martes, 13 de febrero de 2018

SER UN PRINGADO Y VOTAR A LA DERECHA

SER UN PRINGADO Y VOTAR A LA DERECHA

Ser un pringado y votar a la derecha, todo un clásico. Cabe preguntarse por qué motivo se produce y reproduce una y otra vez este fenómeno. Creo que hay varias claves sobre las que debemos reflexionar. Una de esas claves radica en saber cómo se percibe a sí mismo el precariado, esa parte de la ciudadanía que ve recortados sus derechos laborales, sus derechos civiles y su futuro y que suele encontrarse más cerca del riesgo de exclusión que del ascenso en la escala social. Ese precariado no se percibe a sí mismo como un grupo oprimido por una plutocracia que medra en connivencia con los poderes políticos, si así fuera, darle la vuelta a esta situación sería más fácil. El pringado que vota a la derecha se percibe, en general, como perteneciente a una clase superior amenazada por colectivos más pobres que además, suelen proceder de otros países, con lo que la hostilidad hacia estos colectivos contribuye a reforzar su sentimiento identitario. Prueba de ello es que los partidos conservadores arrasan porque son los que falsamente garantizan esos derechos de los que se creen despojados. Este sería unos de los motivos de la llegada de Trump al poder, por ejemplo.

            Los partidos progresistas proponen a ese precariado, soluciones a problemas que ellos creen que no tienen porque no se identifican con el pobre, con el desposeído. No, qué va, nosotros pertenecemos a otra clase, no saltamos vallas, tenemos I-Pad y tele de plasma y hasta pagamos a una ecuatoriana que cuide del abuelo. Por eso, si desde posiciones de izquierda no leemos bien los síntomas, estaremos recetando laxante a gente que viene con tos. En unas elecciones no votamos tanto por partidos que defienden nuestros intereses sino por partidos que representan lo que queremos ser y/o lo que creemos ser, lo cual en una masa amplia de población suele ser cambiante. Aquel partido que consiga empatizar con los deseos, con el imaginario y con el ideal mayoritario, será el que triunfe. Y aquí viene la madre del cordero: esa auto imagen de la ciudadanía se construye a través de los mensajes que mandan la publicidad (sirva de ejemplo el slogan de La Primitiva: “no tenemos sueños baratos”) y los medios de comunicación. Unos y otros están haciendo campaña por partidos conservadores durante los 365 días del año, 366 si el año es bisiesto. El ideal de lo que queremos ser no se plantea en el vacío, está enraizado en lo que somos como colectivo, que es también una construcción y que es también cambiante. Cine de barrio está haciendo campaña por la derecha todo el tiempo: la España única, de fútbol y toros, de mujeres y vino, anclada en valores decimonónicos, una España profundamente cuñada, ese es el imaginario defendido por los partidos conservadores y con ese imaginario enlaza el ideal, porque lo que somos y lo que queremos ser está indisolublemente unido y ahí también las derechas barren. En ese ideal se evoluciona algo o más bien se cambia la forma pero no el fondo. Un partido meapilas como el Pp va perdiendo adeptos a favor de un partido como Cs cuyos votantes están más bien distraídos en temas de iglesia y religión pero que no consienten que se toquen sus expresiones (Semana Santa, cabalgata de Reyes Magos, misa en la 2…). Ese es el punto de inflexión donde el “lo que somos” enlaza con el “lo que queremos ser”. Resumiendo, queremos ser avanzados pero no tanto, modernos pero menos.

La prensa escrita en este momento se decanta sin empacho ninguno por partidos conservadores o al menos por todos aquellos que no cuestionan ni por un segundo el régimen del 78, con El País a la cabeza del pelotón pelota. Programas como Sálvame diario, En tu casa o en la mía, O.T., que pertenecen a los mismos grupos editoriales y de comunicación, también trabajan a cuenta de inventario sólo que su influencia política es menos evidente aunque no menos importante y sobre todo no menos decisiva ya que están dando a la audiencia una guía de cómo somos y cómo queremos ser.

            Los pobres, al contrario que los ricos, no votan al partido que defiende sus intereses sino al partido que creen que les representa como individuos y como colectivo. Rita Barberá y Camps dando vueltas por Valencia en un Fórmula 1 es algo que podría causar sonrojo por lo superfluo y manirroto, pero sin embargo les consiguió votos a espuertas, porque esa imagen alimentaba el imaginario de poder, de riqueza, incluso de arrogancia que mucha gente desea, aunque sea sólo como aspiración. También importa poco si roban o mienten puesto que una gran parte de la población sostiene que lo hacen todos, pero sí que importa que con sus ideas no se carguen el marco simbólico que habitamos. Y ese marco simbólico tiene mucho que ver con Cine de Barrio.

            Por tanto, a la hora de votar no cuentan tanto las condiciones materiales objetivas del votante como que el partido represente su ideal y que el marco de referencia no se altere, que nada cambie sustancialmente. El miedo al cambio es un troyano presente en todas las elecciones. No se vota con la razón, sino con la emoción y en ese nudo de emociones humanas, el voto de la izquierda suele ser el de la ilusión y el voto de la derecha el del miedo.  El problema es que mientras la ilusión es efímera, el miedo es duradero.


jueves, 25 de enero de 2018

LITERATURA EPISTOLAR

LITERATURA EPISTOLAR

La literatura epistolar, ahora en desuso, nos ha mostrado siempre lo profundo del pensamiento de las personas y al mismo tiempo lo anecdótico y cotidiano de forma agradable y cercana. Debemos agradecer a Roque Ortiz que, como hombre con respeto por las tradiciones, haya recuperado por un momento este noble estilo literario. La carta que le ha escrito a su amigo José Ballesta es una joya del género porque dice más entre líneas de lo que expresa directamente, tal y como se espera de la buena literatura. Efectivamente, en la carta de Roque lo que calla da gritos a lo largo del emocionante texto. Lo que él llama, con evidente auto indulgencia, "un desliz verbal" es en realidad el modus operandi de este partido donde todo indica que el personal ha llegado a política para forrarse. Unos, como Ortiz, lo dicen y otros no; otros muchos, sin necesidad de decir ni media palabra, lo dejan claro con sus hechos. Es verdad que a otros partidos también hay gente que llega para forrarse y medrar, lo que pasa es que en el PP esta práctica forma parte del ADN corporativo.

Según la carta, todo ha sido un lamentable error verbal, hay que ver cómo os ponéis. La culpa es del micro, de la grabadora y de vosotros por tener orejas, porque si no, esto no hubiera llegado hasta aquí. Finalmente se aplaude a sí mismo diciendo que su renuncia es una “noble acción silenciosa”. Hombre, lo de noble lo tendrá que decidir los demás y  tan silenciosa, con el pollo que se ha montado, petición de dimisión por parte de todos los grupos políticos y carta pública al alcalde incluida, ya te digo yo que no es. Como tampoco ha sido precisamente silencioso el desencuentro entre el PP municipal y el regional, con Ballesta sosteniendo a Roque en una pirueta de circo (si es que era imposible que te saliera bien, Jose Ba)  mientras el regional le mostraba la puerta de salida y ponía en marcha el protocolo de amnesia colectiva. En adelante a Roque no le va a conocer en el PP ni la madre que lo parió

Si habéis tenido ocasión de escuchar los audios por los que Ortiz es ya historia poppular, las instrucciones dadas a los pedáneos son verdaderos ejemplos de prácticas mafiosas, prácticas a las que el PP nos tiene tristemente acostumbrados. Y es verdad que tan acostumbrado estaba Roque que para él formaba parte de la normalidad, tal es la soltura con la que hablaba. El hecho de utilizar "marrano" como insulto para dirigirse a todo aquel que no correspondiera con innominados favores al partido que previamente le había favorecido con concesiones, es una bonita nota de color local que nos encanta por su sencillez. Qué llaneza la de Roque, se le entiende tó.

Todo esto ocurre mientras tiene lugar el juicio al PP valenciano, otro desliz del que nadie sabía nada porque la cosita era una nadería. No son más que deslices. Lo de ver tramas y sistemas delictivos institucionalizados en todo esto es cosa de rojos irredentos y bolivarianos de chándal.  Sin embargo vemos estos días cómo Ricardo Costa, mucho menos sonriente que de costumbre, canta más que mis gallos de madrugada. El relato es un poquito como los chistes de Gila: ya los hemos oído un millón de veces, pero nos siguen haciendo gracia. Sólo que en esto de la corrupción, maldita la gracia, la verdad. Ricky Costa ha dicho con todas sus letras que los empresarios daban dinero negro para la financiación del PP a cambio de concesiones para obras. Anda, qué casualidad, como en Murcia. Pero no desconfiemos, eso va a ser coincidencia. Es verdad que nos rodea una plétora de casos aislados pero no tenemos porqué creer que nos gobierna el sindicato del crimen, qué mal pensados sois. Escuchad al incombustible Floriano: “Oigan, ¿nosotros robamos?”  Pues eso.


sábado, 13 de enero de 2018

ESTAMOS VIVOS DE MILAGRO

ESTAMOS VIVOS DE MILAGRO

Los accidentes ocurren, no es nada nuevo. Ocurrió con el Alvia, un tren que según decían los responsables politicos “tenía todas las garantías de seguridad” y que acabó convirtiéndose en el peor accidente ferroviario de la historia reciente de España. Los afectados aún se preguntan cómo es posible que el Ministerio de Fomento pusiera en servicio una línea sin que existiera el preceptivo informe de seguridad de un evaluador independiente. Ocurrió en el metro de Valencia, un accidente cuya causa fue sobreseída con una celeridad más que sospechosa porque se esperaba la visita del Papa y del cual lo que único que tenemos claro es que hubo un peritaje chapucero, falta de rigor a espuertas y un aluvión datos falsos. ¿Responsables? En la versión oficial, lo normal es que sea el conductor (sobre todo si no sobrevive), el mal tiempo, la fatalidad o la divina providencia. La cruda realidad es que esos accidentes tienen responsables políticos, servidores públicos bajo cuya gestión no se han tomado las medidas preventivas necesarias para evitar tales sucesos o para minimizar su impacto; políticos que se protegen unos a otros haciendo uso de medios de comunicación que actúan como auténticos gabinetes de prensa que les cubren las espaldas, tiran balones fuera, culpan a la oposición de hacer uso partidista de una desgracia… Como si no conociéramos esto ya. Al final de todo quedan un puñado de muertos, familias amargadas y líderes políticos (cómo olvidar al inefable Juan Cotino haciéndose pasar por su hermano cuando Évole le llamó por teléfono) que van pasando de un puesto a otro, echando años atrás hasta que la tierra sobre los muertos se endurezca y el caso se olvide. Esto pasa. Ha pasado.
Una de las cosas que hace de los seres humanos animales evolucionados es que aprendemos. ¿Aprendemos?
En Murcia y Alcantarilla hay circulando por en medio de la ciudad trenes con mercancías peligrosas como ácidos corrosivos y otras sustancias que pueden ser altamente explosivas. Para que nos hagamos una idea, atraviesa cada día nuestra ciudad el equivalente a unas 21.000 bombonas de butano. El grupo municipal Ahora  Murcia ha denunciado esta situación (http://esahoramurcia.es/autoproteccion-la-poblacion-ante-trafico-ferroviario-mercancias-peligrosas/) pero el director general de Transportes, Costas y Puertos, Jose Ramón Díez de Revenga, ha contestado que la circulación de trenes de mercancías por Murcia “no es peligrosa” y que “nunca ha habido en la zona ningún accidente reseñable”. Claro, un accidente no es accidente hasta que ocurre y quizás si lo hubiera habido no estaríamos aquí para contarlo o estaríamos en el párrafo anterior de este artículo, lamentando desgracias unos y rehuyendo responsabilidades otros. También ha añadido el director general que no hay riesgo porque los trenes en esa zona circulan a una velocidad muy baja. No, no es un chiste, lo ha dicho el director general.
Ojalá que no ocurra, pero para que no ocurra no basta con desearlo, tendremos que demostrar que hemos aprendido algo y aplicar medidas preventivas que eviten desgracias, porque luego los muertos se olvidan y el vivo vuelve al bollo, pero las vidas perdidas no se recuperan y la tristeza permanece en las familias y en las ciudades durante generaciones. Los accidentes ocurren en situaciones de riesgo, y éstas pueden ser evitables si hay voluntad política de trabajar por el bien y común y no sólo cara a la galería, en el mejor de los casos, y en el peor, por el lucro y el medro personal o partidista. Es irresponsable mantener a la población en una situación de riesgo, sobre todo porque la solución no es complicada: desde hace años está proyectado el bypass de Beniel que sacaría esas mercancías peligrosas de la ciudad. El problema es que este bypass aún tardará un buen puñado de años en ser una realidad porque al PP murciano lo único que le interesa es hacer llegar el AVE a Murcia del Carmen antes de las elecciones de 2019. Todo lo demás es para ellos ruido de unos cuantos “mataos”.


lunes, 1 de enero de 2018

HAPPINESS

HAPPINESS

Empieza a abrirse paso con fuerza una nueva definición de felicidad que ignora deliberadamente las circunstancias objetivas de los individuos, basando el bienestar interior única y exclusivamente en un acto volitivo. Tú puedes ser feliz si tú quieres, sólo tienes que desearlo. Es más, si no eres feliz sólo tú serás responsable, que lo sepas. Este pensamiento viene a decir que un ejecutivo en su despacho calefactado del edificio Chrysler puede ser un completo desdichado mientras que un huérfano en una favela de Brasilia, por ejemplo, puede ser feliz. Sólo tienes que saber cómo, para lo cual se dan talleres de happiness coaching. Se acuñan nuevos conceptos: co-housing (compartir la casa), co-working (trabajo a tiempo parcial) que te traerán la felicidad aunque nos hablen objetivamente de precariedad laboral y social. El self-made man devenido en self-happy man. El uso de términos anglosajones es, como diría Ángel Sanchidrián, lo que le da calidad a la película.

El neoliberalismo sabe que un ciudadano feliz es más productivo y menos problemático. La reclamación de derechos sólo puede proceder del malestar. Esta nueva noción de felicidad, emitida profusamente por gurús TED, artículos en periódicos importantes, anuncios de televisión, es un troyano destinado a instalarse en el cerebro de todos los usuarios de las redes sociales, lo cual sólo deja fuera a la Tercera Edad, y convencerlos de que la felicidad depende de ellos y si no son felices, es que algo habrán hecho mal. Mansedumbre y culpa  cristianas en un solo paquete. Si los ancianos quedan fuera de este coaching envenenado es porque, para una sociedad capitalista, lo mejor que pueden hacer los viejos es morirse pronto puesto que ya no son productivos. Esto lo dijo Christine Lagarde sin empacho ninguno, como si ella tuviera quince años, de donde podemos colegir que no estorban los ancianos sino, más específicamente, los ancianos pobres; los ricos pueden vivir lo que les dé la gana, que para eso son ricos, y después ser enterrados en cajas de seguridad suizas como nuevos faraones. Es la reedición 2.0 de la resignación cristiana; renovación necesaria en estos tiempos en que la feligresía no acude a la iglesia más que para bodas y funerales.

Esta idea básica (si no eres feliz es porque no quieres, no puedes culpar a un trabajo penoso, a un encarecimiento del nivel de vida, a una destrucción del estado de bienestar, en resumen, a nada que quede fuera de ti) es desarrollada en forma de teoría científica, con experimentos, gráficas y científicos de bata blanca. Como si lo colectivo no existiera, crece en un medio neoliberal de individualismo militante. Tomemos como ejemplo un anuncio televisivo de infusiones, que nos anima a practicar el “yoísmo”. El spot reza así: “Hornimans presenta El Yoísmo, un movimiento para dejar de pensar tanto en todo y empezar a pensar más en ti”.  Se toma una idea de perogrullo (la felicidad no reside en cosas materiales, si no que está en nuestro interior) y se desarrolla en el mismo ámbito del thatcherismo, que negaba el concepto de sociedad (There isn't such a thing as society, dijo Margaret en su momento) y sólo reconocía la existencia del individuo o como unidad colectiva máxima, la familia,  dejando así al ser humano solo en medio de una sociedad depredadora que niega la pertinencia de toda lucha social ya que, como hemos venido diciendo, la felicidad está en tu interior.

Esta idea es, por tanto, el marco de referencia para un cambio de paradigma. La colectividad, la lucha social, la construcción de una sociedad cooperativa y solidaria son cosa del pasado. Recuerda, sólo importas tú y tu felicidad está en tu interior, vuelca tu energía en esa búsqueda porque ese es el nuevo paraíso en la tierra. Busca tu chute de autocomplaciencia y todo irá bien, aunque el mundo se desmorone a tu alrededor. Es la nueva metadona social, un mundo donde sólo tú existes y solo tú importas, un mundo solipsista.


domingo, 24 de diciembre de 2017

A PALO Y PEDRADA

A PALO Y PEDRADA

        Veo el resultado electoral en Cataluña como el cuadro de Goya "La riña" donde observamos a dos hombres hundidos en la arena hasta la rodilla mientras se dan de bastonazos. Sin posibilidad de escapar porque comparten un mismo espacio y sin intención de colaborar para salir de la trampa. Las elecciones catalanas las han ganado las dos opciones más partidarias del palo y la pedrada. Las dos derechas catalanas, los dos nacionalismos han salido reforzados, como era de esperar. De hecho el resultado ha tenido todo que ver con la definición o indefinición frente a la disyuntiva nacionalismo español versus nacionalismo catalán. Esto era un  Barça-Madrid y el resultado ha sido empate. Los Comunes iban con el árbitro a juzgar por el marcador final.

      Arrimadas convertida en la nueva Khaleesi mientras se acerca el invierno político. C's sí que ha sabido rentabilizar la operación Piolín, pidiendo la aplicación del 155 con la insistencia del mequetrefe que anima al matón en la pelea.

      En cuanto al Pp, Cataluña hasta ahora no necesitaba un partido conservador que para eso han tenido ellos toda la vida su propia derecha catalanista. El resultado ha sido, pues, para los populares como el balance anual de una gran empresa que debe mantener su delegación testimonial en una capital donde no tiene ventas. Pero dudo mucho que les preocupe en demasía el resultado porque la puesta en escena iba destinada al electorado de fuera de Cataluña y ahí, mucho me temo, sí que van a barrer en las próximas elecciones merced a su elaborado discurso  de "a por ellos, oé".

     C's ha ocupado con éxito el ámbito de una derecha no catalanista que hasta ahora era un espacio ínfimo cubierto por un Pp siempre a la defensiva. Sin embargo el Procés ha sido una bomba que ha generado ese espacio ampliándolo hasta su capacidad máxima. Bien podrán los de Ciudadanos agradecer a su contrincante ese gigantesco regalo pre navideño. Los partidos indepes pusieron el huevo del dragón. Ya pueden felicitarse por el resultado.



miércoles, 13 de diciembre de 2017

UNOS BUENOS CHICOS

UNOS BUENOS CHICOS

La falacia de que el deseo de los hombres es irrefrenable se usa siempre como atenuante en los casos de agresión sexual. Así son los hombres, nos dice la sociedad. Así son los hombres, unos animales que andan en manada y carecen de control sobre sus impulsos. El patriarcado que machaca a las mujeres y hace de los hombres los reyes del universo también reserva un regalo envenenado para ellos, como vemos. El abogado defensor de tres de los componentes de La Manada ha dicho que ellos no son violadores, son chicos normales, jóvenes y guapos, unos buenos chicos. Como si sólo violaran los feos, los deformes, los viejos, los aislados, los locos, los lumpen. Qué van a hacer los pobres si tienen que, imperativamente, satisfacer sus necesidades. Entonces, estos chicos jóvenes, guapos, atléticos, pertenecientes a una extracción social funcional y adaptada, ¿Qué problema tienen? Ninguno. Como hemos visto, a la hora de violar se han mostrado previsores, organizados y cooperativos. Son representantes bien entrenados de una cultura que designa a las mujeres como seres inferiores, como objetos, como sexo débil. Porque la violación no es la satisfacción de un deseo, es la expresión brutal de la superioridad de los hombres sobre las mujeres. Si lo que querían era echar un polvo, cualquiera de ellos hubiera podido ligar sin dificultad, pero no era eso lo que perseguían, su objetivo era vejar y humillar a una mujer de la forma más extrema, como expresión máxima de lo que ellos entienden por hombría. El hecho de hacerlo en grupo no hace más que reforzar este impulso, elevándolo a categoría social normalizada, como demuestra el populoso grupo de WhatsApp donde compartían sus experiencias. Tenían montado una especie de mini industria privada de la violación. Hará bien la fiscalía en investigar ese grupo porque hay cinco individuos entre rejas pero otros quince que participaron en ese WhatsApp (y quizás en otras violaciones), andan sueltos.

Sabían lo que hacían y sabían que dañaban (cito uno de los mensajes: «Hay que buscar el cloroformo, los reinoles, las cuerdas... que después queremos violar todos») pero no les importó porque la cultura de la violación les premia y/o les perdona. La culpa es de ella por estar allí, por andar sola, por ser libre. La culpa es de ella por ser mujer. Esta violación tiene muchos culpables, pero desde luego ninguno es la violada. La responsabilidad es toda de La Manada y de la cultura de la violación que nos rodea y que ha sido capaz de sostener el discurso de que la violación había sido buscada por ella. Afortunadamente se han alzado voces  en contra, con el hashtag #yositecreo. Pues claro que te creo, cómo no te voy a creer. Te creo porque la culpa de tu violación la tiene cualquiera menos tú. La responsabilidad es de esa cultura que te expone, que te cuestiona, que ha puesto un detective a vigilarte (¡a ti, que eres la víctima!), que ha llegado al extremo de posibilitar que un juez admita en un primer momento ese nuevo acoso como prueba válida. Esa cultura reflejada en la canción de Sabina “El pirata cojo” en la que dice “voy a ser violador en tus sueños”; reflejada en el anuncio de Dolce y Gabanna donde vemos a una mujer semidesnuda tirada en el suelo mientras es  rodeada por cinco hombres; reflejada en los chistes groseros de monjas haciendo cola para ser violadas; reflejada en el imaginario del porno actual consumido a edades cada vez más tempranas. Las mujeres estamos deseando ser violadas, dice ese relato. Los violadores, por tanto, quedan exonerados de toda culpa.

A pesar de la abrumadora evidencia de que las denuncias falsas suponen menos de un 0,01% del total, cuando una mujer denuncia una agresión siempre es susceptible de estar mintiendo, siempre será considerada culpable mientras no se demuestre lo contrario. Esa sospecha recae sobre las mujeres por atreverse a hacer uso de su libertad mientras son consideradas fundamentalmente un objeto (y no un sujeto) de deseo para los hombres. La cultura de la violación dice también que cuando una mujer ha sido violada sin obtener placer de ello, debe hundirse y renunciar a la vida pública, debe permanecer en su casa dedicada al llanto  y la depresión, en cuyo caso el cometido de la agresión se ve satisfecho: generar miedo para despojar a las mujeres de su libertad. Si ella hace vida normal es que la cosa no ha sido para tanto, dice ese relato. A cualquier víctima, ya sea de robo, de violencia, de accidente se le pide que siga con su vida, que no se deje intimidar. A la víctima de violación se le exige lo contrario para ser creída: que sucumba a la depresión y renuncie a su libertad. Ojalá  cualquier víctima de agresión sexual quiera seguir saliendo a la calle, divirtiéndose, estudiando, emborrachándose, trabajando, ligando, paseando, trasnochando, haciendo cualquier cosa que hiciera antes en su vida. Ojalá ninguna mujer renuncie nunca a su libertad.


sábado, 25 de noviembre de 2017

MANDANGA NEONAZI

MANDANGA NEONAZI

Hace tres semanas escribí un artículo titulado “Fascismo cotidiano” (http://lacronicadelpajarito.com/blog/ramonalopez/2017/10/fascismo-cotidiano). Me llovieron los comentarios como nunca hasta ahora. Muchos de apoyo; la mayoría, es verdad. Pero un buen puñado también menos agradables. Alguien, no encontrando qué decirme, me dijo simplemente "fascista tú", por ahorrar tiempo. Iría con prisa, supongo. Pero hubo un comentario que me sorprendió y que no había comprendido hasta ahora: me aconsejaba no ponerme quisquillosa porque un poquito de fascismo no hace daño, siempre que no moleste. Sí, yo también puse esa cara que estás poniendo tú ahora. Como decía,  no lo he comprendido hasta esta semana, cuando he visto la respuesta que han dado todos los sindicatos policiales excepto CCOO frente a los insultos a Carmena y las expresiones de admiración a Hitler en un grupo de Whatsapp de la policía de Madrid.  Deben pensar, como esa persona que me glosó, que un poquito de fascismo, psss, no es para tanto, ¿a quién hace daño? A nadie que importe, ¿a qué persona bien le importan los inmigrantes, buenos sólo para alimentar peces en el Estrecho? Así que, si los chavales camelan pegarle a la mandanga neonazi, pues déjalos, aunque esos chavales que amenazan de muerte a políticos, periodistas e inmigrantes (el trío favorito de esta peña) sean los encargados al mismo tiempo de su protección y la nuestra.

La ley Mordaza con esto no se mete, no les debe parecer tan serio como los chistes sobre franquistas muertos, igual que tampoco le parecieron  graves las manifestaciones de ultras exhibiendo la bandera pre-constitucional y saludando brazo en alto mientras pedían para Artur Mas la cámara de gas y para Puigdemont el paredón, porque, al parecer, si rima no es delito de odio; es, ya sabéis, una alegre serenata como la que ofrecieron a Mónica Oltrà sin que la cosa haya tenido mayores consecuencias. Esta semana ha sido detenido un tuitero por tuits celebrando la muerte de Maza. No seré yo quien defienda tales comentarios, desde luego, pero no debemos olvidar que los tuiteros no portan armas ni son los encargados de detener a los malos.

La asimetría es tan flagrante que aturde sobre todo teniendo en cuenta que estos profesionales deben estar al servicio de todas las personas, independientemente de las filias políticas de cada cual. Perdida la imparcialidad, ¿qué harían estos policías si los llamaran porque en el desfile del orgullo gay, por ejemplo, un grupo de ultras está repartiendo estopa? Supongo que los invitarían a copas, al fin y al cabo son colegas. Y no quiero ni imaginar el supuesto de que un senegalés fuera a la comisaría a denunciar un robo o una agresión y le atendiera uno de estos. Se le queda a una el cuerpo un poquito así, regulero, de pensar que estos sujetos que proponen “salir de cacería” son los mismos que tienen que velar por nuestra integridad.

Los  sindicatos policiales, que hubieran debido pedir ellos mismos que se expedientara a estos individuos sin dilación,  consideran más grave el hecho de que esos mensajes hayan salido a la luz que el propio contenido de los mensajes. Para colmo, la persona que tuvo la valentía de denunciar estos whatsapps tiene que estar de baja y con escolta porque las amenazas que está recibiendo son de quitarle a uno el sueño de por vida. Me preocupa la presencia de descerebrados entre los miembros de la policía, cómo no, pero me preocupa aún más el inexplicable e inadmisible apoyo corporativo que están teniendo porque si estos profesionales son los encargados de protegernos, ¿Quién nos protegerá de ellos?