonita sin que el argumento se viera alterado de forma sustancial. Escuchamos canciones recién creadas que sostienen y alimentan el antiquísimo relato de la mujer objeto. Bailamos con unos videos musicales en los que el chico de la canción es el sujeto dominante y se presenta revestido de todos los atributos de dignidad y autoridad mientras las chicas aparecen reducidas a culo y tetas. Nos machaca una publicidad que en ocasiones (y estoy pensando ahora en anuncios de moda o de perfumes) parece haber perdido el norte por completo. Así se repartían los espacios en el patio del colegio y así se reparten en el mundo adulto, que no es sino un reflejo y una continuación de la educación que hemos recibido y de la información que seguimos recibiendo a través de los medios.

Con ese panorama no resulta raro que, siguiendo un observatorio realizado en nuestra región por el Colectivo +mujeres, del que formo parte, el porcentaje máximo de presencia de las mujeres en el ámbito de la cultura no supere el 18% en ningún caso y que los porcentajes sean, en general, extraordinariamente desalentadores. La escasa presencia femenina en puestos de toma de decisiones no se corresponde sin embargo con los resultados académicos ya que las chicas suelen obtener mejores notas que los chicos. Lo digo antes de que salga algún fan de Pérez Reverte o Javier Marías a decirme que eso será porque no han hecho méritos o no tienen talento. El problema es que a nosotras se nos educa en la aceptación de ámbitos reducidos y a los hombres, por el contrario, se les educa en la conquista de todos los espacios: el físico, el social, el político y  el cultural. Por eso son tan necesarios los agentes de igualdad en los colegios e institutos. Desgraciadamente la falta de voluntad política y de asignación de recursos dejó a la ley que lo preveía (Ley Orgánica 3/2007), considerada pionera e integral en esta materia, en papel mojado. Aún así no debemos cejar, es imprescindible educar para que el patio del colegio, que luego será el mundo, esté repartido de forma equitativa. De eso va el feminismo.

domingo, 20 de agosto de 2017

NO ES LA RAZA, ES EL RACISMO

NO ES LA RAZA, ES EL RACISMO

No es la raza ni tampoco la religión: es el racismo y el racismo mata, en Barcelona y en Charlottesville. Sin embargo se culpa de los asesinatos terribles de Las Ramblas a toda la comunidad árabe y musulmana. En el suceso de Charlottesville tenemos bien identificada la clave del asesinato, que pudo haber sido múltiple: el racismo. Pero vemos que los racistas blancos, con Trump a la cabeza, echan balones fuera: es violencia por ambas partes, se trata de un enajenado… Tratan de ocultar que el núcleo duro en esta cuestión es su racismo violento, quieren ocultar que lo que ellos piensan y dicen y comparten impulsa a los más descontrolados a agredir y asesinar. Esto está más o menos claro y los medios de comunicación no se desvían demasiado de la clave del problema, aunque El País, que no es ni sombra ya de lo que fue un día, se haya alineado junto a Trump. Por el contrario, en los sucesos de Barcelona, para una gran parte de la población los culpables son todos, TODOS los árabes y musulmanes, o, por decirlo llanamente: los moros, en un totum revolutum en el que se mezcla raza y religión, en el que se incluye (por supuesto) a los ya maltratadísimos refugiados que huyen de ese mismo terrorismo, un disparate de ignorancia donde se mete a 1.600 millones de personas…  Parece increíble tener que decirlo pero no todos los musulmanes son del DAESH como no todos los vascos eran de ETA. De hecho, el DAESH mata sobre todo a musulmanes (leed este artículo si queréis datos: http://www.eldiario.es/internacional/atentados-organizaciones-islamistas-mayoria-musulmana_0_497301265.html), sin embargo, una vez más, un atentado de estas características les hace sospechosos a todos de forma automática. He leído un post en Facebook que pide, atención: deportaciones masivas, cierre de fronteras, ilegalización del Islam, prohibición del burka. Entristece el nivel combativo de tamaña ignorancia.

En realidad, los racistas anti islamistas y los racistas anti occidentales, aunque parezca lo contrario, luchan en la misma trinchera: la trinchera del odio, de la segregación, de la superioridad de la propia raza, en la trinchera de la solución definitiva, en la trinchera de la muerte. Enfrente, sin trinchera, sin armas y sin odio, estamos todos los demás. Sucesos terribles como el de Barcelona, se llevan vidas inocentes por delante y se llevan, además, a mucha gente tibia a la trinchera del odio, personas que con su opinión alentarán y armarán aún más a los atrincherados.

Dejadme que lo diga una vez más: no asesina la raza, asesina el racismo. El racismo es el refugio de los cobardes, de los que no soportan la alteridad, de los que, por no atreverse a mirar al otro, se sienten amenazados y quieren su destrucción. Si de verdad queremos contribuir a la paz, si de verdad es ese nuestro cometido, no podemos dividirnos entre blancos y negros, entre moros y occidentales. La división real es entre violentos y no violentos. Debemos contribuir a la paz de pensamiento, palabra y obra. La paz es la prioridad, no la venganza porque es obligación de los que seguimos vivos, cuidarnos, amarnos, rechazar el odio. Si no identificamos bien el problema difícilmente podremos darle solución.

jueves, 17 de agosto de 2017

EL PLANETA DE LOS SIMIOS

EL PLANETA DE LOS SIMIOS

Esperemos que la canícula del verano, por influencia inversa, enfríe los ánimos bélicos de Trump y de su alter ego norcoreano, Kim Jong-un, que, por lo mucho que se parecen (niños malcriados del sistema político y económico de sus respectivos países) cualquiera diría que, a pesar de venir de lugares tan lejanos y distintos, son gemelos univitelinos. No temáis, no voy a repetir la cuñadísima  expresión de que los extremos se tocan, todavía no me ha afectado tanto la caló. Quizás más bien pondría el acento de que, aquí y en Pekín, lo que nos iguala hasta convertirnos prácticamente en clones son los valores del sistema que nos educa, fijarse bien en lo que digo. Si tú crías a un janglón de éstos convenciéndolo de que es el rey del universo, de que él y su cuadrilla son los jodíos amos, asegurándoles que la supremacía blanca (o norcoreana) es lo natural y que cualquier otra opinión es una perversidad, terminas con unos individuos que, a poco que nos descuidemos, se cargarán el planeta nada más que por sus huevos toreros. Si Trump, como dije en otra ocasión, es un mono con un lanzallamas, el mono norcoreano viene a ayudarle con una manguera de gasolina.

Desconozco la realidad de Corea del Norte. Todo lo que puedo decir al respecto es que su líder, cada vez más parecido a su replicante tuitero en lo disparatado (no en lo gracioso, porque maldita la gracia) es un tirano clásico, de los que lo mismo hacían senador a su caballo que mandaban decapitar a un sirviente por estornudar en su presencia. Kim Jong-un hizo ejecutar a su tío y mentor, considerado el auténtico poder en la sombra, entre otras muchas muertes más o menos sospechosas, como la de su propio hermano, asesinado cuando intentaba salir del país con pasaporte falso. De verdad que tener a un elemento así custodiando un arsenal atómico es de todo menos tranquilizador.

En cuanto a Trump y la realidad estadounidense, sin duda cada vez resultan más preocupantes. Con este presidente hemos dado un salto atrás tan grande que todavía no sabemos bien si hemos caído en los años posteriores a la abolición de la esclavitud en Norteamérica, con racistas blancos reivindicando su superioridad por mandato divino o directamente en la Edad Media, como lo prueban los recientes acontecimientos de Charlottesville. Las declaraciones terribles de Trump, lamentando por igual la violencia de un lado y del otro, aunque del otro no haya violencia, aunque del otro sólo haya una joven asesinada, alimentan una equidistancia tan imposible como tramposa que nos deja perplejos e indignados porque equivale a no condenar en absoluto a esa mala bestia que arremetió contra los manifestantes con su coche y por tanto no condenar tampoco a los supremacistas blancos, racistas por definición, que le apoyaban porque, claro, tendría que desautorizarse de paso a sí mismo. El sueño de Luther King devenido en pesadilla.


El problema con Trump es que, en demasiadas ocasiones, su vertiente ridícula y payasa, de auténtica vergüenza ajena, con imágenes de las que te dan la cena si estás viendo el telediario, opera como cortina de humo que oculta el hecho de que él junto con el stablishment, esa  maquinaria de guerra que le acompaña, avanzan en la senda de la destrucción de esta democracia, que aunque imperfecta, es la poca garantía que nos queda frente a los abusos del poder. ¿Por qué? Pues porque al capitalismo le estorba la democracia más que a la RAE el feminismo, ¿veis por dónde voy? Junto con un racismo tan vergonzante como indisimulado, lo que se potencia es un sistema desregulado que deje completamente vacía de contenido a la democracia y mientras alucinamos viendo al presidente norteamericano hacer el tonto a destajo, nos van colando un neoliberalismo desatado que pondrá en cuestión el futuro mismo del planeta. Muy preocupante todo porque la influencia de EEUU en Europa y en el mundo entero es inevitable. En fin, el ambiente está calentito y al mando, monos con lanzallamas.