sábado, 11 de marzo de 2017

DÍA DE REIVINDICACIÓN

DÍA DE REIVINDICACIÓN

Imaginad esto: 8 de marzo, día de Miss Camiseta Mojada. No, todavía no ha ocurrido, pero no descartéis nada. ¿Que de qué hablo? Pues de la capacidad que tiene este sistema para vaciar de contenido una reivindicación y rellenarla con elementos decorativos. Si algo hace bien el capitalismo es desposeer a los símbolos de su significado mediante a) la banalización total y b) la subsiguiente mercantilización. Seré más explícita: me he pasado toda esta semana leyendo mensajes del tipo: “una rosa para ti que eres mujer, porque hoy es tu día”. Y de ahí para arriba, porque éste es el más inocente de todos. A partir de ahí una gradación ascendente tanto de a) como de b) con ejemplos como los que siguen a continuación y que se glosan solos:

a)
-    Mensaje de un grupo de Whatsapp: mujer en traje de torero (sí, yo tampoco sé por qué) con este texto sobreimpreso: “mujer es: arte, valor, belleza, inteligencia y amor; que Dios las bendiga por haber amado tanto”. Porque eso somos las mujeres, el paradigma del amor.
-    Programa del PP de Rota para la semana del 8 de marzo: el martes, charla “Dolores lumbares en la mujer”;  el miércoles, charla “Cuidados del pie en la mujer” y el sábado “Muestra de peinados y moda flamenca”. No tengo nada que añadir.
-    En una radio local tres hombres debatiendo sobre el papel (o el trapo...) de la mujer en sociedad. Qué duda cabe que se van dando pasos de gigante, dice uno. Sí, pero por lo visto  no los suficientes como para invitar a una mujer a una tertulia sobre mujer. ¿Os imagináis, no sé, una charla sobre filosofía sin un filósofo/a en la mesa? Y quien dice filosofía dice apicultura, por ejemplo. Pero sin embargo nuestros medios de comunicación se siguen sintiendo autorizados a hablar sobre mujeres sin mujeres.

b)     
-  Tienda de cosmética que ofrece el día 8 de marzo un dos por uno en depilación, para ti, mujer. Sólo les ha faltado decir: para que te sientas bella en este día, que es el tuyo.
-   “Con motivo del día de la mujer, Terranatura Murcia y el Ayuntamiento de Murcia, todas las mujeres y niñas ¡GRATIS!” (sic) Con su símbolo feminista y todo dibujado con flores sobre fondo rosa. Puritito pinkwashing asociado a técnica comercial para atraer público. ¿A que es bonito?

Este tipo de utilización mercantil de un elemento reivindicativo me recuerda siempre a una camiseta con el perfil de Ché en lentejuelas que vi en un desfile de modas televisivo, con la cual querían dar una imagen de rebelde cool. Al sistema neoliberal le vale todo, previamente despojado de todo contenido sospechoso de ser agitador, claro.

El ocho de marzo no es el día de la florecita para la mujer, no es nuestro santo, ni siquiera nuestra santa, no es día de felicitar ni de ofrecer rebajas en el tinte o las ingles brasileñas; es un día para reivindicar nuestros derechos y para denunciar que el 51% de la población sigue sufriendo una discriminación vergonzosa y que poner una flor en Facebook o invitar a las mujeres al zoo no es luchar para cambiarlo. Sólo tenemos que acudir a las cifras de mujeres asesinadas por sus parejas (44 en 2016 según datos oficiales), a las cifras de la brecha salarial entre hombres y mujeres (de un 27% a un 30%), a las cifras de desigualdad en la cultura (una media de 18% de presencia de mujeres)...  Y ahora probemos a ponerles flores, a ver si mejora la cosa.

domingo, 19 de febrero de 2017

NEOLIBERALISMO REPRODUCTIVO

NEOLIBERALISMO REPRODUCTIVO

Siguiendo a mi admirada Ana de Miguel, recordaré aquí, tal y como señalaba esta filósofa, lo que decía Aristóteles sobre las mujeres: “Parecen hombres, son casi hombres, pero son tan inferiores que ni siquiera son capaces de reproducir a la especie, quienes engendran los hijos son los varones. Las mujeres son meras vasijas vacías, el recipiente del semen creador”. Bien, pues, el neoliberalismo reproductivo ha convertido esta metáfora ominosa en realidad mercantilizable porque los deseos de descendencia de las personas occidentales con poder adquisitivo son superiores al derecho al propio cuerpo de las mujeres pobres.
En el tema de los vientres de alquiler, hay una cuestión que, sorprendentemente, se pone por encima de todas las demás (el concepto de ser humano, los derechos humanos, el derecho de la mujer al propio cuerpo) y es la siguiente: aquéllos que tienen dinero para sufragar una gestación subrogada creen que sus deseos son derechos. Ser padres es una opción, es una aspiración, para quienes no pueden serlo es, además, un anhelo pero desde luego no es un derecho. Y además, ¿desde cuándo los derechos se materializan cosificando a otro ser humano? Es como si el derecho a una alimentación sana y variada nos permitiera ser caníbales.
Aquellas mujeres que tienen por todo patrimonio su propio cuerpo son conducidas, en virtud de ese deseo devenido en derecho gracias a las leyes del mercado, a venderlo o alquilarlo, a comerciar con él para poder sobrevivir. Pero sucede que ese intercambio no es neutro, no se produce en el vacío sino en el contexto de una sociedad patriarcal donde las mujeres son sujetos de segunda y las mujeres pobres, en este caso, simples objetos reproductivos. Una sociedad donde, con esa práctica, se ahonda aún más en la ya enorme asimetría entre sexos.
         No sólo eso, con la aceptación de la denominada “maternidad subrogada” se acepta también una triple desigualdad: de género, porque de lo que se hace uso es del cuerpo de las mujeres; de clase, pues son las mujeres pobres las que se exponen a esta práctica; de naciones, porque este fenómeno genera países exportadores de vientres de alquiler  (India, Bangladesh, Pakistán, Ucrania)  y países importadores de este tipo de servicios.
Se dice, para justificar esta práctica, que es mejor alquilar el vientre que malvivir en la miseria. Pero resulta indecente e inhumano pretender regular y legislar sobre este particular como si ambas partes estuvieran en las mismas condiciones, obviando de forma intencionada la inferioridad palmaria de las mujeres que ceden su capacidad reproductiva. En los países donde esta práctica es legal la legislación blinda literalmente a los compradores del servicio, despojando por completo de derechos a las mujeres gestantes cuya vida, alimentación y hábitos es controlada hasta el mínimo detalle por las clínicas reproductivas. Todo derecho de ellas se reduce a una mera compensación económica previamente pactada. Dicha práctica convierte, además, al neonato en simple mercancía que se puede devolver si no se ajusta a las demandas del comprador.
Las mujeres alquilan sus vientres para que la semilla reproductiva de otras personas tenga continuidad, recordemos que quienes dan continuidad a la estirpe son los que ponen el dinero, no quienes ponen  el cuerpo, que en este caso es un mero elemento utilitario. La opción de poder utilizar el vientre de una mujer para que sea gestante del hijo de otra persona a cambio de dinero es puro neoliberalismo reproductivo. No es un tema menor pues en él está en cuestión el propio concepto de ser humano y de lo que se puede hacer con él. No lo olvidemos.


sábado, 21 de enero de 2017

EL AGENTE NARANJA

EL AGENTE NARANJA


El agente naranja fue utilizado por EEUU contra Vietnam como parte de su programa de guerra química. Parece que con los restos que quedaron en algún laboratorio, han fabricado un presidente que puede tener parecidos efectos devastadores sobre el país y resto del mundo: Donald Trump, un orate rijoso y agresivo con escaso control sobre sus impulsos. Tendrá como vicepresidente a Mike Pence, tan conservador que más que un meapilas es un integrista religioso: niega la evolución y está encastillado en que el mundo fue creado por Dios, por su Dios, en siete días. Destaca por ser un activo luchador contra la homosexualidad y el aborto. Es más fácil comprender a los integristas musulmanes cuya única disciplina curricular consiste en aprenderse el Corán de memoria mientras se acunan maniáticamente. Qué atenuante para su cerrilismo puede aportar este hombre educado por el supuestamente moderno sistema educativo americano.

Por lo visto, Trump ha recogido la furia de los "angry white men". Veamos de qué se compone su ideario: supremacía del hombre blanco, consecuentemente racismo, machismo, homofobia, fascismo... Imposible que todo esto no recuerde al Ku Klux Klan , ese grupo que ni siquiera necesitó una palabra para definirse, les bastó una onomatopeya (Ku Klux Klan hace referencia al sonido de un rifle al armarse). Y en sus manos estará durante los próximos cuatro años el futuro de un país y su influencia sobre todo el planeta.

Su primera medida ha sido desmontar el Obamacare, el sistema de salud pública puesto  en marcha por el presidente saliente, porque  según Trump, la salud para quien se la pague. Esta medida afectará a millones de personas.  Los “angry white men” deben estar satisfechos, ignorantes como son de que la carencia de sistema de salud pública afecta por igual a aquellos cuyos votos han hecho a este energúmeno presidente.

El mundo es un lugar un poco más extraño, un poco más amenazador, un poco más inhumano desde de la llegada de Trump a la Casa Blanca. Sus votantes han elegido el retorno del hombre anglosajón blanco al poder. Da la sensación de que no han votado a un hombre sino a un símbolo: el macho rígido e intolerante que dirige los destinos con mano dura, aunque se comporte como un payaso ridículo. Los videos en los que muestra su actitud irrespetuosa y/o agresiva hacia las mujeres seguramente no han hecho sino favorecerle porque completan el arquetipo simbólico. No es que haya ganado a pesar de ello, es que ha ganado entre otras cosas gracias a ello. Su joven, rubia y despampanante esposa contribuye a la imagen de potencia sexual que acompaña a ese modelo de poder.

Él, que tiene una mujer eslovena, aboga por un país sin inmigrantes, América precisamente, la nación cuyos únicos habitantes nativos están recluidos en reservas… Lo absurdo de su discurso también ha jugado a favor de inventario. Niega el cambio climático y la llegada a luna, manda a sus votantes el mensaje de que todos los demás políticos exageran y asustan para nada con la milonga esa de que nos estamos cargando el planeta. Les da, en fin, una esperanza insensata que nos pone a todos un poco más cerca del abismo, pero esperanza al fin y al cabo.

Los votantes querían un berraco, un semental, el gran cerdo que les condujera a la legendaria trufa blanca del antiguo y conservador ideal americano. Van servidos.



sábado, 14 de enero de 2017

SIN REFUGIO

SIN REFUGIO

En el libro “Eichmann en Jerusalem”, Hannah Arendt da cuenta del juicio que en esa ciudad se hizo al dirigente nazi Adolf Eichmann. De él dice la autora que no era un personaje especialmente malvado, no era un monstruo inhumano como lo quería presentar el gobierno de David Ben Gurion. No, en absoluto. Eichmann, que tenía a su cargo el correcto funcionamiento de la logística  de los trenes de la muerte,  era algo peor que un psicópata: Eichmann era un hombre normal.  Ninguna  patología mental socialmente peligrosa le había llevado a transportar a millones de personas hacia la muerte, de la cual él estaba perfectamente informado y con la que obviamente era conforme. Eichmann era algo tan peligroso y escalofriante como un hombre normal, ni siquiera muy listo, uno del montón, uno más, uno que en circunstancias corrientes hubiera llevado una vida vulgar y anodina, pero que en la Alemania nazi devino en una pieza clave  del engranaje de la maldad. En este libro Arendt reflexiona sobre lo que ella denomina “la banalidad del mal”, el mal no como una anomalía de la personalidad de un individuo o sociedad sino como ese hecho inquietante de que el mal vive entre nosotros, ciudadanos y ciudadanas corrientes y de que se puede manifestar en todo su horror bajo según qué premisas. En este libro se cuenta que en una visita que hizo Eichmann a uno de los campos de concentración vio a dos jóvenes alemanes rompiéndole los brazos a una mujer y exclamó escandalizado: ¿no os dais cuenta de en qué convierte esto a nuestros jóvenes? A pesar de no ser especialmente inteligente pudo comprender que aquello embrutecía a los jóvenes alemanes hasta tornarlos en bestias inhumanas, que toda esa violencia era una retorcida lección vital. Paradójicamente no fue capaz de entender que él mismo era un burócrata de la muerte y que ello le había convertido en lo mismo que a los jóvenes cuya violencia le había escandalizado.

Estos días al ver esas dolorosas columnas de refugiados caminando bajo la nieve, abandonados a su suerte frente a las puertas de una Europa indiferente y desmemoriada  pienso en el mal que supone encogerse de hombros ante la desgracia ajena y me pregunto, tal como se preguntaba Eichmann, en qué convierte toda esa indiferencia a Europa. El mal es una vía de ida y vuelta ( mi madre dice: "el que hace daño alcanza parte") y el mal que la indiferencia europea inflige a las personas desplazadas (cómo llamarles refugiados) convierte a nuestro continente en un ámbito donde el progreso humanizador queda en suspenso, donde triunfa una banalidad estúpida y eso es algo que no sale gratis. Una sociedad que no reacciona frente al dolor ajeno es una sociedad en descomposición.

domingo, 8 de enero de 2017

TROYANO

TROYANO

Asistimos a un despliegue y avance de una hiper individualidad que pone las decisiones personales por encima de cualquier otra consideración. El troyano que el neoliberalismo introduce en el discurso feminista y en buena parte de la izquierda (siguiendo a Alicia Miyares) es el de quiénes  somos nosotras, feministas, para poner en cuestión la libertad de otras mujeres de someterse al patriarcado si libremente quieren hacerlo, puesto que ya somos iguales por ley. Como si esa supuesta libertad se produjera en un contexto neutro, como si la educación que recibimos, la tradición que arrastramos y la información que consumimos no estuvieran atravesadas de parte a parte por la idea patriarcal de la mujer como diversión del hombre, como descanso del guerrero y como elemento decorativo. Vaya por delante que no estoy en contra del ejercicio de la libertad individual sino en contra de la falta de visión crítica y de la aceptación generalizada de que todo está bien si pasa por el filtro de esa supuesta libertad. Hay un discurso en auge que aludiendo a la libertad personal desarma toda otra reacción frente al rearme machista. Como ejemplos, algunos políticos de Podemos difundiendo el video de un salón erótico o Mónica Oltra opinando que prostituirse es más rentable que limpiar casas.
Se justifica el que otras mujeres enseñen las tetas para diversión de los hombres siempre que lo hagan porque es lo que a ellas les gusta y ejerciendo su libertad. Hay una parte del feminismo que defiende la institución de la prostitución porque "es un trabajo como otro cualquiera" si se hace desde la libre elección, legitimando como trabajo lo que no es más que un abuso y un atentado contra los Derechos Humanos, olvidando e invisibilizando a la gran masa de mujeres que llega a esa situación por pura persecución económica o que son traficadas y prostituidas. Da gusto ver lo cómodo que se encuentra el patriarcado con este discurso (y si no, que le pregunten a los presidentes de los clubs de alterne) que defiende aquello que conviene al propio patriarcado mientras dice ponerlo en cuestión. Creo que hay un avance de esta nueva vieja visión y pienso que es porque este relato resulta muy práctico tanto para el patriarcado como para e neoliberalismo y por tanto recibe cada vez más visibilidad. Aunque a nadie se le escapa que si, por ejemplo, Eva Pedroche dejara de ejercer su libertad de salir en bañador en diciembre para diversión del personal masculino los directivos de las cadenas ejercerían su libertad de dejar de contratarla y buscarían a otra menos quisquillosa. Porque recordemos que ella no es contratada para ese papel por su trayectoria profesional, que la tiene,  lo que la convertiría en única, sino por lo que puede mostrar, por sus encantos que dirían un cursi, lo cual la hace idéntica y por tanto sustituible. ¿Cómo es que la libertad del cocinero, o de cualquier otro presentador, no le lleva a salir medio en bolas a un balcón bajo un frío ártico? Y todo está muy bien porque así son las cosas y así son las leyes del mercado y las del patriarcado y cada uno y cada una ha actuado conforme a su libertad. No es extraño que este discurso complaciente esté cada vez más extendido, lo raro sería que los medios no dieran cobertura a un relato que favorece el Statu Quo.


lunes, 2 de enero de 2017

OLVIDO DURO

OLVIDO DURO

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"Hay rencores que circulan por la vida sin un cuerpo. Sólo existen. Se quedan prendidos a la memoria como una sombra que oscureciera las luces de la infancia, la adolescencia, la universidad, el día de la boda. A veces se olvidan las personas, pero queda el rencor, como una nube negra de polvo viejo que ensucia la nostalgia."

La novela de mi querida Zaida Sánchez Terrer, “Olvido Duro” (Editorial Amarante, 2016) está repleta de hallazgos como éste. Os recomiendo leerlo con un lápiz para ir subrayando.

           La autora se adentra con su segunda novela en el bosque psicológico de las relaciones humanas y sus complejidades. Lleva una brújula, la de su potente intuición, que nos va guiando por este territorio plagado, más que de trampas, de trampantojos; un terreno donde todo es susceptible de ser otra cosa y que a menudo es otra cosa, como sucede en los sueños. Sabemos que la literatura no nos da respuestas pero sí que nos ayuda a hacernos preguntas, que es lo importante, y a mí este libro me ha ayudado a plantearme algunas cuestiones que, casi sin saberlo yo misma, tenía en la bandeja de tareas pendientes. Preguntas insoslayables y mínimas, como los guijarros que Hansel y Gretel van tirando por el camino para ayudarse a volver a casa. Hacen falta muchos libros y muchos guijarros y es probable que nunca volvamos a casa, pero, como en el poema de Cavafis, lo importante es el viaje. Y yo en este libro he hecho parada y fonda entre otras cosas porque siempre me han fascinado las matrioskas, una muñeca que contiene otra muñeca que contiene otra y luego otra más. En Olvido Duro cada capítulo puede leerse de modo independiente y tiene sentido completo pero al mismo tiempo cada historia contiene otra historia en su interior y luego otra y otra más, en un estimulante ejercicio metaliterario.

Las voces narrativas van cambiando lo cual le confiere a la novela un enorme dinamismo y contribuye, por paradójico que parezca, a darle unidad y sentido. Esa voz se vuelve particularmente hermosa en el capítulo “Desamor”:
           
“Casi nadie se da cuenta del día en que aparezco. Nadie me percibe hasta que pasa algo de tiempo. Y todos se plantean los mismos interrogantes, ¿cómo fue?, ¿por qué nos ha sucedido?, ¿quién tiene la culpa? Es algo que no puedo explicar […] No me gusta molestar y ando de un lado a otro de puntillas. Al principio nadie me nota, pero llega un momento en que por quieto que esté, mi presencia es completa y lo ocupa todo”.


        Zaida S. Terrer escribe de forma impecable, clara y fluida, pero no os despistéis porque no os llevará de la mano: esta novela busca lectores atentos. Espero que la disfrutéis tanto como la he disfrutado yo.


jueves, 22 de diciembre de 2016

SÓLO QUIZÁS

SÓLO QUIZÁS

No deberías haber sido tan alegre y tan extrovertida.
No deberías haber aspirado a estudiar.
No deberías haber querido ser una persona  independiente.
No debería haberte gustado tener opiniones propias.
No deberías haber querido vestirte como a ti te gusta.
No deberías haberte negado a que él controlara tus llamadas y mensajes.
No deberías haber salido con tus amigas algunos sábados por la noche.
No deberías haber aspirado a volver a trabajar después de haber criado a tus hijos e hijas.
No deberías haber reclamado igualdad de trato.
No deberías haberte negado a tener relaciones sexuales cuando a ti no te apetecía.
No deberías haber dejado de ser la mujer sumisa y complaciente que él reclamaba.
No deberías haberte quejado tanto.
No deberías haber levantado la voz.
No deberías haberlo abandonado.
No deberías haber hablado con tus amigas, con tu madre, con tu familia.
No deberías haber ido a un abogado o a una abogada.
No deberías haber solicitado el divorcio.
No deberías haberle contado a un juez o a una jueza que tu vida no era vida desde que te uniste a él.
No deberías haber dicho que habías querido separarte después de la primera bofetada pero te faltaron las fuerzas, la independencia económica, el respaldo familiar y el respaldo social.
No deberías haber solicitado una orden de alejamiento.
No deberías haber advertido a todos tus vecinos  y vecinas que no abrieran el portón del edificio a tu ex marido.
No deberías haberte defendido de la agresión.
Entonces quizás, quizás  aún seguirías viva.