sábado, 28 de enero de 2023

VIOLENCIA DE GÉNERO: EL PEOR DICIEMBRE

Violencia de género: el peor diciembre

13 mujeres asesinadas en 28 días y un caso más que se encuentra bajo investigación policial. Y aún se niega la violencia machista.  La violencia de género existe, aunque sea negada una y otra vez por los partidos de derechas que capitalizan el descontento del patriarcado al ver peligrar su cuota de poder ante el avance del feminismo. Según preocupantes datos suministrados por la FAD, aumenta el número de jóvenes varones que niegan la existencia de una violencia específica contra las mujere.  Como si este tipo de violencia fuera una entelequia o un unicornio o las predicciones de Nostradamus. 

Porque si la violencia de género no existe, ¿cómo explicamos entonces la muerte a manos de sus maridos o novios de esa barbaridad de mujeres durante este pasado mes de diciembre? Iba a rematar la frase anterior con “un mes para olvidar”, pero menudo favor les estaríamos haciendo a las mujeres víctimas de tanto ensañamiento, de tanta brutalidad, de tanto dolor. La negación y el olvido también son culpables de esas muertes.  Y muy especialmente la negación como parte del discurso político de la derecha y la ultraderecha, que cierra CAVIS y deja sin recursos los planes de igualdad y la lucha contra la violencia de género.

Porque han muerto trece mujeres en un mes, una detrás de otra, con nombres y apellidos, con hijos e hijas, con familiares. Y como la violencia no se presenta de repente, podemos imaginar que han muerto después de un largo calvario de golpes, insultos y vejaciones. Este es el mapa del horror: 

En Mazarrón una mujer ha sido asesinada de un golpe en la cabeza; en Granada una joven ha sido tiroteada en presencia de sus hijos menores de edad; en Madrid un hombre ha dejado agonizar a su esposa, enferma de esclerosis múltiple, durante cinco días; en Albacete el cadáver de una mujer ha sido hallado en el interior de una casa calcinada; en Madrid un hombre ha apuñalado a la hija de su expareja; en Lleida  se ha encontrado el cadáver de una mujer en un trastero; en Zaragoza un hombre ha asesinado a golpes a su mujer; en Soria se alertó de un incendio y dentro de la casa se halló una mujer cuya autopsia reveló que había muerto de forma violenta; en Asturias una mujer de 32 años ha sido asesinada por su marido; en Sevilla una mujer ha sido apuñalada por su expareja; en Barcelona otra mujer, en este caso de 81 años, ha sido asesinada por su esposo; en Bilbao un hombre ha apuñalado a su pareja sentimental; en Madrid un hombre ha asesinado a su mujer embarazada de nueve meses, provocando también la muerte del bebé; en Benidorm una joven ha sido lanzada al vacío por su pareja. 

No hay fronteras geográficas ni sociales, el machismo es lo más transversal que existe, afecta por igual a todas las regiones y a todas las capas sociales. Hay sin embargo un cierto patrón temporal y es que, durante los periodos festivos y vacacionales, cuando la rutina se altera, la violencia se dispara. Son momentos de mayor interacción social, de reuniones con familiares y amigos que tienden a quebrar el régimen de aislamiento en que los agresores suelen mantener a sus víctimas, provocando su frustración y sus instintos violentos. Hemos vivido esta Navidad post pandemia quizás con una mayor ansiedad y alegría por reencontrarnos con los demás, fuera de nuestra burbuja familiar, lo que ha podido ser un factor para este pico de violencia.

Cómo seguir negando la evidencia cuando esta deja un rastro de sangre, dolor, pérdida y vacío. Es innegable que existe una violencia específica en contra de las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Una violencia que hay que combatir con medidas específicas, con presupuestos, con educación y con conciencia. Para que no volvamos a repetir otro diciembre (o enero o febrero…) sangriento. Para que acabe de una buena vez esta persecución insoportable.


miércoles, 4 de enero de 2023

LA MANOSFERA

LA MANOSFERA

El avance imparable del feminismo que se puso de relieve en las masivas manifestaciones de 2018 y en la viralización del fenómeno del #metoo, ha tenido una reacción por parte del machismo, una reacción dolida y rencorosa. Como si de niños malcriados se tratara, los machistas piensan que el avance de las mujeres es inmerecido, exagerado, innecesario, que mina sus intereses y que acabará por destruir la sociedad tal y como la conocemos. Porque para ellos la mujer debe volver a ocupar su histórico papel de servidora de los hombres, que para eso fue creada. Y en ese brote de rabia y frustración juega la violencia un papel incuestionable.

En 2016 un grupo autodenominado “El retorno de los reyes”, The return of the kings, originado en EEUU y extendido por varios países, incluido España, organizó un encuentro en Barcelona, que posteriormente fue cancelado. Y no es de extrañar: este grupo reclamaba más derechos para los hombres y menos derechos para las mujeres, pedía que se retirara el derecho a voto a las mujeres y que se legalizara la violación. Se trata de un ejemplo elocuente de la violenta reacción que el avance del feminismo está teniendo en el mundo. 

Parte de esa reacción, cuyas claves son negación y frustración, se ha refugiado en las redes constituyendo lo que se ha venido a llamar la manosfera (de man, hombre en inglés), generando un contenido abiertamente machista e incluso, en determinados grupos, violento, banalizando la agresión sexual (comparten memes y bromas del tipo: no lo llames violación, llámale sexo sorpresa, no es violación si ella está dormida, etc) y presentando a los hombres como víctimas de unas mujeres malvadas y manipuladoras cuya única obsesión es emascularlos. Del mismo modo que el machismo es una violencia que se ejerce contra las mujeres por el mero hecho de serlo, el racismo es un tipo de violencia que se da contra una persona por el mero hecho de ser de otra raza. Los grupos de las manosfera vendrían a ser al machismo lo que el supremacismo blanco al racismo. No podemos olvidar que machismo y racismo son frutos del mismo árbol. Existe una politización del antifeminismo encabezada por los partidos ultras de todo el planeta que, con fines electoralistas, recogen el voto de ese sector de la población masculina que ve peligrar su hegemonía y su poder. Sobre este tema conversó +mujeres en Radio Compañía recientemente: https://radiomolina.com/podcast/la-reaccion-misogina-ante-el-feminismo-ningun-avance-sin-resistencia/ 

Recordemos aquí, aunque sea una obviedad, que en 300 años de feminismo los derechos de las mujeres han evolucionado más que en toda la historia de la civilización humana. Y todo ello de forma incruenta. Que una revolución tan radical se haya producido sin conflicto armado también es una novedad en nuestra civilización. Una novedad que debería hacernos reflexionar.

Un estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD ha hecho un seguimiento del conjunto de subculturas que se mueven en Internet propagando un discurso misógino y ha advertido de su penetración entre los más jóvenes.

Los grupos que componen la manosfera suelen copiar corrientes americanas. Son de lo más variado y van desde los gurús de la seducción que desean lo que desprecian y comparten disparatados trucos para ligar (síguela por la calle y cuando esté a solas le robas un beso, si no te detiene antes la policía por acoso, cabría añadir), hasta los incels (involuntarily celibate) que han construido una ideología política violenta en torno a la injusticia de las mujeres que se niegan a tener sexo con ellos, pasando por los Activistas por los derechos de los hombres (MRA, men’s rights activsits) que comparten la convicción de que existe “una conspiración feminista que tiene como objetivo subyugar a los hombres” o los  Men who go their own way (hombres que siguen su propio camino) y que creen que el feminismo “supondrá el fin de la sociedad”

La reacción machista se pone al día, moderniza el modo de emisión de su mensaje, ocupa un espacio en redes. El patriarcado cambia de disfraces pero no de intenciones.



LAS LUCES DE VIGO Y EL ÚLTIMO CIGARRILLO

LAS LUCES DE VIGO Y EL ÚLTIMO CIGARRILLO

Hace pocas semanas ha tenido lugar la cumbre del clima en Egipto, la COP27, que ha terminado nuevamente con una declaración de buenas intenciones y poco más. Un resultado tan escaso como el tiempo que nos queda. Nada raro teniendo en cuenta que reunía por metro cuadrado a más lobbistas en favor de los combustibles fósiles de los que el sentido común y el futuro del planeta aconsejan. El objetivo de la cumbre era encontrar ideas para desengancharse precisamente de los combustibles fósiles, responsables del efecto invernadero y del calentamiento global cuya influencia en incendios, inundaciones y sequías solo pueden negar ya los más descerebrados. O los más interesados. Aquellos a quienes no les importa que arda el tren en el que viajan siempre que ellos recojan pingües beneficios y que niegan la realidad como único recurso para protegerse del desastre que se avecina. Por tanto, la presencia de los lobbistas pro petróleo, gas y carbón en la cumbre ha sido como meter promotores de ron Bacardí en una reunión de Alcohólicos Anónimos.

El tiempo se acaba y no nos tomamos esto en serio. Uno de los mayores expertos del mundo en cambio climático, el científico sueco Johan Rockström, opina que la COP27 ha llegado en un momento "realmente sombrío para todos" pues el mundo se encuentra "muy, muy cerca de sufrir cambios irreversibles y el tiempo se está acabando muy, muy rápido". Para evitarlo "todas las naciones deben unir sus esfuerzos, ahora más que nunca desde la Segunda Guerra Mundial, a fin de evitar puntos de inflexión climáticos que provocarían graves daños a la humanidad". Sin embargo, actuamos como si no hubiera un mañana, sin pensar que, de seguir así, realmente no habrá un mañana.

A nivel local, el encendido de las luces navideñas no está teniendo en cuenta ni la crisis energética, ni la crisis climática, ni la crisis económica. Vigo se ha situado en el número uno del ránking mundial de las ciudades más derrochadoras en tiempos de emergencia con un encendido navideño que puede verse desde la estación espacial. El mundo arderá en pavesas, pero Vigo brilla como una gema al sol y eso es lo que cuenta. Y quien dice luces de colores dice también consumo descontrolado. En la era de la hegemonía capitalista que amenaza al planeta no hay nada políticamente más comprometido que el consumo. Este año en que dejamos atrás la tristeza del encierro pandémico parece que ni siquiera la inflación va a poner la zancadilla a nuestro ímpetu consumista porque, por lo visto, si no hay compras no hay diversión. En los comercios saludan a los clientes con un entusiasta ¡felices compras! Pocos mensajes encontraremos más sinceros.

¿Exagero? ¿no son para tanto las luces navideñas? ¿tenemos derecho a la alegría después de la larga pandemia? Puede, pero a mí me acompaña ya de forma casi permanente un sentimiento de desasosiego para el que el idioma alemán, tan preciso, tiene una palabra específica: der Weltschmerz, el dolor de mundo.

El que quiere dejar el tabaco desea al mismo tiempo fumar y no fumar. Esto es algo que no ignora nadie que haya fumado alguna vez en su vida o que aún siga fumando y que, con cada cigarrillo consumido con ansiedad, se diga a sí mismo: este es el último. La COP27 ha concluido con una lista de buenos propósitos. O sea, como el que se fuma un cigarrillo en una boda mientras piensa: mañana lo dejo. Como colectivo estamos todos queriendo dejar de fumar, pero pensamos que este cigarrillo del iluminado navideño delirante y del consumo voraz no será el que nos mate. Y seguimos hasta la próxima cita de nuestra conciencia con el borde del abismo planetario.