viernes, 21 de junio de 2013

INFANTA 14-Z

INFANTA
No hay tres reyes magos, hay cuatro. El cuarto es Juan Carlos de Borbón, que es un rey mago de incógnito. Vino a traerle a España la transición, como regalo para que todos fuéramos felices. Pero no ha querido decirlo hasta ahora porque es muy modesto y le abruma el reconocimiento público. ¿Qué?, ¿Que no os lo creéis? ¿ Y lo del dni de la infanta sí? Pues si nos creemos lo del supuesto trafullamiento del dni de la infanta (cuyo número es 14-Z, como para confundirse, vamos) ya nos podemos creer cualquier cosa. Como se dice vulgarmente, nos han visto cara de gilipollas.

14-Z

Y sigo con el tema de la infanta porque es que la cosa no tiene fin. Estoy harta de que, siendo ciudadana, me traten como súbdita, pero ya que nos tratan como  súbditos preferiría que nos dijeran: hatajo de pringaos, nos tenéis que mantener porque sí, y si hay corrupción e ilegalidades os aguantáis que para eso sois unos pringaos. De verdad, preferiría eso a que me llamarán gilipollas en mi cara a diario con las explicaciones chiripitifláuticas de que se han equivocado simultáneamente 13 inspectores de hacienda y registradores de la propiedad con un dni cuyo número es 14-Z. Estoy harta, harta de que encima de la infamia caigan el insulto y el ninguneo. La infamia de ver cómo la injusticia es igual para casi todos los ciudadanos, de ella quedan libres la realeza y los cortesanos, el insulto de llamarnos tontos a todos contándonos un cuento chino que se les debe haber ocurrido estando borrachos (no se me ocurre otra explicación) y el ninguneo de no molestarse siquiera en inventarse una historia coherente o que por lo menos nos podamos tragar. Y constato que cuando nos dan una rueda de molino para comulgar, funcionan siempre con el mismo patrón, porque hay que ver lo que se parece esta explicación del dni al chiste del finiquito que nos contó la incomparable Cospedal. Y se van clarificando las cosas, los bandos están cada vez menos difusos: de un lado, la realeza, literalmente una casta aparte, acompañada de políticos y periodistas cuyo cortesanismo da vergüenza ajena a cualquiera que tenga un asomo de dignidad; y de otro todos los demás, los ciudadanos/súbditos, a los que no nos cabe ya ni una gota más de indignación en el cuerpo. Como decía mi padre cuando alguno estaba por encima de harto: se nos ha llenado el gorro de guijas. Y nos tenemos que seguir aguantando. A ver cuál es la próxima.

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