miércoles, 3 de agosto de 2016

MARUJA LA CACHONDA

MARUJA LA CACHONDA

Quiero traer hoy aquí una canción de Joaquín Sabina: “Pacto entre caballeros”, supongo que la habréis escuchado más de una vez, pero por si acaso haré un resumen: tres chicos atracan a punta de cuchillo a Sabina, pero cuando se dan cuenta de que es el cantante le devuelven lo robado y lo invitan a cervezas y putas; al despedirse los muchachos le piden que a cambio les escriba una canción. El  cantante cumple su “pacto de caballeros” cuando ve por la tele que en el curso de un asalto a un chalé terminan detenidos por mucha, mucha policía. De esta canción me interesa destacar la siguiente estrofa:
                Controlaban tres fulanas
                Pero a mí me reservaban
                Los encantos de Maruja, la Cachonda
Vamos paso a paso. Estos chicos tan majos y tan lumpen controlaban tres fulanas, lo cual significa que se quedaban con la plusvalía del trabajo de Maruja y de otras dos mujeres. Podrán ser los muchachos un elemento subversivo frente al poder establecido, pero ello no les impide ser además unos explotadores.
Eran tres fulanas, no hay que decir más, ¿para qué? la prostituta es la cualquiera, la mujer sin nombre, a tal punto llega el grado de objetivización, de cosificación que el sistema ejerce sobre ellas. Son “la que no tiene nombre, la que a nadie le interesa” como dice la copla. Fulanas.
Pero Maruja, por lo visto, tiene un valor añadido: es la cachonda. ¿Qué hace de Maruja una oferta tan especial como para reservarla para el invitado de honor? que es una vocacional ¿Y ello que implica? que hay otras que no lo son, pero nos da igual porque lo importante aquí es que los caballeros festejen su gran noche. Al mismo tiempo atribuye a Maruja un supuesto deseo masculino, el de la satisfacción inmediata y sin implicación afectiva, que no sabemos si tiene o no porque Maruja carece de voz. Quiero destacar que aquí Maruja está en el mismo nivel de importancia que la birra y los canutos: es un mero elemento de diversión de los señores.  Después del rato de juerga Maruja desaparece del escenario y ya sólo quedan el cantante famoso y los tres jóvenes marginales. ¿Por qué? Porque es una épica masculina en la que tres chicos lumpen se enfrentan al poder a su manera. Bien, pues en esa épica de contrapoder la mujer sufre como siempre una doble marginación: es marginada una vez por ser pobre y otra por ser mujer y que además es explotada como prostituta por los hombres de su propio grupo social. Pero esto no se cuestiona, hasta nos hace un poquito de gracia eso de que Maruja sea una cachonda.
Esa noche a la cachonda de Maruja le tocó irse a la cama con el cantante famoso (borracho, eso sí, porque se habían puesto como motos con la birra y los canutos). De lo que no habla la canción es de cuando Maruja  tenía que acostarse con cualquier hombre, y digo con cualquiera, independientemente de su nivel de belleza, juventud, estado etílico, higiene personal o ánimo violento, ni de cómo estaría de cachonda en esos casos. Se da por hecho que la cachondez en ella es una condición permanente.
No traigo aquí a Sabina por casualidad, lo traigo porque es el transmisor de un paradigma en el que nos hemos educado tantas personas de izquierdas entre las que me incluyo y que hemos aceptado sin analizar todas las premisas contenidas en él:
                Es el oficio más viejo del mundo
                La mujer es la diversión  del hombre
                Es puta porque quiere
                La prostitución siempre existirá
                Es un trabajo como otro cualquiera
                 
Estos son sólo unos cuantos de los tópicos sobre prostitución que nos hemos tragado sin masticar.
La prostitución nos hace más desiguales porque nos está diciendo: ¿Eres hombre? Ya sabes que hay todo un contingente de mujeres a tu disposición para cuando quieras divertirte, en cualquier punto de la ciudad, a la vuelta de la esquina, a cualquier hora. ¿Eres mujer? Pues acepta que la prostitución es para ti una opción laboral. Ese es el mensaje que nos manda el patriarcado y la sociedad toda. Yo no lo acepto. Yo creo que no hay más que un destino digno para la prostitución: su abolición.




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