BELÉN VIVIENTE
Es esta una tradición, la de los belenes vivientes, que se
exhibe cada Navidad con el objetivo de encarnar el misterio del nacimiento de
Cristo en un medio tan sumamente hostil que, una joven embarazada, a punto de
dar a luz, y su pareja, muertos de cansancio, son rechazados una y otra vez: nadie
quiere dar posada a una familia extranjera y pobre. La joven termina alumbrando
en un pesebre entre animales, con la compañía cercana de una mula y un buey. Es
una imagen elocuente del rechazo social que comporta ser pobre y extranjero, de
la carga adicional de sospecha que supone ser perseguido por cualquier motivo.
El cristianismo es una doctrina que defiende que todos los
seres humanos somos hijos de Dios, independientemente de nuestro origen o
extracción social, y como hijos de Dios merecemos la solidaridad de nuestros
semejantes. El cristianismo predica el amor fraterno como base de la
convivencia. Los que no somos creyentes pensamos que toda persona merece
nuestra solidaridad por el simple hecho de tratarse de un ser humano.
El desalojo del instituto B9 en Badalona, tan cercano a las
fechas navideñas, ha sido tremendamente alegórico. Seguro que Albiol, tan
ferviente católico, tan defensor de nuestras tradiciones, tiene un belén en su
casa. No debe tener ninguna pega con alojar a un niño palestino en el portal,
porque es de escayola.
El avance de ideas neofascistas inocula miedo y odio en el
corazón de las personas. Los que se dicen cristianos son incapaces de ver el
pecado que cometen contra su dios y sus mandamientos. Y los que no son
cristianos, la traición que cometen contra los valores humanistas en los que
nos hemos educado y de los que cada vez se aleja más nuestra sociedad.
Más allá de cuestiones morales, lo que el alcalde de
Badalona ha perpetrado es una enorme irresponsabilidad. Dejar a la intemperie a
400 personas que ya estaban malviviendo en un edificio abandonado no soluciona
nada, sino que genera el problema adicional de la dispersión. Sabe
perfectamente que los inmigrantes no desaparecen mágicamente al ser
desalojados. Y ahora qué, nos preguntamos todos. Pero él no se lo pregunta, ha
conseguido su objetivo ampliamente: ser el más desalmado contra los
inmigrantes, porque esa crueldad le da puntos frente a su electorado.
No en vano el ascenso
de Albiol comenzó con una campaña cuyo lema era “limpiando Badalona”, de
inmigrantes, claro. El término “limpiar” ya supone violencia simbólica porque identifica
a las personas con basura, con desechos. Cuando ya se les ha deshumanizado, lo
que les ocurra no importa. Si pasan frío y hambre, si pasan calamidades, qué
más nos da, no son como nosotros.
De la violencia simbólica a la violencia real hay apenas un paso. La noticia, auténtica
o no, de una agresión por parte de un inmigrante, bastará para desencadenar el
pogromo. Recordemos los acontecimientos de Torre Pacheco. No son como nosotros,
no merecen ser puestos ante la justicia, como cualquier otro agresor, merecen
la muerte.
El intento de realojo de los inmigrantes por parte de
Cáritas y otras entidades ha tenido que ser descartado ante las amenazas de
grupos de vecinos contrarios a que se les diera cobijo. Las entidades sociales
han conseguido reubicarlos de forma anónima para evitar incidentes violentos
con los vecinos. Cito una noticia de Eldiario.es: “En la noche del domingo,
alrededor de 150 vecinos impidieron el acceso a la parroquia a los trabajadores
de Cruz Roja —que transportaban material de primera necesidad como colchones,
mantas, comida y productos de higiene— e incluso llegaron a increpar e insultar
a dos de las personas que iban a pasar la noche en el recinto, según han
confirmado fuentes de Cáritas”.
Y este es el problema más grave de todos. Qué clase de
degradación moral te lleva a hostigar a los pobres, a los extranjeros, a los indefensos.
Con que materiales tan explosivos e inestables juega esta ultraderecha moderna,
qué tipo de sentimientos deleznables son los que activa, los que anima, esos
que calcula que le darán el triunfo en las urnas. La maldad, la carencia de
empatía, la inhumanidad, son un buen reclamo electoral ahora que ser racista se
ha convertido en una excelente carta de presentación social. Si acaso se te
ocurre discrepar te dirán: ¿por qué no te los llevas a tu casa? Como si mi
pueblo no fuera mi casa, una en la que dar acogida al vulnerable.
Qué terrible es que en este mundo se esté convirtiendo en
tendencia ser un miserable.