viernes, 15 de junio de 2018

AQUARIUS


AQUARIUS

Seiscientos veintinueve  es una cifra mezquina, ridícula. Sin embargo muchos de mis compatriotas, al oír que se va a acoger un barco con algo más de seiscientos refugiados giran la cabeza, miran a un lado y a otro, cuentan con los dedos y deciden solemnemente que aquí ya no cabe nadie más. Que los tiren al mar. De pronto se han convertido todos en expertos en recursos del país. Los mismos que se encogen de hombros ante el gasto indecente de la monarquía, de la iglesia, del rescate a la banca, del gobierno corrupto, deciden que seiscientos refugiados en un país de cuarenta y seis millones son muchos refugiados. Y que los tiren al mar. No sólo están convencidos de ello, nos quieren convencer también a los demás. Nos quieren convencer de que renunciemos a nuestra humanidad,  como han renunciado ellos.

Los pobres del mundo rico contra los pobres del mundo pobre, culpando a los pobres del mundo pobre de las desgracias del mundo rico. Qué rápido se renuncia en el primer mundo a valores inalienables como solidaridad, compasión, piedad.

Dicen que no somos un país rico como para acoger a gente pobre. Bien, entonces vamos a esperarnos a ser ricos para conducirnos con humanidad. Lo malo es que para entonces habrán muerto millones de personas por hambre, violencia, miseria y desesperación. Pero qué más da. Serán los muertos de otros, no nuestros muertos. No nos debe importar.

Dicen que aquellos que defendemos a los inmigrantes deberíamos meterlos en nuestra casa. Se agradece la sugerencia, pero ya lo había pensado y no tengo dudas: antes meto en mi casa diez inmigrantes que un racista.

Dicen que nos debe alarmar el efecto llamada que se producirá si acogemos a los refugiados. Debo insistir en el mismo argumento y tampoco tengo dudas: prefiero el efecto llamada antes que vivir en un país y entre unos conciudadanos que le vuelven la espalda al dolor ajeno. Prefiero vivir en un país atestado de refugiados, humano y solidario, antes que en uno limpio de inmigrantes, aséptico y racista.

Uno de los países donde el nazismo actuó con mayor ferocidad, apoyado por los grupos fascistas nacionales, fue en Rumanía. Cuenta Hannah Arendt en “Eichmann en Jerusalem” que en una ocasión cargaron un tren de hombres, mujeres y niños y lo hicieron circular sin agua ni comida con destino a ninguna parte, hasta que todos murieron. Imposible no establecer el paralelismo entre ese tren y el destino que le estaba reservado al barco “Aquarius”. Aquello ocurrió ante la indiferencia y la hostilidad del resto del país. Lo que está ocurriendo con los refugiados, en pleno siglo XXI, en nuestra avanzada Europa, como si la historia no nos hubiera enseñado nada en absoluto, también ocurre ante la indiferencia y la hostilidad de una parte de la ciudadanía y ante la dejación, cuando no la beligerancia, de muchos gobernantes europeos.

El mundo del futuro lo construimos entre todos. Si nos esforzamos por dividirnos (lo nuestro primero, ese no, que es de fuera, que es pobre, que es de  otra nacionalidad, otro color, otra raza, otra religión) pondremos la primera piedra para nuestra destrucción como humanidad. Por encima de toda esta cuestión levita un fascismo latente que es lo que más nos debería preocupar. Todos los argumentos expuestos por quienes se oponen a la llegada de refugiados y piden que se cierren puertos y se construyan muros, no son nuevos, es el catecismo fascista clásico, asumido de manera natural por una parte nada desdeñable de la población. No veo diferencia alguna en la posición hostil frente al refugiado y al inmigrante de tantos convecinos y la posición de quienes, en la Alemania nazi veían pasar trenes cargados de judíos y, en el mejor de los casos, se encogían de hombros.

Por mi parte, sólo puedo decir: Bienvenido, Aquarius.


miércoles, 6 de junio de 2018

RIVERITA DE LA MONCLOA


RIVERITA DE LA MONCLOA

Albert Rivera es un torero muy español y mucho español. Se toma el gentilicio como si ser español fuera, qué sé yo, como ser bombero, como ser astronauta, una especie de profesión de riesgo y prestigio. Al parecer, lo mejor que puede uno ser en esta vida es español, la españolidad te da un plus, aunque seas Jack el Destripador, aunque seas el líder de un partido corrupto que ha dejado a ese mismo país al que exaltas, en los puros huesos. Renunciar a esa españolidad te deja fuera del canon de excelencia y te convierte en proscrito cuando no en delincuente. Lo hemos visto en la puesta en marcha de la Plataforma Ciudadana para “recuperar el orgullo de sentirse español” (luego llaman populistas a los otros), una plataforma que daría risa si no fuera porque todos ellos se lo toman muy en serio, vamos, más en serio que un infarto. La que más risa da, porque es la que más en serio se lo toma, es Marta Sánchez que llora de emoción entonando el himno con letra de su invención y voz trémula. Llora porque ama a España; ¿la ama tanto como para pagar impuestos aquí? No, tanto no, pero se emociona cantando, que equivale casi a lo mismo.

La moción de censura que ha dejado al PP de nuestros pecados fuera de juego, ha pillado a Rivera con el pie cambiado. Las encuestas, luciendo peineta y mantilla, le tiraban besos desde la barrera y ya estaba él esperando al toro a porta gayola, una rodilla en tierra, persignándose, muy seguro de que su faena le sacaría a hombros de la plaza para colocarle a plomo en la Moncloa. Y de pronto, qué cosas, hete aquí que el toro llega por detrás, le desbarata el lance y ya no hay manera de componer la figura.

Pero claro, si hay que elegir entre apoyar a un partido de ladrones o a un partido que pacta con nacionalistas (como si este pacto no hubiera sido una constante en nuestra historia reciente) por supuesto mejor los ladrones, que son ladrones pero mucho españoles, y esto es lo que cuenta. Y a partir de ahí se construye el discurso de las dos derechas, la vieja y la renovada, que caminan de la mano: que si Pedro Sánchez es un presidente al que no han votado los ciudadanos. Cierto, cierto, ni a él ni a ninguno porque al presidente lo elige la cámara; tenemos lo que se llama “una democracia representativa”, que parece que el personal se entera sólo de lo que quiere. Que si Sánchez es un sinvergüenza, que se ha aliado con nacionalistas (como si ellos no lo fueran; ellos, los de la exaltación de la patria, escupiendo por un colmillo del nacionalismo…), con comunistas bolivarianos y hasta con Darth Vader… Una concejala del Pp llamando “rata” a Pedro Sánchez; Francisco Bernabé tildándole de “vil traidor”;  la histeria está alcanzando niveles de ópera bufa.

Ahora en serio: el discurso de Rivera durante la moción de censura daba un poquito de grima. Un discurso vacío, con cuatro o cinco ideas de Perogrullo repetidas en bucle, reclamando unas elecciones que las matemáticas parlamentarias hacían inútiles y poniendo en valor una y otra vez la españolidad, como si ésta fuera un mérito y no un accidente geográfico. El problema que tiene el ver españoles por todas partes es que también ves “no españoles”, y estos, evidentemente, no son de fiar. Lo que late en el fondo de su discurso, en lo que no dice, es un patrioterismo excluyente con tufo fascistoide que, de verdad, da algo de miedo. Me gustaría recordarle a Rivera que al país lo amamos trabajando por el bienestar de todos, también de los que no piensan como nosotros, y que robar a manos llenas y envolverte en una bandera rojigualda bien grande, es cínico y doloso. Que al país lo amamos contribuyendo a su sanidad, no vendiéndola; contribuyendo a la educación, no malbaratándola; cuidando de las pensiones, no congelándolas; fomentando leyes de igualdad de género, no ignorándolas; generando diálogo entre comunidades, no enfrentándolas…

En fin, maestro, una mala tarde la tiene cualquiera. Más suerte en la próxima.


domingo, 27 de mayo de 2018

EXALTACIÓN DE LA IGNORANCIA


EXALTACIÓN DE LA IGNORANCIA

La ignorancia siempre ha existido, pero históricamente ésta ha supuesto un menoscabo de la persona, no un valor. La sabiduría y el conocimiento han sido en todo tiempo una aspiración social, un ideal que ha hecho a todas las sociedades avanzar y superarse. Para nuestra desgracia vivimos tiempos de exaltación de la ignorancia. La fama había sido hasta nuestro siglo un premio que se desprendía de las hazañas o los logros de la persona. En estos momentos, la fama es un valor desvinculado completamente de todo esfuerzo donde el único mérito consiste en la capacidad de exposición a los medios. Vemos a hijos e hijas de famosos que ni han terminado la educación básica, sujetos que se han relacionado con alguien que es o ha sido popular, personajes televisivos y radiofónicos presumiendo de ser aún más ignorantes de lo que ya imaginamos que son, gente viviendo a cuenta de la ignorancia, embrutecida, sirviendo como ejemplo vital a los más jóvenes. Lo más triste es que se trata de personas que han tenido acceso a la cultura pero que no han hecho uso, demasiado esfuerzo, qué cansera. El ideal ilustrado de la educación universal convertido a lo sumo en mero entretenimiento, el bagaje necesario para participar en un concurso televisivo, pero no para hacerte crecer como persona y como ciudadano, alguien cuyos valores harían avanzar hacia una sociedad más sabia, más justa, más igualitaria.

La incultura conviene al mercado pues genera ciudadanos carentes de capacidad reflexiva y crítica, y el mercado es el que marca los tiempos de la política, plegada completamente a sus dictados. “Es el mercado, amigo”, fue la frase que enunció Rodrigo Rato al ser interpelado por su actuación como ministro de economía. “Es el mercado, amigo” puede muy bien ser todo un compendio de economía política; es lo que hay, no hay más, hay mercado y debemos legislar y gobernar en función de ese mercado.

Mientras tanto, el personal docente se mata a trabajar luchando, por una parte, contra los recortes derivados del saqueo económico que ha supuesto la corrupción (cuya responsabilidad se sacudía Rato con un puro vacile, porque los chulos son así) y por otra, contra el avance generalizado del modelo deplorable de la ignorancia, enarbolado tanto por famosos como por los propios políticos que debían ser garantes de los valores de la sociedad. En nuestros tiempos de posverdad, de ataque neoliberal, de invasión descarada del mercado libre, todo se compra y todo se vende; el conocimiento (o la imagen que lo representa) también. El saber real es despreciado y ninguneado, la filosofía desterrada de los planes de estudio, la música proscrita, las humanidades y todo lo que no sea una ciencia utilitaria, desdeñadas. Los científicos, cuyos recursos son recortados sin mesura, no tienen más opción que emigrar a países donde aún no se haya iniciado la persecución del saber.

La unión de corrupción política e ignorancia como modelo social nos conduce ineludiblemente al máster de Cifuentes, ese máster que ha sido el paradigma de la desigualdad y el privilegio, de la tomadura de pelo y el signo de nuestro tiempo: la exaltación de la ignorancia. La constatación de que el dinero y la influencia todo lo pueden. No te dan sabiduría pero la fingen con un documento que para los efectos cumple con lo que se le pide. La erudición es una carga estúpida, una pérdida lamentable de tiempo. Estudiar es de pobres, los mismos que luego servirán hamburguesas o copas a aquellos que, sin necesidad de hincar codos, tienen el mismo título, ese que les da acceso al poder porque para que no se desmorone todo el tinglado es conveniente seguir guardando las apariencias. Este caso da cuenta además del efecto corrosivo a todos los niveles que produce la corrupción porque una sociedad que exalta la ignorancia y que para el conocimiento reserva el subempleo o el exilio, es una sociedad que se encamina hacia su propia disolución.

Hay ideas que lamentablemente nunca desaparecen y vemos cómo el arcaico lema fascista de “muera la inteligencia” ha devenido en consigna neoliberal. Sí, por lo visto la ignorancia es todo un negocio.



domingo, 29 de abril de 2018

NO ES MANADA, ES JAURÍA


NO ES MANADA, ES JAURÍA

En diciembre pasado escribí este artículo para este mismo medio: http://lacronicadelpajarito.com/blog/ramonalopez/2017/12/unos-buenos-chicos sobre la violación en San Fermines. Y efectivamente, los jueces  han decidido que esta panda de criminales son unos buenos chicos con mala suerte a la hora de ligar. Releyendo el artículo, me parece increíble haber tenido que explicar la obviedad de que la responsabilidad de la agresión no es de la agredida, pero visto lo visto, está claro que toda explicación ha resultado insuficiente. 
El Colectivo +mujeres, del que formo parte, entrega cada año un premio y un anti premio a la persona o institución que más o que menos se haya destacado en la defensa de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Este año, qué cosas, el anti premio, un topo cegato necesitado de gafas violeta, fue para la cúpula Judicial española (el Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial) por el caso Pascual de Riquelme, en el que se discriminó claramente a la magistrada Pilar Alonso Saura, que aspiraba a la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Murcia, con méritos flagrantemente superiores a los de su compañero Pascual de Riquelme, que fue finalmente el receptor de este nombramiento. Y esta es la justicia que tenemos: se empieza por obstaculizar el acceso de las mujeres a la judicatura de forma torticera y se acaba dictando sentencias injustas que duelen en el corazón a millones de personas (impresionantes las manifestaciones de estos días). Si dudáis de lo que digo, no tenéis más que echar un vistazo a la foto de apertura del año judicial: es la fiesta de la testosterona.
Ha sido ésta una sentencia machista, tremendamente machista en la que los jueces, en vez de ponerse en el lugar de la agredida, se han puesto en el lugar de los agresores. Deben haber pensado: "hombre, si yo me encuentro a una tía borracha, también aprovecho la ocasión. A ver si es que me voy a tener que pasar veinte años en la cárcel por eso, si es lo que haría cualquiera. La culpa es de ellas, que van como van y pasa lo que pasa". Han emitido una sentencia atravesados de pleno por la cultura de la violación que nos rodea, presente en el porno, en la  publicidad, en la música, en las  conversaciones, esa cultura que dice que una mujer siempre está deseando ser violada. Una cultura que ve mayor responsabilidad en una mujer que anda sola y borracha por la calle que en los cinco hombres que la violan. Los jueces no son ajenos a esa cultura, como podemos observar por esta sentencia. 
A la vista de esta resolución judicial, yo tengo una pregunta, señores jueces: ¿En serio no hay agresión en que cinco hombres, cinco, que te saca cada uno diez años y veinte kilos, te penetren, vejen, humillen y roben, cuando estás sola, bebida y desorientada?  ¿No hay agresión, sólo abuso? Entre los agresores hay un guardia civil y un militar: ¿os imagináis al guardia civil frente a un caso de violencia de género?, ¿os imagináis al militar de misión humanitaria en Tahití, en Siria, rodeado de mujeres, niños y niñas en completo desamparo? 
Para dar otra vuelta de tuerca, uno de los jueces opina que ella estaba divirtiéndose.  Qué decir sobre esto salvo que no es una sentencia judicial, es una sentencia política, profundamente política que ahonda en la brecha patriarcal, que sigue considerando que la víctima de agresión, si es mujer,  tiene responsabilidad y que esa responsabilidad es un eximente para el agresor. 
No es manada, es jauría, jauría a la que con esta sentencia se han sumado también los jueces.

domingo, 22 de abril de 2018

NOS ATACAN LOS POBRES


NOS ATACAN LOS POBRES

He recibido por Whatsapp uno de esos mensajes que se hacen virales sin que nadie sepa bien de dónde han salido y que contiene este texto, que reproduzco tal cual: “Ante los preacuerdos de PP y PSOE para eliminar las Pagas Extraordinarias de los Jubilados, y hacernos, como siempre, los paganos de su incompetencia política PEDIMOS LA ELIMINACION DE LAS AYUDAS A INMIGRANTES SIN TRABAJO Y SIN PAPELES, que tanto dañan a nuestra economía”. No paro de ver mensajes en redes sociales sobre inmigrantes que cobran miles de euros por el simple hecho de bajarse de una patera y acercarse a un ayuntamiento y que luego pasan seis meses en su tierra y seis meses en España, como si fueran cantantes con residencia en Miami. En esa misma tónica, hace unos meses, el  delegado del Gobierno en Murcia, Francisco Bernabé, dijo a propósito de la llegada de pateras a Cartagena que era "un ataque coordinado contra nuestras fronteras y, por tanto, contra las fronteras de la Unión Europea". Por decirlo llanamente, nos advertía el delegado del gobierno de que estábamos siendo atacados por los pobres. Así es como se construye un paradigma en el cual el más desamparado de los seres humanos, el extranjero pobre, es despojado de su humanidad y convertido en una amenaza.

Sabemos que quienes vacían las arcas del estado no son los  inmigrantes. La masiva emigración a Francia y Alemania en los sesenta y setenta no solo no supuso la ruina de estos países sino que, muy al contrario, contribuyó a su progreso. Lo que de verdad arruina un país es la mala gestión y la corrupción de sus gobernantes, esos gobernantes a quienes tanto conviene este discurso xenófobo y que tanto lo alientan porque saben que desvía el foco de atención sobre los verdaderos responsables del expolio de la hucha de las pensiones y de todas las otras huchas.

Deberíamos saber que los inmigrantes retrasan el envejecimiento de la ya vieja Europa. Que son los inmigrantes los que se encargan de hacer los trabajos peor pagados: ellos son los que arrancan lechugas a un céntimo la pieza o destripan cerdos durante diez horas por 900 euros al mes. Si están dados de alta (no todos tienen esa suerte) contribuyen con su tributación a mantener la Seguridad Social, cosa que no hace ningún patriota español residente en Florida. El que piense que los inmigrantes aumentan las tasas delictivas debería saber que los índices de criminalidad de la población inmigrante están muy por debajo porcentualmente de los de la población española.

Antes de que comenzara el flujo de migración hacia España, nosotros pensábamos que los españoles no éramos racistas, porque los gitanos siempre han sido y siguen siendo invisibles. Tal era nuestra auto indulgencia que nos decíamos no racistas porque los negros en la tele no nos molestaban, nos gustaba Raíces, qué malos los esclavistas, cuánta injusticia en el Mississippi y qué guapo Sidney Poitier. Pero la verdad es mucho más compleja de lo que teníamos previsto y al compartir nuestro día a día con personas de otros países, vemos cómo nuestros convecinos, nuestros familiares, nuestros compañeros de trabajo, buenas personas en general, albergan una mezquindad y una falta de humanidad en el fondo de sus corazones que nos debería alertar y hacernos reflexionar. Es el miedo, el miedo al pobre, el miedo al extranjero, el miedo alentado por los males gobernantes, el que arma los fusiles de la xenofobia.

Hace un par de semanas salió en portada de El País, bien poco sospechoso de progresista ya, que son necesarios 5,5 millones de inmigrantes para mantener las pensiones en nuestro país. Entonces, ¿cómo es que se sigue alimentando políticamente esta xenofobia sangrante?
¿Cómo se puede soportar serenamente que el buque Open Arms, dedicado a socorrer a personas en circunstancias cercanas a la muerte, haya sido detenido y sus tripulantes procesados?

Señala Noah Chomsky que está sociedad se enfrenta a una de las mayores crisis de la Historia, una crisis moral de deshumanización. Las palabras de Bernabé y los mensajes en redes sociales como los que traigo aquí, son buenos ejemplos de ello.
Dejo aquí este poema de Gloria Fuertes, que no necesita ser glosado:
La gente dice:
«Pobres tiene que haber siempre»
y se quedan tan anchos
tan estrechos de miras,
tan vacíos de espíritu,
tan llenos de comodidad.


lunes, 26 de marzo de 2018

DEMASIADA DEMOCRACIA


DEMASIADA DEMOCRACIA

Cuando la corrupción se desvela como un sistema paralelo de poder que inutiliza el sistema nominal, la democracia está en peligro; cuando la corrupción, que amenaza con disolver el conjunto de valores que sostienen y dan sentido a la nuestra convivencia en común, es explicada como casos individuales que impiden la lucha contra este tipo de criminalidad, la democracia está en peligro. Se evidencia una concepción patrimonial de las instituciones por parte de las élites de modo que la corrupción a todos los niveles está servida y esto no es democracia.

No es democracia cuando se pone en marcha la estafa a nuestros ancianos, quienes, después de trabajar y cotizar toda una vida, ven sus pensiones comprometidas. El gobierno procede a llevar a cabo este expolio saltándose todo un clamor popular. No es democracia cuando las decisiones gubernamentales están destinadas, no al sostenimiento del sistema, sino al lucro de una élite sociopolítica. No es democracia cuando se abandona a una parte de la población a su suerte; es otra cosa, aún innominada, pero no democracia.

Tampoco es democracia cuando el cincuenta por ciento de la población es discriminado por un sistema patriarcal que sigue permitiendo la brecha salarial, que sigue impidiendo el acceso de las mujeres al poder y que sigue dejando a nuestro cargo la tarea, mayoritariamente no retribuida, de los cuidados universales dejándonos así, y como siempre, relegadas al hogar.  Un enorme grito de basta ya se oyó el ocho de marzo. Para la derecha, por supuesto, no había nada que reivindicar. Nosotras nos preguntamos cómo va a existir la democracia sin igualdad real.

Para los partidos conservadores, la democracia no es un sistema, es una ideología que hay que ir desmontando porque no concuerda con el neoliberalismo, es más, está en las antípodas. El mensaje que emite la derecha española (C’s y Pp, por si aún hay algún despistado/a) es el de: nos sobra democracia, nos faltan leyes restrictivas, cárceles, muros que dividan ciudades, fronteras que dejen fuera a los pobres. Nos sobra democracia, como si ésta fuera el enemigo a combatir. Convencer de tamaño disparate a una ciudadanía hiper(des-)informada no resulta difícil. Veamos varios ejemplos recientes:

Los medios de comunicación emitiendo durante veinticuatro horas, siete días a la semana, el horror de un niño desaparecido y asesinado predisponen a la gente a pedir que se  endurezcan las penas de cárcel en un país que ya tiene la legislación más severa y el menor índice de criminalidad de Europa. Sin embargo, hipnotizados por la emisión sin descanso de la tragedia, el personal pide que se eliminen garantías y que se ponga en vigor la cadena perpetua (conocida también por su eufemismo “prisión permanente revisable”) porque lo que nos hace falta es mano dura.

En la misma línea (des-)informativa, recibo por Whatsapp, a través de grupos distintos, las fotos de una cárcel de reciente construcción, con todas las instalaciones que cabría esperar de un establecimiento penitenciario moderno y occidental. Estas fotos son acompañadas del mensaje de que a los asesinos los tratamos mejor que a nuestros viejos. Entonces, ¿qué clase de cárceles queremos?, ¿una ergástula romana, una mazmorra medieval, una prisión tailandesa? Por lo visto, el tipo de confinamiento deseable para vengarnos de las personas presas debe ser un agujero inmundo donde además se pudran hasta su muerte, o al menos eso es lo que se defiende con la petición de prisión permanente revisable. Eso es, amigos y amigas, que nos sobran derechos. Y de paso, también nos sobra humanidad.

El espectáculo lamentable que estamos viendo estos días de persecución y encarcelamiento de líderes políticos en Cataluña me abochorna, me preocupa y me deprime. Todas las leyes que no se han hecho valer para liberarnos de la corrupción que nos asola, se han puesto sin embargo a andar ipso facto para detener el Procès. Podré no estar de acuerdo con el independentismo, pero el Procès no es, ni de lejos, un golpe de estado como quieren hacernos creer de forma torticera. Vemos cómo la aplicación de la ley no es imparcial y sirve con todo descaro a intereses partidistas. La Judicialización de un proceso político da lugar a todo tipo de arbitrariedades y a un recorte generalizado de libertades y sin embargo, una gran parte de la ciudadanía aplaude la intervención de un gobierno duro, un estado que, como Júpiter tonante, no negocia ni dialoga sino que castiga sin mesura porque, al parecer, nos sobran garantías.

Lo que está sucediendo no nos saldrá gratis. Convencerán a la ciudadanía de que disfrutamos de demasiadas  libertades, se ofrecerán a recortarlas y la gente dirá que sí. Y esto se hace porque ya está bien de tanta demanda, que andamos muy sueltecicos, tenemos demasiados derechos, demasiadas garantías, demasiada justicia; nos faltan cadenas, nos falta mano dura, nos sobra democracia.




lunes, 19 de marzo de 2018

TSUNAMI FEMINISTA


TSUNAMI FEMINISTA

El ocho de marzo de 2018 será recordado durante muchos años porque hemos tenido la suerte de vivir en nuestro país un día histórico, manifestaciones grandiosas en extensión, variedad y número de participantes, una jornada sin precedentes que ha dejado boquiabierto al mundo entero, un auténtico tsunami feminista. Habrá un antes y un después. El cambio ya ha comenzado.

Muchas cosas han pasado en pocos días y hemos podido constatar lo cortos que son ahora los tiempos políticos. Entre la negativa de Mariano Rajoy a hablar de la brecha salarial por considerarlo un tema menor carente de todo interés, despachado con un despectivo “no nos metamos en eso”, y el propio presidente luciendo lazo violeta y contradiciendo a Tejerina  y Cifuentes  en su “huelga  feminista” a la japonesa han pasado apenas seis semanas. Entre Albert Rivera negando la pertinencia de las reivindicaciones feministas porque ya hemos logrado la igualdad y él mismo queriendo liderar el feminismo han mediado apenas días. Días en los que hemos visto el adjetivo feminista pasar de ser sinónimo de feminazi a ser un tema central incluso en la agenda de los partidos conservadores. Habrá que ver luego cómo desarrollan esa agenda porque si el cinismo fuera helio estarían ya Rajoy y Rivera fuera de nuestra atmósfera; al parecer el ocho de marzo se bañaron en el Jordán feminista que supuso ese río de mujeres en las calles y amanecieron los dos feministas perdidos porque ambos, como Groucho Marx, tienen unos principios pero en viendo las calles tomadas por multitudes, los cambian rápidamente por otros. Lo que sí que es innegable es que el feminismo ha dejado de ser invisible y/o inconveniente para esos partidos y por tanto, para millones de personas y de eso debemos congratularnos. Y eso se ha conseguido por la presión de la calle mientras tertulianos convertidos de pronto en expertos en feminismos nos explicaban que no era necesario, que dónde íbamos, que estábamos locas.

Es de esperar que la respuesta en las calles de tantos y tantos miles de mujeres y hombres, jóvenes y mayores vaya dejando atrás esa absurda letanía del “yo no soy ni feminista ni machista” porque al personal empieza a quedarle claro que lo contrario al feminismo es la ignorancia. Es necesario recordar a aquellos y aquellas que deslegitimaron la huelga acusándola de ser una huelga “política” que por supuesto, claro que sí, porque el feminismo es político, cómo no lo va a ser, nosotras lo sabemos y lo decimos. El "ni feminismo ni machismo" también es política, sólo que quienes hablan así no lo reconocen, como si su postura fuera la equidistancia sensata y necesaria en sociedad. Como si diciendo, por ejemplo "yo no estoy ni a favor ni en contra de la esclavitud" no estuvieras ya adoptando una posición política muy definida. Lo que también es el feminismo es absolutamente transversal, algo que ya sabíamos pero que ha sido demostrado empíricamente merced a  la rápida conversión de Rajoy y Rivera.

Después de un tsunami hay mucho escombro, mucha broza, mucho desperdicio amontonado en las orillas de las carreteras y en las rejillas de los desagües. Todo eso que hemos leído últimamente desde Vargas Llosa hasta el último australopiteco ilustrado (un tipo que firma un artículo infame en el periódico La Opinión titulado “Querida niñata”) son los restos del tsunami feminista del pasado ocho de marzo. Es hora de acostumbrarnos. Time's Up. Ahora el feminismo marca la agenda.